lunes, 1 de octubre de 2018

Fiesta de Santa Teresita...

Por Ángel Rossi, sj.

Vamos a reflexionar en torno a la Teresita seducida por Dios, o como hemos querido llamarla: la mimada. Lo fue de su familia y también lo fue de Dios. Una “gran mimada”. Y también nosotros lo somos...

Teresita tiene una especie de intuición muy clara: todos somos “predilectos de Dios”. En Dios, ser predilecto no hace que el otro sea menos que yo. Sólo Dios puede concederse plenamente esta posibilidad de cada hijo sea predilecto sin que esto vaya en desmedro del otro, del que quedaría en segundo lugar...

... mimada no significa que no conoció las dificultades, que todo fue color de rosa en su vida. Teresita sabe que los mimos de Dios por momentos tienen la forma de una caricia suave, y por momentos toman la forma de la prueba. Y en realidad, si hablamos en términos de tiempo _ lo cual puede ser muy injusto_, más tiempo pasó por la prueba que por los momentos fáciles. Y, sin embargo, no por eso deja de considerarse una cuidada por Dios, una mimada de Él. Algo de esto es lo que expresa Martín Descalzo en sus últimas voluntades: “... Quiero confesar que he sido y soy feliz, aunque en la balanza de mi vida sean más los desencantos y fracasos, porque aunque todos se multiplicasen, aún no borrarían la huella de tus besos. ¿De tus besos o de tus uñas, Halcón? No lo sé. Es lo mismo.”

El Papa Juan Pablo II ha dicho con mucha claridad que “el hombre contemporáneo cree más a los testigos que a los maestros. Cree más en la experiencia que en la doctrina. Cree más en la vida y en los hechos que en las teorías”. Por lo tanto, el evangelizador de este comienzo del milenio tendrá que ser no el que da una lección, no el que enseñe una sabiduría humana o una receta para bien vivir, sino el que anuncia la gozosa experiencia de una presencia viva en el propio corazón.

Teresita es, de un modo especial, ese testigo que nuestro mundo necesita, y lo es porque se sintió siempre una gran mimada de Dios a lo largo de toda su vida: Dios se ha complacido en rodearme siempre de amor.

En su sencillez, está dando la clave de toda vida cristiana: tener experiencia de ser amado. En su autobiografía lo que hace es declarar que ha sido amada, que ha habido amor en su vida. Y con esto ya tenemos para entretenernos, porque nuestra vida cristiana, sin esa experiencia de amar y de ser amado, no puede desarrollarse. Solamente somos fecundos cuando nuestro corazón ama, y nuestro corazón ama cuando se sabe amado. Teresita le escribía a su hermana Celina: Jesús hizo locuras por Celina... que Celina haga locuras por Jesús... El amor sólo con amor se paga y las heridas de amor, sólo con amor se curan.


Ésta es la clave de una vida cristiana y Teresita lo entendió. Se da lo que se recibe y siempre se recibe. El desafío es saber buscarlo...

viernes, 21 de septiembre de 2018

Hay gente con la Primavera en el alma...


Escrito por el Poeta Hamlet Lima Quintana

Hay gente que con solo decir una palabra, 
enciende la ilusión y los rosales,
que con sólo sonreír entre los ojos, 
nos invita a viajar por otras zonas,
nos hace recorrer toda la magia.

Hay gente,que con solo dar la mano, 
rompe la soledad, pone la mesa,
sirve el puchero, coloca las guirnaldas.
Que con solo empuñar una guitarra, 
hace una sinfonía de entre casa.

Hay gente que con solo abrir la boca
llega hasta todos los límites del alma,
alimenta una flor, inventa sueños,
hace cantar el vino en las tinajas
y se queda después, como si nada.

Y uno se va de novio con la vida
desterrando una muerte solitaria,
pues sabe, que a la vuelta de la esquina,
hay gente que es así, tan necesaria.

domingo, 16 de septiembre de 2018

LA EXPERIENCIA DE LA CRUZ, EXPERIENCIA DE AMOR

Escrito por Santiago Agrelo 

Hay palabras que podremos pronunciar como nuevas y como nuestras, sólo si antes las hemos oído pronunciadas como suyas por Jesús de Nazaret: “Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que mesaban mi barba. No oculté el rostro a insultos y salivazos. Mi Señor me ayudaba; por eso no quedaba confundido”.

