jueves, 19 de marzo de 2026

San Jose un modo de vivir en servicio y la humildad...


Escrito por el querido +P. Diego Fares, en la Fiesta de San José del año 2011

“Al tomar San José consigo a María y a Jesús lo tiene todo y por eso no agarra nada más.

Esto lo experimenta el que pone manos a la obra en alguna tarea de servicio que implica “tomar consigo” a los demás. De afuera, otros ven lo que uno deja. Pero la persona experimenta lo que “toma”, lo que recibe de más al tomar consigo el servicio. De allí viene esa experiencia de gozo que uno no sabe explicar muy bien por qué…                                                                                                        Los voluntarios dicen, después de trabajar sirviendo a los que necesitan: ¡salgo lleno!, ¡salgo contento!

También, dicen: ¡A veces me cuesta ir (dejar lo que tengo entre manos) pero después cuando estoy allí me olvido de todo y salgo mejor de cuando llegue!…

Es la llenura que da el recibir a Cristo en la persona de los que servimos. Por eso la frase para los voluntarios es la del Ángel a José: “No temas tomar contigo” a los que vas a servir -en la Iglesia, en las Obras, en tu familia-, porque lo que hay en ellos es del Espíritu Santo. Está Jesús en ellos, al servirlos a ellos recibís a Jesús.

Esta es la palabra que San José nos comunica en su silencio perfecto: con sueños y acciones. San José es el que abre esos dos espacios en los que la Palabra se gesta, crece y es fecunda: el sueño y la acción.

Le pedimos a San José estas sus “Gracias”:

Soñar las cosas de Dios: soñar que el Ángel nos dice, tomá contigo a María y a Jesús, tomalos con vos y no los sueltes, agarralos bien contra tu pecho y tu corazón. No importas cómo estés: soñá que los tomás contigo. Soñá que te toman ellos de la mano. Tomá con vos a Jesús en la Eucaristía.

 Tomalo de la mano en algún pobre que te pida. Alzá en brazos a los bebés de tu familia y tomalos contra tu corazón, tal como ves en la imagen de San José con el Niño. No tengas miedo: tomalos. Abrazá a algún anciano, bendecí en la frente a un enfermo, poné la mano en el hombro de los jóvenes… No temas. 

Hacer lo que Dios nos hizo soñar, levantarnos y salir rapidito a comenzar a hacer, poner manos a la obra, no pensar, hacer. Después que hagamos un rato lo que soñamos que se nos mandaba, sí, parar un momento y pensar. Veremos que el pensamiento corre libre, agradecido, que no necesitamos pensar mucho si hacemos o no sino más bien “cómo”. El “cómo hacerlo mejor” orientará nuestro pensamiento puesto en acción. Tomá con vos a Jesús y sentirás cómo el Padre te toma en brazos a vos: “al que me ama, el Padre lo amará y vendremos a él y habitaremos con él”. 

domingo, 15 de marzo de 2026

Curación del Ciego de Nacimiento...

Escrito por Dolores Aleixandre -RSCJ-

Una linda propuesta para rezar con el Texto del Ciego de Nacimiento: Jn 9,1-41

Lee la narración de la curación del ciego de nacimiento,  contempla luego las sucesivas escenas, como si el ciego fueras tú mismo y fueras reconociendo tus cegueras:

Ceguera de la posesividad que te hace mirar las personas o las cosas a partir de tu propio interés;
Ceguera que te impide ver más allá de las apariencias de los otros;
Ceguera de la codicia que te mantiene apresado en el deseo de acumular o de triunfar sin límites...
Ponte junto a Jesús, pídele que saque de tus ojos la viga que te impide ver y que pone en tu mirada negatividad, dureza, superficialidad, indiferencia, prejuicios...

Deja que él te los ilumine haciéndolos capaces de ver hasta el fondo,  de taladrar la cáscara de la realidad, de descubrir la belleza que se oculta detrás de lo deforme y oprimido, de admirar, a la más pequeña señal, la vida insospechada que apunta en personas o situaciones de las que parece que sólo puede brotar muerte.

