sábado, 7 de abril de 2018

TOMAS, Es Incredulidad lo que tú Tienes por Sentido Profundo...

Escrito por Hans Urs von Balthasar, de su Libro: "Corazón del mundo"

Acércate, Tomás, levántate de la caverna de tus dolores, pon tu dedo aquí y mira mi mano; extiende tu mano y ponla en mi costado: y no imagines que tu ciego dolor es más penetrante que mi Gracia. No te fortifiques en el castillo de tus sufrimientos. Naturalmente crees que tu vista es más aguda que la de los demás, tú tienes pruebas en la mano, no quieres que nadie te dé gato por liebre, y todo en él grita: ¡Imposible! Tú ves el abismo, puedes medirlo con el metro, el margen que hay entre la mala acción y la expiación, entre tú y yo. ¿Quién va a querer luchar contra semejante evidencia? Tú te retiras a tu luto, por lo menos éste es tuyo; con la experiencia de tu sufrimiento sientes que vives. Y si alguien pusiera su mano sobre ese sufrimiento, y tratara de arrancar sus raíces, arrancaría a la vez todo tu corazón del pecho - tanto te has identificado con tu dolor. 

Sin embargo, yo he resucitado. Y tú prudente y viejo dolor, en el que te sumerges, en el que imaginas mostrarme tu fidelidad, en el que crees estar junto a mí, es muy anacrónico. 

Pues hoy me siento joven y feliz. Y lo que tú llamas tu duelo no es más que obstinación. ¿Tienes una medida en tu mano? ¿Es tu alma el criterio de lo que es posible para Dios? ¿Es tu corazón lleno de vacilaciones el reloj en el que puedes leer el designio de Dios sobre ti? 

Es incredulidad lo que tú tienes por sentido profundo. Pero ya que estás tan lastimado y el patente tormento de tu corazón se ha abierto hasta el abismo de tu propio ser, dame tu mano y siente con ella el latido de otro corazón: en esta nueva experiencia tu alma se entregará y la sombría amargura autoalimentada se quebrará. Tengo que vencerte. No puedo menos de exigirte lo más querido que tienes, tu melancolía. Sácala de ti, aun cuando te cueste el alma y parezca que vayas a morir. Expulsa de ti ese ídolo, ese cascote frío de tu pecho, y en su lugar pondré en ti un corazón de carne, que latirá de acuerdo con mi propio latido. Saca de ti ese yo, que vive por no poder vivir, que está enfermo porque no puede morir: deja que perezca, así por fin podrás empezar a vivir. 

Estás enamorado del triste enigma de tu incomprensibilidad, pero a ti se te ve y se te comprende, pues mira: si tu corazón te acusa, piensa que soy mayor que tu corazón y lo sé todo. Anímate a saltar a la luz, no pienses que el mundo es más profundo que Dios, no pienses que no sabré arreglármelas con él. Tu ciudad está cercada, tus provisiones están agotadas: tienes que rendirte. ¿Qué es más sencillo y más dulce que abrir las puertas al amor? ¿Qué es más fácil que caer de rodillas y decir: Señor mío y Dios mío?

domingo, 1 de abril de 2018

Ir a Galilea, es Volver al Primer Amor...

Homilía del Papa Francisco en la Vigilia Pascual 2014:

El Evangelio de la Resurrección de Jesucristo comienza con el ir de las mujeres hacia el sepulcro, temprano en la mañana del día después del sábado. Se dirigen a la tumba, para honrar el cuerpo del Señor, pero la encuentran abierta y vacía. Un ángel  les dice: «Ustedes no teman» (Mt 28,5), y les manda llevar la noticia a los discípulos: «Ha resucitado de entre los muertos y va  delante de ustedes a Galilea» (v. 7).

Las mujeres se marcharon a toda prisa y, durante el camino, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «No teman: vayan comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán» (v. 10).

