martes, 31 de marzo de 2026

Cada Semana Santa se nos Presenta como un Mapa de nuestras Contradicciones...


Escrito por Pedro Huerta

Cada Semana Santa se nos presenta como un mapa de nuestras contradicciones. No viene a darnos respuestas masticadas ni a resolver, mágicamente, las tensiones que nos desgarran por dentro. Al contrario: es una invitación a mirar de frente nuestras ruinas, a encontrar su sitio en el resto de la existencia y a descubrir que, precisamente en el epicentro de esa contradicción, es donde empieza a latir lo nuevo.

Nuestras contradicciones no son un error del sistema ni una mancha en el expediente; son el síntoma de nuestra libertad. Lo que elegimos y lo que evitamos, lo que proclamamos a gritos y lo que silenciamos por miedo… todo eso convive en el campo abierto donde se construye una vida auténtica. Intentar vivir ignorando nuestras sombras es como limpiar una casa tirando los muebles por la ventana: eliminamos lo que molesta, pero nos quedamos sin nada que dé sentido al hogar. Estos días son para bajar al sótano, ahí donde la contradicción no solo duele, sino que revela quiénes somos realmente bajo la piel de la costumbre.

El relato de la Pasión es, en esencia, un tratado sobre la tensión humana. No es una historia de héroes inmaculados, sino de cobardes que huyen y amigos que traicionan. Lo asombroso es que el acto más libre y luminoso de Jesús no ocurre a pesar de esas traiciones, sino a través de ellas. La entrega se cocina en el barro de la debilidad. Es ahí donde las máscaras se agrietan y el amor, rodeado de cálculos mezquinos, muestra su verdadera fuerza transformadora. Como bien decía Paul Claudel: «Dios no vino a explicar el sufrimiento, sino a llenarlo con su presencia». La cruz, por tanto, no es el final del camino, sino el lugar donde la presencia se hace carne en lo que parece perdido.

Aquí aparece la gran paradoja: para saborear la vida en plenitud, hay que aprender a abrazar la propia finitud. No hablo de un mero aceptar la propia muerte, sino de acoger lo que se acaba desde su realidad y crudeza: un proyecto, una relación o esa imagen idealizada que tenemos de nosotros mismos. Cada vez que algo muere en nuestras manos, se abre la posibilidad de una versión más real de nuestra existencia. El equilibrio no consiste en esquivar la herida, sino en reconocer que la herida es, a menudo, por donde entra la luz. Lo recordaba con dureza Léon Bloy: «Hay lugares en el corazón humano que todavía no existen, y para que existan es necesario que entre en ellos el dolor». Sin esa apertura, la vida se vuelve plana, protegida, pero estéril.

Esa misma tensión habita en los símbolos que contemplamos en estos días: pan roto, madera pesada, clavos que hieren, un sepulcro que se cierra. El riesgo es que se vuelvan piezas para nuestro particular museo espiritual, rutinas que protegen el sentimiento pero no salvan el alma. La fe no se nutre de repeticiones, sino de traducciones urgentes: 

  • ¿Qué es hoy ese pan que debe partir mi egoísmo?
  • ¿Qué maderos cargan hoy los que caminan a mi lado en el anonimato de la calle?
  • ¿Qué silencios me están gritando que el tiempo del «siempre igual» se ha terminado? 

Sin esta relectura, los ritos son solo ruido; con ella, son el mapa de nuestra propia transformación.

La Semana Santa no es una liturgia cerrada. Es el espacio donde lo roto encuentra, por fin, su lugar. La salvación no llega cuando todo encaja perfectamente en nuestros esquemas, sino cuando aceptamos un amor que desborda cualquier cálculo. Lo nuevo está brotando ya en la misma entraña del desorden, aunque todavía nos cueste reconocerlo entre las sombras del viernes.