Pídele a Jesús, que te permita contemplarle a él como aquel ciego y mantener con él el mismo diálogo: -“¿Crees tú en el Hijo del hombre? El ciego le preguntó: -¿Quién es, Señor, para que crea en él? Jesús le contestó: -Ya lo has visto. Es el que está hablando contigo. Entonces aquel hombre  dijo: - Creo, Señor. Y se postró ante él.”

sábado, 7 de marzo de 2026

La Samarita : Una Mujer que Tiene mucho que Mostrarnos...

Escrito por Carmen La-Chica                       (Fuente : Blog RSCJ - España) 

El evangelio que nos propone la Liturgia es el de la samaritana ¡una mujer que tiene mucho que mostrarnos! 

Nos podemos preguntar si somos personas dispuestas a tener, como ella un encuentro tan íntimo y personal con Jesús. Dejarnos abordar, acoger sus palabras que tocan nuestra fibra más sensible, disponernos a ser cuestionadas en nuestras opciones, etc. Y tras ello, descubrir que hay Alguien que nos ha acogido tal como somos, nos ha valorado, desvelado lo mejor de nosotras mismas y nos revela quién es Él: el restaurador de brechas, el sanador de heridas, el dador de vida y sentido, el Dios Padre y Madre que está deseando derrochar su Amor con nosotras. 

Este diálogo de corazón a corazón entre la samaritana y Jesús nos está invitando a hacer otro tanto; ir soltando capas de excusas, prejuicios, justificaciones y preguntarnos: ¿estoy dispuesto a abrir mi corazón y exponerme? ¿qué me hace retenerme, defenderme, protegerme? ¿a qué tengo miedo? ¿por qué no me fío del todo? 

Que, como ella, salgamos con el corazón lleno de esa alegría contagiosa y anunciemos a los demás, con nuestra vida, gestos, palabras, que nos hemos tropezado con Jesús y ¡nos ha puesto la vida patas arriba! 

¡Feliz Cuaresma, camino hacia la Pascua! 


martes, 3 de marzo de 2026

CUARESMA, Tiempo de Vivir Sin maquillaje y Sin disfraz

                             

Escrito por Pedro Huerta -del Blog :Vivir a la intemperie-

Me ha gustado mucho el mensaje del papa León XIV para esta Cuaresma 2026: resulta tan provocador como sensible, porque nos habla desde una vulnerabilidad que incomoda. En lugar de invitarnos a movilizarnos desde posiciones de poder —una tentación constante incluso en la espiritualidad—, nos pide un desarme absoluto. Nos pide, en definitiva, una conversión real.

Hemos pervertido la palabra “conversión” hasta reducirla a un manual de urbanidad espiritual. Nos han enseñado que convertirse es “portarse mejor», como si vivir el Evangelio fuera un simple curso de perfeccionamiento moral o una técnica de autoayuda. Pero la conversión es algo mucho más radical: supone un desplazamiento real de nuestras ideas arraigadas y de nuestros principios inamovibles.

Convertirse no es ser “más buenos» según los estándares del sistema. No es un maquillaje ético, sino la demolición de nuestras murallas defensivas. Es aprender a detectar las idolatrías que hemos aceptado como hogar: el rendimiento como medida del alma, la imagen como sustituto de la verdad y el éxito como anestesia para el sentido. Si nuestra cuaresma no altera el modo en que nos relacionamos con el otro —especialmente con el que sufre—, no estaremos viviendo una transformación, sino un simulacro. La verdadera conversión nos desinstala de nuestra “amnesia espiritual» y nos obliga a mirar de frente la miseria; no como observadores externos, sino como hermanos.

Otro de los disfraces que solemos mantener tras el carnaval es pensar que la paz no es más que una ausencia de conflicto o una “calma chicha” consoladora. Pero esa es la paz de los cementerios, construida a base de silencios cómplices y conciencias anestesiadas. Frente a ella, el Papa nos propone una paz desarmada y nos lanza un desafío directo: “desarmar el lenguaje”. Esto implica renunciar a las palabras hirientes y a las calumnias que lastiman al otro para proteger nuestra parcela de seguridad.

