sábado, 9 de diciembre de 2017

Para poder Preparar el Camino al Señor, Primero debemos Atrevemos a Salir al propio Desierto...

Escrito por Ansel Grüm
El Adviento nos promete que nuestro desierto  será transformado y empezará a florecer. Hablamos del desierto de hormigón de nuestras ciudades, del desierto de los corazones humanos.El desierto es una imagen de la soledad, el abandono, la falta de sentido, la carencia de relacióny el vacío. Estamos sin hogar, y hay en nosotros fuerzas salvajes e indómitas que hacen parecer feo nuestro rostro. El desierto es el lugar donde nos vemos inexorablemente enfrentados cara a cara con nosotros mismos y con nuestra desagradable realidad.    
     Para poder preparar el camino al Señor, primero debemos atrevemos a salir al propio desierto. Es en el desierto de nuestro corazón donde tenemos que prepararle el camino. Debemos mirar todo cuanto de reprimido, de encubierto, de indefinido ... hay en nosotros, y ponerlo ante Dios. Precisamente ahí quiere Dios venir a nosotros, no en las avenidas de nuestro éxito y nuestros logros. A nosotros nos gustaría encontramos con Dios fuera de nosotros, en edificantes celebraciones litúrgicas, en la comunidad de personas afines. Pero Dios quiere salimos al encuentro precisamente en nuestro desierto, donde desea hallamos para celebrar con nosotros la fiesta de la redención, para hacerse uno con nosotros y transformar todo cuanto hay en nosotros. Sólo cuando dejamos entrar a Dios en nuestro desierto, puede hacerse realidad lo que nos promete Isaías en los textos que se leen en este tiempo.   
      El Adviento nos promete que en nuestro desierto podemos encontrar una fuente de la que beber. El desierto no es sólo el lugar del vacío y la falta de sentido, de la tentación y la seducción, sino también el lugar de la experiencia de Dios y del encuentro con Dios.   
      En el tiempo de Adviento podemos reunir el  valor necesario para entrar en nuestro desierto.
         Allí hemos de experimentar que Dios está cerca de nosotros, que nos lleva en sus manos en nuestros momentos de soledad. Lo mismo que a Elías, que se deseó la muerte en el desierto, Dios envía a cada uno su ángel. En medio del desierto experimentamos a Dios como aquel que nos aguarda. La consoladora promesa del Adviento nos asegura que al final de la experiencia del desierto se encuentra la alegría.
  Texto seleccionado de “La alegría de la Navidad”. Anselm GRÜM, O.S.B. 

jueves, 7 de diciembre de 2017

María responde, en medio del no saber: “Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra”

  Escrito por Miguel Márquez, carmelita descalzo

«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo…
No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios.
Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús.
El Espíritu Santo vendrá sobre ti… el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios…
Para Dios nada hay imposible…
Aquí está la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra». 

Todo lo de la Madre es para sus hijos. Contemplamos en nuestro interior estas palabras que Ella escuchó y guardó en su corazón: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo…». 

«La Palabra de Dios irrumpe con fuerza en la tierra de María, para regarla con su gracia y revestirla de posibilidades: El Ángel del Señor le dice: “Alégrate; no temas; para Dios nada hay imposible”.

Esa voz de Dios fecunda nuestra angustia, nuestros miedos, nuestros anhelos y nuestras oscuridades. 

Frente a la angustia, la Voz del Señor dice: Alégrate.
Frente a los miedos de la vida: Estoy contigo, no temas.
Frente a los anhelos y sueños: Para Dios nada hay imposible. 

Y, sin pedir una luz que adelante los acontecimientos, sin pedir claridad, confiando en Aquel que se fio de ella y de su pequeñez, María responde, en medio del no saber: “Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”» (Miguel Márquez, carmelita descalzo). 

María, que mi vida sea casa abierta para el Señor, música alegre y gratuita para los demás, transparencia donde los demás descubran a Dios.

sábado, 2 de diciembre de 2017

ADVIENTO: al Viento de la Vida que llega...


