Un espacio para descubrir la presencia de Dios en el desierto de la vida cotidiana...
sábado, 16 de mayo de 2026
La Fiesta de la Ascensión de Jesús, es una Invitcion es Entrar en un Nuevo modo de Relacionarnos con Él...
domingo, 10 de mayo de 2026
El Otro Ayudante
Escrito por +Diego Javier Fares, sj
¡Jesús nos promete otro Ayudante! Me gustó esta palabra que no había visto sustantivada antes para nombrar el Espíritu. Es que “Paráclito” es alguien a quien se “lo llama para que venga en ayuda”, un “pará-kletos”, un “ad–vocatus”, un llamado para que esté junto a uno. Las connotaciones legales que tiene la palabra “a-bogado” tienen su importancia. Porque de última la relación con los demás tiene que ver con la ley, con lo que se debe y no se debe hacer, con lo que está bien y lo que está mal. El Espíritu es el Abogado de una sola ley: la del Amor de Jesús, nuestro Buen Pastor y Amigo incondicional, la del Amor de nuestro Padre, que no se cansa de perdonar a sus hijos. En esta tarea tan hermosa es en la que necesitamos a ese Ayudante que es el Espíritu. Con su vida y su muerte por nosotros, Jesús nos ha mostrado que “Dios es Amor” y sólo amor y que todas sus otras “propiedades”, por decirlo así, son expresiones de ese Amor (Von Balthasar). El Espíritu es que nos ayuda a “traducir” todo lo que dice el Evangelio para comprenderlo como un lenguaje de amor. Y necesitamos un Ayudante que esté a la misma altura que Jesús y el Padre, porque si no, no logramos “entender” bien.
Qué quiero decir. Quiero decir que nuestros esquemas mentales funcionan con otros paradigmas –el del deber, el de la conveniencia, el del individualismo, el de la tecnología…- que no son los del Amor.
Por ejemplo, si tomamos aisladamente la primera frase de Jesús, cuando dice: “si me aman guardarán mis mandamientos”, puede ser que la entendamos como una advertencia, como una condición que termina siendo resulta expulsiva: “Si me amaras, guardarías (cumplirías mejor) mis mandamientos”.
Interiormente puede ser que nuestro esquema mental lea ese “si…” condicional de modo tal que resuene negativamente: “Como no cumplo del todo tus mandamientos, Señor, está claro que te amo poco. Esto ya lo sé”. Escuchamos en clave de “deber”, de intercambio comercial: “me das para que te dé”, “me das si…”.
Leamos la frase siguiente: “Yo le pediré al Padre que les dé otro Defensor, que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad”.
¿Por qué agregaría Jesús esto de un Defensor, de un Abogado, sino porque ya sabe que para guardar sus mandamientos necesitamos ayuda? Y si a ese ayudante le llama “Defensor”, es porque sabe que somos atacados, que el “acusador” nos culpa y nos trata de hacer sentir que “no guardamos sus mandamientos”, que “no somos merecedores de un amor así”, que “nunca podremos cumplir perfectamente todo”…
Jesús dice que “le pedirá al Padre que nos dé al Defensor, al Paráclito, el que se nos pone al lado y defiende en nosotros nuestra actitud ante el amor. Esta frase – “le rogaré al Padre”- suena como un “yo los comprendo, sé lo que les pasa, lo que sienten”. Y como lo sé, se lo puedo…, no diría “traducir” a mi Padre, porque el Padre conoce todo, pero sí “insistir” o “interceder”.
Pareciera que Jesús no sólo nos ayuda a nosotros sino que le ayuda al Padre!
Pero ¿para qué interceder si el Padre ya lo sabe?
¿Para qué le dice un padre su hijito que le va a pedir a la mamá para que le dé un permiso si se lo puede dar él o ya sabe que la madre se lo va a dar?
Son cosas que hace el amor, que suma personas a una misma decisión, al revés que en el trabajo, en el que vale más la economía de fuerzas y que cada uno haga lo suyo. En el amor es mejor cuando dos o tres hacen lo mismo, dicen lo mismo, preguntan varias veces, van y vienen…
Este diálogo de Jesús tiene el mismo tono que el de ese niño sirio que le dijo a su médico: cuando muera le voy a contar todo a Dios. Ese Niño es Jesús, el que le cuenta todo al Padre.