Estar desarmado es renunciar a la necesidad de tener razón, a la obsesión por el control y a la violencia de nuestras certezas. Es entrar en el desierto, vivir a la intemperie, sin “wifi emocional» y sin el escudo de nuestros privilegios. Solo quien se atreve a habitar su propia fragilidad puede anunciar una paz que no sea sospechosa. Necesitamos palabras desarmadas, que no busquen vencer al otro, sino encontrarlo en la intemperie de la verdad compartida.

Si suavizamos las preguntas difíciles para no perturbar nuestra tranquilidad, nuestra travesía cuaresmal será solo una estrategia de supervivencia; un barniz de valores que no incomodan a nadie porque, sencillamente, ya no tienen vida dentro.

El mensaje de León XIV termina con una invitación verdaderamente “desmaquillante”: se nos pide que el grito de los que sufren encuentre acogida, no solo asistencia. Es el momento de preguntarnos si nuestras vidas edifican la “civilización del amor» o si nos hemos rendido definitivamente a la cultura del ruido y la indiferencia.

La Cuaresma es esa pedagogía que primero nos confronta con nuestra nada para luego regalarnos un sentido que el mundo no siempre quiere entender. Toca quitarse el disfraz y levantar el maquillaje. Toca acoger la vulnerabilidad del mundo como único principio de comprensión. Al final, no se trata de salir con éxito del desierto, sino de salir transformados, habiendo dejado en la arena todas las máscaras que nos sobraban.

viernes, 27 de febrero de 2026

La Transfiguración del Señor Invita a Nuevos Caminos...

Fuente: CEP - Centro de Espiritualidad y Pastoral- Caracas

Ya estamos en la 2ª semana de Cuaresma y este Domingo se nos invita a considerar la Transfiguración del Señor como una experiencia de ida y vuelta, conformada por cuatro aspectos que deciden el hacia dónde de nuestras vidas:  apartarse con Jesús para estar a solas, comprender y comprenderse a partir del diálogo plural, captar la vida mediante la escucha y el silencio y bajar a la realidad del mundo.

Apartarse para estar a solas: Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan…, y los hizo subir a solas con Él a un monte alto. Dejarse llevar por Jesús es hacerle lugar en nuestra vida, casa, institución, sociedad, como lo plantea el Apocalipsis: Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré y cenaré con él y él conmigo (3,20).
Hay circunstancias que requieren estar a solas, apartarnos. Esta toma de distancia o mejor dicho, esta distancia es lo que permite hacer espacio a la reflexión, porque abre un compás de espera (o pausa) entre nuestros razonamientos o convicciones y lo que es la realidad. Así podremos comprender las cosas y la vida como son. La antigua sabiduría nos recuerda el designio de Dios: Sal de tu lugar común y te bendeciré 
(Cf. Génesis 12,1-4).

Que los discípulos vieran conversando a Moisés, a Elías y a Jesús, copó en ellos todo imaginario. La Ley-Justicia y la Verdad-Libertad son fundamentales para la vida personal y cuánto más para la convivencia y la paz, pero serían nefastas si les faltara Bondad-Autenticidad. Si no hay algún grado de benevolencia, la vida se vuelve un infierno. 

Captar la vida mediante la escucha y el silencio. Una nube luminosa los cubrió y de ella salió una voz que dijo: Este es mi Hijo, el escogido, escúchenlo. Si escuchamos a Jesús  descubriremos en Él la forma y modo habitual de encontrarnos con las personas, con el mundo y con el mismo Dios. Jesús será para siempre el reflejo de la presencia de Dios en nuestra existencia.
La escucha supone el silencio. Pero no sólo acallar la palabra verbal sino los múltiples ruidos interiores donde se alojan prejuicios, miedos, desconfianzas. El silencio permite enraizar la propia vida más allá de toda seguridad. Nos ayuda a ser más conscientes de nuestras posibilidades y limitaciones. Sólo así crecemos en humildad y verdad.

