viernes, 23 de agosto de 2019

Esa Puerta Estrecha a Cruzar es una Vida Compasiva en el día a día...



Escrito por Mariola López Villanueva RSCJ

Las historias en que el Señor se muestra exigente me llevan a presentir la hondura de su amor. Como cuando espoleamos a una persona a quien queremos mucho al sentir que está desperdiciando su vida; la sacudimos para que reaccione y despierte.

Así me parece que hace Jesús cuando nos dice “no sé quiénes son”. ¡Pero si nos lleva tatuados en la palma de su mano, si somos preciosos a sus ojos!

Precisamente por eso, nos quiere despertar, para que no nos alejemos de la puerta que nos abre. Esa puerta estrecha a cruzar es una vida compasiva en el día a día, una manera de estar en ella que vela por los más pequeños, un modo de vivir que no solo invoca a Dios, sino que hace de la existencia una prolongación de su amor al mundo. No solo el celebrar (comer y beber) y el decir (enseñar), sino una praxis compasiva, una manera muy humana de acercarnos a los otros.

¡Hay tanta gente, que sin nombrar a Dios, ni siquiera saber que lo conoce, pasa haciendo el bien y sanando! Para Jesús no cuenta la apariencia sino lo que se juega en el fondo del corazón; sobre todo, cómo nos situamos ante los que consideramos últimos.

sábado, 22 de junio de 2019

Una Escena que Tiene que Tomar Cuerpo en Nosotros...


Escrito por Hna Mariola Lopez Villanueva-RSCJ-

Esta escena tiene que tomar cuerpo en nosotros, injertarse en nuestra manera de mirar y de estar ante las cosas; y configurar los modos en que vivimos la misión. 

Necesitamos pasar de <<despedir>> porque no tememos a <<acoger>> en una precariedad compartida.

De creer que lo que cuenta es sacar adelante lo nuestro, a descubrir que necesitamos el pan de cada uno para que pueda multiplicarse. 

De ofrecerlo por nuestra propia cuenta a experimentar que si podemos repartirlo es porque primero ha sido bendecido y partido por el Señor Jesús. Entonces todos pueden saciarse y aún queda. Con él la vida se vuelve fecunda más allá de nuestras expectativas de cálculo y previsión.

Etty Hillesum confió en la bondad y en la belleza de Dios y la encontró bajo el cielo azul de un campo de exterminio. Allí abrió su rostro, sin ocultarlo, expuesto y ofrecido hasta el final. Estas son algunas de las últimas palabras que nos dejó en su diario antes de morir en las cámaras de gas:

<<He partido mi cuerpo como pan y lo he repartido entre los hombres…, pues venían largas privaciones.

Dios no puede dejar de ser Dios. 

No preguntes cómo definir el amor de Dios; 
pregunta cómo recibirlo. 
No preguntes cómo explicar el amor de Dios; 
pregunta cómo experimentarlo. 
No preguntes cómo entender el amor de Dios; 
pregunta cómo ser transformado por él.

RAYNOR TORKINGTON

sábado, 1 de junio de 2019

"Y yo Estaré Siempre con Ustedes hasta el Fin del Mundo"

Escrito por Hermann Rodríguez Osorio -sj-

Hay personas a las que les cuestan, particularmente, las despedidas. Son momentos muy intensos, en los que se expresan muchos sentimientos que duermen en el fondo del corazón y tienen miedo de salir a la luz y expresarse de una manera directa. Pero, en estos momentos, saltan inesperadamente y sorprenden a unos y a otros... Despedirse es decirse todo y dejar que el otro se diga todo en un abrazo que contiene la promesa de seguir presente a pesar de la ausencia.

Salta a mi memoria, en esta solemnidad de la Ascensión del Señor, la poesía que Gloria Inés Arias de Sánchez escribió para sus hijos, y que lleva por título: «No les dejo mi libertad, sino mis alas». Como ella, el Señor se despide de sus discípulos, ofreciéndoles un abrazo en el que se dice todo y nos regala la promesa de su presencia misteriosa, en medio de la ausencia:

“Les dejo a mis hijos no cien cosechas de trigo 
sino un rincón en la montaña, con tierra negra y fértil, 
 un puñado de semillas y unas manos fuertes
 labradas en el barro y en el viento. 

No les dejo el fuego ya prendido
sino señalado el camino que lleva al bosque
y el atajo a la mina de carbón.
No les dejo el agua servida en los cántaros,
sino un pozo de ladrillo, una laguna cercana, 
y unas nubes que a veces llueven. 

No les dejo el refugio del domingo en la Iglesia,
 sino el vuelo de mil palomas, y el derecho a buscar en el cielo, 
en los montes y en los ríos abiertos.

No les dejo la luz azulosa de una lámpara de metal, 
sino un sol inmenso y una noche llena de mil luciérnagas.

No les dejo un mapa del mundo, ni siquiera un mapa del pueblo,
sino el firmamento habitado por estrellas,
y unas palmas verdes que miran a occidente.

No les dejo un fusil con doce balas, 
sino un corazón, que además del beso sabe gritar.
No les dejo lo que pude encontrar, 
sino la ilusión de lo que siempre quise alcanzar. 

No les dejo escritas las protestas, sino inscritas las heridas.
No les dejo el amor entre las manos, 
sino una luna amarilla, que presencia cómo se hunde 
la piel sobre la piel, sobre un campo, sobre un alma clara. 
No les dejo mi libertad sino mis alas. 

No les dejo mis voces ni mis canciones, 
sino una voz viva y fuerte, que nadie nunca puede callar. 
Y que ellos escriban, ellos sus versos, 
Como los escribe la madrugada cuando se acaba la noche. 
Que escriban ellos sus versos; 
por algo, no les dejo mi libertad sino mis alas...”

 Los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, se postraron delante de el; sin embargo, algunos todavía dudaron.  Acercándose, Jesús les dijo: «Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo». (Mt 28, 16-20)

sábado, 25 de mayo de 2019

Reconocer las Huellas de Dios en lo Humano...


Escrito por Mariola López Villanueva RSCJ

El evangelio de Juan nos muestra la vida interior de Jesús, aquella capacidad que le llevaba a amar lo no amable, a incluir a los que eran dejados fuera, a pacificar…, a reconocer las huellas de Dios en lo humano.

Nunca se atribuye a sí mismo ese poder sanador y generador de vida; lo recibe de Otro y va a ser al final cuando lo dé a conocer:"Pediré al Padre que les envíe otro Paráclito que esté con ustedes siempre" (Juan 14, 16). 

Como nuestro Maestro Interior que nos enseñará a dejarnos conducir hacia la bondad, hacia la reconciliación, hacia la donación y la alegría. 

