viernes, 19 de septiembre de 2014

DESLUMBRADOS POR LA GRATUIDAD DE DIOS...

Escrito por Dolores Aleixandre RSCJ

"Imaginemos que los discípulos, después de escuchar la parábola de los jornaleros de la viña y ya a solas con el Maestro, le pidieron que se la explicara. (Mt 20,15).

Aventuremos la respuesta del Maestro: “Imaginen que son del grupo de los contratados por el amo de la viña a última hora, y que han recibido el mismo salario que los que se han pasado el día trabajando. Al día siguiente ¿no llegarían mucho más temprano que los demás, no para acumular méritos, sino por puro agradecimiento, porque la bondad del amo los había atrapado en su espiral de gratuidad?”.

La Palabra trata de empujarnos más allá de los límites que nos hemos impuesto y nos desborda con su novedad. Cuando leemos el Evangelio, lo extraordinario roza nuestra existencia, como un cometa que ilumina con su órbita de luz otro planeta oscuro y lo “razonable” queda desafiado por extrañas propuestas que, como una epifanía, rompen nuestro horizonte estrecho y dejan entrever posibilidades apasionantes e inéditas. Podríamos compararla con el anzuelo que intenta “pescarnos” y sacarnos a respirar otro aire, en un intento de que la anterior atmósfera en que nos movíamos nos resulte ya irrespirable.

Jesús, parecía estar a la vez habitado por una confianza sin límites en la capacidad de reacción del corazón humano y, como si no hubiera perdido la ingenuidad de los niños, se atrevía a plantear modos utópicos de comportamiento. Sus propuestas encierran un poderoso potencial transformador...

Si la Palabra había hecho su trabajo, podemos imaginar que aquellos jornaleros de la viña que sólo trabajaron una hora y recibieron un salario desmesurado, comenzaron a conocer el corazón bueno del Dueño. Damos la palabra a uno de ellos para que nos ayude a familiarizarnos con las insólitas costumbres de Dios que aparecen en las parábolas:

“Déjense sorprender por ese Dios desprovisto de los atributos propios de la divinidad (inmutabilidad, equidistancia, impasibilidad...)

No les extrañe verle como un padre alterado e inquieto, que descuida los asuntos de la casa y siempre está fuera de ella esperando o buscando (Lc 15,11-32).

Mírenle como un rey sin poder ni autoridad, incapaz de convencer a sus invitados, demasiado expuesto a la decepción y al fracaso ante el rechazo de su banquete, asombrosamente contento de sentar a su mesa a la gente de los caminos (Mt 22,2-14; Lc 14,16-24).

Asómbrense al saber que es un inversor temerario y precipitado que corre el riesgo de repartir su hacienda, sus talentos o su administración entre quienes no le ofrecen suficiente garantía de gestionarlos bien (Lc 15,12; Mt 25,14-30;Lc 16,1-8). 

Posiblemente, lo mismo que Jesús con sus discípulos torpes y resistentes a la hora de encajar la novedad de ese Dios, el jornalero que hizo la experiencia de lo que es la gratuidad absoluta necesitará mucho tiempo y mucha paciente insistencia para desalojar las viejas ideas sobre Dios que pueblan nuestro imaginario y conseguir que aceptemos que esté siempre más allá de lo que pensamos sobre Él.

Y si le permitimos continuar con su trabajo, la Palabra que escuchamos a través de él nos revelará quiénes somos nosotros para Dios:

“No pongan sus ojos en sus propios méritos, esfuerzos, al contrario: dejen que Dios los sorprenda con su amor desmedido y los colme de un amor que escapa a sus merecimientos.

Son una tierra sembrada de semillas destinadas a dar fruto. No anden preocupados por la mezcla de cizaña que hay en sus vida, lo que al Padre le importa es todo lo bueno que ha sembrado en sus corazón (Mc. 13,24-30).

Es verdad que son pequeños e insignificantes como un granito de mostaza,pero esa pequeñez esconde una fuerza capaz de transformarse en un gran árbol en el que vengan a posarse los pájaros (Mc 4,30-32) 

Alégrense de poseer talentos y recursos a invertir (Mt 25,14-30); lo propio de ustedes es perderse   (Lc 15,3)..., pero Alguien cree en vuestra capacidad de dejarse encontrar y volver a casa, estar en vela, ser misericordiosos, convertir en amor sus deudas. Y si los desea,persigue, busca y espera tanto, es porque son valiosos a sus ojos”.

Estamos convocados a acoger esos nuevos nombres que nos bautizan con su novedad y a creer que son también los nuestros. El Evangelio nos los sigue entregando, como aquella piedrita blanca del Apocalipsis (2,17) en la que está grabada nuestra verdadera identidad...

  -Les pido disculpas, por agregar un texto más largo, en esta oportunidad...a mi parecer, vale la pena-

4 comentarios:

  1. si que vale la pena, gracias hermana por la entrega cotidiana.Fernando

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  2. Gracias, Hermana. Nos sorprendés y nos animás a ir más allá… Mimi

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  3. Sí que vale la pena, es bellísimo y enriquecedor, gracias!!!

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  4. maravilloso!!! me encantó!! me siento bendecida de haber llegado un poco mas tarde a la viña y recibir todos lo días el amor incondicional de Dios. Gracias por la reflexión.
    Isabel :)

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