lunes, 30 de enero de 2017

Las Bienaventuranzas, nos presentan el Rostro de la Persona que se Convierte en Radicalmente Humana, Amiga, Hermana...

Fuente: Centro de Espiritualidad y Pastoral - Venezuela-

Es muy consoladora, la invitación a reflexionar en lo que fundamenta la auténtica felicidad, para que lleguemos a ser hombres y mujeres apasionados por la vida, con alegría, forjadores de esperanza. Personas que sabemos estar al lado del que sufre y celebrar con los que están contentos.

El evangelio de Mateo (5, 1-12) presenta el rostro de la persona que se convierte en radicalmente humana, amiga, hermana. Una persona que no vive para sí ni se repliega sobre sus propios intereses, sino que está empeñada en crear fraternidad. Por eso comienza diciendo este evangelio: felices los pobres que tienen espíritu: a ellos les pertenece el cielo. Nunca serán pobres. De su corazón, su mente y sus manos, siempre saldrá la vida.

Hacerse radicalmente humano requiere fe, confianza, apuesta, generosidad. Jesús ha mostrado el modo de lograrlo, abajándose hasta la indigencia humana para levantarla a la dignidad y a la comunión. Las bienaventuranzas son la ruta. Por ello nos invitan a comenzar por erradicar el sutil egoísmo que manipula la vida, incluso lo sagrado, convirtiendo en el pedestal la propia autoafirmación y complacencia. 

Ser humano a plenitud equivale a ser compasivo, misericordioso. Una compasión y misericordia que se convierte en la fuerza interior que mueve a los hombres y mujeres que tienen espíritu. Jesús les llamará dichosos, porque se han hecho libres de sí mismos y por eso liberan a otros. No viven de modo pasivo sino con una actividad que recrea la tierra.

No es fácil actuar distinto a lo que manda el comercio, la moda o la propaganda. Incluso, no es fácil actuar con generosidad en ambientes donde predominan los intereses propios. Sin embargo, hay quienes descubren la felicidad que produce devolver la dignidad al pobre, saciar el hambre de pan al necesitado, atender con la propia ternura al que sufre, al enfermo, al triste. Más aún, hay quienes mantienen su compromiso de construir la justicia y la paz.

El que quiera ser feliz ha de salir de sí mismo, renunciando a convertirse en el centro o el importante, y renunciando también a instrumentalizar a las personas y al abuso del poder. Lo propio del amor y de la felicidad consiste en vivir libres, incluso de sí mismo, para hacer partícipes a los demás de lo que uno es y posee.

Bienaventurado significa la máxima expresión de la bendición de Dios. Será bienaventurado o feliz, quien venza las barreras que impiden crecer en unión y se lance al encuentro auténtico con los demás. Será feliz quien tenga la libertad de salvar siempre al otro antes que a sus propias convicciones, ideologías o puntos de vista. Así podrá experimentar la dicha de asemejarse a Jesús.

Te invito a terminar con esta poesía:
Seremos Felices:

Si avivamos el espíritu que nos hace vencer las barreras que impiden la alegría, la ternura, la bondad, la amistad, la solidaridad, 
la esperanza y la paz.

Si rompemos nuestra comodidad, y nos comprometemos con los marginados, los enfermos y los tristes, poniendo a su disposición cuanto somos y tenemos.

Si nos atrevemos a ir contra corriente, por estar junto a la gente, sin miedo, sin desconfianza, con libertad y audacia para salvar a la persona antes que a nuestras convicciones y puntos de vista.

Si nos situamos allí donde nuestra finalidad no sea ganar más, sino servir mejor, haciéndonos solidarios de los que son más frágiles o tienen menos oportunidades.

Si sobrepasamos las barreras deshumanizadoras, haciéndonos cercanos a mujeres y hombres de cualquier raza, ideología, religión, lengua, cultura o condición social.

Si creemos en la locura de cambiar este mundo de guerras, violencias, desigualdades e injusticias por una nueva humanidad.
 (G.A)

sábado, 21 de enero de 2017

El Reino es una Nueva y Maravillosa Presencia de Dios...

