sábado, 16 de mayo de 2026

La Fiesta de la Ascensión de Jesús, es una Invitcion es Entrar en un Nuevo modo de Relacionarnos con Él...

Escrito por el Padre Eduardo Mangiarotti

La fiesta de la Ascensión nos invita a pensar en partidas y llegadas, ausencias y presencias, cercanías y distancias, lo viejo que se va y lo nuevo que llega... del mismo modo que un atardecer se esconde la promesa de un nuevo día.

"Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo."

Con la fiesta de la Ascensión nos acercamos a la plenitud del tiempo de Pascua. Jesús se va pero se queda, y todo en las lecturas nos invita a meditar sobre las distancias y las ausencias en nuestra relación con Jesús.

La ausencia física de Jesús es más que una simple pérdida para los discípulos: es entrar en un nuevo modo de relacionarse con él. Más profundo, más maduro y auténtico. No es muy distinto a lo que ocurre en la vida de un niño: al principio necesita el contacto permanente con la madre. Pero a medida que crece, si la relación es sana, va desarrollando una mayor autonomía y libertad. Esto no quiere decir que el amor se pierda; por el contrario, ese amor se vuelve una parte de la personalidad del niño y le permite crecer hasta el día en que ella o él hacen su propio camino y construye su propia familia. El amor de la madre se ha vuelto un pilar de la personalidad del niño.

Algo similar ocurre ahora con los discípulos: el amor entre Jesús y ellos entra en una nueva profundidad. Es real, de todos modos, que hay un cambio, y no menor. Los discípulos tienen que "dejar subir al cielo" a Jesús, dejar que el modo de antes de estar con él se abra paso a algo nuevo. Es la prueba de la madurez que nos suelen pedir los cambios en la vida. Podemos elegir aferrarnos con saña a lo viejo o dejarlo ir para recibir eso nuevo que Dios nos está preparando. El misterio de la Ascensión nos recuerda que no podemos quedarnos "mirando al cielo", como dicen los hombres de blanco a los apóstoles en la primera lectura. Estamos invitados a esperar lo nuevo, a sostener la tensión entre la pérdida de lo viejo y aquello que está por venir.

No cabe duda de que esto no es fácil. Implica aceptar que estamos en medio de una transición, y ellas siempre son tiempos de vulnerabilidad. Pero por eso mismo nos abren a pedir, a dejarnos ayudar, a estar más atentos y alertas. En ese sentido, lo mejor que podemos hacer es comenzar a invocar al Espíritu Santo, que va a descender sobre toda la Iglesia en la fiesta de Pentecostés.

El Espíritu es siempre el que trae la novedad, el que nos hace gustar el Reino, el que hace despuntar esas chispas de Cielo que se nos revelan en los encuentros verdaderos, en los gestos de amor y compromiso, el que transforma y renueva todas las cosas. Es quien hace que podamos conocer verdaderamente a Jesús y nos lleva a crecer en la madurez propia de un creyente adulto. Es lo que Pablo pide para los Efesios: _"Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, les conceda un espíritu de sabiduría y de revelación que les permita conocerlo verdaderamente."_

No es fácil dejar ir al cielo; no lo es soportar la tensión de lo nuevo que no termina de llegar. Pero en este tiempo de Ascensión, se esconde por eso mismo la posibilidad de recibir un regalo con las manos abiertas. La novedad del Espíritu, del Reino, de un mundo nuevo que Jesús encarna y nos invita a compartir con los demás al "hacerlos discípulos".

domingo, 10 de mayo de 2026

El Otro Ayudante

Escrito por +Diego Javier Fares, sj 

¡Jesús nos promete otro Ayudante! Me gustó esta palabra que no había visto sustantivada antes para nombrar el Espíritu.  Es que “Paráclito” es alguien a quien se “lo llama para que venga en ayuda”, un “pará-kletos”, un “ad–vocatus”, un llamado para que esté junto a uno. Las connotaciones legales que tiene la palabra “a-bogado” tienen su importancia. Porque de última la relación con los demás tiene que ver con la ley, con lo que se debe y no se debe hacer, con lo que está bien y lo que está mal. El Espíritu es el Abogado de una sola ley: la del Amor de Jesús, nuestro Buen Pastor y Amigo incondicional, la del Amor de nuestro Padre, que no se cansa de perdonar a sus hijos. En esta tarea tan hermosa es en la que necesitamos a ese Ayudante que es el Espíritu. Con su vida y su muerte por nosotros, Jesús nos ha mostrado que “Dios es Amor” y sólo amor y que todas sus otras “propiedades”, por decirlo así, son expresiones de ese Amor (Von Balthasar). El Espíritu es que nos ayuda a “traducir” todo lo que dice el Evangelio para comprenderlo como un lenguaje de amor. Y necesitamos un Ayudante que esté a la misma altura que Jesús y el Padre, porque si no, no logramos “entender” bien.

Qué quiero decir. Quiero decir que nuestros esquemas mentales funcionan con otros paradigmas –el del deber, el de la conveniencia, el del individualismo, el de la tecnología…- que no son los del Amor.

Por ejemplo, si tomamos aisladamente la primera frase de Jesús, cuando dice: “si me aman guardarán mis mandamientos”, puede ser que la entendamos como una advertencia, como una condición que termina siendo resulta expulsiva: “Si me amaras, guardarías (cumplirías mejor) mis mandamientos”.

Interiormente puede ser que nuestro esquema mental lea ese “si…” condicional de modo tal que resuene negativamente: “Como no cumplo del todo tus mandamientos, Señor, está claro que te amo poco. Esto ya lo sé”. Escuchamos en clave de “deber”, de intercambio comercial: “me das para que te dé”, “me das si…”.

Leamos la frase siguiente: “Yo le pediré al Padre que les dé otro Defensor, que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad”.

¿Por qué agregaría Jesús esto de un Defensor, de un Abogado, sino porque ya sabe que para guardar sus mandamientos necesitamos ayuda? Y si a ese ayudante le llama “Defensor”, es porque sabe que somos atacados, que el “acusador” nos culpa y nos trata de hacer sentir que “no guardamos sus mandamientos”, que “no somos merecedores de un amor así”, que “nunca podremos cumplir perfectamente todo”…

Jesús dice que “le pedirá al Padre que nos dé al Defensor, al Paráclito, el que se nos pone al lado y defiende en nosotros nuestra actitud ante el amor. Esta frase – “le rogaré al Padre”- suena como un “yo los comprendo, sé lo que les pasa, lo que sienten”. Y como lo sé, se lo puedo…, no diría “traducir” a mi Padre, porque el Padre conoce todo, pero sí “insistir” o “interceder”.

Pareciera que Jesús no sólo nos ayuda a nosotros sino que le ayuda al Padre!

Pero ¿para qué interceder si el Padre ya lo sabe?

¿Para qué le dice un padre su hijito que le va a pedir a la mamá para que le dé un permiso si se lo puede dar él o ya sabe que la madre se lo va a dar?

Son cosas que hace el amor, que suma personas a una misma decisión, al revés que en el trabajo, en el que vale más la economía de fuerzas y que cada uno haga lo suyo. En el amor es mejor cuando dos o tres hacen lo mismo, dicen lo mismo, preguntan varias veces, van y vienen…

Este diálogo de Jesús tiene el mismo tono que el de ese niño sirio que le dijo a su médico: cuando muera le voy a contar todo a Dios. Ese Niño es Jesús, el que le cuenta todo al Padre.

Fíjense cómo estamos en un esquema mental totalmente distinto a los que solemos usar. En los esquemas del Amor, la ayuda no es meramente funcional o signo de “carencias”. Jesús le ayuda al Padre “intercediendo” así como nos ayuda a nosotros “mandándonos”. El amor ayuda también sin necesidad, aunque el otro pueda hacerlo solo. El amor ayuda por el gusto de ayudar, como expresión del querer estar con el otro, compartiendo su tarea…

Es otro esquema. Y necesitamos mucha ayuda, es más Un Ayudante personalizado para este tema.

Leamos ahora la tercera frase, que dice: “El mundo no puede recibir a este Ayudante, porque no lo ve ni lo conoce; ustedes, en cambio, lo conocen, porque vive con ustedes y está con ustedes”.

¿Cómo es esto de que ya lo conocemos y de que ya vive y está con nosotros? Se trata de Alguien que, por lo que parece, sólo lo puede recibir alguien para el que ya es Familiar. Es que somos como los niños, pequeños, que no se dejan ayudar por cualquiera, ¿vieron?