Escrito de las Carmelitas Descalzas Asociación Luján- Argentina-

ADVIENTO: al viento de la vida que llega. Invitación a no despreciar nada de lo que ha sucedido en nuestra vida y de lo que somos. Invitación a hacer las paces con nuestro pasado, en el que encontramos insatisfacciones, decepciones, pecados... Reconocerlos, acogerlos para devolvérselos a Él. El nido de la vida que se va a depositar en tus manos lo has de construir con todos los materiales de tu historia. No un lamento estéril, una culpabilidad asfixiante... Igual que el aire se lleva las hojas secas en este tiempo, el Espíritu viene para liberarte de tu apego a lo viejo, a lo ya caduco. Deja que Él sople sobre tu tristeza y se abrirá camino una paz muy sencilla, hecha de sorpresa y acogida de lo simple y sin brillo, lo inaparente, de lo que sucede más allá de tus cálculos.

Recupera en ti la CONFIANZA, por la que le dejas a Dios la imaginación de lo que está por delante, para vivir intensamente lo que ahora se te regala.

La esperanza es un don que germina en el corazón de los que no viven a la defensiva, sino que aceptan la vida, la acogen. Quienes no juegan a conquistar, a vencer, a ganar, a subir... quienes no descansan en sus estrategias, sino que, en su debilidad, reconocen el suelo para esperar un mañana nuevo; porque Dios llega, como llegó siempre y llegará por caminos insospechados.

La esperanza nace para los cristianos desde abajo, como un germen muy pequeño, que cabe en el corazón de cualquiera, nadie está excluido. 

La esperanza no nace aparatosamente, con prepotencia deslumbrante, con estruendo y trompetas. 

La esperanza nacerá en nuestra tierra, como nació en MARÍA. En este tiempo somos como ella, tierra que espera, tierra de Dios, entrañas para Él.

Adviento: Sí, amigos... tiempo para creer en los milagros, los que de verdad importan, los signos humildes de una vida nueva, de una alegría muy simple. A condición de algo nada fácil: descalzarnos, desnudarnos de lo aprendido, de lo previsible... 

Tiempo para hacer silencio, buscar espacios y lugares en los que atreverte a estar a solas con Él, sin miedo... dejarle que te mire. 

Tiempo para escuchar tu verdad, sin fingir, sin esconderte; al descubierto, ‘al aire de su amor por ti’, ¿por qué no creer, en lugar de desconfiar? ¿Qué tienes que perder? 

Él llega siempre por caminos nuevos al corazón de los sencillos, de los niños... ¡Feliz espera!

sábado, 18 de noviembre de 2017

1ra Jornada Mundial de los Pobres = El Pobre es Cristo...

Escrito por Diego Fares sj

El Pobre es Cristo
Para preparar el corazón a la I Jornada Mundial de los pobres, nada mejor que escuchar 
de uno de los grandes santos de nuestro tiempo, el jesuita chileno San Alberto Hurtado , esa frase que en sus labios suena tan verdadera como interpelante: “El pobre es Cristo”. 

Hurtado precisaba bien el evangelio y lo bajaba a la realidad de la calle: “El pobre cartonero, el lustrabotas... La mujercita con tuberculosis, la que tiene piojos, es Cristo. El borracho... ¡no nos escandalicemos, es Cristo! ¡Insultarlo! ¡Burlarse de él! Despreciarlo, ¡es despreciar a Cristo! ¡¡Lo que hiciereis al menor, a mí me lo hacéis!! Esta es la razón del nombre “Hogar de Cristo” .

  Al final de su vida expresaba su último anhelo: “Al partir, volviendo a mi Padre Dios, me permito confiarles un último anhelo: el que se trabaje por crear un clima de verdadero amor y respeto al pobre, porque el pobre es Cristo. "Lo que hiciereis al más pequeñito, a mí me lo hacéis" (Mt 25,40). El Hogar de Cristo, fiel a su ideal de buscar a los más pobres y abandonados para llenarlos de amor fraterno, ha continuado con sus Hospederías de hombres y mujeres, para que aquellos que no tienen dónde acudir, encuentren una mano amiga que los reciba”.