Fíjense cómo estamos en un esquema mental totalmente distinto a los que solemos usar. En los esquemas del Amor, la ayuda no es meramente funcional o signo de “carencias”. Jesús le ayuda al Padre “intercediendo” así como nos ayuda a nosotros “mandándonos”. El amor ayuda también sin necesidad, aunque el otro pueda hacerlo solo. El amor ayuda por el gusto de ayudar, como expresión del querer estar con el otro, compartiendo su tarea…
Es otro esquema. Y necesitamos mucha ayuda, es más Un Ayudante personalizado para este tema.
Leamos ahora la tercera frase, que dice: “El mundo no puede recibir a este Ayudante, porque no lo ve ni lo conoce; ustedes, en cambio, lo conocen, porque vive con ustedes y está con ustedes”.
¿Cómo es esto de que ya lo conocemos y de que ya vive y está con nosotros? Se trata de Alguien que, por lo que parece, sólo lo puede recibir alguien para el que ya es Familiar. Es que somos como los niños, pequeños, que no se dejan ayudar por cualquiera, ¿vieron?
Esto es muy lindo, es una característica del Espíritu Santo: cuando viene, viene como uno que estuvo siempre, como un viejo amigo, no como Alguien con el que hay que comenzar a hacer entrevistas a ver si cuajamos. Un amigo me decía ayer algo así como que el Espíritu “sobrevuela los tiempos”: viene del futuro, pero como el que estuvo desde siempre; se hace presente como el que, siendo conocido, se muestra sorprendentemente renovado; se lo recuerda como a esas personas que están tan mimetizadas con su misión que “no las vemos” pero cuando las vemos, caemos en la cuenta de que siempre estuvieron.
La siguiente frase de Jesús, nuestro Primer Ayudante, es como si adivinara nuestros sentimientos más íntimos: “no los dejo huérfanos”. Nosotros pensamos que está todo bien pero que el Señor se fue y experimentamos la orfandad. Pues bien, en el Espíritu no hay orfandad: Jesús y el Padre habitan en nosotros y nos hacen experimentar su amor.
De nuevo insiste el Señor con lo de cumplir sus mandamientos. Pero ahora, con la Ayuda del Espíritu, nos suena distinto: son todos mandamientos que expresan, trascendentalmente, al único mandamiento de permanecer en su amor.
¿Cómo se permanece en el amor?
Amando, por supuesto. Pero antes, dejándonos ayudar.
Pero escuchemos bien, no dejándonos ayudar para hacer después las cosas solos de una buena vez (esquema mental errado), sino recibiendo al Ayudante en nuestra vida como Alguien que “estará con nosotros de modo permanente”. Y, mejor aún, si con esto de que el Espíritu sobrevuela los tiempos, cayendo en la cuenta de que lo poco o mucho que se de Jesús y que practico ha sido todo (todo) gracias a su ayuda.
Permanecer en el amor de Jesús y del Padre es ingeniarnos para dejarnos ayudar a ser amados y a amar en toda situación.
Permanecer en el amor es dejarnos ayudar como el ciego Bartimeo, y gritar fuerte cuando intuimos, en nuestra ceguera, que Jesús pasa… La gente lo chistaba para que se callara, pero Alguien le dijo “ánimo, levántate, Él te llama”. Ese es el Ayudante que tiene sus “asistentes”, la gente “de buen espíritu”.
Permanecer en el amor es dejarnos ayudar como la hemorroisa y animarnos a seguir una corazonada, la de tocar aunque más no sea la orla del manto de Jesús. Las corazonadas son ayudas del Ayudante. ¡De quién si no!
Permanecer en el amor es dejarnos ayudar como Zaqueo, fiándonos de ese poder de cálculo tan especial de un prestamista, que lo lleva a primerear, a subirse a la morera en el lugar justo y a tener las cuentas hechas para devolver y repartir sus bienes. Los cálculos del amor son ayudas del Ayudante: hacen que las cuentas cierren milagrosamente.
Permanecer en el amor es dejarnos ayudar como Simón Pedro, aguantando la vergüenza de haber sido tan flojos y traidores y no escaparnos cuando Jesús se toma tiempo y nos interroga prolijamente insistiendo en querer saber cuánto y cómo lo amamos y si de verdad somos sus amigos. El saber ponerse colorado por no escaparle al amor es ayuda del Ayudante y nos pone de tan buen humor!