Es el Espíritu el que nos lleva a recordar, a volver a pasar por el corazón las palabras y los modos de Jesús, a dejar que el dinamismo de su amor vaya configurando nuestras vidas. 

Dice Simone Weil: "No es por la forma en que una persona habla de Dios, sino por la forma en que habla de las cosas terrenas, como se puede discernir mejor si su alma ha permanecido en el fuego del amor de Dios. Ahí no es posible ningún engaño. Hay falsas imitaciones del amor de Dios, pero no de la transformación que él realiza en el alma".

SOLO TÚ, JESÚS (Pedro Arrupe, SJ)

Solo Tú, Jesús. Jesús, mi Dios, mi redentor, mi amigo, mi íntimo amigo, mi corazón, mi cariño: aquí vengo, para decirte desde lo más profundo de mi corazón y con la mayor sinceridad y afecto de que soy capaz que no hay nada en el mundo que me atraiga, sino Tú solo, Jesús mío. 
No quiero las cosas del mundo. No quiero consolarme con las criaturas. Solo quiero vaciarme de todo y de mí mismo, para amarte solo a Ti. 
Para Ti, Señor, todo mi corazón, todos sus afectos, todos sus cariños, todas sus delicadezas.

¡Oh Señor!, no me canso de repetirte: nada quiero sino tu amor y tu confianza. 
Te prometo, te juro, Señor, escuchar siempre tus inspiraciones, vivir tu misma vida. 
Háblame muy frecuentemente en el fondo del alma y exígeme mucho, que te juro por tu Corazón hacer siempre lo que tú deseas, por mínimo o costoso que sea. 
¿Cómo voy a poder negarte algo si el único consuelo de mi corazón es esperar que caiga una palabra de tus labios, para satisfacer tus gustos?


sábado, 18 de mayo de 2019

La Autentica Estatura Humana es la Practica del Amor y del Servicio...


Fuente: CEP -Centro de Espiritualidad y Pastoral. Venezuela-


Jesús comienza diciendo: “Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en Él”. Jesús, antes de su pasión, da un vuelco total a la muerte: Aquí y en esta historia, una vida vivida como lo ha hecho Jesús, traspasa ya las barreras de la muerte.
Seguidamente Jesús da un nuevo mandamiento: “ámense los unos a los otros como Yo los he amado”. Se trata de la medida, el tamaño y la hondura del amor y del servicio. El distintivo de los amigos y amigas en el Señor no será otro que el amor al estilo de Jesús.
Este mandamiento de Jesús no deja de sorprendernos, porque estamos tan acostumbrados a amar y servir según nuestra medida, que llegamos al extremo de justificar nuestros pequeños y endebles gestos de servicio y generosidad. Pero para el cristiano, incluso para todo hombre y mujer, la medida del amor no está en sí mismo. Sería mezquino reducir el amor y la misericordia al tamaño de nuestro corazón y al tamaño de nuestros efímeros gestos de entrega y donación.
Amar como nos ama el Señor es pasión por las personas y por la vida. De ahí que quien aprende a amar y a tratar como lo hace Jesús, construye amistad y solidaridad superando cualquier obstáculo, porque ha descubierto que ha sido y sigue siendo amado. Para dar todo el sentido y hondura que tiene este mandato fundamental de Jesús, podríamos sintetizarlo en esta afirmación: “la auténtica estatura humana de todo hombre y de toda mujer es la estatura de su amor y su servicio”.
Los cristianos y todo el que se sienta realmente humano, ama a partir de un “amor mayor” en el que se ha descubierto profundamente amado, perdonado y sanado. Sabe que no le toca a él poner las condiciones o límites del amor. Sabe muy bien que el amor auténtico es un don y una gracia. Por eso, si quiere autenticidad ha de amar sin esperar nada a cambio, sin contraprestaciones.
Con frecuencia nos preguntamos por la poca vida que hay en nuestra familia, trabajo, comunidades y hasta en la sociedad, sin acertar con las causas reales. Y no debería ser tan difícil. Bastaría que asumiéramos con todo el riesgo que supone, el mandamiento nuevo del Señor, de amarnos como Él nos ama. Sólo así tendríamos el gozo de experimentar que todo empezaría a ser diferente. Todo comenzaría a ser nuevo.
El amor con el que Jesús nos ama lo aprendió de su Padre, y el Padre ama creando y recreando todo. Jesús recibió del Padre una manera fecunda de relacionarse que da consistencia a las personas porque las sirve, las acompaña, las cuida, les exige desde la realidad propia de cada cual y hasta da la vida por ellas. Su modo de amar es personal y personalizador. Si nos atrevemos a amar como Él nos ama, podremos comunicar vida y esperanza en cualquier lugar y circunstancia en la que nos encontremos.

domingo, 5 de mayo de 2019

Reconocer al Señor Resucitado en la normalidad con la que se acerca a nuestras vidas...


Escrito por Mariola López Villanueva RSCJ
Evangelio: San Juan 21, 1-19

Creo que en lo que más nos cuesta reconocer al Señor Resucitado es en la normalidad con la que se acerca a nuestras vidas. Este pasaje nos remite a nuestro lugar de trabajo, con rostros más cercanos.

Cómo se vive lo cotidiano cuando creemos al Señor ausente – es de noche y no hemos pescado nada- y cómo se transfigura la escena cuando se pone cálidamente en el centro con "las brasas y las llamas encendidas". 

Sus modos son humildes y discretos: pregunta, pide, invita. Nos anima a volver a intentarlo cuando hemos fracasado, a echar de nuevo las redes por el lado de un amor que no se cansa. 

Emociona la sencillez de sus gestos: preparar un almuerzo con cariño. Es en nuestra pobreza y fragilidad donde el Señor nos regala su amor y nos confía lo que más quiere. 

El mayor don del Resucitado es que nos hace capaces de cuidar de las vidas más frágiles, su amor nos capacita para recuperar ese cuidado esencial que hay en nosotros. 

No tengamos miedo de extender nuestras manos para que él nos lleve. Reconciliados con nuestra indigencia, no le demos poder a nada que venga a robarnos su alegría del corazón. 

miércoles, 1 de mayo de 2019

Bienaventuranzas para el DÍA del TRABAJADOR


BIENAVENTURANZAS PARA EL DÍA DEL TRABAJO
Escritas por el P. Eduardo Casas.


Benditos los que ofrecen y comparten trabajos a sus hermanos.

Benditos los que trabajan digna y honestamente.

Benditos los que trabajan por la paz.

Benditos los que trabajan para que siempre haya trabajo para todos.

Benditos los que trabajan por la justicia y trabajan justamente.

Benditos los que luchan para que se destierre la desocupación
y la manipulación de las personas.

Benditos los que trabajan con las manos, la cabeza y el corazón.