Esto es muy lindo, es una característica del Espíritu Santo: cuando viene, viene como uno que estuvo siempre, como un viejo amigo, no como Alguien con el que hay que comenzar a hacer entrevistas a ver si cuajamos. Un amigo me decía ayer algo así como que el Espíritu “sobrevuela los tiempos”: viene del futuro, pero como el que estuvo desde siempre; se hace presente como el que, siendo conocido, se muestra sorprendentemente renovado; se lo recuerda como a esas personas que están tan mimetizadas con su misión que “no las vemos” pero cuando las vemos, caemos en la cuenta de que siempre estuvieron.

La siguiente frase de Jesús, nuestro Primer Ayudante, es como si adivinara nuestros sentimientos más íntimos: “no los dejo huérfanos”. Nosotros pensamos que está todo bien pero que el Señor se fue y experimentamos la orfandad. Pues bien, en el Espíritu no hay orfandad: Jesús y el Padre habitan en nosotros y nos hacen experimentar su amor.

De nuevo insiste el Señor con lo de cumplir sus mandamientos. Pero ahora, con la Ayuda del Espíritu, nos suena distinto: son todos mandamientos que expresan, trascendentalmente, al único mandamiento de permanecer en su amor.

¿Cómo se permanece en el amor?

Amando, por supuesto. Pero antes, dejándonos ayudar.

Pero escuchemos bien, no dejándonos ayudar para hacer después las cosas solos de una buena vez (esquema mental errado), sino recibiendo al Ayudante en nuestra vida como Alguien que “estará con nosotros de modo permanente”. Y, mejor aún, si con esto de que el Espíritu sobrevuela los tiempos, cayendo en la cuenta de que lo poco o mucho que se de Jesús y que practico ha sido todo (todo) gracias a su ayuda.

Permanecer en el amor de Jesús y del Padre es ingeniarnos para dejarnos ayudar a ser amados y a amar en toda situación.

Permanecer en el amor es dejarnos ayudar como el ciego Bartimeo, y gritar fuerte cuando intuimos, en nuestra ceguera, que Jesús pasa… La gente lo chistaba para que se callara, pero Alguien le dijo “ánimo, levántate, Él te llama”. Ese es el Ayudante que tiene sus “asistentes”, la gente “de buen espíritu”.

Permanecer en el amor es dejarnos ayudar como la hemorroisa y animarnos a seguir una corazonada, la de tocar aunque más no sea la orla del manto de Jesús. Las corazonadas son ayudas del Ayudante. ¡De quién si no!

Permanecer en el amor es dejarnos ayudar como Zaqueo, fiándonos de ese poder de cálculo tan especial de un prestamista, que lo lleva a primerear, a subirse a la morera en el lugar justo y a tener las cuentas hechas para devolver y repartir sus bienes. Los cálculos del amor son ayudas del Ayudante: hacen que las cuentas cierren milagrosamente.

Permanecer en el amor es dejarnos ayudar como Simón Pedro, aguantando la vergüenza de haber sido tan flojos y traidores y no escaparnos cuando Jesús se toma tiempo y nos interroga prolijamente insistiendo en querer saber cuánto y cómo lo amamos y si de verdad somos sus amigos. El saber ponerse colorado por no escaparle al amor es ayuda del Ayudante y nos pone de tan buen humor!

Permanecer en el amor es dejarnos ayudar para poder cumplir sus mandamientos de cuidar a los pequeñitos, de no escandalizarlos, de servirles agua, alimento, de darles ropa limpia, techo y cariño. El Ayudante que nos dejó Jesús se muestra especialmente eficaz y cariñoso en esta tarea y el signo (escuchemos bien los colaboradores y voluntarios de las obras de caridad) el signo de que uno cuenta con la ayuda del Ayudante es que se deja ayudar y coordinar junto con los demás, porque “el Espíritu todo lo coordina para el bien común”.

“Ciertamente, hay diversidad de dones, pero todos proceden del mismo Espíritu. Hay diversidad de ministerios, pero un solo Señor. Hay diversidad de actividades, pero es el mismo Dios el que realiza todo en todos. En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien común” (1 Cor 12, 4-7).

Permanecer en el amor es dejarse ayudar para poder adorar al Padre en Espíritu y en Verdad. Sin el Ayudante no podemos rezar. Él es el que nos hace gemir y decir Abba Padre y Jesús ten piedad de mí, pecador.

Permanecer en el amor es no entristecer al Ayudante: dejá que te defienda Él, no te defiendas solo; dejá que te conduzca, no te apures ni te cortes solo, dejá que te consuele, pedicelo, es una gracia, dejá que te enseñe.

Permanecer en el amor es dejarnos ayudar por la primera Ayudante del Espíritu, nuestra Señora. Ella es el testimonio patente de la ayuda del Espíritu a los pequeñitos del pueblo fiel de Dios.

Diego Fares



viernes, 8 de mayo de 2026

Virgen de Lujan

María, quédate en casa

Y quizá tomando esta misma escena de Juan en donde Jesús nos entrega a su madre, puede servirnos también aquella escena donde Jesús le entrega a Juan como mamá. 

“Jesús desde la cruz le dijo a María “la casa de Juan es tu casa, María”. A partir de ese momento María sería la madre de Juan y Juan sería su hijo. Ella que había vivido en la casa de Dios ahora tendría que vivir en la casa de los hombres, pero aceptó muy gustosa ir a vivir a la casa de Juan, y seguramente estaría muy gustosa de venir a vivir en cualquiera de nuestras casas. 

Es muy probable que además de vivir en la casa de Juan pasara temporadas en las casas de los otros apóstoles. Todos querían tener a María en su casa y seguramente María recorrería la casa de todos. Por lo tanto, nos puede surgir como oración a nosotros, poder decirle: “Vení a nuestra casa María”. 

Es probable que Juan tuviera su casa desordenada y que hubiera polvo por todos los rincones y platos sin lavar, y María se pondría a ordenar todo aquello. Ella sabía hacerlo muy bien porque había sido ama en la casa de Dios. Todo quedaría pronto más limpio, mas ordenado, más agradable. 

“Verás María, ese pequeño desorden que encontraste en la casa de Juan lo vas a encontrar en todas nuestras casas, y probablemente más lío que en la casa de Juan. En nuestra casa también suele haber muchas cosas que no están en su lugar... probablemente en la casa de Juan encontraste redes desordenadas y te pusiste con tu paciencia a desenredarlas. En nuestras casas también vas a encontrar varias cosas enredadas, varios lazos familiares que se han roto y otros se han retorcido... María, vos sabés cómo desenredar y soltar todo esto, te agradeceríamos que te des una vuelta por nuestras casas para desenredar más de un lío. 

 En la casa de Juan encontrarías cosas que no estaban en su sitio, también en nuestros hogares puede que encuentres un poco de esto, personas que no están en su sitio, madres de familia que están poco en casa, hijos que no son controlados como deberían estarlo, esposos que no están en el sitio de esposos y ancianos que quizá estén demasiado arrinconados. 

En la casa de Juan seguramente has encontrado cosas que estorbaban, que no servían para nada más que para ocupar lugar y juntar polvo... también en nuestras casas vas a encontrar cosas que sobran. A veces sobra el egoísmo, a veces los malos modos, a veces el mal humor, a veces la violencia. 

Tu en la casa de Juan irías poniendo cada cosa en su lugar hasta que no faltara nada de lo que debe haber en una casa. Ven a nuestras casas María, porque a nosotros también nos faltan cosas importantes para la casa. En algunas casas falta la paciencia, en otras falta el sacrificio, en otras falta el amor, en otras la alegría. 

 María te pedimos que te des una vuelta por nuestras casas, solo vos puedes ayudarnos a organizar bien nuestros hogares... Vos que pusiste la casa de Nazaret con tanto gusto que vino a vivir el mismo Dios con vos. 

Te invitamos a nuestra casa porque sabés muy bien que desde que murió tu Hijo Jesús tu casa es la casa de Juan, tus casas son las casas de tus hijos, los hombres. Ven a vivir con nosotros que estás en tu casa, María”. 

Que el Señor nos de la gracia y la fuerza junto a la Virgen de la permanencia de no aflojar y estar humildemente junto a Él.

sábado, 2 de mayo de 2026

Yo Soy el Camino Verdadero de tu Vida...

Jesús, EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA

Escrito por Anselm Grüm, -de su Libro: Imágenes de Jesús-

"En los discursos de despedida, antes de su muerte, Jesús dice estas palabras significativas: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Esta frase ha dado que pensar, y que dialogar no sólo a filósofos y teólogos, sino a toda clase de personas. Incluso estas palabras llegan a mucha gente que no las entiende. Hay una fibra del corazón humano que vibra con estas palabras. 