Permanecer en el amor es dejarnos ayudar para poder cumplir sus mandamientos de cuidar a los pequeñitos, de no escandalizarlos, de servirles agua, alimento, de darles ropa limpia, techo y cariño. El Ayudante que nos dejó Jesús se muestra especialmente eficaz y cariñoso en esta tarea y el signo (escuchemos bien los colaboradores y voluntarios de las obras de caridad) el signo de que uno cuenta con la ayuda del Ayudante es que se deja ayudar y coordinar junto con los demás, porque “el Espíritu todo lo coordina para el bien común”.
“Ciertamente, hay diversidad de dones, pero todos proceden del mismo Espíritu. Hay diversidad de ministerios, pero un solo Señor. Hay diversidad de actividades, pero es el mismo Dios el que realiza todo en todos. En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien común” (1 Cor 12, 4-7).
Permanecer en el amor es dejarse ayudar para poder adorar al Padre en Espíritu y en Verdad. Sin el Ayudante no podemos rezar. Él es el que nos hace gemir y decir Abba Padre y Jesús ten piedad de mí, pecador.
Permanecer en el amor es no entristecer al Ayudante: dejá que te defienda Él, no te defiendas solo; dejá que te conduzca, no te apures ni te cortes solo, dejá que te consuele, pedicelo, es una gracia, dejá que te enseñe.
Permanecer en el amor es dejarnos ayudar por la primera Ayudante del Espíritu, nuestra Señora. Ella es el testimonio patente de la ayuda del Espíritu a los pequeñitos del pueblo fiel de Dios.
Diego Fares
viernes, 8 de mayo de 2026
Virgen de Lujan
sábado, 2 de mayo de 2026
Yo Soy el Camino Verdadero de tu Vida...
Escrito por Anselm Grüm, -de su Libro: Imágenes de Jesús-
PARA TERMINAR CON UN MOMENTO CONTEMPLATIVO
Entrégate hoy concientemente al camino que te toca andar.
- ¿A dónde vas? ¿Qué significa caminar, estar en camino?
- ¿Qué significa para vos: VIDA?
- ¿En que momentos te sientes lleno de vitalidad?
- ¿Qué necesitas para vivir?
- ¿Qué es lo que te ayuda a vivir?
- ¿Qué es para vos la verdad?
- ¿Te enfrentas con tu propia verdad o más bien le escapas?
domingo, 26 de abril de 2026
Nuestro Bello Pastor Pone en Juego la Vida...
sábado, 18 de abril de 2026
Emaús, el Camino de la Incertidumbre a la Esperanza...
- Cuánto desasosiego por el futuro incierto de una vida diferente, anhelada, buscada, cultivada.
- Cuántas apuestas se impacientan por las esperas agobiantes de unos cambios que demoran en llegar.
- Cuánta energía invertida para que aparezca una luz que nos saque definitivamente de las tinieblas.
jueves, 9 de abril de 2026
Instrucciones para el Tercer Día
domingo, 5 de abril de 2026
La Resurrección en trece verbos...
viernes, 3 de abril de 2026
Viernes Santo - Entregar el Espiritu
Escrito por Dolores Aleixandre rscj y Mª Dolores López Guzmán
Sácame de la red que me han tendido,porque tú eres mi amparo.
A tus manos encomiendo mi espíritu:tú, el Dios leal, me librarás (Sal 31,5)
La entrega llegó al extremo. No se quedó con nada. Se despojó de todo: de sus vestiduras, sus amigos, su madre… No fue una entrega dulce, rodeada de cariño y de una atmósfera pacífica, sino de voces que clamaban contra él. En tus manos están mis azares; líbrame de mis enemigos que me persiguen (Sal 31,16). Habría sido suficiente con morir. Un paso dramático para quien ama la vida. Pero el instante mortal estuvo acompañado de una jauría humana. ¿Qué ganas con mi muerte, con que yo baje a la fosa? ¿Te va a dar gracias el polvo, o va a proclamar tu lealtad? (Sal 30,10).
Y así como el Padre había puesto todo en manos del Hijo (Jn 3,35), ahora el Hijo confiará su vida a su Padre para que hiciera algo con ella. Por eso las palabras del salmo resonaron en su interior. Padre a tus manos encomiendo mi espíritu (Sal 31,5; Lc 23,46). No había nadie mejor para que se hiciera cargo de lo más sagrado de su persona. El salmista pensó que Dios lo libraría de la muerte; Jesús, que obraría un milagro mayor abriendo la puerta de la resurrección. Una vía nueva fruto de la acción creadora propia de las manos de Dios. El Padre no solo recibió el espíritu de Jesús sino que lo hizo aún más fecundo.