Benditos los que trabajan por amor a los demás.

Benditos los que trabajan por mantener y cuidar a sus familias. 

Benditos los que se sacrifican duramente en sus trabajos.

Benditos los que trabajan y disfrutan.

Bendito seas Jesús que trabajaste por nosotros. 

Amén.

sábado, 27 de abril de 2019

Una Fe más Honda que las Dudas...


Escrito por Martín Descalzo -de su Libro: Vida y Misterio de Jesús de Nazaret"


"Dice en Evangelio de San Juan, que Tomás estaba ausente. Y en el va a representarse la resistencia a la luz.  Todos los apóstoles se habían mostrado reticentes. Tomas ira mucho mas allá, hasta la cerrazón. No le ha convencido la tumba vacía  no le han impresionado las meditaciones sobre las Escrituras que le han narrado los dos de Emaus, no se rinde ante el testimonio concorde de todos sus hermanos El quiere ver. Se encierra en su incredulidad Y cuando todos le aseguran que ellos han visto, quiere ir mas allá no solo tocar, sino sondear la identidad del crucificado metiendo sus dedos, sus manos en las mismas llagas.

Jesús va a prestarse, con admirable condescendencia, a todas las absurdas exigencias del discípulo Pero dejara pasar ocho días como para dar un plazo a esa incredulidad.

¿Es que Tomas no amaba a su Maestro? Si, evidentemente. Pero era testarudo, positivista, obstinado. No solo quería pruebas, sino que las exigía a la medida de su capricho.

Jesús se somete a ellas con una mezcla de ironía y realismo. Esta vez los apóstoles se han reunido para rezar en común. Tomas se siente incomodo en medio de la fe de todos, pero el paso de los días parece haber robustecido su incredulidad. Mas no por ello piensa en separarse de sus hermanos. Hay una fe, mas honda que sus dudas, que sigue uniéndole a ellos. Esta fue su salvación: seguir con los suyos a pesar de la oscuridad Como comenta Evely:

"Tomas es un autentico hombre moderno, un existencialista que no cree mas que en lo que toca, un hombre que vive sin ilusiones, un pesimista audaz que quiere enfrentarse con el mal, pero que no se atreve a creer en el bien. Para el lo peor es siempre lo mas seguro..."

Y Jesús ahora se aparece solo para él. Están todos, pero el Maestro se dirige directamente a Tomas. Ven, Tomas, trae tu dedo y mételo en las llagas de mis manos, trae tu mano y métela en mi costado. (Jn 19, 27) Ahora queda completamente desconcertado. En realidad nunca había podido imaginarse que su deseo pudiera ser escuchado. Su desafío no había sido mas que un pedir imposibles, un modo de encerrarse en su duda.

Eso creía el, al menos. Porque cuando vio a Jesús, cuando oyó su voz dulce, tierna, Tomas se dio cuenta de que, allá en el fondo, siempre había creído en la resurrección, que la deseaba con todo corazón, que si se negaba a ella, era por miedo a ser engañado en algo que deseaba tanto, que se había estado muriendo de deseo y de miedo de creer al mismo tiempo.

Los dos de Emaús creían que creían. Tomas creía que no creía. Jesús les trajo a los tres a la sencillez alegre de creer sin sueños y sin miedos. En el fondo Tomas se dio cuenta de que si se negaba a creer era por la rabia de no haber estado allí cuando Jesús vino ¿Los demás iban a verle y el tendría que creer solo por la palabra de los otros. Con su negativa estaba provocando a Jesús a aparecerse de nuevo También el necesitaba mimos, cariño, ternura. No era, en el fondo otra cosa, que un niño enrabietado.

Por eso temblaba cuando Jesús le mando tocar. No queía hacerlo. Sentía ahora una infinita vergüenza de sus palabras de ocho días antes. Si tocó, no lo hizo ya por necesidad de pruebas, sino como una penitencia por su cerrazón. Deslumbrado y aplastado, cayo de rodillas y dijo:¡ Señor mío y Dios mío!

Asi la humillación le llevaba a una de las mas bellas oraciones de todo el evangelio. Ahora iba en su fe hasta donde nunca había llegado ningún apóstol nadie le había dicho antes a Jesús Dios mío. Tiene razón Evely al subrayar:

"De aquel pobre Tomas Jesús ha sacado el acto de fe mas hermoso que conocemos. Jesús lo ha amado tanto, lo ha curado con tanto esmero, que de esta falta, de esta amargura, de esta humillación ha hecho un recuerdo maravilloso. Dios sabe perdonar asi los pecados. Dios es el único que sabe hacer de nuestras faltas, unas faltas benditas, unas faltas que no nos recordaran mas que la maravillosa ternura que se ha revelado con ocasión de las mismas..."

sábado, 20 de abril de 2019

La Resurrección...sólo Entrega su Secreto al Revelar el de la Cruz...

Escrito por  Eloi Leclerk -de su Libro: El Reino Escondido-

“Secreta resurrección”: me gusta esta alianza de palabras que encontré en Pascal.  La Resurrección de Jesús es secreta, porque se realiza sin testigos, durante la noche; secreta como los grandes comienzos, como los manantiales, como la misma acción creadora.  No es el fulgor del mediodía, sino el despuntar de la aurora, la luz virginal del alba.

La Resurrección es secreta, además, porque no se impone desde fuera, como un acontecimiento que todo el mundo puede ver y constatar.  Es un chorro de vida que fluye por dentro...

“Secreta Resurrección”, porque es un misterio religioso que sólo entrega su secreto al revelar el de la cruz. La Resurrección de Jesús no es un simple retomo a la vida, como pudo serlo la de Lázaro.  El Señor no vuelve a la vida anterior a su pasión, como si no hubiera sucedido nada, como si no hubiera muerto.  El Resucitado no se deja encuadrar en el marco ya conocido del pasado.

La Resurrección no es la negación de la cruz ni una revancha de ésta, sino que, por el contrario, proclama a gritos que Dios estaba con el Crucificado incluso en su abandono; que la cruz, lejos de ser un fracaso, es el triunfo de un Amor más fuerte que la muerte.  Por eso el Resucitado no tiene otra cosa que mostrar que sus llagas.  Y las muestra como la manifestación de la gloria de Dios. Sin la cruz, sin las llagas, podríamos hablar de la gloria de Dios, pero no sabríamos lo que significa esta palabra. Porque la gloria de Dios es el esplendor de su “Agape”, y la resurrección de Jesús es la manifestación de esa gloria, pues nos hace ver en el Crucificado la gran teofanía de la historia, la altura y la profundidad del Amor divino.
------------------
Les dejo esta canción de Salome Arricibita, para terminar con un momento de oración:
Para escuchar hacer clik: 


viernes, 19 de abril de 2019

Ese grito sin respuesta le hizo ser verdaderamente uno de nosotros...