Nos quedamos aquí, ante la piedra sellada y el silencio que pesa, no con la resignación del que espera un final, sino con la inquietud del que sabe que algo está a punto de romperse para siempre. Porque solo quien ha sostenido la mirada a la muerte está preparado para reconocer, al tercer día, el pulso de una vida nueva.

domingo, 29 de marzo de 2026

ENTRADA a la SEMANA SANTA...Papa Francisco.

Escrito por el Papa Francisco

"Esta semana comienza con la procesión festiva, con los ramos de olivos: todo el pueblo recibe a Jesús. Los niños, los jóvenes cantan y alaban a Jesús"…

"Pero esta semana va adelante en el misterio de la muerte de Jesús y de su Resurrección. Hemos escuchado la Pasión del Señor. Nos hará bien hacernos solamente una pregunta:  
  • ¿Quién soy yo? 
  • ¿Quién soy yo delante a mi Señor? 
  • ¿Quién soy yo delante a Jesús que entra festivamente en Jerusalén? 
  • ¿Soy capaz de expresar mi alegría, de alabarlo, o tomo distancia? 
  • ¿Estoy yo delante a Jesús que sufre? 
  • Hemos sentido tantos nombres, tantos nombres. Grupos de dirigentes, algunos eran sacerdotes, algunos fariseos, algunos maestros de la ley que habían decidido asesinarlo. Esperaban la oportunidad de apresarlo".
  • "¿Soy yo como uno de ellos? Y hemos sentido otro nombre: ¡Judas!, treinta monedas. ¿Soy yo como Judas? Hemos sentido otros nombres, los discípulos que no entendían nada, que se dormían mientras el Señor sufría. ¿Mi vida está dormida? O soy como los discípulos que no querían quizás traicionar a Jesús? ¿O como aquel otro discípulo que quería solucionar todo con la espada. Soy yo como ellos?”.
  • “¿Soy yo un Judas que recita de amarlo y besa al Maestro para entregarlo, traicionarlo? ¿Soy un traidor? ¿Soy como esos dirigentes que rápidamente constituyen el tribunal y buscan falsos testimonios? ¿Soy yo como ellos? ¿Y cuando hago estas cosas si las hago, creo que con esto salvo al pueblo? 
  • ¿Soy yo como Pilato, que cuando veo que la situación se pone difícil me lavo las manos, no sé asumir mi responsabilidad y dejo condenar o condeno yo a las personas?”.
  • “¿Soy yo como aquella multitud que no sabía bien si estaban en una reunión religiosa, en un juicio o en un circo, y elige a Barrabás? Para ellos era lo mismo, era más divertido para humillar a Jesús. 
  • ¿Soy yo como los soldados que golpean al Señor, le escupen, lo insultan, se divierten con la humillación del Señor? 
  • ¿Soy yo como el cireneo que volvía del trabajo, cansado, pero tuvo la buena voluntad de ayudar al Señor a cargar la cruz?".
  • "¿Soy yo como aquellos que pasaban delante a la cruz y hacían sus burlas a Jesús?: 'Tanto coraje, que baje de la cruz y creeremos en él'. La burla de Jesús. 
  • ¿Soy yo como aquellas mujeres llenas de coraje, como la madre de Jesús, que estaba allí y sufría en silencio? 
  • ¿Soy yo como José, el discípulo escondido que lleva el cuerpo de Jesús para darle sepultura?”.
  • “¿Soy yo como estas dos Marías que se quedan en la puerta del sepulcro llorando, rezando? 
  • ¿Soy yo como estos dirigentes que el día siguiente van a lo de Pilatos para decirle: 'Mire que éste decía que iba a resucitar; que no suceda otro engaño' y bloquean la vida, el sepulcro, para defender la doctrina, para que la vida no venga afuera. 
  • ¿Dónde está mi corazón?
  • ¿A cuál de ellos me asemejo? 

Y que esta pregunta nos acompañe durante toda la semana"...

miércoles, 25 de marzo de 2026

Responder a Dios como María...


Texto de una homilía del Papa Francisco:

Hoy nos encontramos ante una de esas maravillas del Señor: ¡María! Una criatura humilde y débil como nosotros, elegida para ser Madre de Dios, Madre de su Creador.