“Yo Soy el Camino

En todas las religiones el camino es un símbolo importante de la vida humana, la persona humana es un peregrino, está siempre de camino. No debe pararse, transitando se va transformando. El camino tiene su meta, la meta es la vida y el conocimiento. Pero los caminos hasta esta meta suelen ser muy largos y muy sinuosos, conducen por rodeos, por sendas erróneas y estrechas, por túneles. Para los cristianos Jesús nos precede en el camino... Quien se abandona en Jesús, así lo dice este Evangelio de  San Juan, encuentra un camino hacia la vida y hacia Dios. Sin embargo, este camino no es fácil, cómodo. Este camino se puede transformar, también para nosotros, en un camino de cruz, un camino en el que nuestros proyectos quedan marcados por la cruz, en los que se nos carga la cruz. A veces nuestros caminos nos conducen por muchas vueltas hasta que encontramos  el centro espiritual oculto, nuestro yo y, en él, a Dios, que es el centro de nuestra vida.

 "Yo Soy la Verdad"

Cuando Jesús se autodenomina la Verdad quiere decir que se ha quitado el velo que cubre la realidad y podemos verla al descubierto, tal cual es. Nosotros lo vemos todo como detrás de un velo. Lo real, lo auténtico no lo llegamos a ver. Pero quien conoce a Jesús ve a través de ese velo, ve hasta el fondo, reconoce la realidad tal como es delante de Dios.

Jesús también me conduce hacia mi propia verdad, si medito las palabras de Jesús, ellas quitan el velo que yo he puesto sobre mi verdad personal para no ver el lado desagradable. Jesús me conduce hasta los abismos de mi alma y me los descubre. Jesús nos dice que la verdad nos hará libres… Quien huye de su propia verdad se verá perseguido por el miedo de que la verdad lo alcanzará tarde o temprano, que los demás descubrirán lo que hay detrás de la fachada. En el
encuentro con Jesús es imposible esconderme. En el encuentro con Jesús es imposible esconderme. Mi verdad queda de manifiesto. Pero esta verdad me hará libre. Me conducirá a la verdadera vida.

"Yo Soy la Vida". 

Todos deseamos la vida, pero todos entendemos cosas distintas cuando hablamos de la vida, para unos es vivir muchas cosas, viajar mucho, conocer mucha gente. Para otros consiste en la vitalidad, una nueva calidad de vida, para otros vivir intensamente el momento. Jesús nos dice que El puede saciar nuestro anhelo de vida. Jesús nos dice, "Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia, en plenitud" ¿Qué encierran estas palabras? Sin duda Jesús era un hombre que irradiaba vida, con su proximidad la vida florecía, cuando él hablaba algo en sus oyentes se movía, algo en ellos recobraba vida.  Y si se dejaban tocar por sus palabras, inmediatamente sabían lo que significaba Vida. Vida es más que vivir muchas cosas, sólo tenemos vida auténtica cuando la vida brota dentro nuestro como una corriente. Y según Juan, sólo puede nacer vida en nosotros si participamos de la vida divina" 

PARA TERMINAR CON UN MOMENTO CONTEMPLATIVO

Entrégate hoy concientemente al camino que te toca andar.

  • ¿A dónde vas? ¿Qué significa caminar, estar en camino?                                                                             
  • ¿Qué significa para vos: VIDA? 
  • ¿En que momentos te sientes lleno de vitalidad?
  •  ¿Qué necesitas para vivir?
  • ¿Qué es lo que te ayuda a vivir?                                                                                                                                     
  • ¿Qué es para vos la verdad? 
  • ¿Te enfrentas con tu propia verdad o más bien le escapas?

Si deseas, puedes hacer clik, para mirar este video:  

domingo, 26 de abril de 2026

Nuestro Bello Pastor Pone en Juego la Vida...

Jn 10, 11-18
Escrito por la hna. Mariola López Villanueva - Rscj-

“El buen pastor da la vida por las ovejas”

Es bueno sentir que el Señor nos conoce, más adentro de lo que  podemos hacerlo nosotros, que el amor que nos tiene es lo único que puede desvelarnos la vida. Y descubrir, a su luz, que somos como todos, una mujer, un hombre cualquiera, nada distintos de aquellos con los que nos cruzamos cada día. Que tenemos en común los mismos miedos, la misma necesidad de reconocimiento y afecto, la misma sed de reconciliación. Que nos hermana la fragilidad y, a la vez, una capacidad inmensa de alegría.

Jesús dice que  nos conoce y conoce al Padre, y que sabe que el Padre lo ama. Y es por este amor recibido por el que él puede exponer su vida a favor nuestro. El verbo que utiliza Juan no significa sólo dar la vida sino que tiene que ver con arriesgarla  en una situación de peligro que amenaza a otro. Es lo que hace Jesús  para aproximarnos a él,  la pone en juego, la ofrece, la deja, se desprende de ella, no la retiene.

No sabemos dónde nos conducirá el trabajo que Dios va haciendo pacientemente en nosotros, lo que sí sabemos es que no podremos dar un día de golpe nuestra vida si no la hemos gastado antes cada día con la gente, si no salimos de la comodidad y del interés propio, si no ofrecemos con anchura nuestro tiempo y nuestra solicitud; si  no escuchamos cada vez la voz del único Pastor que es Bueno.
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Para terminar con un momento contemplativo, comparto este hermoso video con una canción de Salome Arricibita:


sábado, 18 de abril de 2026

Emaús, el Camino de la Incertidumbre a la Esperanza...

La experiencia vivida por los Discípulos en el camino de Emaús (Lc. 24, 13-35) nos muestra el tránsito del miedo a la confianza, de la mentira a la verdad, del embotamiento mental a la clarividencia, de la incertidumbre a la esperanza.

Después de la crucifixión de Jesús, los Discípulos fijaron su entendimiento, su afecto y su visión en el pasado. Lo del Señor empezaba a ser una simple nostalgia. Pero Jesús los alcanzó en sus caminos, en sus idas y venidas, haciendo que resonara de nuevo en ellos la fuerza misteriosa de aquella palabra que levanta de la muerte.

Cuántas veces nos ha invadido la tristeza, la nostalgia o la desconfianza. 
  • Cuánto desasosiego por el futuro incierto de una vida diferente, anhelada, buscada, cultivada. 
  • Cuántas apuestas se impacientan por las esperas agobiantes de unos cambios que demoran en llegar. 
  • Cuánta energía invertida para que aparezca una luz que nos saque definitivamente de las tinieblas.
Aquella tarde entristecida de Emaús, Jesús se puso a caminar al lado de los Discípulos y, aunque ellos no lo reconocieron de entrada, comenzó a abrirse poco a poco en su interior una luz que comenzó a disipar nostalgias, espantar miedos y a erradicar desesperanzas.

Jesús entró con los Discípulos a una casa del camino y compartió con ellos el pan. 
De inmediato se reavivaron los sueños, 
     aparecieron los afectos, 
            desapareció la duda, 
                      se limpió el pasado y terminó por abrir su entendimiento. 

Ellos sintieron que su corazón ardía con el ardor propio que nos pone de frente a la verdad.

Qué misterio tiene la vida querida, amada, defendida, cuidada, que, cuando todo parece apagarse, brota de sus mismas cenizas una fuerza que nos lanza. Y es que el camino de ida y vuelta, de idas y venidas, sin claudicar, aunque parezca extraño, provoca el paso simétrico de la incertidumbre a la fe iluminada por la esperanza.

Que nos atrevamos a dejarnos alcanzar por Jesús resucitado, para que su amistad y compañía en una misma mesa compartida, libere nuestra generosidad y encienda fuego en el alma.
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Para terminar con un momento de oración te dejo esta canción de Salome Arricibita:

Para escuchar hacer clik en el siguiente enlace:

jueves, 9 de abril de 2026

Instrucciones para el Tercer Día

 
Escrito por Pedro Huerta

Si después de la Cuaresma y el drama de la Pasión esperas la resurrección como un cómodo botón de reinicio, te has equivocado de itinerario. Si crees que la Pascua consiste en que los problemas y el dolor desaparezcan, o que las cicatrices se esfumen por arte de magia, entonces sigues buscando entre los muertos.

Resucitar es un acto de rebeldía. Es el golpe definitivo a la lógica de la tumba. Significa que la muerte —en todas sus formas: el miedo, el fracaso, la parálisis— ha dejado de tener la última palabra. Es vivir con la insolencia de quien sabe que aquello que le amenaza ya no gobierna su vida. No es una vuelta al punto de partida, sino la irrupción de una vida nueva que no pide permiso para existir.

Por eso el Resucitado conserva sus llagas y, lo que es más provocador, las muestra. Para quienes abrazamos vivir a la intemperie, ahí está la primera instrucción: la vida nueva no es una existencia sin cicatrices, sino una existencia con memoria. Madurar —pero también aprender o amar— no consiste en volverse impecable ni en borrar el historial de caídas a golpe de Photoshop espiritual. Consiste en lograr que las heridas dejen de supurar amargura para empezar a emitir luz.