Escrito por Eloi Leclerc - de su Libro: El Reino Escondido-

El grito de abandono es de una profundidad tan insondable que jamás dejará de interpelarnos, y su sentido estará siempre por descubrir. Por eso, después de todas las explicaciones que puedan darse en el plano exegético y teológico, al final lo que conviene es callar y dejar que resuene en el silencio interior el gran interrogante que cae de la cruz con todo su peso de oscuridad y misterio: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» Hay que dejar que resuene ese grito, ese «¿por qué?», en su noche humana, en su silencio. 

Y sentirlo únicamente como un enorme desgarro. Sólo entonces podremos entrever la profundidad con que el Hijo del hombre ha asumido la condición humana: llegando hasta el fondo de la noche de nuestras dudas y nuestras preguntas,  hasta el fondo del silencio de Dios. Ese grito sin respuesta le hizo ser verdaderamente uno de nosotros. En ese instante, también él vivió la relación con Dios como una especie de ausencia, y puede afirmarse que entonces se puso por entero de nuestro lado, se unió definitivamente a todos cuantos se debaten en las tinieblas y descendió a nuestros infiernos. A partir de entonces, ya no es posible decir que no llegó lo bastante abajo como para encontrarse con nosotros, porque no hay humillación, sufrimiento ni abandono que él no haya conocido y del que no haya hecho, con su presencia, lugar privilegiado de la cercanía de Dios. Evidentemente, era necesario que el Hijo amado muriera en la noche del más profundo abandono para que su resurrección fuera realmente la resurrección de todos. Jamás estuvo tan cerca del hombre, ni estuvo tampoco nunca más cerca de Dios. Jamás se acerco Dios al hombre...

Ya todo se ha consumado. Después del «gran grito», el silencio volvió a reinar sobre el Gólgota. Pero «ese silencio al que Dios se retiró» se convirtió en el lenguaje de lo inaudito.

Más tarde llegó José de Arimatea con el sudario, bajó el cuerpo de la cruz, con la ayuda de Juan, y lo depositó no lejos de allí, en un sepulcro excavado en la roca, mientras caía la tarde y empezaban a encenderse por toda la ciudad las primeras luces del sábado.

lunes, 15 de abril de 2019

En Semana Santa Contemplamos la Belleza del Amor Total...

 Escrito por Diego Fares sj

"Faltaban dos días para la fiesta de la Pascua y de los panes Ácimos. Los sumos sacerdotes y los escribas buscaban la manera de arrestar a Jesús con astucia, para darle muerte. Porque decían: «No lo hagamos durante la fiesta, para que no se produzca un tumulto en el pueblo.»

Mientras Jesús estaba en Betania, comiendo en casa de Simón el leproso, llegó una mujer con un frasco de alabastro lleno de un aceite de nardo genuino muy caro, y rompiendo el frasco, derramó el perfume sobre la cabeza de Jesús. Entonces algunos de los que estaban allí se indignaron y comentaban entre sí:

«¿Para qué este derroche de perfume? Se hubiera podido vender por más de trescientos denarios para repartir el dinero entre los pobres.»

Y la criticaban. Pero Jesús dijo: «Déjenla, ¿por qué la molestan? Ha hecho una obra hermosa conmigo. A los pobres los tendrán siempre con ustedes y podrán socorrerlos cuando quieran, pero a mí no me tendrán siempre. Ella hizo lo que podía; ungió mi cuerpo anticipadamente para la sepultura. Les aseguro que allí donde se proclame la Buena Noticia, en todo el mundo, se contará también en su memoria lo que ella hizo»(Mc 14,1 ss.).

Contemplación

Entramos en la Pasión con el reclamo del Señor: “A los pobres los tendrán siempre con ustedes… pero a mí no me tendrán siempre”. Es uno de esos “sentimientos de Jesús” que Pablo nos invita a cultivar: “Tengan los sentimientos de Jesús, que siendo Dios se hizo hombre, por amor” (Fil 2, 5 ss.).

La mujer rompió el frasco de nardo y derramó el perfume sobe la cabeza de Jesús, que entró en la Pasión perfumado. Ante la crítica utilitarista de “por qué no venden las cosas y se las dan a los pobres”, que se escucha también mucho hoy en día, el Señor nos muestra que le gusta este trato preferencial, incluso con derroche. La referencia a los pobres no sólo es cariñosa sino exigente: “los tendrán siempre cerca y podrán socorrerlos cuando quieran”. En la caridad con los pobres, no se trata de vender todo y repartir sino de “tener siempre cerca”, de “socorrer siempre”, todo lo que uno quiera y pueda, con amor.

El reclamo del Señor es reclamo de pobre.

Además, el Señor hace notar su agrado no solo por las buenas acciones sino por lo lindo del gesto. “Tuvo conmigo un gesto hermoso” (kalón es bueno y bello). Nuestro pueblo fiel entendió siempre este gusto de Jesús por las cosas hermosas y rodea siempre sus imágenes de flores y de aromas. La belleza de la liturgia hace a la dignidad humana y, por lo que vemos, también a la dignidad divina. Y no hay belleza sin derroche. La belleza no es mezquina porque es para todos. El perfume “llenó toda la casa” como dirá Juan al narrar esta misma escena. Y Jesús profetizó que el aroma de esta acción hermosa perfumaría la memoria de todas las generaciones que leeríamos este evangelio.

Así, para entrar en la Pasión, para acompañar a Jesús doliente, tenemos que buscar, cada uno, nuestro frasco de perfume.

En el Apocalipsis se nos dice que los perfumes son las oraciones de los santos. Hay un pasaje hermosísimo en el que se narra cómo “Cuando el Cordero abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo, como una media hora...” Y Juan agrega: “Vi entonces a los siete Ángeles que están en pie delante de Dios; les fueron entregadas siete trompetas. Otro Ángel vino y se puso junto al altar con un badil de oro. Se le dieron muchos perfumes para que, con las oraciones de todos los santos, los ofreciera sobre el altar de oro colocado delante del trono. Y por mano del Ángel subió delante de Dios la humareda de los perfumes con las oraciones de los santos” (Apoc 8, 1-4).

Nuestro perfume es, pues, nuestra oración.

Ahora bien, estas oraciones perfumadas de los santos son oraciones apasionadas. Para nada rutinarias ni aburridas. El mensaje de Jesús, con su alabanza del nardo puro y carísimo, es que a Él, en la Pasión, no lo podemos seguir si no es apasionadamente. El perfume, la belleza del perfume que embriaga los sentidos y no nos deja permanecer neutrales, es signo de apasionamiento.