Precisamente mirando a María, me gustaría reflexionar con ustedes sobre tres puntos: primero, Dios nos sorprende, segundo, Dios nos pide fidelidad, tercero, Dios es nuestra fuerza.

1. El primero: Dios nos sorprende.

Ésta la experiencia de la Virgen María: ante el anuncio del Ángel, no oculta su asombro. Es el asombro de ver que Dios, para hacerse hombre, la ha elegido precisamente a Ella, una sencilla muchacha de Nazaret, que no vive en los palacios del poder y de la riqueza, que no ha hecho cosas extraordinarias, pero que está abierta a Dios, se fía de Él, aunque no lo comprenda del todo: “He aquí la esclava el Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38). Es su respuesta. Dios nos sorprende siempre, rompe nuestros esquemas, pone en crisis nuestros proyectos, y nos dice: Fíate de mí, no tengas miedo, déjate sorprender, sal de ti mismo y sígueme.

Preguntémonos hoy todos nosotros si tenemos miedo de lo que el Señor pudiera pedirnos o de lo que nos está pidiendo. ¿Me dejo sorprender por Dios, como hizo María, o me cierro en mis seguridades, seguridades materiales, seguridades intelectuales, seguridades ideológicas, seguridades de mis proyectos? ¿Dejo entrar a Dios verdaderamente en mi vida? ¿Cómo le respondo?

2. Dios nos sorprende con su amor

Y nos pide que le sigamos fielmente. Pensemos cuántas veces nos hemos entusiasmado con una cosa, con un proyecto, con una tarea, pero después, ante las primeras dificultades, hemos tirado la toalla. Y esto, desgraciadamente, sucede también con nuestras opciones fundamentales, como el matrimonio. La dificultad de ser constantes, de ser fieles a las decisiones tomadas, a los compromisos asumidos. A menudo es fácil decir “sí”, pero después no se consigue repetir este “sí” cada día. No se consigue a ser fieles.

María ha dicho su “sí” a Dios, un “sí” que ha cambiado su humilde existencia de Nazaret, pero no ha sido el único, más bien ha sido el primero de otros muchos “sí” pronunciados en su corazón tanto en los momentos gozosos como en los dolorosos; todos estos “sí” culminaron en el pronunciado bajo la Cruz. Piensen hasta qué punto ha llegado la fidelidad de María a Dios: hasta ver a su Hijo único en la Cruz. La mujer fiel, de pie, destruida dentro, pero fiel y fuerte.

Y yo me pregunto: ¿Soy un cristiano a ratos o soy siempre cristiano? La cultura de lo provisional, de lo relativo entra también en la vida de fe. Dios nos pide que le seamos fieles cada día, en las cosas ordinarias, y añade que, a pesar de que a veces no somos fieles, Él siempre es fiel y con su misericordia no se cansa de tendernos la mano para levantarnos, para animarnos a retomar el camino, a volver a Él y confesarle nuestra debilidad para que Él nos dé su fuerza. Es éste el camino definitivo, siempre con el Señor, también en nuestras debilidades, también en nuestros pecados. Jamás caminar sobre el camino de lo provisional. Esto sí mata. La fe es fidelidad definitiva, como aquella de María.

3. Dios es nuestra fuerza. 

Miremos a María: después de la Anunciación, lo primero que hace es un gesto de caridad hacia su anciana pariente Isabel; y las primeras palabras que pronuncia son: “Proclama mi alma la grandeza del Señor”, o sea, un cántico de alabanza y de acción de gracias a Dios no sólo por lo que ha hecho en Ella, sino por lo que ha hecho en toda la historia de salvación. Todo es don suyo. Si nosotros podemos entender que todo es don de Dios, ¡cuánta felicidad hay en nuestro corazón! Todo es don suyo ¡Él es nuestra fuerza! ¡Decir gracias es tan fácil, y sin embargo tan difícil! ¿Cuántas veces nos decimos gracias en la familia? Es una de las palabras claves de la convivencia. "Permiso", "disculpa", "gracias": si en una familia se dicen estas tres palabras, la familia va adelante. "Permiso", "perdóname", "gracias". ¿Cuántas veces decimos "gracias" en familia? ¿Cuántas veces damos las gracias a quien nos ayuda, se acerca a nosotros, nos acompaña en la vida? ¡Muchas veces damos todo por descontado! Y así hacemos también con Dios. Es fácil dirigirse al Señor para pedirle algo, pero ir a agradecerle...