Una herida integrada es un maravilloso mapa de sabiduría; una herida negada es solo un lastre que nos condena a repetir el error. Como escribió Dietrich Bonhoeffer, desde el umbral de su propio sacrificio: «Dios no es un Dios de lo que fue, sino un Dios de lo que viene… La resurrección es la respuesta de Dios a la injusticia del hombre». La Pascua no es una mirada nostálgica de lo perdido, es confianza en lo que viene. No mira a un pasado idealizado, sino a un futuro que nos presenta la certeza —aún frágil, aún incómoda— de que la vida siempre merece ser rescatada.

La segunda instrucción es decisiva: dejar el sudario en la tumba. En el sepulcro vacío solo quedan las vendas, esos envoltorios de muerte que —como a Lázaro— nos impiden caminar y estrenar la libertad de la vida nueva. Sobran las vendas. Y, sin embargo, seguimos arrastrándolas. Nos aferramos a los ropajes del “hombre viejo”: la obsesión por el control, el miedo al juicio ajeno, la dependencia de seguridades mediocres, la cómoda parálisis de una culpa que preferimos acariciar antes que soltar.

Resucitar exige una desnudez valiente. Es una renuncia a las protecciones que nos calmaban mientras nos asfixiaban. Es sentir la intemperie sin más escudo que la propia verdad. Es dejar de buscar sentido a la vida entre las cosas muertas. Es dejar de anestesiar el dolor, dejar atrás el sudario. Es, sencillamente, salir. El frío de la mañana nos sentará mejor que el calor adormecedor de la tumba.

La Pascua es este cambio de mirada, para el que nos hemos entrenado durante los cuarenta días de «desierto» cuaresmal. Mirada que nos invita a reconocer la vida allí donde nadie la espera: en la grieta de lo cotidiano, en la presencia a veces incómoda del otro, en el coraje de levantarse cuando lo lógico sería quedarse en el suelo. Es aceptar el imperativo categórico que Rainer Maria Rilke nos dejó en uno de sus versos más célebres: «Tienes que cambiar tu vida». Así de simple. Así de exigente.

La tercera instrucción nos advierte que la vida nueva no es un trofeo que se guarda en una vitrina, y se exhibe de vez en cuando, sino la urgencia de mover la piedra de nuestro propio egoísmo y salir fuera. Salir en la desnudez que no esconde nada, ni tapa vergüenzas pasadas, con la incertidumbre del presente como única brújula y con las llagas como única memoria fiable.

Porque al final todo se reduce a esto: podemos quedarnos junto al sepulcro, lamentando lo que enterramos el viernes, o podemos abandonar los refugios de tranquilidad con la dignidad de quien sabe que lo ha recuperado todo. La pregunta de la Pascua no es “¿por qué pasó?”, sino “¿hacia dónde vamos ahora?”.

Solo la podemos responder si volvemos a Galilea. Pero eso exige valentía para mover la piedra que bloquea la salida; amar las heridas que nos abrieron; renunciar al miedo de sentirnos vulnerables. Es hora de salir. Salir sin garantías, sin excusas. Abrazar la intemperie y dejar que la luz de la mañana, el sol nuevo de la Pascua, restaure la palidez de una vida que se negaba a despertar.

domingo, 5 de abril de 2026

La Resurrección en trece verbos...


Queridos Amigos y Amigas de ESPIRITUALIDAD COTIDIANA:

Les deseo una Fecunda Pascua, que puedan en este tiempo de Gracia, "Entrar más en la Vida", como dice, Martín Descalzo al hablar de la Resurrección...

Les comparto este escrito de Clemente Sobrado

"Confieso que me sincero deseo es, en estos momentos, presentar la resurrección de Jesús de modo que nos diga algo y hacerla contemporánea al hombre de hoy. Lo quería hacer de una manera simple. Algo que todos pudiésemos entender. No quedándonos en el pasado, sino algo que acontece hoy.

Y me doy con un librito muy sencillo pero interesante de Bartomeu Bennassar, titulado“Proclamar al Resucitado y seguir al Crucificado”. Y nada más abrirlo me encuentro con algo que me ha señalado el camino. No se trata de presentar el pasado sino ese Jesús que resucita hoy en medio de nosotros. Y lo describe en trece verbos y que él dice que para que sea Pascua basta “borrar” el “des”. Aquí te los presento:

“Des-corazonarse”. Los discípulos estaban descorazonados, desalentados. Estaban interiormente como muertos. Hasta que el Resucitado se les aparece y vuelven a sentir latir sus corazones. La resurrección nos devuelve un corazón nuevo, donde el aliento suple al desaliento. Ahora ya respiran y vuelven a soñar. Has resucitado.

“Des-animarse”. Estaban muertos. Les faltaba alma. Y al verlo de nuevo, el alma se les vuelve al cuerpo. ¡Todos necesitamos que el alma vuelva a animarnos por dentro y hacernos revivir! Cuando lo vieron, volvieron a vivir. ¿Tú no necesitas “animarte? Has resucitado.

“Des-esperarte”. La esperanza se había quedado enterrada con él en el sepulcro. Ahora, al verlo la esperanza vuelve a renacer. ¿Verdad que necesitas recobrar la esperanza perdida? Has resucitado.

“Des-favorecer”. Se sentían como abandonados, encerrados en su soledad. Al verlo, sienten que otra vez son los favorecidos de Dios. La visita del Resucitado es el mejor favor. ¿No necesitaríamos sentirnos más favorecidos de Dios? Has resucitado.

“Des-heredados”. Los discípulos se sentían sin nada. Sin la familia que dejaron y sin el Jesús al que siguieron por el que renunciaron a todo. Y golpe, vuelve a recuperar lo que creían haber perdido. Jesús vuelve a ser su mayor riqueza. ¿No necesitaremos sentirnos ricos por el Jesús que está con nosotros? Hemos resucitado.

“Des-graciados”. Se sentía sin nada. Sin gracia. Solos con su desilusión. El Resucitado, los vuelven a convertir sus “agraciados”. ¿Verdad que muchas veces nos sentimos unos desgraciados? Necesitamos sentirnos los “agraciados de Dios”. Has resucitado.

“Des-ilusionar”. ¿Mayor desilusión que sentir que lo han perdido? ¿Mayor desilusión que ir a un sepulcro y para colmo encontrarlo vacío? Todos vivimos demasiadas ilusiones que matan nuestro espíritu. Necesitamos que El vuelva a hacer de nuestros corazones una primavera de ilusiones y esperanzas. Has resucitado.

“Des-consolar”. Están desconsolados. Encerrados y las puertas atrancadas. Su ánimo por los suelos. Y cuando El se les aparece, les cuesta creer “por la alegría de verle”. ¿No estás necesitado del consuelo de Dios y de los demás? Has resucitado.

“Des-alentar”. Tan desalentados que ni se atreven a salir a la calle. Los de Emaús van tristes por el camino. Y el Resucitado los hace respirar profundo. “¿No ardía nuestro corazón? ¿Verdad que estás demasiado desalentado y no ves futuro en tu vida? Necesitas verlo de nuevo en tu vida.

“Des-amar”. Sienten que le han fallado. Ya no sienten su amor y amistad. Y la resurrección les hace sentir que El no está enojado, que los sigue amando. Que tu corazón no se quede vacío de amor. Has resucitado.

“Des-preciar”. Sienten que ya no son nada. Sin El no son nada. Pero el Resucitado les devuelve ese sentimiento de que son importantes. Los renueva con su espíritu y les encomienda su misión. Pase lo que pase, jamás te devalúes. Tú siempre seguirás siendo importante. Has resucitado.

“Des-encantar”. Se sienten defraudados de sí mismos. Pero al verlo, de nuevo sienten que el encanto vuelve a florecer en sus vidas. No pierdas nunca tu aprecio y estima. Incluso si los demás no te miran a la cara. El Resucitado te está diciendo que todavía hay ilusiones y esperanzas para ti. Has resucitado.

“Des-solidarizar”. Ya el grupo comienza a resquebrajarse. Dos ya han emprendido el camino de sus casas. Están juntos pero no son solidarios entre ellos. Cada uno está rumiando su propia desilusión. Uno de los signos pascuales es que tú te solidarices con los que ya están solos, tristes, sin el alma en el cuerpo. Has resucitado.