Son palabras que hablan de un crucificado, pero no derrotado; de un vejado, pero no confundido ni humillado; de un muerto, pero no vencido.

Son palabras que hablan de hombres, de muerte y de Dios.

Sólo Jesús de Nazaret puede decir con corazón y experiencia de Hijo amado, con corazón y experiencia de resucitado, la oración del salmista: “Me envolvían redes de muerte, me alcanzaron los lazos del abismo, caí en tristeza y angustia. Invoqué el nombre del Señor… El Señor es benigno y justo… Arrancó mi alma de la muerte, mis ojos de las lágrimas, mis pies de la caída”.

Las del Siervo del Señor, las del salmista, las de Jesús, son palabras que podemos hacer nuestras, porque compartimos con ellos la fe, la esperanza y el amor.

Son nuestras, porque el Señor nos ha atraído a él, y nos ha hecho discípulos suyos, y hemos querido caminar con él, cargar con nuestra cruz, seguirle a él, el Hijo, con corazón y obediencia de hijos.

Las de Jesús son palabras nuestras, como nuestros son, porque él ha querido llevarlos por amor, los sufrimientos del Señor, sus heridas, su muerte.

Las de Jesús son palabras nuestras, porque el Señor, por la encarnación, ha querido unirse a nosotros para siempre, y nosotros, por la fe y la comunión, hemos querido unirnos para siempre a él: Nada dice ya él sin nosotros; nada queremos decir nosotros sin él.

Para Jesús y para nosotros, la cruz es escuela y signo de obediencia, de amor, de confianza.

Porque estamos en comunión con él, porque nada suyo nos es ajeno, podemos decir también con él: “Amo al Señor, porque escucha mi voz suplicante; porque inclina su oído hacia mí el día que lo invoco”.

La experiencia de la cruz es para Jesús, para nosotros, para los pobres, para todos los crucificados, una experiencia de amor.

martes, 11 de septiembre de 2018

MAESTRO ARTESANO

El maestro es portador de una vida con mensaje.
Un artífice de sueños.
Un Dador cotidiano de fe y amor.
Un Profeta de Buenas Nuevas.
Un Creador de utopías.
Un Peregrino de horizontes.
Un Cuidador de amores vulnerables.
Un Protector de lo pequeño.
Un Protagonista del continuo milagro.
Un Mediador del diálogo.
Un Compañero de fatigas y alegrías compartidas.
Un Comunicador de vida.
Un Instrumento de esperanza.
Un Sanador de heridas.
Un Cobijo seguro.
Una Palabra comprensiva.
Un Silencio oportuno.
Un Gesto hecho a tiempo.
Un Aliento necesario.
Eduardo Casas

sábado, 25 de agosto de 2018

Señor ¿a quién vamos a ir?...

Desde entonces, muchos de sus discípulos se echaron atrás y ya no andaban con él.
 Entonces Jesús dijo a los doce: - ¿También ustedes quieren marcharse?. 
Le contestó Simón Pedro: - Señor, ¿a quién vamos a ir? 
Tú tienes palabras de vida eterna.” 
(Jn 6,66-68)

Escrito por Dolores Aleixandre, de su libro: "Relatos de la Mesa compartida"

"En un rato tranquilo, haz memoria de momentos o épocas de tu vida en los que has estado a punto de alejarte de Jesús y de su comunidad, o incluso has llegado a abandonar por una crisis de fe, por rebeldía, por situaciones personales difíciles...

Recuerda alguno de esos momentos y la experiencia que viviste de falta de sentido, de ausencia o lejanía de tu verdadero centro. Reconoce en la trayectoria, a aquellos discípulos de Emaús, tu propia trayectoria de búsqueda de vida verdadera: ellos han vivido en su propia carne cómo huir de la cruz para asegurarse, traicionar para salvarse, alejarse decepcionados... Pero eso no les ha dado vida verdadera, sino insatisfacción y vacío.

Recuerda también  fueron los caminos misteriosos por los que volviste (o sientes el deseo de volver...) a Jesús: personas, acontecimientos, palabras... Y cómo el Resucitado se ha hecho tantas veces el encontradizo contigo para devolverte la alegría, la paz, el perdón, el sentido...