domingo, 22 de marzo de 2026

"Jesús se puso a llorar"

Escrito por Tony Catala

“Jesús se echó a llorar”, el versículo mas breve del todos los evangelios y el más humano. El Hijo del Dios Vivo llorando por la muerte de su amigo Lázaro. Que pena tanta disquisición histórica sobre si lloraba en cuanto hombre y no en cuanto Dios, que si llorar es debilidad y el Dios impasible no puede llorar porque en él no hay cambio ni mutación… ¿Es que Dios no podía tener amigos? ¿Por qué le negamos a nuestro Dios que es Amor lo más humano del amor que es llorar por los que se quiere?

Un Dios que no llore con los que hoy están llorando por la separación de los que se quiere, en muchos casos definitiva, y con los que están doloridos por la falta de cercanía de su gente no sería el Compasivo. Hemos celebrado estos domingos a Jesús como Manantial de Agua viva, como Luz del mundo, hoy celebramos el Amor conmovido que ofrece Resurrección y Vida porque él es la Fuente de la Vida.

Jesús se conmovió ante la soledad de la viuda de Naím a la que se le ha muerto el hijo único. Jesús levantó al muchacho del lugar de la muerte y se lo devolvió a su madre. A Jesús se le acerca Jairo, jefe de sinagoga y por lo tanto ni seguidor ni simpatizante, pidiéndole que haga algo por su “niña que está en la ultimas”. Jesús le pide que tenga fe, se va con él a su casa, levanta a la niña del lugar de la muerte y vuelve la alegría a la casa. Jesús se pone en camino cuando se entera que su amigo Lázaro ha muerto, “es que Lázaro, Marta y María eran muy amigos de Jesús”, dice el evangelio.

Estas son la tres “resurrecciones” que se narran en los evangelios. Jesús conmovido da vida a la viuda abatida de la casa de Israel sin pedirle nada a cambio, ni tan siquiera fe. Sana el dolor de Jairo, “enemigo religioso”, que se acerca y busca a Jesús y éste no sólo no lo rechaza, sino que lo acompaña a casa, le pide que abra su corazón (“si tienes fe…”) al Dios de la Vida y esa casa recupera la alegría. Marta, María y lázaro son muy amigos y la muerte ha quebrado esa amistad. Jesús resucita a Lázaro porque son amigos y punto. Así se manifiesta la gloria de Dios.

Jesús genera vida porque es Vida. Es evidente que el hijo de la viuda, la hija de Jairo y Lázaro volvieron a morir. La Resurrección como Vida Definitiva junto al Compasivo sólo la confesamos de Jesús, pero en virtud de este “confesar con la boca y creer de corazón” que Jesús es el Viviente y que la muerte no tiene la última palabra vivimos confiadamente en que él rescata “nuestra vida de la fosa y nos colma de gracia y de ternura” (Sal 103) En las primeras comunidades quedó grabado el recuerdo vivo de que Jesús de Nazaret pasó haciendo el bien porque su Dios era un Dios de Vivos y no de muertos.

Al igual que sacó a Lázaro de la “cavidad cubierta con una losa” vamos a seguir deseando, pidiendo, orando que en estos momentos de adversidad nos saque de nuestras cavidades de desesperanza, de desanimo, de miedos paralizantes, de bloqueos… que las lágrimas de amistad de Jesús nos saquen de la oscuridad y lo sigamos siguiendo como Resurrección y Vida.