Por eso de lo que se trata es de dejarnos cautivar por la belleza de la Pasión, del don de sí que el Señor realiza, entero, en cada gesto, que se corresponde con la ruptura del frasco de perfume que hace la mujer.

Hay que ingeniárselas para rezar “perfumando a Jesús con nuestra oración”. Esa es la gracia y, aunque no parezca, será lo que nos permita “padecer bien con él”. Porque uno padece sólo allí donde se apasiona. Donde no, simplemente sufre, le duele o le molesta. Padecer es otra cosa, es parte del amor. Y el amor siempre encuentra y crea belleza.

Jesús vivió así su Pascua: “He deseado ardientemente comer esta Pascua con ustedes”. El Señor se las ingenió para que cada momento de su Pasión fuera “inolvidable”, se las ingenió para grabar en la memoria de los hombres su Don de sí para salvarnos. Puso belleza en cada paso de su Pasión. La esencia de la belleza consiste que un fondo rico se exprese de manera perfecta en una forma externa. Que esa forma lo contenga íntegra y armónicamente a la vez que lo deja esplender, rebosar. El Amor del Señor, expresado en la Pasión, tiene esta belleza plena. Es un amor que se nos dona entero sin perder su Señorío: esplende en cada pequeño gesto.

En los detalles que el Señor planeó cuidadosamente, se ve cómo hizo de su Pasión una obra de arte: arte de Amor misericordioso, Belleza que salva al mundo.

En el lavatorio de los pies, podemos decir que Jesús, como buen dramaturgo, encontró “la forma” de expresar el perdón de los pecados. Se trata, simplemente, de limpiar. La mugre es mucha y requirió que la lavara con su Sangre en la Pasión, de una vez para siempre. Pero el Señor quiso unir ese gesto grande, cruentísimo y único, al gesto cotidiano de cada perdón. Limpiar nuestros pies, simplemente. Ver a Jesús inclinado, lavando los pies de cada discípulo, es el detalle hermoso para poder “verlo” derramando Sangre y Agua de su Corazón traspasado en la Cruz.

En la Cena, dentro de la liturgia antigua y hermosa de la Pascua, el Señor toma el pan y el cáliz: eligió estos “personajes secundarios” y los engrandeció sobremanera, como hizo luego con cada uno de los pequeñitos que se encontró por el Via Crucis.

Y en la Cruz nos dona a su Madre. María es la testigo (reina de los mártires)

La que guardaba todas las cosas en su corazón y por eso es la que puede “narrar” el evangelio fielmente. Ella evangeliza bellamente y por eso todos la entendemos cuando nos habla de Jesús, cuando nos lo hace presente en su hermosa pequeñez.

Contemplamos entonces las escenas de la pasión saboreando la belleza que el Señor le puso a un donarse entero en cada gesto, para que así, comprendido su Don y absorbido íntegramente, nos contagie el deseo de “padecer” apasionadamente con él y dar la vida por nuestros amigos.

Contemplamos la belleza del Amor total: planeado-justificado-glorificado. Ese Amor que esplende bajo forma contraria en la Cruz.

Y que nuestra oración de estos días siga al Sirácida, cuya recomendación inspiró quizás el gesto de la mujer para con Jesús:

“Escúchenme, hijos piadosos,

y crezcan como una rosa que brota junto a las corrientes de agua.

Como incienso derramen buen olor,

Ábranse en flor como el lirio,

exhalen perfume, canten un cantar,

bendigan al Señor por todas sus obras.

Engrandezcan su nombre,

Y denle gracias por su alabanza,

con los cantares de sus labios y con cítaras,

digan así en acción de gracias:

¡Qué hermosas son todas las obras del Señor!

todas sus órdenes se ejecutan a su hora.

No hay por qué decir: ¿Qué es esto? Y esto ¿para qué?,

que todo se ha de buscar a su tiempo (Ecl 39, 13-16).


“A los pobres los tendrán siempre con ustedes, a mí no me tendrán siempre”.

sábado, 13 de abril de 2019

Domingo de Ramos:El más el Humilde Cortejo de la Paz...

Escrito por  Éloi Leclerc -de su Libro: El Reino Escondido-

Jesús pide que le traigan un asno para montarlo...
Los discípulos no lo entendieron entonces; sólo más tarde recordarán lo que había anunciado el profeta Zacarías: «¡Exulta sin mesura, hija de Sión; lanza gritos de gozo, hija de Jerusalen! He aquí que viene a ti tu rey: justo él y victorioso, humilde y montado en un asno...» (Zac 9,9).

 A las puertas de la ciudad reina una gran animación. La inminente fiesta de la Pascua ha atraído a mucha gente a Jerusalen. Entre esa multitud, hay simpatizantes e incluso adeptos de Jesús; hay también hombres y mujeres que simplemente han oído hablar de él y de sus milagros y que desean verle, como esos griegos de los que habla el Evangelio de Juan. Por eso, cuando se difunde la noticia de su llegada, son muchos los que salen espontáneamente a su encuentro en un ambiente de fiesta. Cortan palmas y ramos de olivo y los agitan, a la vez que lanzan gritos de gozo.

Quieren acoger al joven profeta en medio de la alegría popular. Y en el momento en que aparece Jesús montado sobre el asno y escoltado por sus discípulos, la multitud de simpatizantes se pone a gritar: «¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!...» (Mt 21,9). «¡Bendito el reino que viene de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas!» (Me 11,10).

En medio de estas aclamaciones mesiánicas, el improvisado cortejo entra en la ciudad. No es una marcha triunfal ni una exhibición de fuerza, sino más bien el humilde cortejo de la paz y de las Bienaventuranzas, que avanza en medio de un clima de fiesta pascual. Para Jesús, esta entrada resume todo su mensaje: ¿no es él aquel por quien viene el Reino y que hace realidad la cercanía de Dios en medio de su pueblo? ¿No es él quien trae al mundo la revelación de la ternura del Padre? A medida que avanza el cortejo, la ciudad se sobresalta a su paso se pregunta: «¿Quién es?»
------------------------------------------------------------
Al comenzar esta Semana Santa, podes decir: ¿Quién es Jesús, para vos?...

sábado, 6 de abril de 2019

Cuaresma... inclinarse y perdonar...


Escrito por Diego Javier Fares-sj-

Lo que nos narra Juan en este pasaje de la pecadora es cómo logró Jesús atajar y dar vuelta la feroz e incontenible dinámica de un ajusticiamiento: inclinándose.
Ya venían con las piedras en las manos. La mujer se daba por muerta. El impulso con el que le tiran, en medio de su enseñanza en el Templo, a la pecadora, para apedrearla ante sus ojos, parece imposible de contener. La han sorprendido “en el acto mismo de adulterio” y la ley es clara: “a esta clase de mujeres hay que apedrearlas”. Ya tienen cada uno su piedra en la mano y la insistencia para que Jesús se defina es sólo un trámite: la van a apedrear de todas maneras. Jesús no podrá zafar. Será cómplice del ajusticiamiento legal o encubridor.