Después de la muerte del Maestro, los discípulos se habían dispersado; su fe se deshizo, todo parecía que había terminado, derrumbadas las certezas, muertas las esperanzas. Pero entonces, aquel anuncio de las mujeres, aunque increíble, se presentó como un rayo de luz en la oscuridad. La noticia se difundió: Jesús ha resucitado, como había dicho… Y también el mandato de ir a Galilea; las mujeres lo habían oído por dos veces, primero del ángel, después de Jesús mismo: «Que vayan a Galilea; allí me verán».

Galilea es el lugar de la primera llamada, donde todo empezó. Volver allí, volver al lugar de la primera llamada. Jesús pasó por la orilla del lago, mientras los pescadores estaban arreglando las redes. Los llamó, y ellos lo dejaron todo y lo siguieron (cf. Mt 4,18-22). Volver a Galilea quiere decir releer todo a partir de la cruz y de la victoria. Releer todo: la predicación, los milagros, la nueva comunidad, los entusiasmos y las defecciones, hasta la traición; releer todo a partir del final, que es un nuevo comienzo, de este acto supremo de amor.

También para cada uno de nosotros hay una «Galilea» en el comienzo del camino con Jesús. «Ir a Galilea» tiene un significado bonito, significa para nosotros redescubrir nuestro bautismo como fuente viva, sacar energías nuevas de la raíz de nuestra fe y de nuestra experiencia cristiana. Volver a Galilea significa sobre todo volver allí, a ese punto incandescente en que la gracia de Dios me tocó al comienzo del camino.

Con esta chispa puedo encender el fuego para el hoy, para cada día, y llevar calor y luz a mis hermanos y hermanas. Con esta chispa se enciende una alegría humilde, una alegría que no ofende el dolor y la desesperación, una alegría buena y serena.

En la vida del cristiano, después del bautismo, hay también una «Galilea» más existencial: la experiencia del encuentro personal con Jesucristo, que me ha llamado a seguirlo y participar en su misión. En este sentido, volver a Galilea significa custodiar en el corazón la memoria viva de esta llamada, cuando Jesús pasó por mi camino, me miró con misericordia, me pidió de seguirlo; recuperar la memoria de aquel momento en el que sus ojos se cruzaron con los míos, el momento en que me hizo sentir que me amaba.

Hoy, en esta noche, cada uno de nosotros puede preguntarse: ¿Cuál es mi Galilea? ¿Dónde está mi Galilea? ¿La recuerdo? ¿La he olvidado? He andado por caminos y senderos que me la han hecho olvidar. Señor, ayúdame: dime cuál es mi Galilea; sabes, yo quiero volver allí para encontrarte y dejarme abrazar por tu misericordia.

El evangelio de Pascua es claro: es necesario volver allí, para ver a Jesús resucitado, y convertirse en testigos de su resurrección. No es un volver atrás, no es una nostalgia. Es volver al primer amor, para recibir el fuego que Jesús ha encendido en el mundo, y llevarlo a todos, a todos los extremos de la tierra.

«Galilea de los gentiles» (Mt 4,15; Is 8,23): horizonte del Resucitado, horizonte de la Iglesia; deseo intenso de encuentro… ¡Pongámonos en camino!

viernes, 30 de marzo de 2018

"¿Y si hablamos de la Cruz?"

Texto de Christian Chergué, martir de Argelia -citado por Chistian Salmeron en su libro: Cuando llegue el momento"

"¿Y si hablamos de la Cruz?", me preguntaba recientemente uno de nuestros amigos sufies (en el auto en el que volviamos los dos solos desde Marruecos, donde él habia querido hacer un retiro cerca de nuestros hermanos de Fez). "¿Si hablamos de la cruz?".