La Resurrección de Lazaro

Escrito por Carmina Navia Velazco

Este pasaje del evangelio en el que se nos narra la llegada de Jesús a Betania y el encuentro con su amigo muerto, resulta inmensamente rico en significados e invitaciones. No voy a realizar una mirada exhaustiva, voy a destacar algunos aspectos. Lo primero que quiero señalar es la experiencia de amistad del Profeta de Nazaret. Jesús encuentra siempre en los hermanos de Betania un nicho en el cual refugiarse antes o después de sus confrontaciones y conflictos con Jerusalén centro de los poderes religioso y político de su entorno, antes y después de sus temores frente a una realidad que le es hostil. Esa casa, su comunidad de Betania, es para él un vientre materno al que siempre puede llegar.

En esta ocasión encuentra que Lázaro, su amigo personal, su apoyo, su “par”, le ha sido arrebatado por la muerte. Jesús se conmueve y llora ante su tumba. “La amistad tiene el sabor de la vida cotidiana, de los espacios domésticos, del pan que se reparte, de las horas vulgares; sabe a intimidad, a conversaciones pausadas, al tiempo invertido en los detalles, a risas y lágrimas, a una exposición confiada” … nos dice José Tolentino Mendoza en su Teología de la amistad. Todo esto ha perdido Jesús al perder a Lázaro. Llora desde sus entrañas esa pérdida, los testigos al presenciar su llanto, expresan en voz alta: ¡Miren como lo quería! Se trata de un cuadro que no deja lugar a dudas sobre la humanidad del maestro galileo que debería bastar para echar por tierra tantas “divinizaciones” fuera de lugar que se montan alrededor de su vida y figura.

La narración continúa y nos muestra la conversación entre Marta y Jesús. Una conversación de tintes teológicos [Una vez más Jesús dialoga teológicamente con una mujer]. Y Marta realiza su “confesión”, su afirmación de que a ella le ha sido revelada la naturaleza real de su amigo y la culminación de su misión: Yo creo que tú eres el Cristo. De alguna manera podemos considerar que Juan es el evangelio de las mujeres, en su relato, ellas varias veces interpelan al Maestro, le preguntan o discuten y él se les muestra directamente sin ningún tipo de mediaciones varoniles. Esto de la nula necesidad de mediación, es importante.

Así como en algún momento María de Betania se anticipa a ungir a Jesús para su sepultura, Marta se anticipa a anunciar su condición de Mesías, de Ungido. Esta mujer nos invita a todas las seguidoras del Maestro a incursionar en su verdad, en su “fuente” de vida, en su proyecto para hacer parte de él, para tomar la iniciativa y la palabra, para vivenciar su amistad… Una amistad que se puede trenzar a través de los tiempos y en la vivencia de su presencia siempre entre nosotras en la actualización de su palabra y en la encarnación que podemos hacer de su mensaje: Ámense unos a otros como yo los amé. Los relatos evangélicos nos muestran a Marta alguna vez en el servicio de la comensalía y en esta ocasión en la interpelación teológica… caminos ambos a desarrollar desde nuestro ser de mujeres.

Las relaciones que se tejen con Jesús en la casa de Betania, son relaciones inspiradoras que señalan caminos de acogida y de amor. Estamos ante un modelo de comunidad: círculo pequeño de acogida, de vida cotidiana, de reflexión, de intercambios variados… pero, sobre todo: comunidad/amistad que se hace fuerte en el compartir y también en el dolor cuando este llega.

jueves, 19 de marzo de 2026

San Jose un modo de vivir en servicio y la humildad...


Escrito por el querido +P. Diego Fares, en la Fiesta de San José del año 2011

“Al tomar San José consigo a María y a Jesús lo tiene todo y por eso no agarra nada más.

