Un espacio para descubrir la presencia de Dios en el desierto de la vida cotidiana...
sábado, 29 de junio de 2024
Me llamó "hija" , y era en su boca una bendición...
viernes, 21 de junio de 2024
Pequeña Tempestad Amiga...
sábado, 15 de junio de 2024
EL HOMBRE QUE POSEÍA LA SABIDURÍA DE “NO SABER”
Esta parábola suele ser conocida como la de "la semilla que crece por sí misma", pero mi propuesta es llamarla: el hombre que poseía la sabiduría de “no saber”, y acercarnos a este personaje como a un maestro de sabiduría y discernimiento.
No lo estaba el hombre de la parábola, atento para saber
cuándo llegaba la sazón del fruto para meter la hoz. Poseía la difícil
sabiduría del ritmo entre actividad y quietud , la sabiduría que hacía decir a
Edith Stein: “Hay un estado de descanso
en Dios, de total suspensión de toda actividad del espíritu, en el que no se pueden concebir planes, ni
tomar decisiones, ni aun llevar nada a cabo, sino que, haciendo del porvenir
asunto de la voluntad divina, se abandona uno enteramente a su destino (…) El descanso en Dios es un sentimiento de
íntima seguridad, de liberación de todo lo que la acción entraña de doloroso,
de obligación y de responsabilidad. Cuando me abandono a este sentimiento me
invade una vida nueva que, poco a poco, comienza a colmarme y, sin ninguna
presión por parte de mi voluntad, a impulsarme hacia nuevas realizaciones. Este
exceso vital me parece ascender de una Actividad y de una Fuerza que no me
pertenecen, pero que llegan a hacerse activas en mí. La única suposición previa
necesaria para un tal renacimiento espiritual parece ser esta capacidad pasiva
de recepción que está en el fondo de la estructura de la persona”. viernes, 7 de junio de 2024
Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús: "Si quieres Entender algo del misterio del Corazón de Jesús, abájate: ¡hazte pequeño!
de una Homilía del Papa Francisco en Santa Marta
El Señor nos eligió, se mezcló con nosotros en el camino de la vida y nos dio a su Hijo –y la vida de su Hijo– por amor. En la Lectura del Deuteronomio (7,6-11), Moisés dice que Dios nos eligió para ser pueblo de su propiedad entre todos los pueblos de la tierra. Se entiende que haya que alabar a Dios porque, en el Corazón de Jesús, nos da la gracia para celebrar con alegría los grandes misterios de nuestra salvación, de su amor por nosotros, para celebrar nuestra fe. Fijémonos en dos palabras del texto: elegir y pequeñez: os eligió, (…) pues sois el pueblo más pequeño. Respecto a la primera, elegir, no hemos sido nosotros los que le elegimos a Él, sino Dios quien se hizo nuestro prisionero. Se vinculó a nuestra vida, ¡y ya no puede separarse! ¡Jugó fuerte! Y es fiel a esa actitud: el Dios fiel que mantiene su alianza y su favor. Hemos sido elegidos por amor y esa es nuestra identidad. ‘Yo he elegido esta religión, he elegido…’. ¡No, tú no has elegido! Es Él quien te eligió, te llamó y se unió a ti. Esa es nuestra fe. Si no creemos esto, ni comprendemos el mensaje de Cristo, ni entendemos el Evangelio.
Para la segunda palabra, pequeñez, nos recuerda Moisés que el Señor elige al pueblo de Israel porque ser el pueblo más pequeño. Se enamoró de nuestra pequeñez y por eso nos eligió. Escoge a los pequeños, no a los grandes. Lo hemos oído en el Evangelio (Mt 11,25-30): has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Se revela a los pequeños: si quieres entender algo del misterio de Jesús, abájate: ¡hazte pequeño! ¡Reconoce que no eres nada! Pero no solo elige y se revela a los pequeños, sino que llama a los pequeños: Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Vosotros que sois los más pequeños, por los sufrimientos, por el cansancio… Elige a los pequeños, se revela a los pequeños y llama a los pequeños. ¿Y a los grandes no los llama? Su Corazón está abierto, pero los grandes no logran oír su voz, porque están llenos de sí mismos. ¡Para escuchar la voz del Señor hay que hacerse pequeño!