Acusar, sentenciar, apedrear… Esa es la dinámica. En griego son fuertes las palabras “kategorein” (acusar públicamente, en el ágora o plaza, definiendo bien el crimen), “katekrinein” (juzgar y dar sentencia de muerte de manera inapelable).
Los que traen el caso incontestable para “tener de qué acusar a Jesús” son ese tipo de gente que se alimenta de acusar a los demás, gente para quien el enemigo es la única realidad, porque les permite justificar su poder.

Sean lo que sean como personas la dinámica que siguen es la del diablo, el “Acusador de nuestros hermanos” (Apocalipsis 12, 10: el “Kategor”). La misma palabra que señala una dinámica –la del acusar- tiene un sujeto –el Acusador- que es el que la mantiene activa.

Notemos cómo el pasaje de la adúltera hace oler la misma furia que se desataría después contra el Señor en el juicio y en la Pasión: “lo acusaban con gran vehemencia” dice Lucas (23, 10); lo “acusaban mucho”, dice Marcos (15, 3 y 4) tanto que Pilato asombrado le dice al Señor “No respondes nada? Mira de cuántas cosas te acusan”.

Y las piedras que dejaron caer disimuladamente en aquel momento son las mismas que poco después agarraron para apedrear a Jesús que les dice “Uds. son hijos del Diablo. Mienten como su padre, el Mentiroso” (Jn 8, 44…).

Pero pongamos los ojos en Jesús. El Señor está sentado, enseñando en el Templo. Ha pasado la noche en el monte de los Olivos y al amanecer se presenta en la Casa de su Padre, Casa de Oración y se sienta a enseñar a la gente.
Estamos en el marco de la Fiesta de las Carpas y Jesús que había subido a Jerusalén de incógnito, habla públicamente y divide las opiniones. Muchos creen en él, otros siembran dudas (Jn 7). En este contexto es que le presentan el caso de la mujer adúltera. Y el Señor se revela como Maestro misericordioso que se inclina ante las personas y no yergue como juez implacable de los demás.

La imagen es conmovedora: el Señor “inclinándose hacia el suelo, escribía con el dedo en la tierra”. Dos veces cumple la misma acción y en medio de ambos gestos dice su palabra: “el que de ustedes esté sin pecado que le arroje la primera piedra”. El hecho de escribir (“kategrafein”) en la tierra suena a algo así como “preparar los argumentos de la defensa”. Ellos “dicen su acusación” (kategorein) y Él “escribe… (la defensa)” (kategrafein).

El Señor detiene el impulso del apedreamiento en su misma fuente: hace que cada uno examine su corazón, no sus razones. Que cada uno juzgue si puede ser el primero en llevar a cabo lo que dice la ley. La dinámica de la acusación es del demonio porque con muchas razones, algunas incluso justas, nos lleva a la violencia y a la venganza. Esto es lo que el Señor ataja y contiene. Luego se dirige a la mujer y con mucho respeto y delicadeza la pone de pie, no la condena y le dice que “en adelante no peque más”. No le dice “tus pecados están perdonados”. Quizás eso sea tema para un futuro encuentro. Aquí sólo se trata de frenar la violencia de una acusación pública que termina no probando la inocencia de la pecadora ni entrando en su intimidad, sino anulando la causa por falta de quién lleve a cabo la ejecución que ordena la ley. El Señor establece así una especie de subversión de valores y queda en el aire una pregunta: si nadie puede ejecutar la ley ya que nadie está sin pecado cómo se mantendrá el orden. Jesús propondrá otro orden, el que nace de la dinámica del perdón. Y para establecerlo, él mismo cargará con la pena por el pecado y pagará todas nuestras deudas. Eso es lo que hace el Señor en la Cruz: posibilita que nos podamos perdonar.

Contra la dinámica de la acusación que gira en torno a los apedreamientos está la dinámica del anuncio que siempre comienza con gestos de inclinarse para servir y para ayudar al otro a ponerse de pie. Una y otra vez...


sábado, 30 de marzo de 2019

Cuaresma... Caminar hacia el Abrazo del Padre...

Escrito por Dolores Aleixandre

"Conocemos la parábola del “hijo pródigo” por la etapa oscura del hijo menor, pero olvidamos que este personaje pasa en la narración por un proceso que desemboca en el momento final en que su padre corre a su encuentro y lo cubre de besos. El verbo griego que usa Lucas (katafilesen) indica efusión, ternura y contacto físico y eso nos permite hablar del “hijo cubierto de besos”.

El itinerario es largo y está colmado de incidencias que recorre antes de fundirse en un abrazo con su padre...

En el principio era el vacío:
Un vacío provocado por la ausencia de alimento y experimentado como hambre (v.16), se convierte en el punto de partida de su deseo de retornar a casa...
A partir de ese momento, toda carencia simbolizada por el hambre, la sed, la fragilidad, la pobreza o la esterilidad, se convierten paradójicamente en ocasión de que Dios vuelque en ese vacío toda su misericordia.

Entrando en sí… (v.18).
Podríamos decir que el hijo menor “entró en su qereb”, un término hebreo que evoca el centro de un ser vivo, lo que hay dentro de él: vísceras, entrañas, interioridad e intimidad. Y a la vez podríamos considerar este indicio como la versión lucana de la recomendación de Mateo sobre la oración: Tú, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, cerrando la puerta, ora a tu Padre que está en lo escondido. Y tu Padre que mira en lo escondido, te recompensará (Mt 6,5-6). En ese espacio íntimo y secreto  donde tomamos las opciones más decisivas, no estamos ya más que bajo la mirada del Padre. Para acceder a él, hay que realizar un desplazamiento de lo exterior a lo interior (entra en ti mismo, entra en tu aposento), y tomar después una decisión de ruptura y separación (cierra la puerta). 

A partir de ahí, se inaugura un nuevo modo de relación con el propio yo: el personaje anterior se ha quedado fuera y el sujeto que está “en lo escondido” ya no está bajo la mirada de otros, sino solamente ante la de ese Padre que es también Madre.

La decisión:
Me pondré en camino hacia la casa de mi padre (v.18) El viaje a la propia interioridad y la transformación que tiene lugar ahí, se verifican en la conversión, en la vuelta a la casa paterna...

El abrazo del Padre: 
Cuando aún estaba lejos, su padre lo vio, y, profundamente conmovido, salió corriendo a su encuentro, lo abrazó y lo cubrió de besos. (v.18).