Escrito por Éloi Leclerc, de su libro: El Reino escondido

"El Reino no es otra cosa que esta nueva y maravillosa presencia de Dios, que se ofrece al hombre y le abre las puertas de un futuro inesperado.

Y es precisamente esto lo que hace que las multitudes corran hacia Jesús, porque han sentido que a través de este hombre «Dios ha visitado a su pueblo» de una manera excepcional. Los pequeños, los despreciados, los pobres, tienen un especial olfato para percibir esto. Es verdad que en el mundo sigue siendo invierno, pero la primavera ha estallado ya en el corazón de los pobres.

Al anunciar así el Reino de Dios a partir de lo que él vive en plenitud, Jesús tiene conciencia del papel único que desempeña su presencia. El Reino está vinculado al misterio de su ser y no puede ser acogido sin acogerle a él, sin creer que a través de su persona Dios se revela y se comunica de una manera definitiva. Él es quien trae a Dios absolutamente; por tanto, rechazarle a él es rechazar también el don de Dios. Y de esta conciencia no extrae él ningún motivo de orgullo; al contrario, su humildad es enorme.

¿Cómo no va a ser humilde cuando, en la comunicación de Dios de la que es objeto, tiene la revelación inmediata e inefable de la humildad divina? Por otra parte, Jesús percibe perfectamente la desproporción que existe entre la grandeza de su misión y la humilde apariencia humana de su persona".


viernes, 13 de enero de 2017

NACER A UNA VIDA DIFERENTE...

Fuente: Equipo CEP-Venezuela

"La expresión “este es el cordero de Dios” es central en la fe cristiana. Llamar a Jesús “el cordero de Dios” equivale a decir que Él es el hombre anti-maldad, el hombre bueno que nos convoca al amor, al perdón, a la tolerancia, a la justicia. El hombre que con su actitud y actuación erradica el mal físico y moral (el pecado) y devuelve la esperanza.

El Bautista ha visto venir a Jesús hacia él y ha reconocido en Él la presencia viva de Dios. Ha sentido en carne propia la fuerza del Espíritu que transmite Jesús. Ahora puede dar por cumplida su misión y seguir en la vida con nuevo aliento y con nueva confianza para llevar a cabo su apuesta. Ahora puede decir, desde lo más profundo de su ser, que ha experimentado aquella esperanza y alegría que fundan la fe y lanza a un compromiso más firme y decidido por la vida y dignidad de todos.

¿Qué tiene Jesús, que al conocerlo transforma nuestras vidas?

Tiene vida propia,tiene vida interior: tiene Espíritu Santo. 

Conocerlo internamente es quedar liberado de todo lo que ata: la maldad, el odio, la ideología, la injusticia, el pecado. 

El encuentro Tú a Tú con Jesús hace que logremos la integración profunda de la propia vida por medio del diálogo libre y amoroso con Dios. Esta amistad con Jesús provoca en nosotros una fuerza interior que nos sostiene y nos permite “vivir una vida diferente” (P. Ignacio Huarte sj).

La   experiencia   propia   del   bautismo   con   Espíritu   Santo   nos   hace   amigos   y hermanos de Jesús, de los demás, de la realidad y del mundo. La Humanidad de Jesús ejerce sobre nosotros una atracción que nos llena de su energía y su vitalidad para que nos atrevamos a amar y servir sin reservas.

Lo experimentado por el Bautista y toda persona que se encuentra cara a cara con Jesús habilita para “nacer a una vida diferente”. Porque despierta la alegría, hace surgir la paz profunda, brota el deseo de ser más comprensivo con los demás, abre a la posibilidad real de reconciliación consigo mismo, con los demás, con Dios y con la creación. 

Por ello hace que aparezca con toda su fuerza la esperanza".

sábado, 7 de enero de 2017

Una Paloma bajó a posarse sobre la cabeza mansa del Señor, bautizado con nuestra pequeñez...