Núcleo del cristianismo

Sin saber que su vida terminaría pronto, Hurtado quería escribir algo acerca de lo que él llamaba “el sentido del pobre”. Se lo confió a su amigo Arturo Gaete: 
“Si oye algo de mi salud, sepa que estoy mejor después de un mes de reposo en el puerto [de Valparaíso]. Espero escribir este verano (¿o comenzar?) algo sobre el sentido del pobre. Yo creo que allí está el núcleo del cristianismo y cada día hay más resistencia e incomprensión a todo lo que dice pobreza. ¿Conoce algo bueno sobre esto?”

El proyecto quedó trunco como tal, pero podemos encontrar lo que significa “El sentido del pobre” para Hurtado en toda su obra y su vida. 

El sentido del pobre tiene que ver con lo concreto de la encarnación 

“Ser cocinero, fogonero, no es menos noble que ser escritor, poeta o abogado. ¿De dónde viene la excelencia de estas profesiones intelectuales? Del falso concepto platónico, pagano, de la mayor importancia de lo abstracto sobre lo concreto. Pero ese concepto lo echó por tierra la Encarnación, que es un hecho bien concreto, y da origen a una vida de hechos con las más humildes realidades”.

El sentido del pobre es algo en lo que todos debemos ser educados

“Esta educación del respeto debe irse adquiriendo desde la primera infancia: respeto de los hermanos entre sí, respeto con los sirvientes, respeto a los pobres, los mendigos y hasta a los borrachos”.

Hurtado describe este sentido del pobre como: "sentir sus dolores, sus angustias, como propios, no descansando mientras esté en nuestras manos ayudarlos. Desear el contacto con el pobre, sentir dolor de no ver a un pobre que representa para nosotros Cristo". 
Es una frase muy densa. Hay que desmenuzarla. Comenzamos por el final: Desear el contacto con el pobre, sentir dolor de no ver a un pobre que representa para nosotros Cristo. 

La señal de que “veo” a Cristo en una persona pobre sería “el deseo” de estar en contacto. 

Si no siento ese deseo sino el contrario –si me lo quiero sacar de encima o mantenerlo a cierta distancia-, entonces viene la indicación de “sentir dolor de no verlo a Cristo”, caer en la cuenta de que, si lo viera, desearía el contacto. 

Todos tenemos experiencia de haber sentido como gracia, en algún momento de nuestra cercanía con alguna persona pobre, el consuelo de la presencia del Señor. Cuando no lo sentimos, Hurtado con pedagogía divina nos lleva no a lamentarnos diciendo: “vi a Cristo y no lo serví”, sino a decir: “no lo vi”, por eso no sentí deseo de acercarme.  

Patroncitos

Hurtado hablaba de tener una “devoción cariñosa por el pobre”. Hablando a los voluntarios de la Fraternidad traducía esta devoción así: 

«Preocúpense que haya respeto al pobre: sus camas, que no falten cucharas, platos, etc. Trabajen por la dignidad del pobre, es Cristo a quien sirven. Que haya en el Hogar contacto con el pobre, vayan a Chorrillos, busquen al pobre con amor y respeto... Que no se desvirtúe esa llama de caridad del Hogar de Cristo para convertirse en una caridad fría». 

En la fraternidad hacen un “voto de obediencia al pobre”, a quien llaman “patroncitos”. Esto debe llevarnos a reflexionar qué concreto que es lo de que el pobre es Cristo que uno se puede ligar con voto a obedecerlo. No sabría explicarlo en teoría pero doy testimonio de que ví este voto vivido en la práctica. Me impresionó muchísimo en las hospederías en Chile, que visité hace algunos años, ver en los laicos este trato de verdadera obediencia al pobre. 