Bueno, creo se ha pasado alguno. Pero vivir la Pascua, vivir la Resurrección es volver a ser esa primavera de corazones, de amor, de esperanza, atención al otro, de sentirte heredero con El, de alentarte y alentar a los demás, de devolver el encanto a tu vida, y de hacerte solidario con los marginados y excluidos. Esa es la Pascua hoy en tu vida. Esa es la Resurrección hoy en tu vida. Has resucitado.

viernes, 3 de abril de 2026

Viernes Santo - Entregar el Espiritu

Escrito por Dolores Aleixandre rscj y Mª Dolores López Guzmán 


Sácame de la red que me han tendido,porque tú eres mi amparo.

A tus manos encomiendo mi espíritu:tú, el Dios leal, me librarás (Sal 31,5)

La entrega llegó al extremo. No se quedó con nada. Se despojó de todo: de sus vestiduras, sus amigos, su madre… No fue una entrega dulce, rodeada de cariño y de una atmósfera pacífica, sino de voces que clamaban contra él. En tus manos están mis azares; líbrame de mis enemigos que me persiguen (Sal 31,16). Habría sido suficiente con morir. Un paso dramático para quien ama la vida. Pero el instante mortal estuvo acompañado de una jauría humana. ¿Qué ganas con mi muerte, con que yo baje a la fosa? ¿Te va a dar gracias el polvo, o va a proclamar tu lealtad? (Sal 30,10).

Y así como el Padre había puesto todo en manos del Hijo (Jn 3,35), ahora el Hijo confiará su vida a su Padre para que hiciera algo con ella. Por eso las palabras del salmo resonaron en su interior. Padre a tus manos encomiendo mi espíritu (Sal 31,5; Lc 23,46). No había nadie mejor para que se hiciera cargo de lo más sagrado de su persona. El salmista pensó que Dios lo libraría de la muerte; Jesús, que obraría un milagro mayor abriendo la puerta de la resurrección. Una vía nueva fruto de la acción creadora propia de las manos de Dios. El Padre no solo recibió el espíritu de Jesús sino que lo hizo aún más fecundo.


Momento para Contemplar

Respiro en silencio. Lleno los pulmones de aire hasta lo más profundo. Realizo cuatro compases (inhalar, retener, expulsar, retener) invirtiendo cuatro segundos en cada uno de ellos. No busco palabras, ni discurso. Solo sentir el roce del aire al entrar en mi cuerpo. Simplemente tomo conciencia de que de Él recibo la vida.

Miro a mi alrededor. Recuerdo que todo ser viviente pasará la travesía de la muerte. Como decía el poeta Jorge Manrique “nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar, que es el morir”. Dirijo peticiones a Dios, como a un buen amigo, para que nos ayude a ponernos desnudamente en sus manos.


martes, 31 de marzo de 2026

Cada Semana Santa se nos Presenta como un Mapa de nuestras Contradicciones...


Escrito por Pedro Huerta

Cada Semana Santa se nos presenta como un mapa de nuestras contradicciones. No viene a darnos respuestas masticadas ni a resolver, mágicamente, las tensiones que nos desgarran por dentro. Al contrario: es una invitación a mirar de frente nuestras ruinas, a encontrar su sitio en el resto de la existencia y a descubrir que, precisamente en el epicentro de esa contradicción, es donde empieza a latir lo nuevo.

Nuestras contradicciones no son un error del sistema ni una mancha en el expediente; son el síntoma de nuestra libertad. Lo que elegimos y lo que evitamos, lo que proclamamos a gritos y lo que silenciamos por miedo… todo eso convive en el campo abierto donde se construye una vida auténtica. Intentar vivir ignorando nuestras sombras es como limpiar una casa tirando los muebles por la ventana: eliminamos lo que molesta, pero nos quedamos sin nada que dé sentido al hogar. Estos días son para bajar al sótano, ahí donde la contradicción no solo duele, sino que revela quiénes somos realmente bajo la piel de la costumbre.

El relato de la Pasión es, en esencia, un tratado sobre la tensión humana. No es una historia de héroes inmaculados, sino de cobardes que huyen y amigos que traicionan. Lo asombroso es que el acto más libre y luminoso de Jesús no ocurre a pesar de esas traiciones, sino a través de ellas. La entrega se cocina en el barro de la debilidad. Es ahí donde las máscaras se agrietan y el amor, rodeado de cálculos mezquinos, muestra su verdadera fuerza transformadora. Como bien decía Paul Claudel: «Dios no vino a explicar el sufrimiento, sino a llenarlo con su presencia». La cruz, por tanto, no es el final del camino, sino el lugar donde la presencia se hace carne en lo que parece perdido.

Aquí aparece la gran paradoja: para saborear la vida en plenitud, hay que aprender a abrazar la propia finitud. No hablo de un mero aceptar la propia muerte, sino de acoger lo que se acaba desde su realidad y crudeza: un proyecto, una relación o esa imagen idealizada que tenemos de nosotros mismos. Cada vez que algo muere en nuestras manos, se abre la posibilidad de una versión más real de nuestra existencia. El equilibrio no consiste en esquivar la herida, sino en reconocer que la herida es, a menudo, por donde entra la luz. Lo recordaba con dureza Léon Bloy: «Hay lugares en el corazón humano que todavía no existen, y para que existan es necesario que entre en ellos el dolor». Sin esa apertura, la vida se vuelve plana, protegida, pero estéril.

Esa misma tensión habita en los símbolos que contemplamos en estos días: pan roto, madera pesada, clavos que hieren, un sepulcro que se cierra. El riesgo es que se vuelvan piezas para nuestro particular museo espiritual, rutinas que protegen el sentimiento pero no salvan el alma. La fe no se nutre de repeticiones, sino de traducciones urgentes: 

  • ¿Qué es hoy ese pan que debe partir mi egoísmo?
  • ¿Qué maderos cargan hoy los que caminan a mi lado en el anonimato de la calle?
  • ¿Qué silencios me están gritando que el tiempo del «siempre igual» se ha terminado? 

Sin esta relectura, los ritos son solo ruido; con ella, son el mapa de nuestra propia transformación.

La Semana Santa no es una liturgia cerrada. Es el espacio donde lo roto encuentra, por fin, su lugar. La salvación no llega cuando todo encaja perfectamente en nuestros esquemas, sino cuando aceptamos un amor que desborda cualquier cálculo. Lo nuevo está brotando ya en la misma entraña del desorden, aunque todavía nos cueste reconocerlo entre las sombras del viernes.

Nos quedamos aquí, ante la piedra sellada y el silencio que pesa, no con la resignación del que espera un final, sino con la inquietud del que sabe que algo está a punto de romperse para siempre. Porque solo quien ha sostenido la mirada a la muerte está preparado para reconocer, al tercer día, el pulso de una vida nueva.

domingo, 29 de marzo de 2026

ENTRADA a la SEMANA SANTA...Papa Francisco.

Escrito por el Papa Francisco

"Esta semana comienza con la procesión festiva, con los ramos de olivos: todo el pueblo recibe a Jesús. Los niños, los jóvenes cantan y alaban a Jesús"…

"Pero esta semana va adelante en el misterio de la muerte de Jesús y de su Resurrección. Hemos escuchado la Pasión del Señor. Nos hará bien hacernos solamente una pregunta:  
  • ¿Quién soy yo? 
  • ¿Quién soy yo delante a mi Señor? 
  • ¿Quién soy yo delante a Jesús que entra festivamente en Jerusalén? 
  • ¿Soy capaz de expresar mi alegría, de alabarlo, o tomo distancia? 
  • ¿Estoy yo delante a Jesús que sufre? 
  • Hemos sentido tantos nombres, tantos nombres. Grupos de dirigentes, algunos eran sacerdotes, algunos fariseos, algunos maestros de la ley que habían decidido asesinarlo. Esperaban la oportunidad de apresarlo".
  • "¿Soy yo como uno de ellos? Y hemos sentido otro nombre: ¡Judas!, treinta monedas. ¿Soy yo como Judas? Hemos sentido otros nombres, los discípulos que no entendían nada, que se dormían mientras el Señor sufría. ¿Mi vida está dormida? O soy como los discípulos que no querían quizás traicionar a Jesús? ¿O como aquel otro discípulo que quería solucionar todo con la espada. Soy yo como ellos?”.
  • “¿Soy yo un Judas que recita de amarlo y besa al Maestro para entregarlo, traicionarlo? ¿Soy un traidor? ¿Soy como esos dirigentes que rápidamente constituyen el tribunal y buscan falsos testimonios? ¿Soy yo como ellos? ¿Y cuando hago estas cosas si las hago, creo que con esto salvo al pueblo? 
  • ¿Soy yo como Pilato, que cuando veo que la situación se pone difícil me lavo las manos, no sé asumir mi responsabilidad y dejo condenar o condeno yo a las personas?”.
  • “¿Soy yo como aquella multitud que no sabía bien si estaban en una reunión religiosa, en un juicio o en un circo, y elige a Barrabás? Para ellos era lo mismo, era más divertido para humillar a Jesús. 
  • ¿Soy yo como los soldados que golpean al Señor, le escupen, lo insultan, se divierten con la humillación del Señor? 
  • ¿Soy yo como el cireneo que volvía del trabajo, cansado, pero tuvo la buena voluntad de ayudar al Señor a cargar la cruz?".
  • "¿Soy yo como aquellos que pasaban delante a la cruz y hacían sus burlas a Jesús?: 'Tanto coraje, que baje de la cruz y creeremos en él'. La burla de Jesús. 
  • ¿Soy yo como aquellas mujeres llenas de coraje, como la madre de Jesús, que estaba allí y sufría en silencio? 
  • ¿Soy yo como José, el discípulo escondido que lleva el cuerpo de Jesús para darle sepultura?”.
  • “¿Soy yo como estas dos Marías que se quedan en la puerta del sepulcro llorando, rezando? 
  • ¿Soy yo como estos dirigentes que el día siguiente van a lo de Pilatos para decirle: 'Mire que éste decía que iba a resucitar; que no suceda otro engaño' y bloquean la vida, el sepulcro, para defender la doctrina, para que la vida no venga afuera. 
  • ¿Dónde está mi corazón?
  • ¿A cuál de ellos me asemejo? 