Escrito por Diego Fares , sj - en las Contemplaciones del Ciclo A-2008-

Dice von Balthasar:

“Sobre este acontecimiento del bautismo de Jesús,
aparece el cielo abierto
y Dios se da a conocer como trinitario:
el Padre que envía confirma a su Hijo, el Amado,
el Predilecto que cumple por libre amor la voluntad trinitaria de salvación;
y el Espíritu Santo aparece en forma de paloma
entre el Padre, en el cielo,
y el Hijo que ora en la tierra:
transmitiendo al Hijo la voluntad de Padre
y llevando al Padre la oración del Hijo”.

“Se abrieron los cielos” expresa cómo el Padre no se aguantó más el hecho de  tener cerrada su intimidad. Al ver a su Hijo salir del agua, con toda humildad y mansedumbre de corazón, se le escapó el Espíritu, que como una Paloma bajó a posarse sobre la cabeza mansa del Señor, bautizado con nuestra pequeñez. El gesto del Padre es el del Dios que se ha enamorado de nuestra pequeñez. Como el Padre Misericordioso que no se aguantó al ver a lo lejos a su Hijo que regresaba y salió abriendo puertas de par en par a recibirlo y abrazarlo, así el Padre del Cielo no se contiene y manifiesta a viva voz su agrado y su satisfacción al ver a su Hijo Amado y Predilecto cumpliendo “toda justicia” y haciéndose bautizar por Juan.

Que se abra el cielo es una imagen para decir que se abre un corazón, el Corazón del Dios uno y trino. Como cuando uno se abre y cuenta sus cosas más íntimas, las que le llenan de satisfacción. Tanto las cosas grandes como las pequeñas… 

jueves, 5 de enero de 2017

Fiesta de la Epifanía


Escrito por Dolores Aleixandre


"La estrella sabia de los magos les ha conducido a un lugar periférico y marginal, a la casa de Belen en la que se encuentra El Niño recién nacido. A través de la mediación de una luz, los buscadores de tierras lejanas han reconocido a la Luz. Su búsqueda ha sido un entramado de fe, camino, preguntas y,  finalmente , encuentro dichoso, rendición y entrega de dones. No les ha detenido lo incierto de la búsqueda , ni los momentos de oscura perplejidad. No sabían nada de Israel y sus tradiciones, no conocían a Abrahan ni a Sara ni su itinerario de fe, pero también ellos se habían puesto en camino hacia lo desconocido. No sabían tampoco que su recompensa era infinitamente mayor que la recibida por Abrahan y Sara: porque lo que para ellos había sido promesa, a los Magos se les entregaba como cumplimiento porque dentro de aquella casa de Belen estaba  ya el que era la Tierra Prometida. "

domingo, 1 de enero de 2017

Ha estallado la Paz!!


Escrito por Angel Rossi, sj

Siempre me impresionó esta expresión  tan llena de esperanza que es el título de uno de los libros que José María Gironella escribiera en el contexto de la guerra civil española, y que en este caso, para nosotros en estos tiempos,  es un grito que estamos necesitando urgente y hondamente escuchar por las radios y televisiones o leer  en los titulares de los diarios.

Lo necesitamos para seguir construyendo empecinadamente una “nueva  civilización del amor”, donde el hombre, cada hombre, su felicidad y dignidad, sea el centro de nuestros esfuerzos y desvelos personales y estructurales, y no esta locura de sacrificar vidas en pro de planes y proyectos macabros con nombres “camuflados”: “limpieza” étnica se le llama al genocidio; misión “de paz” a la masacre. 

Y todo esto se supone que se encuadra en un “nuevo orden mundial” y la verdad que a mí  el primer proyecto me hace acordar a Caín liquidando a Abel y el segundo me hace acordar a Adán y Eva “queriendo ser como Dios”; por lo tanto esto más que a orden nuevo me huele a pecado viejo. Uno más descarado, sin disimulos, el otro más sutil, cuidadoso de los buenos modales. Ambos hermanados  en la fuente que los nutre: el egoísmo y la ambición, y en la miserabilidad de la metodología: la violencia, el recurso más bajo de los mediocres.

¡Qué  ciertas se han vuelto las palabras de Miguel Hernández!:

“Tristes guerras
si no es amor la empresa...
Tristes armas
si no son las palabras...
Tristes hombres
si no mueren de amores.