Y mientras que el hijo camina, el padre corre... El abrazo y los besos del padre hicieron innecesario cualquier discurso para su hijo. Estaba naciendo de nuevo, quizá por eso Rembrandt pinta su cabeza hundida en el seno de su padre, como hundiéndose de nuevo para renacer en el útero materno. La declaración del padre sobre lo que ha ocurrido con su hijo, es inequívoca: “Este hijo mío había muerto y ha vuelto a la vida” (v. 24). Estaba aconteciendo aquello que Nicodemo había escuchado de labios de Jesús: “No te extrañe que te diga: tienes que nacer de nuevo” (Jn 3,7). La 1ª Carta de Pedro recoge así esta experiencia: “Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que por su gran misericordia, a través de la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha reengendrado para una esperanza viva…”(1Pe 1,8)

sábado, 23 de marzo de 2019

Dios Jardinero...

Este texto ha sido escrito por Miguel Tombilla Martínez

En la parábola de este III domingo de Cuaresma, en el corazón de este camino hacia la Pascua, nos encontramos con un relato en el que Jesús rompe la unión entre castigo y que pecado. 

Comienza con la noticia de los galileos que fueron ejecutados por Pilato y los 18 que fueron sepultados por la caída de una torre en Siloé. Muchos pensaban que la muerte violenta era el precio de sus pecados, pero Jesús rompe esta relación falsa con una parábola en la que él mismo se convierte en jardinero. 

Una higuera plantada en un viñedo que lleva tres años sin dar un triste fruto. El dueño, cansado de la esterilidad, le pide al viñador que la corte para poder utilizar ese lugar y plantar algo que dé fruto. Y aquí se sitúa lo más sorprendente: el viñador, contra toda lógica, insiste para que la higuera permanezca. Él mismo se encargará de cavar y abonar. Él mismo regalará sus cuidados al árbol bueno que no daba frutos. Una intercesión cuidadosa que, suponemos (el relato no lo dice), regala un tiempo precioso a la higuera y compromete al Hijo del hombre en su cuidado. 

Tres años sin fruto y, a pesar de ello, Dios se empecina en seguir insistiendo con el mimo que sólo Él puede prodigar, a fondo perdido y confiando en que la savia haga brotar los higos benéficos para la higuera y los seres humanos. 

Dios jardinero de nuestras esterilidades y cansancios, de nuestro pecado y tristeza. Dios de los tres años de mimos y de los tres días de sepulcro que hace brotar la vida del sepulcro asesino y convierte la esterilidad del palo de la cruz en árbol de fruto increíble. 

Dios jardinero que sale a nuestro encuentro, amoroso siempre, rompiendo la triste relación entre pecado y muerte. 

sábado, 16 de febrero de 2019

Las Bienaventuranzas, nos presentan el Rostro de la Persona que se Convierte en Radicalmente Humana, Amiga, Hermana...

Fuente: Centro de Espiritualidad y Pastoral - Venezuela-

Es muy consoladora, la invitación a reflexionar en lo que fundamenta la auténtica felicidad, para que lleguemos a ser hombres y mujeres apasionados por la vida, con alegría, forjadores de esperanza. Personas que sabemos estar al lado del que sufre y celebrar con los que están contentos.

El evangelio de Mateo (5, 1-12) presenta el rostro de la persona que se convierte en radicalmente humana, amiga, hermana. Una persona que no vive para sí ni se repliega sobre sus propios intereses, sino que está empeñada en crear fraternidad. Por eso comienza diciendo este evangelio: felices los pobres que tienen espíritu: a ellos les pertenece el cielo. Nunca serán pobres. De su corazón, su mente y sus manos, siempre saldrá la vida.

Hacerse radicalmente humano requiere fe, confianza, apuesta, generosidad. Jesús ha mostrado el modo de lograrlo, abajándose hasta la indigencia humana para levantarla a la dignidad y a la comunión. Las bienaventuranzas son la ruta. Por ello nos invitan a comenzar por erradicar el sutil egoísmo que manipula la vida, incluso lo sagrado, convirtiendo en el pedestal la propia autoafirmación y complacencia. 

Ser humano a plenitud equivale a ser compasivo, misericordioso. Una compasión y misericordia que se convierte en la fuerza interior que mueve a los hombres y mujeres que tienen espíritu. Jesús les llamará dichosos, porque se han hecho libres de sí mismos y por eso liberan a otros. No viven de modo pasivo sino con una actividad que recrea la tierra.

No es fácil actuar distinto a lo que manda el comercio, la moda o la propaganda. Incluso, no es fácil actuar con generosidad en ambientes donde predominan los intereses propios. Sin embargo, hay quienes descubren la felicidad que produce devolver la dignidad al pobre, saciar el hambre de pan al necesitado, atender con la propia ternura al que sufre, al enfermo, al triste. Más aún, hay quienes mantienen su compromiso de construir la justicia y la paz.

El que quiera ser feliz ha de salir de sí mismo, renunciando a convertirse en el centro o el importante, y renunciando también a instrumentalizar a las personas y al abuso del poder. Lo propio del amor y de la felicidad consiste en vivir libres, incluso de sí mismo, para hacer partícipes a los demás de lo que uno es y posee.

Bienaventurado significa la máxima expresión de la bendición de Dios. Será bienaventurado o feliz, quien venza las barreras que impiden crecer en unión y se lance al encuentro auténtico con los demás. Será feliz quien tenga la libertad de salvar siempre al otro antes que a sus propias convicciones, ideologías o puntos de vista. Así podrá experimentar la dicha de asemejarse a Jesús.

Te invito a terminar con esta poesía:
Seremos Felices:

Si avivamos el espíritu que nos hace vencer las barreras que impiden la alegría, la ternura, la bondad, la amistad, la solidaridad, 
la esperanza y la paz.

Si rompemos nuestra comodidad, y nos comprometemos con los marginados, los enfermos y los tristes, poniendo a su disposición cuanto somos y tenemos.

Si nos atrevemos a ir contra corriente, por estar junto a la gente, sin miedo, sin desconfianza, con libertad y audacia para salvar a la persona antes que a nuestras convicciones y puntos de vista.

Si nos situamos allí donde nuestra finalidad no sea ganar más, sino servir mejor, haciéndonos solidarios de los que son más frágiles o tienen menos oportunidades.

Si sobrepasamos las barreras deshumanizadoras, haciéndonos cercanos a mujeres y hombres de cualquier raza, ideología, religión, lengua, cultura o condición social.

Si creemos en la locura de cambiar este mundo de guerras, violencias, desigualdades e injusticias por una nueva humanidad.
 (G.A)

viernes, 8 de febrero de 2019

Es preciso que no confundamos misión con tarea...