Y que esta pregunta nos acompañe durante toda la semana"...

miércoles, 25 de marzo de 2026

Responder a Dios como María...


Texto de una homilía del Papa Francisco:

Hoy nos encontramos ante una de esas maravillas del Señor: ¡María! Una criatura humilde y débil como nosotros, elegida para ser Madre de Dios, Madre de su Creador.

Precisamente mirando a María, me gustaría reflexionar con ustedes sobre tres puntos: primero, Dios nos sorprende, segundo, Dios nos pide fidelidad, tercero, Dios es nuestra fuerza.

1. El primero: Dios nos sorprende.

Ésta la experiencia de la Virgen María: ante el anuncio del Ángel, no oculta su asombro. Es el asombro de ver que Dios, para hacerse hombre, la ha elegido precisamente a Ella, una sencilla muchacha de Nazaret, que no vive en los palacios del poder y de la riqueza, que no ha hecho cosas extraordinarias, pero que está abierta a Dios, se fía de Él, aunque no lo comprenda del todo: “He aquí la esclava el Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38). Es su respuesta. Dios nos sorprende siempre, rompe nuestros esquemas, pone en crisis nuestros proyectos, y nos dice: Fíate de mí, no tengas miedo, déjate sorprender, sal de ti mismo y sígueme.

Preguntémonos hoy todos nosotros si tenemos miedo de lo que el Señor pudiera pedirnos o de lo que nos está pidiendo. ¿Me dejo sorprender por Dios, como hizo María, o me cierro en mis seguridades, seguridades materiales, seguridades intelectuales, seguridades ideológicas, seguridades de mis proyectos? ¿Dejo entrar a Dios verdaderamente en mi vida? ¿Cómo le respondo?

2. Dios nos sorprende con su amor

Y nos pide que le sigamos fielmente. Pensemos cuántas veces nos hemos entusiasmado con una cosa, con un proyecto, con una tarea, pero después, ante las primeras dificultades, hemos tirado la toalla. Y esto, desgraciadamente, sucede también con nuestras opciones fundamentales, como el matrimonio. La dificultad de ser constantes, de ser fieles a las decisiones tomadas, a los compromisos asumidos. A menudo es fácil decir “sí”, pero después no se consigue repetir este “sí” cada día. No se consigue a ser fieles.

María ha dicho su “sí” a Dios, un “sí” que ha cambiado su humilde existencia de Nazaret, pero no ha sido el único, más bien ha sido el primero de otros muchos “sí” pronunciados en su corazón tanto en los momentos gozosos como en los dolorosos; todos estos “sí” culminaron en el pronunciado bajo la Cruz. Piensen hasta qué punto ha llegado la fidelidad de María a Dios: hasta ver a su Hijo único en la Cruz. La mujer fiel, de pie, destruida dentro, pero fiel y fuerte.

Y yo me pregunto: ¿Soy un cristiano a ratos o soy siempre cristiano? La cultura de lo provisional, de lo relativo entra también en la vida de fe. Dios nos pide que le seamos fieles cada día, en las cosas ordinarias, y añade que, a pesar de que a veces no somos fieles, Él siempre es fiel y con su misericordia no se cansa de tendernos la mano para levantarnos, para animarnos a retomar el camino, a volver a Él y confesarle nuestra debilidad para que Él nos dé su fuerza. Es éste el camino definitivo, siempre con el Señor, también en nuestras debilidades, también en nuestros pecados. Jamás caminar sobre el camino de lo provisional. Esto sí mata. La fe es fidelidad definitiva, como aquella de María.

3. Dios es nuestra fuerza. 

Miremos a María: después de la Anunciación, lo primero que hace es un gesto de caridad hacia su anciana pariente Isabel; y las primeras palabras que pronuncia son: “Proclama mi alma la grandeza del Señor”, o sea, un cántico de alabanza y de acción de gracias a Dios no sólo por lo que ha hecho en Ella, sino por lo que ha hecho en toda la historia de salvación. Todo es don suyo. Si nosotros podemos entender que todo es don de Dios, ¡cuánta felicidad hay en nuestro corazón! Todo es don suyo ¡Él es nuestra fuerza! ¡Decir gracias es tan fácil, y sin embargo tan difícil! ¿Cuántas veces nos decimos gracias en la familia? Es una de las palabras claves de la convivencia. "Permiso", "disculpa", "gracias": si en una familia se dicen estas tres palabras, la familia va adelante. "Permiso", "perdóname", "gracias". ¿Cuántas veces decimos "gracias" en familia? ¿Cuántas veces damos las gracias a quien nos ayuda, se acerca a nosotros, nos acompaña en la vida? ¡Muchas veces damos todo por descontado! Y así hacemos también con Dios. Es fácil dirigirse al Señor para pedirle algo, pero ir a agradecerle...

domingo, 22 de marzo de 2026

"Jesús se puso a llorar"

Escrito por Tony Catala

“Jesús se echó a llorar”, el versículo mas breve del todos los evangelios y el más humano. El Hijo del Dios Vivo llorando por la muerte de su amigo Lázaro. Que pena tanta disquisición histórica sobre si lloraba en cuanto hombre y no en cuanto Dios, que si llorar es debilidad y el Dios impasible no puede llorar porque en él no hay cambio ni mutación… ¿Es que Dios no podía tener amigos? ¿Por qué le negamos a nuestro Dios que es Amor lo más humano del amor que es llorar por los que se quiere?

Un Dios que no llore con los que hoy están llorando por la separación de los que se quiere, en muchos casos definitiva, y con los que están doloridos por la falta de cercanía de su gente no sería el Compasivo. Hemos celebrado estos domingos a Jesús como Manantial de Agua viva, como Luz del mundo, hoy celebramos el Amor conmovido que ofrece Resurrección y Vida porque él es la Fuente de la Vida.

Jesús se conmovió ante la soledad de la viuda de Naím a la que se le ha muerto el hijo único. Jesús levantó al muchacho del lugar de la muerte y se lo devolvió a su madre. A Jesús se le acerca Jairo, jefe de sinagoga y por lo tanto ni seguidor ni simpatizante, pidiéndole que haga algo por su “niña que está en la ultimas”. Jesús le pide que tenga fe, se va con él a su casa, levanta a la niña del lugar de la muerte y vuelve la alegría a la casa. Jesús se pone en camino cuando se entera que su amigo Lázaro ha muerto, “es que Lázaro, Marta y María eran muy amigos de Jesús”, dice el evangelio.

Estas son la tres “resurrecciones” que se narran en los evangelios. Jesús conmovido da vida a la viuda abatida de la casa de Israel sin pedirle nada a cambio, ni tan siquiera fe. Sana el dolor de Jairo, “enemigo religioso”, que se acerca y busca a Jesús y éste no sólo no lo rechaza, sino que lo acompaña a casa, le pide que abra su corazón (“si tienes fe…”) al Dios de la Vida y esa casa recupera la alegría. Marta, María y lázaro son muy amigos y la muerte ha quebrado esa amistad. Jesús resucita a Lázaro porque son amigos y punto. Así se manifiesta la gloria de Dios.