Esto lo experimenta el que pone manos a la obra en alguna tarea de servicio que implica “tomar consigo” a los demás. De afuera, otros ven lo que uno deja. Pero la persona experimenta lo que “toma”, lo que recibe de más al tomar consigo el servicio. De allí viene esa experiencia de gozo que uno no sabe explicar muy bien por qué…                                                                                                        Los voluntarios dicen, después de trabajar sirviendo a los que necesitan: ¡salgo lleno!, ¡salgo contento!

También, dicen: ¡A veces me cuesta ir (dejar lo que tengo entre manos) pero después cuando estoy allí me olvido de todo y salgo mejor de cuando llegue!…

Es la llenura que da el recibir a Cristo en la persona de los que servimos. Por eso la frase para los voluntarios es la del Ángel a José: “No temas tomar contigo” a los que vas a servir -en la Iglesia, en las Obras, en tu familia-, porque lo que hay en ellos es del Espíritu Santo. Está Jesús en ellos, al servirlos a ellos recibís a Jesús.

Esta es la palabra que San José nos comunica en su silencio perfecto: con sueños y acciones. San José es el que abre esos dos espacios en los que la Palabra se gesta, crece y es fecunda: el sueño y la acción.

Le pedimos a San José estas sus “Gracias”:

Soñar las cosas de Dios: soñar que el Ángel nos dice, tomá contigo a María y a Jesús, tomalos con vos y no los sueltes, agarralos bien contra tu pecho y tu corazón. No importas cómo estés: soñá que los tomás contigo. Soñá que te toman ellos de la mano. Tomá con vos a Jesús en la Eucaristía.

 Tomalo de la mano en algún pobre que te pida. Alzá en brazos a los bebés de tu familia y tomalos contra tu corazón, tal como ves en la imagen de San José con el Niño. No tengas miedo: tomalos. Abrazá a algún anciano, bendecí en la frente a un enfermo, poné la mano en el hombro de los jóvenes… No temas. 

Hacer lo que Dios nos hizo soñar, levantarnos y salir rapidito a comenzar a hacer, poner manos a la obra, no pensar, hacer. Después que hagamos un rato lo que soñamos que se nos mandaba, sí, parar un momento y pensar. Veremos que el pensamiento corre libre, agradecido, que no necesitamos pensar mucho si hacemos o no sino más bien “cómo”. El “cómo hacerlo mejor” orientará nuestro pensamiento puesto en acción. Tomá con vos a Jesús y sentirás cómo el Padre te toma en brazos a vos: “al que me ama, el Padre lo amará y vendremos a él y habitaremos con él”. 

domingo, 15 de marzo de 2026

Curación del Ciego de Nacimiento...

Escrito por Dolores Aleixandre -RSCJ-

Una linda propuesta para rezar con el Texto del Ciego de Nacimiento: Jn 9,1-41

Lee la narración de la curación del ciego de nacimiento,  contempla luego las sucesivas escenas, como si el ciego fueras tú mismo y fueras reconociendo tus cegueras:

Ceguera de la posesividad que te hace mirar las personas o las cosas a partir de tu propio interés;
Ceguera que te impide ver más allá de las apariencias de los otros;
Ceguera de la codicia que te mantiene apresado en el deseo de acumular o de triunfar sin límites...
Ponte junto a Jesús, pídele que saque de tus ojos la viga que te impide ver y que pone en tu mirada negatividad, dureza, superficialidad, indiferencia, prejuicios...

Deja que él te los ilumine haciéndolos capaces de ver hasta el fondo,  de taladrar la cáscara de la realidad, de descubrir la belleza que se oculta detrás de lo deforme y oprimido, de admirar, a la más pequeña señal, la vida insospechada que apunta en personas o situaciones de las que parece que sólo puede brotar muerte.

Pídele a Jesús, que te permita contemplarle a él como aquel ciego y mantener con él el mismo diálogo: -“¿Crees tú en el Hijo del hombre? El ciego le preguntó: -¿Quién es, Señor, para que crea en él? Jesús le contestó: -Ya lo has visto. Es el que está hablando contigo. Entonces aquel hombre  dijo: - Creo, Señor. Y se postró ante él.”