Bajar de la montaña a la realidad del mundo. Pedro dijo a Jesús: ¡Qué bueno sería quedarnos aquí! Si quieres, haremos tres chozas, una para Ti, otra para Moisés y otra para Elías. Cuando la realidad nos sorprende, asombra, desborda o se enreda, nuestra  naturaleza  nos hace dar pasos al frente. Con demasiada rapidez queremos zafarnos del curso cotidiano de la vida. Mejor es afrontar con sencillez y honestidad, aunque suponga dolor, la realidad tal cual es.
El encuentro con Dios no es para huir o apartarnos de la vida, sino para bajar y sumergirnos más y mejor en ella. Bajar de la montaña de Dios, es ponernos en sintonía con el mundo para comunicar y contagiar a todos que la vida es más fuerte que la muerte, que es posible pasar del miedo a la calma, del desasosiego a la confianza, de la mentira a la verdad, de la perversidad a la bondad.
Que la Transfiguración del Señor nos interpele para que miremos a la gente, su realidad y la vida con ojos nuevos, misericordiosos y transformadores. De lo contrario corremos el riesgo de proyectar sobre el mundo nuestras convicciones e intereses. Que nos atrevamos a hacer caminos nuevos.


sábado, 21 de febrero de 2026

Mi Desierto y Mi Conversión - 1er Domingo Cuaresma

 

          Comenzamos la Cuaresma. Y la liturgia nos propone para este 1er domingo, un relato muy breve pero a la vez muy lleno de símbolos en torno a dos experiencias: desierto y conversión.

El desierto que nos presenta el evangelista, es tiempo y lugar de contrastes. En el desierto vive Jesús cuarenta días y vive rodeado de animales salvajes. Es tentado por satanás y los ángeles le sirven. Así el desierto, aunque es un tiempo y lugar de apartamiento, no está vacío, está cargado de presencias.

La conversión también es tiempo y lugar de contrastes. Se nos anuncia que se ha cerrado ya un ciclo: “el tiempo se ha cumplido”, y a la vez nos anuncian que estamos en el tiempo del Evangelio. Y así, la conversión implica el tiempo  para transitar el de la llegada del Reino.

Pero en medio de la experiencia de desierto y conversión, aparece el Espíritu que impulsa. Lucas nos dice que Jesús va al desierto bajo el impulso del Espíritu Santo. Jesús ni se resiste al Espíritu, ni se paraliza ante la dificultad o el reto.

El Evangelio nos está invitando a vivir el desierto y la conversión. Propone que dejemos guiarnos por el Espíritu Santo al desierto de Dios, que nos demos un tiempo para que podamos encontrarnos cara a cara y sin miedo, con todo lo que llevamos dentro de nosotros mismos. Y nos propone, como a Jesús, que estemos atentos a lo que va pasando a nuestro alrededor, para que las realidades de hoy provoquen el coraje de responder a los retos que nos presenten el Espíritu y el Mundo.

Desierto y conversión son presentados como dos aspectos inseparables de un mismo camino. Una ruta que se transita con la luz del Evangelio. Todo desierto bien vivido ha de llevar a la conversión. Puede que nos resistamos a vivir el desierto que nos ofrece Dios por estar afianzados en nuestros apegos, en nuestras comodidades, en nuestras cerrazones. Y puede que con ello estemos rechazando la gracia de la conversión, y la salvación.

Que nos atrevamos a salir de nosotros mismos y nos expongamos a la energía del Espíritu de Dios para que nos coloque en la vida, libres, convertidos, solidarios, misericordiosos, alegres y esperanzados en la venida del Reino.

domingo, 15 de febrero de 2026

Los Mandamientos son Leyes del Corazón...

Escrito por la hermana Joan Chittister . OSB, -de su Libro: Los diez Mandamientos-

La hermana Joan, se pregunta y se responde ante la novedad que hoy tienen los Diez Mandamientos:

“¿Qué son los Diez Mandamientos y que significan para nosotros ahora, en un mundo en el que judíos, cristianos y musulmanes afirman, todos ellos, aceptar a Moisés y las Tablas del Sinaí como fundamento de su ley, por mas leyes distintas que queramos añadirles?