Jesús genera vida porque es Vida. Es evidente que el hijo de la viuda, la hija de Jairo y Lázaro volvieron a morir. La Resurrección como Vida Definitiva junto al Compasivo sólo la confesamos de Jesús, pero en virtud de este “confesar con la boca y creer de corazón” que Jesús es el Viviente y que la muerte no tiene la última palabra vivimos confiadamente en que él rescata “nuestra vida de la fosa y nos colma de gracia y de ternura” (Sal 103) En las primeras comunidades quedó grabado el recuerdo vivo de que Jesús de Nazaret pasó haciendo el bien porque su Dios era un Dios de Vivos y no de muertos.

Al igual que sacó a Lázaro de la “cavidad cubierta con una losa” vamos a seguir deseando, pidiendo, orando que en estos momentos de adversidad nos saque de nuestras cavidades de desesperanza, de desanimo, de miedos paralizantes, de bloqueos… que las lágrimas de amistad de Jesús nos saquen de la oscuridad y lo sigamos siguiendo como Resurrección y Vida.

La Resurrección de Lazaro

Escrito por Carmina Navia Velazco

Este pasaje del evangelio en el que se nos narra la llegada de Jesús a Betania y el encuentro con su amigo muerto, resulta inmensamente rico en significados e invitaciones. No voy a realizar una mirada exhaustiva, voy a destacar algunos aspectos. Lo primero que quiero señalar es la experiencia de amistad del Profeta de Nazaret. Jesús encuentra siempre en los hermanos de Betania un nicho en el cual refugiarse antes o después de sus confrontaciones y conflictos con Jerusalén centro de los poderes religioso y político de su entorno, antes y después de sus temores frente a una realidad que le es hostil. Esa casa, su comunidad de Betania, es para él un vientre materno al que siempre puede llegar.

En esta ocasión encuentra que Lázaro, su amigo personal, su apoyo, su “par”, le ha sido arrebatado por la muerte. Jesús se conmueve y llora ante su tumba. “La amistad tiene el sabor de la vida cotidiana, de los espacios domésticos, del pan que se reparte, de las horas vulgares; sabe a intimidad, a conversaciones pausadas, al tiempo invertido en los detalles, a risas y lágrimas, a una exposición confiada” … nos dice José Tolentino Mendoza en su Teología de la amistad. Todo esto ha perdido Jesús al perder a Lázaro. Llora desde sus entrañas esa pérdida, los testigos al presenciar su llanto, expresan en voz alta: ¡Miren como lo quería! Se trata de un cuadro que no deja lugar a dudas sobre la humanidad del maestro galileo que debería bastar para echar por tierra tantas “divinizaciones” fuera de lugar que se montan alrededor de su vida y figura.

La narración continúa y nos muestra la conversación entre Marta y Jesús. Una conversación de tintes teológicos [Una vez más Jesús dialoga teológicamente con una mujer]. Y Marta realiza su “confesión”, su afirmación de que a ella le ha sido revelada la naturaleza real de su amigo y la culminación de su misión: Yo creo que tú eres el Cristo. De alguna manera podemos considerar que Juan es el evangelio de las mujeres, en su relato, ellas varias veces interpelan al Maestro, le preguntan o discuten y él se les muestra directamente sin ningún tipo de mediaciones varoniles. Esto de la nula necesidad de mediación, es importante.

Así como en algún momento María de Betania se anticipa a ungir a Jesús para su sepultura, Marta se anticipa a anunciar su condición de Mesías, de Ungido. Esta mujer nos invita a todas las seguidoras del Maestro a incursionar en su verdad, en su “fuente” de vida, en su proyecto para hacer parte de él, para tomar la iniciativa y la palabra, para vivenciar su amistad… Una amistad que se puede trenzar a través de los tiempos y en la vivencia de su presencia siempre entre nosotras en la actualización de su palabra y en la encarnación que podemos hacer de su mensaje: Ámense unos a otros como yo los amé. Los relatos evangélicos nos muestran a Marta alguna vez en el servicio de la comensalía y en esta ocasión en la interpelación teológica… caminos ambos a desarrollar desde nuestro ser de mujeres.

Las relaciones que se tejen con Jesús en la casa de Betania, son relaciones inspiradoras que señalan caminos de acogida y de amor. Estamos ante un modelo de comunidad: círculo pequeño de acogida, de vida cotidiana, de reflexión, de intercambios variados… pero, sobre todo: comunidad/amistad que se hace fuerte en el compartir y también en el dolor cuando este llega.

jueves, 19 de marzo de 2026

San Jose un modo de vivir en servicio y la humildad...


Escrito por el querido +P. Diego Fares, en la Fiesta de San José del año 2011

“Al tomar San José consigo a María y a Jesús lo tiene todo y por eso no agarra nada más.

Esto lo experimenta el que pone manos a la obra en alguna tarea de servicio que implica “tomar consigo” a los demás. De afuera, otros ven lo que uno deja. Pero la persona experimenta lo que “toma”, lo que recibe de más al tomar consigo el servicio. De allí viene esa experiencia de gozo que uno no sabe explicar muy bien por qué…                                                                                                        Los voluntarios dicen, después de trabajar sirviendo a los que necesitan: ¡salgo lleno!, ¡salgo contento!

También, dicen: ¡A veces me cuesta ir (dejar lo que tengo entre manos) pero después cuando estoy allí me olvido de todo y salgo mejor de cuando llegue!…

Es la llenura que da el recibir a Cristo en la persona de los que servimos. Por eso la frase para los voluntarios es la del Ángel a José: “No temas tomar contigo” a los que vas a servir -en la Iglesia, en las Obras, en tu familia-, porque lo que hay en ellos es del Espíritu Santo. Está Jesús en ellos, al servirlos a ellos recibís a Jesús.

Esta es la palabra que San José nos comunica en su silencio perfecto: con sueños y acciones. San José es el que abre esos dos espacios en los que la Palabra se gesta, crece y es fecunda: el sueño y la acción.

Le pedimos a San José estas sus “Gracias”:

Soñar las cosas de Dios: soñar que el Ángel nos dice, tomá contigo a María y a Jesús, tomalos con vos y no los sueltes, agarralos bien contra tu pecho y tu corazón. No importas cómo estés: soñá que los tomás contigo. Soñá que te toman ellos de la mano. Tomá con vos a Jesús en la Eucaristía.

 Tomalo de la mano en algún pobre que te pida. Alzá en brazos a los bebés de tu familia y tomalos contra tu corazón, tal como ves en la imagen de San José con el Niño. No tengas miedo: tomalos. Abrazá a algún anciano, bendecí en la frente a un enfermo, poné la mano en el hombro de los jóvenes… No temas. 

Hacer lo que Dios nos hizo soñar, levantarnos y salir rapidito a comenzar a hacer, poner manos a la obra, no pensar, hacer. Después que hagamos un rato lo que soñamos que se nos mandaba, sí, parar un momento y pensar. Veremos que el pensamiento corre libre, agradecido, que no necesitamos pensar mucho si hacemos o no sino más bien “cómo”. El “cómo hacerlo mejor” orientará nuestro pensamiento puesto en acción. Tomá con vos a Jesús y sentirás cómo el Padre te toma en brazos a vos: “al que me ama, el Padre lo amará y vendremos a él y habitaremos con él”. 

domingo, 15 de marzo de 2026

Curación del Ciego de Nacimiento...

Escrito por Dolores Aleixandre -RSCJ-

Una linda propuesta para rezar con el Texto del Ciego de Nacimiento: Jn 9,1-41

Lee la narración de la curación del ciego de nacimiento,  contempla luego las sucesivas escenas, como si el ciego fueras tú mismo y fueras reconociendo tus cegueras:

Ceguera de la posesividad que te hace mirar las personas o las cosas a partir de tu propio interés;
Ceguera que te impide ver más allá de las apariencias de los otros;
Ceguera de la codicia que te mantiene apresado en el deseo de acumular o de triunfar sin límites...
Ponte junto a Jesús, pídele que saque de tus ojos la viga que te impide ver y que pone en tu mirada negatividad, dureza, superficialidad, indiferencia, prejuicios...

Deja que él te los ilumine haciéndolos capaces de ver hasta el fondo,  de taladrar la cáscara de la realidad, de descubrir la belleza que se oculta detrás de lo deforme y oprimido, de admirar, a la más pequeña señal, la vida insospechada que apunta en personas o situaciones de las que parece que sólo puede brotar muerte.

Pídele a Jesús, que te permita contemplarle a él como aquel ciego y mantener con él el mismo diálogo: -“¿Crees tú en el Hijo del hombre? El ciego le preguntó: -¿Quién es, Señor, para que crea en él? Jesús le contestó: -Ya lo has visto. Es el que está hablando contigo. Entonces aquel hombre  dijo: - Creo, Señor. Y se postró ante él.”

sábado, 7 de marzo de 2026

La Samarita : Una Mujer que Tiene mucho que Mostrarnos...

