domingo, 8 de enero de 2012

Bautismo de Jesús: sumergirnos en la Ternura del Padre

Escrito por Eloi Leclerc

"Lo que experimenta Jesús, en su Bautismo, es una cercanía de Dios maravillosa y verdaderamente inaudita.
Se ve sumido en el misterio de Dios: un misterio de relaciones, en cuyo interior es saludado y reconocido como un «tú» en la atmósfera de un «nosotros». En la intimidad y en la unidad de un «nosotros». «Tú eres mi Hijo amado...»: estas palabras, que proporcionan a Jesús la revelación plena y completa de su ser profundo, hacen que tome plena conciencia, si es que aún era necesario, de su relación única con Dios.

Pero al mismo tiempo, Jesús percibe claramente su misión. Se ve escogido por Dios para comunicar a los hombres esa revelación única que él acaba de recibir y que les concierne también a ellos. Porque, aun cuando la Palabra que ha escuchado le designa personalmente a él como «el Hijo amado», va más allá de él. Dicha Palabra no penetra en él como un secreto que tenga que guardar celosamente para sí, sino más bien como un alegre mensaje que, a través de él, se dirige a todos los seres humanos. En esta proximidad única e insuperable de Dios que él experimenta, está implícita la revelación del amor de Dios a los hombres y la nueva cercanía de Dios a su pueblo.

En ese instante se le manifiesta todo el designio divino. En Jesús, Dios se ha acercado al hombre de una manera inaudita; se ha unido a la humanidad como nunca lo había hecho: radicalmente. Y por eso, en adelante ya nada podrá separarla del amor del Padre. En el momento en que Jesús experimenta en plenitud su filiación divina, se abre a la pasión amorosa de Dios por el hombre y hace suyo el movimiento de Dios hacia el hombre, su ternura, su «humanidad». Y su misión consistirá en revelar a los hombres la ternura  de Dios…

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