Deja que fluyan en tu corazón el agradecimiento y la alabanza por la vivencia, tantas veces renovada, de reencuentro con Jesús y su evangelio, por la alegría de hacer la experiencia de que es posible la relación auténtica con los demás, de que vale la pena luchar por un mundo más humano y fraterno.

Repite una y otra vez: “Señor ¿a quién vamos a ir? Sólo, Tú tienes Palabras de Vida Eterna...”

sábado, 11 de agosto de 2018

Lo más atractivo de Jesús es su capacidad de dar vida...

Escrito por  José Pagola

El evangelista Juan repite una y otra vez expresiones e imágenes de gran fuerza para recordar a todos que han de acercarse a Jesús para descubrir en él una fuente de vida nueva. Un principio vital que no es comparable con nada que hayan podido conocer con anterioridad.

Jesús es «pan bajado del cielo». No ha de ser confundido con cualquier fuente de vida. En Jesucristo podemos alimentarnos de una fuerza, una luz, una esperanza, un aliento vital... que vienen del misterio mismo de Dios, el Creador de la vida. Jesús es «el pan de la vida».

Por eso, precisamente, no es posible encontrarse con él de cualquier manera. Hemos de ir a lo más hondo de nosotros mismos, abrirnos a Dios y «escuchar lo que nos dice el Padre». Nadie puede sentir verdadera atracción por Jesús, «si no lo atrae el Padre que lo ha enviado».

Lo más atractivo de Jesús es su capacidad de dar vida. El que cree en Jesucristo y sabe entrar en contacto con él, conoce una vida diferente, de calidad nueva, una vida que, de alguna manera, pertenece ya al mundo de Dios. Juan se atreve a decir que «el que coma de este pan, vivirá para siempre».

Si, en nuestras comunidades cristianas, no nos alimentamos del contacto con Jesús, seguiremos ignorando lo más esencial y decisivo del cristianismo. Por eso, nada hay pastoralmente más urgente que cuidar bien nuestra relación con Jesús el Cristo.

Si Jesús no nos alimenta con su Espíritu de creatividad, seguiremos atrapados en el pasado, viviendo nuestra religión desde formas, concepciones y sensibilidades nacidas y desarrolladas en otras épocas y para otros tiempos que no son los nuestros. Pero, entonces, Jesús no podrá contar con nuestra cooperación para engendrar y alimentar la fe en el corazón de los hombres y mujeres de hoy.

José Antonio Pagola


sábado, 4 de agosto de 2018

El Secreto de tu Pan es que viene de las Manos del Padre...

Escrito por Mariola Lopez -RSCJ- de su libro: La voz, el amigo y el fuego.

“Yo soy el Pan de la Vida,
el que Venga a Mí, no tendrá hambre
y el que crea en Mí, no tendrá nunca sed”
-Jn 6, 24-35-

A veces nos cuesta tanto saber qué es lo que queremos de veras. Buscamos algo que pueda saciar esta inquietud honda que sentimos cuando de pronto nos paramos y miramos el mundo y nuestra vida. Nos dices que vamos a Ti sin saber realmente porqué te buscamos, sin reconocer aquello que traes, y hablas de un alimento que permanece, que da vida verdadera. Estamos tan acostumbrados a sucedáneos, a consumir tan rápidamente las relaciones y las cosas, a tener experiencias fuertes y a vivir distraídos y en busca de diversiones, que hemos perdido el sentido del gusto para reconocer lo auténtico, estamos empachados y te pedimos señales. “¿Por qué lo tuyo va a ser diferente? ¿Qué nos das tú que no nos pueda dar el mundo?”.

El secreto de tu pan es que viene de las manos del Padre. Un pan que no podemos conseguir por nuestra propia cuenta ni disponer de él, sino recibirlo y esperarlo. Un pan que desvela la indigencia de nuestro corazón y que es , a la vez, el único alimento que puede colmarlo de dicha; un pan para ser repartido y celebrado.

¡Señor, que podamos creérnoslo, que salgamos corriendo hacia Ti!. Danos el hambre, o mejor, danos el poder descubrir que eres Tú aquel a quien buscamos detrás de las cosas; que es tu Cuerpo el puerto definitivo de llegada de todos nuestros deseos.