Escrito por Mariola López Villanueva rscj

Remar mar adentro y echar las redes son dos movimientos que recogen lo nuclear de la llamada: lo que ocurre en lo hondo del corazón: interioridad, y lo que se despliega hacia los otros y con los otros: misión. 

Es preciso que no confundamos misión con tarea. La misión es inherente al seguimiento del Señor mientras que las tareas son concreciones de la misión y las tareas cambian en función de la edad, de las circunstancias, de los contextos. 

Algún día dejaremos de desempeñar tareas pero de la misión nunca cesamos, porque en todo momento podemos ser reflejo de su misericordia. Experimentamos, como Pedro, el sentimiento de la propia pequeñez e indignidad, y al mismo tiempo su confianza inquebrantable. 

Es el Señor quien lo va a ir haciendo, sólo él puede abrir en nuestro presente temeroso un futuro de fecundidad. 

¿Podemos recrear su llamada a amar más hondamente? 
¿Reestrenarla aquí, ahora, y tal y como estamos? 

San Ignacio terminaba sus cartas con esta petición: «Que el Señor nos de su gracia para sentir siempre su voluntad y cumplirla en su totalidad».


sábado, 5 de enero de 2019

Fiesta de Reyes - Epifanía del Señor...


Escrito por Clemente Sobrado

No siempre un mismo camino es el de ida y de regreso. Puede que cuando crees haber llegado al final de tu camino, a Dios se le ocurra que regreses por otro nuevo. Es que en la vida hay muchos caminos.
Los tuyos y los de Dios.
Los de búsqueda y los de regreso luego del encuentro. Este fue el camino de estos Tres personajes venidos de no sabemos dónde
Sabemos qué buscaban, pero no sabemos su punto de partida. Porque la búsqueda puede partir de cualquier lugar. ¿Eran del Oriente? Yo prefiero decir: “eran del mundo”.

Es que en la vida hay muchos caminos. Los tuyos y los de Dios. Los de búsqueda y los de regreso luego del encuentro. Este fue el camino de estos Tres personajes venidos de no sabemos dónde de conservar caminos.

Estos tres personajes han sentido la necesidad de “buscar”. Buscar al que otros también esperaban, pero que se olvidaron de buscar. Era la búsqueda del corazón. Y era la búsqueda a través de los signos. Todo parece que fue muy fácil, sólo cuando ya estaban a punto de llegar, el camino se pierde porque se pierde la señal.

Es que las crisis de la fe pueden darse en cualquier momento y en cualquier recodo del camino. Y a veces son crisis al comienzo del camino. Otras, al final, cuando uno ya está como para tocarlo con la mano. Como en todo camino, hay momentos de alegría y felicidad. Y hay momentos de duda, de tristeza, de angustia. Y no es que uno no quiera creer. Sencillamente son situaciones en que las señales que marcan la dirección se pierden. Se oscurecen.

“Tarde o temprano llegará un ángel y tu jornada habrá llegado a su término”. En su oscuridad no se arredran, ni vuelve sobre sus huellas.
Es el momento de las preguntas.
Es el momento en el que, incluso quien se niega a buscar, puede convertirse en señal que vuelve a señalar la ruta.
Porque hasta los malos pueden luz.
Porque hasta los que viven desinteresados pueden ser faros de orientación.
Eso fue lo que hicieron los Magos.
Entrar en Jerusalén.
Y preguntar a quién menos interés tenía por el nuevo rey de los judíos, a Herodes.

Y de nuevo aparece la estrella. De nuevo se ilumina el camino. Y de nuevo siguen alegres, peregrinos de Dios, hasta que llegan a la cuna del Niño. Los caminos de búsqueda de Dios pueden tener paisajes maravillosos. Pueden estar llenos de flores en los campos. Y pueden ser escarpados. Con un cielo que se oscurece. Con un Dios que pareciera se ha escondido. La fe tiene momentos de luminosidad, y momentos de oscuridad. Y a Dios también se le encuentra en la oscuridad de la noche.

Cuando ya habían aprendido el camino, ahora Dios los manda regresar por otro nuevo y desconocido.
El camino de la búsqueda ya no sirve para el regreso.
Ya no es el camino que va al encuentro.
Es el camino de haber encontrado.

Nadie que haya conocido a Dios, puede seguir por el mismo camino de antes.
Nadie que se haya encontrado realmente con Dios puede andar los mismos caminos del pasado. Porque ahora es el mismo Dios quien se hace tu camino.
Un camino que ya no depende de una estrella, de una señal.
Es el camino de quien ha llegado y ha dejado que Dios se haga luz en su corazón.
Es el camino no del que busca, sino el camino que se convierte en vida, en una nueva visión, en una nueva realidad vital.

No se puede encontrar a Dios y seguir igual.
Cuando uno se ha contagiado de Dios, la vida ya no es la misma.
Cuando uno ha visto a Dios, aunque sea en la pobreza de un pesebre, los ojos ya no ven lo mismo.
Cuando uno ha escuchado a Dios, la vida tiene otra música.
Cuando uno ha sentido a Dios en su corazón, la vida se llena de caminos y todos son caminos de Dios.

Algunas preguntas que pueden ayudar para un momento de oración:
  • ¿Estás en el camino de ida o de regreso?
  • ¿Estás en el camino de búsqueda o del encuentro?
  • ¿Estás en tus viejos caminos o andas ya por los nuevos caminos donde Dios mismo se hace tu camino?
  • ¿Tratas de andar los caminos por donde andan todos, o andas por ese nuevo camino donde escuchas la voz de Dios en tu alma?

martes, 1 de enero de 2019

Santa María, Madre de Dios

Escrito por Mariola Lopez Villanueva rscj

Ella es la protagonista de esta fiesta pero, una vez más, deja todo el espacio a Jesús. María acoge las voces de los pastores, hombres y mujeres trabajadores, pobres, que tienen algo que transmitirle de parte de Otro y abraza la realidad con un corazón silenciado que se va volviendo cada vez más receptivo y permeable a los modos de Dios. La alegría de los pastores, su alabanza, se une a la que ella está viviendo. Celebrar la maternidad de María es sumergirnos también nosotros en esa corriente de bendición y de dicha, de gratitud ante la vida que se nos regala a través de lo frágil y vulnerable del mundo, en esos lugares de abajo donde Dios nos muestra su favor.

Al estrenar este año pongamos nuestras vidas bajo el nombre de Jesús y confiemos al amparo de María, mujer pacificada, tantas situaciones que claman por la paz. Entreguémosle a ella el tiempo nuevo que se nos ofrece, pasemos lentamente por el corazón lo que vemos y oímos, y pidamos la gracia de descubrir en nuestro caminar cotidiano las incipientes señales del Dios de los pequeños y sencillos.