-¿Cual?- le pregunté.
-La cruz de Jesús, evidentemente.
-Sí, pero ¿cual? Cuando tú miras una imagen de Jesus en la cruz, ¿cuantas cruces ves?
Él dudó.
-Quizás tres...seguramente dos. Hay una adelante y otra atrás.
-¿Y cual es la que viene de Dios?
-La de adelante...-dijo él.
-¿Ycuál es la que viene de los hombres?
-La de atrás...
-¿Y cual es la más antigua?
-La de adelante...Los hombres no han podido inventar la otra porque Dios habia creado antes la primera.
-¿Y cual es el sentido de esta cruz de adelante, de este hombre con las manos extendidas?-
Cuando yo extiendo los brazos -dijo-, es para abrazar, para amar.
-¿Y la otra?
-Es el instrumento del amor desfigurado, del odio paralizando en la muerte el gesto de la vida.

El amigo sufí habia dicho: "Quzás tres..." Esta tercera cruz no era otra que la mía y la suya, en este esfuerzo que nos movía, al uno y al otro, a despegarnos de la cruz de "atrás", la del mal y del pecado, para adherirnos a la de "adelante", la del amor vencedor...

Hermanos y hermanas, sabemos bien que este paso de una a ota cruz es tambien nuestro camino de gloria, pues es allí por donde Jesús nos eleva, con ÉL, hacía el Padre que nos espera con los brazos abiertos" -7V 105- 

jueves, 29 de marzo de 2018

Jueves Santo : Hasta el extremo...


Escrito por Christhian Salemon, de su libro: "Cuando llegue el momento" (sobre la espiritualidad del Mártir de Argelia: Christian de Chergué. (Resumen del Capitulo "Hasta el Extremo)
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Hasta el extremo...

“Él me ha amado hasta el extremo, el extremo de Él y el extremo de mí…

Él me ha amado a su manera, que no es la mía.

Él me ha amado gratuitamente…

Tal vez me hubiera gustado que fuera más discreto, menos formal.

Él me ha amado, como yo no sé hacerlo: con su sencillez, su olvido de si, su servicio humilde y no gratificante, sin ningún amor propio.

Él me ha amado con la autoridad benevolente pero ineludible de un padre, y la ternura indulgente y no muy tranquila de una madre”

Este texto es un extracto de la última homilía del Jueves santo pronunciada por Christian de Chergué, mártir de Argelia.

El extremo significa el don total de su vida. “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos” –Jn 15, 13-

Lo extremo designa el extrema del don de Jesús hace de sí mismo. El extremo designa también el extremo de cada uno, los extremos de nuestras vidas. Cristo ama hasta el extremo de lo que somos, todos los aspecto de nuestro ser, de nuestra personalidad, incluidas las zonas de sombra…

Qué difícil es saberse amado y comprendido en aquello que quisiéramos desechar de nuestra vida, en eso donde no llega la luz, en su espesura y la opacidad de nuestras debilidades y mediocridades.

Cada uno desea vivir de ese amor ofrecido “hasta el extremo” y cada uno desconfía delante de lo increíble de un Dios arrodillado delante de los hombres…

Jesús lava los pies de cada uno, incluso de “aquel que debo aceptar” porque es “el precio a pagar para permanecer con Él y por tener derecho, esa tarde santa, al pan y a la copa. Jesús habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo, “todos los suyos, son todos de Él, cada uno como único, una multitud de únicos…

Aquel que se deja lavar los pies puede, a su vez, lavar los pies de los otros, o, más exactamente, entrar en la reciprocidad del amor: “Él me ha amado como yo no sé hacerlo: con su sencillez, su olvido de si, su servicio humilde y no gratificante, sin ningún amor propio…

Es una lección que Jesús nos ha dado con su modo de actuar –su modo de proceder-

Para rezar nuestra vida, durante estos días de Semana Santa...


Escrito por Juan Pablo Espinosa Arce · 

El Misterio Pascual constituye el centro, el núcleo del año litúrgico. La fe de la Iglesia toma su sentido último en la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. 

 Esta semana es de días fuertes. Liturgias cargadas de símbolos, de expresiones de fe popular, de esperanzas, de tristezas, de muerte y resurrección. 