Recuerdo cómo trataba un guardia a un hombre en total estado de ebriedad al que, junto con otro voluntario, iban conduciendo hacia un lugar especial en la hospedería porque estaba muy alcoholizado y no podía ingresar a las habitaciones. La imagen que me quedó fue que lo llevaban aparte como si fuera el jefe de una empresa que se hubiera emborrachado y los empleados lo llevaran aparte tratando de no avergonzarlo a él y de que otros no se burlaran. Quiero decir que lo llevaban con un respeto que se tiene a un jefe. 

Otra actitud que me llamó la atención fue la paciencia infinita y cariñosa con que un colaborador escuchaba las quejas de un patroncito. Por dar una imagen diría que tenía el respeto de un empleado de telefónica, que no pierde la compostura, junto con el cariño de un hermano mayor que escucha a uno más chiquitito. Quiero decir que se juntaban cosas que normalmente no van juntas. Eran voluntarios comunes y me impresionó que no daban la sensación de estar haciendo algo especial o forzado: el espíritu les nacía espontáneamente. Obedecían al pobre en el mismo gesto de tener que indicarle algo y ponerle límites.

sábado, 11 de noviembre de 2017

Mantener en todo momento nuestras lámparas encendidas será una de las claves para ponernos a tono con el tiempo de Dios...


Fuente de este texto: Centro de Pastoral y Espiritualidad (CEP) -Venezuela- 

Este Domingo, la Liturgia nos invita, a través de la parábola de las diez vírgenes, a estar atentos al tiempo de la vida, al de las personas y al de Dios.

El evangelista Mateo (25,1-13) comienza diciendo que diez jóvenes salieron al encuentro del esposo, pero no todas estaban listas. Cinco de ellas no estaban del todo a punto. En el momento de la llegada del esposo perdieron la oportunidad de entrar a la fiesta, de entrar a la misma vida. Y es que la puerta se cerró. Es decir: no hubo más tiempo.

Pudiéramos conformarnos solamente con reflexionar sobre lo beneficioso de ser previsor y lo problemático de ser descuidado, o peor aún, hacer una valoración moral sobre la petición de las jóvenes que se quedaron sin aceite y la actitud de las que no compartieron el suyo. Pero reduciríamos el Evangelio a simple sentido común o al “deber ser”. La Buena Noticia de Dios es mucho más que prudencia o recta actuación.

La parábola de las jóvenes previsoras y descuidadas es una alerta sobre nuestra capacidad de estar atentos al tiempo de Dios y al tiempo de la vida. Y es que Dios, y también las realidades más hermosas como la amistad, la alegría, la ternura en la familia, etc., tienen su propio tiempo.

En forma sencilla pero directa, este Evangelio nos dice que el tiempo de Dios, así como el tiempo de las cosas más sublimes, no es simplemente como nuestros tiempos o ritmos. Por eso es un tiempo que nos delata, porque pone en evidencia la verdad de nuestra existencia. Hace que queden al descubierto lo que hay realmente en nuestra mente y en nuestro corazón.

Mantener en todo momento nuestras lámparas encendidas será una de las claves para ponernos a tono con el tiempo de Dios. Y para esto necesitamos un olfato fino que sólo se logra mediante el discernimiento y una sensibilidad modulada que solo se alcanza a partir del sentir y gustar internamente. En definitiva, necesitamos que dentro de nosotros mismos haya vida.

Este olfato fino y esta sensibilidad modulada nos colocan en la lógica del tiempo de Dios, que se mueve al ritmo de la novedad, porque Dios no tiene día ni hora. Sólo hay que estar abierto, despierto, atento. Dios no se deja atrapar por nuestros convencionalismos, intereses o caprichos. 

Si quieres participar de la fiesta de Dios, atrévete a entrar en sintonía con Él, entrando en sintonía con los demás y con la creación. Arriésgate a experimentar la novedad que te ofrece Dios cada día. Y sobre todo, mantén encendida la lámpara de tu fe para que captes de verdad el tiempo de la vida y de Dios.

sábado, 4 de noviembre de 2017

CAMBIAR PODER POR SERVICIO


Texto anonimo  (si llegan a conocer al autor, por favor enviarme el nombre en un comentario. Gracias)

Cambiar poder por servicio es renunciar a quedarse todo para sí mismo.                                           
                                             Provoca desprendimiento.