Escrito por Carmen La-Chica                       (Fuente : Blog RSCJ - España) 

El evangelio que nos propone la Liturgia es el de la samaritana ¡una mujer que tiene mucho que mostrarnos! 

Nos podemos preguntar si somos personas dispuestas a tener, como ella un encuentro tan íntimo y personal con Jesús. Dejarnos abordar, acoger sus palabras que tocan nuestra fibra más sensible, disponernos a ser cuestionadas en nuestras opciones, etc. Y tras ello, descubrir que hay Alguien que nos ha acogido tal como somos, nos ha valorado, desvelado lo mejor de nosotras mismas y nos revela quién es Él: el restaurador de brechas, el sanador de heridas, el dador de vida y sentido, el Dios Padre y Madre que está deseando derrochar su Amor con nosotras. 

Este diálogo de corazón a corazón entre la samaritana y Jesús nos está invitando a hacer otro tanto; ir soltando capas de excusas, prejuicios, justificaciones y preguntarnos: ¿estoy dispuesto a abrir mi corazón y exponerme? ¿qué me hace retenerme, defenderme, protegerme? ¿a qué tengo miedo? ¿por qué no me fío del todo? 

Que, como ella, salgamos con el corazón lleno de esa alegría contagiosa y anunciemos a los demás, con nuestra vida, gestos, palabras, que nos hemos tropezado con Jesús y ¡nos ha puesto la vida patas arriba! 

¡Feliz Cuaresma, camino hacia la Pascua! 


martes, 3 de marzo de 2026

CUARESMA, Tiempo de Vivir Sin maquillaje y Sin disfraz

                             

Escrito por Pedro Huerta -del Blog :Vivir a la intemperie-

Me ha gustado mucho el mensaje del papa León XIV para esta Cuaresma 2026: resulta tan provocador como sensible, porque nos habla desde una vulnerabilidad que incomoda. En lugar de invitarnos a movilizarnos desde posiciones de poder —una tentación constante incluso en la espiritualidad—, nos pide un desarme absoluto. Nos pide, en definitiva, una conversión real.

Hemos pervertido la palabra “conversión” hasta reducirla a un manual de urbanidad espiritual. Nos han enseñado que convertirse es “portarse mejor», como si vivir el Evangelio fuera un simple curso de perfeccionamiento moral o una técnica de autoayuda. Pero la conversión es algo mucho más radical: supone un desplazamiento real de nuestras ideas arraigadas y de nuestros principios inamovibles.

Convertirse no es ser “más buenos» según los estándares del sistema. No es un maquillaje ético, sino la demolición de nuestras murallas defensivas. Es aprender a detectar las idolatrías que hemos aceptado como hogar: el rendimiento como medida del alma, la imagen como sustituto de la verdad y el éxito como anestesia para el sentido. Si nuestra cuaresma no altera el modo en que nos relacionamos con el otro —especialmente con el que sufre—, no estaremos viviendo una transformación, sino un simulacro. La verdadera conversión nos desinstala de nuestra “amnesia espiritual» y nos obliga a mirar de frente la miseria; no como observadores externos, sino como hermanos.

Otro de los disfraces que solemos mantener tras el carnaval es pensar que la paz no es más que una ausencia de conflicto o una “calma chicha” consoladora. Pero esa es la paz de los cementerios, construida a base de silencios cómplices y conciencias anestesiadas. Frente a ella, el Papa nos propone una paz desarmada y nos lanza un desafío directo: “desarmar el lenguaje”. Esto implica renunciar a las palabras hirientes y a las calumnias que lastiman al otro para proteger nuestra parcela de seguridad.

Estar desarmado es renunciar a la necesidad de tener razón, a la obsesión por el control y a la violencia de nuestras certezas. Es entrar en el desierto, vivir a la intemperie, sin “wifi emocional» y sin el escudo de nuestros privilegios. Solo quien se atreve a habitar su propia fragilidad puede anunciar una paz que no sea sospechosa. Necesitamos palabras desarmadas, que no busquen vencer al otro, sino encontrarlo en la intemperie de la verdad compartida.

Si suavizamos las preguntas difíciles para no perturbar nuestra tranquilidad, nuestra travesía cuaresmal será solo una estrategia de supervivencia; un barniz de valores que no incomodan a nadie porque, sencillamente, ya no tienen vida dentro.

El mensaje de León XIV termina con una invitación verdaderamente “desmaquillante”: se nos pide que el grito de los que sufren encuentre acogida, no solo asistencia. Es el momento de preguntarnos si nuestras vidas edifican la “civilización del amor» o si nos hemos rendido definitivamente a la cultura del ruido y la indiferencia.

La Cuaresma es esa pedagogía que primero nos confronta con nuestra nada para luego regalarnos un sentido que el mundo no siempre quiere entender. Toca quitarse el disfraz y levantar el maquillaje. Toca acoger la vulnerabilidad del mundo como único principio de comprensión. Al final, no se trata de salir con éxito del desierto, sino de salir transformados, habiendo dejado en la arena todas las máscaras que nos sobraban.

viernes, 27 de febrero de 2026

La Transfiguración del Señor Invita a Nuevos Caminos...

Fuente: CEP - Centro de Espiritualidad y Pastoral- Caracas

Ya estamos en la 2ª semana de Cuaresma y este Domingo se nos invita a considerar la Transfiguración del Señor como una experiencia de ida y vuelta, conformada por cuatro aspectos que deciden el hacia dónde de nuestras vidas:  apartarse con Jesús para estar a solas, comprender y comprenderse a partir del diálogo plural, captar la vida mediante la escucha y el silencio y bajar a la realidad del mundo.

Apartarse para estar a solas: Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan…, y los hizo subir a solas con Él a un monte alto. Dejarse llevar por Jesús es hacerle lugar en nuestra vida, casa, institución, sociedad, como lo plantea el Apocalipsis: Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré y cenaré con él y él conmigo (3,20).
Hay circunstancias que requieren estar a solas, apartarnos. Esta toma de distancia o mejor dicho, esta distancia es lo que permite hacer espacio a la reflexión, porque abre un compás de espera (o pausa) entre nuestros razonamientos o convicciones y lo que es la realidad. Así podremos comprender las cosas y la vida como son. La antigua sabiduría nos recuerda el designio de Dios: Sal de tu lugar común y te bendeciré 
(Cf. Génesis 12,1-4).

Que los discípulos vieran conversando a Moisés, a Elías y a Jesús, copó en ellos todo imaginario. La Ley-Justicia y la Verdad-Libertad son fundamentales para la vida personal y cuánto más para la convivencia y la paz, pero serían nefastas si les faltara Bondad-Autenticidad. Si no hay algún grado de benevolencia, la vida se vuelve un infierno. 

Captar la vida mediante la escucha y el silencio. Una nube luminosa los cubrió y de ella salió una voz que dijo: Este es mi Hijo, el escogido, escúchenlo. Si escuchamos a Jesús  descubriremos en Él la forma y modo habitual de encontrarnos con las personas, con el mundo y con el mismo Dios. Jesús será para siempre el reflejo de la presencia de Dios en nuestra existencia.
La escucha supone el silencio. Pero no sólo acallar la palabra verbal sino los múltiples ruidos interiores donde se alojan prejuicios, miedos, desconfianzas. El silencio permite enraizar la propia vida más allá de toda seguridad. Nos ayuda a ser más conscientes de nuestras posibilidades y limitaciones. Sólo así crecemos en humildad y verdad.

Bajar de la montaña a la realidad del mundo. Pedro dijo a Jesús: ¡Qué bueno sería quedarnos aquí! Si quieres, haremos tres chozas, una para Ti, otra para Moisés y otra para Elías. Cuando la realidad nos sorprende, asombra, desborda o se enreda, nuestra  naturaleza  nos hace dar pasos al frente. Con demasiada rapidez queremos zafarnos del curso cotidiano de la vida. Mejor es afrontar con sencillez y honestidad, aunque suponga dolor, la realidad tal cual es.
El encuentro con Dios no es para huir o apartarnos de la vida, sino para bajar y sumergirnos más y mejor en ella. Bajar de la montaña de Dios, es ponernos en sintonía con el mundo para comunicar y contagiar a todos que la vida es más fuerte que la muerte, que es posible pasar del miedo a la calma, del desasosiego a la confianza, de la mentira a la verdad, de la perversidad a la bondad.
Que la Transfiguración del Señor nos interpele para que miremos a la gente, su realidad y la vida con ojos nuevos, misericordiosos y transformadores. De lo contrario corremos el riesgo de proyectar sobre el mundo nuestras convicciones e intereses. Que nos atrevamos a hacer caminos nuevos.