Si somos verdaderamente personas –cultural, política y socialmente- imbuidas de los Diez Mandamientos y pretendemos preservarlos como fundamento de nuestra civilización, ¿Qué significa eso para nosotros aquí y ahora? ¿Son acaso los principios vitales que dichos mandamientos nos proporcionan un verdadero impulso vivo para nosotros o meras reliquias de épocas pasadas que se han convertido en una especie de fetiche cultural, en algo que nos  distingue quizá del mundo religioso circundante, pero que apenas tiene incidencia alguna en nuestra vida personal o pública?

¿Hay en ellos algo por lo que merezca la pena interesarse o son, quizá, meros productos de un mundo pasado?, ¿son en verdad un criterio válido para nuestra vida?; ¿Qué medida dan de nosotros y a quien le importa? 

Estas leyes, que encarnaban para ellos los deseos de Dios, hicieron de ellos una sociedad única por su adhesión, no a las leyes de Moisés –sometidas a cambio por cualquier gobernante posterior-, sino a la ley de Dios. Esas leyes no emanaban del capricho humano; eran irrevocables e inmodificables y debían estas escritas en la mente y en el corazón de la comunidad hebrea por los siglos de los siglos.

El otorgamiento de los Diez Mandamientos puede verse al instante como algo único. Estas leyes, destinadas a ser principios morales por los que vivir, mas que prescripciones minuciosamente definidas que hubiera que seguir, tenían la finalidad inequívoca de configurar un modo de vivir, un estilo de vida, una actitud mental, un espíritu de comunidad humana, un pueblo.

La cuestión es que los Diez Mandamientos son leyes del corazón, no del Estado; son leyes que pretenden llevar a la plenitud de la vida, no simplemente a una vida bien ordenada.                                                       
Aristóteles insiste en que la vida perfecta es aquella en la que contemplamos las cosas mejores y mas valiosas, las cosas de mayor merito. La vida perfecta –dice Aristóteles- nos compromete a dedicarnos a aquello sobre lo que merece la pena pensar. Los Diez Mandamientos nos dicen sobre que merece la pena pensar en la vida.                                        

Se trata de las cosas que son mas importantes que la mecánica transitoria del día a día; se trata de las cosas que perduran, que se convierten en el sustrato espiritual en que reposa nuestra vida, las cosas que acaban formando el camino que conduce a plenitud desde la pequeñez de los mayores empeños humanos.             

Se trata, no tanto de nuevas leyes, cuando de una nueva visión de lo que significa ser una comunidad humana, un pueblo de Dios. A Moisés –dice la Escritura- se le ordena posponer la promulgación de la ley hasta que el pueblo judío haya llegado finalmente a la Tierra Prometida, hasta que esté listo, al fin, para instalarse y comenzar un modo de vida completamente nuevo.

Puede que lo mas significativo de todo sea que las Tablas del Sinaí son denominadas “mandamientos” una sola vez en toda la Escritura, los Diez Mandamientos son mencionados como el Decálogo: las “diez palabras”. Es el Decálogo –esas diez palabras- lo que a lo largo de los años se desarrollo en diez ideas o conceptos o ideales o propuestas que hicieron de las doce tribus de Israel un tipo distinto de “pueblo”.         Son palabras acerca de la alabanza,  la responsabilidad humana, la justicia,  la creación, el valor de la vida, la naturaleza de las relaciones, la honradez, la veracidad, el deseo y la sencillez de vida.                                                                                                                               
Escritas en segunda persona del singular del futuro, las “palabras” están destinadas a ser todo un nuevo modo de enfocar la vida para todos nosotros. Esta vez se nos ha dicho, no lo que el rey espera, sino lo que espera Dios, y cada uno de nosotros es responsable de adecuar a ello su propia vida.            
Los  Diez Mandamientos son, pues, una aventura del crecimiento humano. No somos tanto condenados cuanto trasformados por ellos.