Cambiar poder por servicio hace captar los gozos y las penas de los demás.                                       
                                             Habilita la escucha.

Cambiar poder por servicio coloca en un nivel inferior del que está el otro.                                       
                                             Fortalece la humildad.

Cambiar poder por servicio permite hallar el modo de vivir a gusto.                                   
                                             Consolida la alegría.

Cambiar poder por servicio permite estar atento a todos y en beneficio de todos.                               
                                             Libera el amor.

Cambiar poder por servicio logra evitar todo tipo de dominio.
                                             Construye fraternidad.

Cambiar poder por servicio es dialogar tú a tú, sin reservas, sin miedo.                                         
                                             Crea confianza.

Cambiar poder por servicio engrandece al pequeño, fortalece al débil.                                         
                                             Limpia el pasado y presente.

Cambiar poder por servicio elimina la obsesión de tener, de saber y poder.                                         
                                             Transforma lo humano.

Cambiar poder por servicio da prioridad a la persona y no a la estructura.
                                              Hace cristianos.

Cambiar poder por servicio deja en la intemperie toda seguridad.         
                                             Da libertad.

Cambiar poder por servicio engendra familia, hace comunidad, despliega misión.
                                             Provoca vida.

Cambiar poder por servicio hace creíble nuestra vida y el reino que predicamos.
                                             Siembra Evangelio.


sábado, 28 de octubre de 2017

Amar a Dios y al Prójimo quiere decir pasión por Dios y compasión por la Humanidad...

Fuente de este texto: Centro de Espiritualidad y Pastoral -Venezuela-

Para Jesús, “amar al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, y amar a tu prójimo como a ti mismo”, no es una simple Ley nueva, ni una manera especial de sintetizarla. 
Sino el criterio de autenticidad de nuestra fe y de nuestro modo de ser personas.

El amor a Dios y al Prójimo nos pone ante la gran novedad de Jesús. Por un lado nos revela que estos dos mandamientos son la raíz y el fundamento sobre los que puede sostenerse con verdad cualquier Ley. Y por otro, que todo, y en particular la Ley, queda definitivamente abierto a la realidad de Dios y a la realidad del Prójimo. 

En el amor está la fuente de donde mana la vida, la adoración, la alegría, la disponibilidad, la sencillez, la entrega, el servicio, y en especial el cuidado de quienes nos necesitan con más urgencia, los pobres, los enfermos, los tristes, los desvalidos.

El amor es comúnmente afecto, conmoción, empatía y adherencia con todo nuestro ser. Pero se desconocería el verdadero amor si nos quedáramos simplemente en una vivencia emocional que no logra transformar todo nuestro ser, o si este amor no se tradujera en obras concretas de fraternidad y solidaridad, que son el test de la veracidad del amor. 

Amar a Dios y al Prójimo quiere decir pasión por Dios y compasión por la Humanidad. Porque Pasión-Compasión significa alabar la existencia desde su raíz, tomar parte en la vida con gratitud, optar siempre por lo bueno y lo bello, vivir con corazón de carne y no de piedra, rechazar todo lo que niegue y excluya a cualquier persona.

El amor nos pone en situación de libertad frente a las seguridades humanas en las que muchas veces deseamos «instalarnos» y que son en definitiva el único obstáculo al verdadero amor. Para la fe cristiana el único crecimiento significativo de la persona es «la libre disposición de sí misma» para amar más allá de toda compensación o seguridad. 

A la luz de la vida de Jesús, el crecimiento en la fe no sigue una línea de ascenso (hacia arriba), sino descendente (hacia abajo), que es lo propio y distintivo del amor. 

Crecer y madurar es ir hacia abajo, es humildad y sencillez. Quien sabe de amor es capaz de dar o gastar su vida en beneficio de causas nobles y sin esperar contraprestación o recompensa alguna.