Así se llega al misterio del Corazón de Cristo, que no es –como dice alguno– una estampita para los devotos: el Corazón traspasado de Cristo es el Corazón de la revelación, el Corazón de nuestra fe, porque se hizo pequeño, escogió ese camino: humillarse a sí mismo y anonadarse hasta la muerte en la Cruz; elige la pequeñez para que la gloria de Dios se manifieste. Del cuerpo de Cristo traspasado por la lanza del soldado manó sangre y agua: ese es el misterio de Cristo en la fiesta de hoy, un Corazón que ama, que elige, que es fiel y se une a nosotros, se revela a los pequeños, llama a los pequeños, se hace pequeño. Creamos en Dios, sí; y también en Jesús. ¿Jesús es Dios? ¡Sí! Pues el misterio es ese. Esa es la manifestación, esa es la gloria de Dios. Fidelidad al elegir, al unirse, y pequeñez: hacerse pequeño, anonadarse. El problema de la fe es el núcleo de nuestra vida: podemos ser tan, tan virtuosos, pero con ninguna o poca fe; debemos comenzar por ahí, por el misterio de Jesucristo que nos salvó con su fidelidad. La petición final es que el Señor nos conceda la gracia de celebrar, en el Corazón de Jesucristo, las grandes gestas, las grandes obras de salvación, las grandes obras de la redención.
sábado, 1 de junio de 2024
¿Dónde Quieres que te Preparemos la Eucaristía?
La Mesa que transforma el mundo- Fiesta de Corpus
jueves, 23 de mayo de 2024
Se nos invita a Vivir y Gustar la Familiaridad con la Trinidad, a Vivir la Certeza de su Compañía...
Dios es un Misterio de silencio. Sólo podemos penetrar en él atraídos por su amor y alentados por el Espíritu Santo. Nos ha sido manifestado en Jesús el Señor. Contemplándole a Él podremos adquirir algo de la inteligencia de este gran Misterio que nos es familiar, y gustar algo más cómo Dios nos ama. Él nos adentrará, poco a poco, en el Misterio de la Trinidad Santa.
Contemplándole a Él le descubrimos en comunión de amor con su Padre;
cómo su Corazón estaba presidido, por ese amor; cómo se alimentaba de la
realización de su Voluntad; cómo llevaba a cabo, hasta cumplirlo plenamente, el
encargo recibido de su Padre.
También cómo Él mismo estaba lleno del Espíritu sin medida, que le guiaba y le movía a dar los pasos para realizar su misión hasta entregarse hasta el fin y derramar su mismo Espíritu sobre nosotros en la Cruz.
La revelación de este Dios Trinitario, Padre Hijo Y Espíritu, se muestra
en diversos pasajes del Evangelio: la Anunciación, el Bautismo, la
Transfiguración, la Cruz… El Dios Trinidad en quien habitamos, es nuestro
origen y el que nos aguarda al fin de nuestro camino.
Pero La Trinidad es también el Dios misericordioso que nos
acompaña y acompaña a todos los hombres en el paso por este lado de la vida. Y
en el que estamos insertados. Gustarlo, es nuestra paz en medio de todas las
luchas e incertidumbres.
«Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará,
y vendremos a él, y haremos morada en él.” (Jn. 12,23). Este texto nos remite a
la palabra preciosa del Apocalipsis 12,23 “Mira que estoy a la puerta y llamo;
si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y
él conmigo!”. Se nos invita a vivir y gustar la familiaridad con la Trinidad, a
vivir la certeza de su compañía y a sentir y hacer sentir su presencia
misericordiosa y su cuidado amoroso hasta el fin de los tiempos