Es casi como si esta semana que “cuenta el tiempo al revés” se nos presentara un resumen de nuestra propia vida, personal, familiar y eclesial...

Para rezar nuestra vida, durante estos días de Semana Santa...

  • ¿Cuántas veces hemos sentido la angustia del Jueves Santo?
  • ¿En qué momentos hemos sentido el abandono de Dios?
  • ¿Cuántas traiciones nos han hecho y cuántas hemos cometido nosotros?
  • ¿A quiénes hemos vendido por treinta monedas de plata?
  • ¿Cuáles son mis cruces?
  • ¿Cuáles las de mi comunidad parroquial?
  • ¿Cuáles son los silencios del sepulcro, cuando todo parece haber fracasado?
  • ¿Cuáles son las mañanas de resurrección?
  • ¿Cuántas veces hemos encontrado el sepulcro vacío y a los ángeles que nos anuncian que el Señor ha resucitado y nos espera en Galilea?
Que tengas una Fecunda Semana Santa y una Gozosa Pascua de Resurrecion!!

sábado, 24 de marzo de 2018

Domingo de Ramos...Por Mí…


Autor: Mons. Jesús Sanz Montes, ofm 

          Hemos llegado al umbral de la Santa Semana. Tramo a tramo, nos hemos ido aproximando al escenario en donde Otro pagó nuestra cuenta debitada. Nos ponemos también nosotros en esa muchedumbre agolpada en aquel día en torno a la fiesta judía. Ellos y nosotros tenemos, siempre, unas oscuridades que piden ser iluminadas, unas muertes que esperan ser resucitadas. Nosotros estábamos allí. Y lo que allí sucedió entonces, para nosotros sucede hoy. En Jerusalén había la costumbre de dar la bienvenida a los peregrinos que llegaban para celebrar la Pascua con las palabras del Salmo 118: “¡bendito el que viene en el nombre de Yahvéh!”. Jesús no fue la excepción. El envió previamente a dos discípulos para que trajeran un burrito, y a quien extrañado preguntase por qué, debían responder: el Señor lo necesita. Un humilde portador de quien viene como rey en nombre de Dios. La tradición iconográfica muestra más veces a un asno junto a Jesús: en el viaje de Nazaret a Belén cuando María llevaba en su seno al que nacería sin cobijo de posada, en la cueva del nacimiento, y en la huida a Egipto.

            El Señor necesitaba ¡un burrito! Detalle cargado de humanidad y sencillez, contrapuesto a la cabalgadura del poderío. Son las “necesidades” de un Dios que elige siempre lo débil y lo que no cuenta para confundir a los prepotentes (1 Cor 1,26-28), y así se reconocerá en la imagen del Siervo tomando la condición de esclavo, sin hacer alarde de su categoría de Dios (Filp 2,6-11), para poder dar una palabra de aliento a cualquiera que sufra abatimiento (Is 50,4-7).

            Es el estremecedor relato de lo que ha costado nuestra redención. En ese drama está la respuesta de amor extremo de parte de Dios. Nuestra felicidad, el acceso a la gracia, ha tenido un precio: Él ha pagado por nosotros. Debemos situarnos en ese escenario, pues es el nuestro propio, en donde Dios en su Hijo nos obtendrá la condición de hijos ante Él y de hermanos entre nosotros. Es el estupor que experimentaba la mística Angela de Foligno al contemplar la Pasión: “Tú no me has amado en broma”; o el realismo con el que Pablo agradecerá la donación de su Señor: “me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gál 2,20). Sin este realismo que personaliza, estaríamos como espectadores ausentes que a lo sumo siguen el desarrollo del proceso de Dios, desde la butaca de la lástima o de la indiferencia. Yo estaba allí, todo fue por mí. Sólo quien reconoce ese por mí adorará al Señor con un corazón agradecido.


+ Jesús Sanz Montes, ofm
Obispo de Huesca y de Jaca