Momento para Contemplar
Respiro en silencio. Lleno los pulmones de aire hasta lo más profundo. Realizo cuatro compases (inhalar, retener, expulsar, retener) invirtiendo cuatro segundos en cada uno de ellos. No busco palabras, ni discurso. Solo sentir el roce del aire al entrar en mi cuerpo. Simplemente tomo conciencia de que de Él recibo la vida.
Miro a mi alrededor. Recuerdo que todo ser viviente pasará la travesía de la muerte. Como decía el poeta Jorge Manrique “nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar, que es el morir”. Dirijo peticiones a Dios, como a un buen amigo, para que nos ayude a ponernos desnudamente en sus manos.
martes, 31 de marzo de 2026
Cada Semana Santa se nos Presenta como un Mapa de nuestras Contradicciones...
Cada Semana Santa se nos presenta como un mapa de nuestras contradicciones. No viene a darnos respuestas masticadas ni a resolver, mágicamente, las tensiones que nos desgarran por dentro. Al contrario: es una invitación a mirar de frente nuestras ruinas, a encontrar su sitio en el resto de la existencia y a descubrir que, precisamente en el epicentro de esa contradicción, es donde empieza a latir lo nuevo.
Nuestras contradicciones no son un error del sistema ni una mancha en el expediente; son el síntoma de nuestra libertad. Lo que elegimos y lo que evitamos, lo que proclamamos a gritos y lo que silenciamos por miedo… todo eso convive en el campo abierto donde se construye una vida auténtica. Intentar vivir ignorando nuestras sombras es como limpiar una casa tirando los muebles por la ventana: eliminamos lo que molesta, pero nos quedamos sin nada que dé sentido al hogar. Estos días son para bajar al sótano, ahí donde la contradicción no solo duele, sino que revela quiénes somos realmente bajo la piel de la costumbre.
El relato de la Pasión es, en esencia, un tratado sobre la tensión humana. No es una historia de héroes inmaculados, sino de cobardes que huyen y amigos que traicionan. Lo asombroso es que el acto más libre y luminoso de Jesús no ocurre a pesar de esas traiciones, sino a través de ellas. La entrega se cocina en el barro de la debilidad. Es ahí donde las máscaras se agrietan y el amor, rodeado de cálculos mezquinos, muestra su verdadera fuerza transformadora. Como bien decía Paul Claudel: «Dios no vino a explicar el sufrimiento, sino a llenarlo con su presencia». La cruz, por tanto, no es el final del camino, sino el lugar donde la presencia se hace carne en lo que parece perdido.
Aquí aparece la gran paradoja: para saborear la vida en plenitud, hay que aprender a abrazar la propia finitud. No hablo de un mero aceptar la propia muerte, sino de acoger lo que se acaba desde su realidad y crudeza: un proyecto, una relación o esa imagen idealizada que tenemos de nosotros mismos. Cada vez que algo muere en nuestras manos, se abre la posibilidad de una versión más real de nuestra existencia. El equilibrio no consiste en esquivar la herida, sino en reconocer que la herida es, a menudo, por donde entra la luz. Lo recordaba con dureza Léon Bloy: «Hay lugares en el corazón humano que todavía no existen, y para que existan es necesario que entre en ellos el dolor». Sin esa apertura, la vida se vuelve plana, protegida, pero estéril.
Esa misma tensión habita en los símbolos que contemplamos en estos días: pan roto, madera pesada, clavos que hieren, un sepulcro que se cierra. El riesgo es que se vuelvan piezas para nuestro particular museo espiritual, rutinas que protegen el sentimiento pero no salvan el alma. La fe no se nutre de repeticiones, sino de traducciones urgentes:
- ¿Qué es hoy ese pan que debe partir mi egoísmo?
- ¿Qué maderos cargan hoy los que caminan a mi lado en el anonimato de la calle?
- ¿Qué silencios me están gritando que el tiempo del «siempre igual» se ha terminado?
Sin esta relectura, los ritos son solo ruido; con ella, son el mapa de nuestra propia transformación.
La Semana Santa no es una liturgia cerrada. Es el espacio donde lo roto encuentra, por fin, su lugar. La salvación no llega cuando todo encaja perfectamente en nuestros esquemas, sino cuando aceptamos un amor que desborda cualquier cálculo. Lo nuevo está brotando ya en la misma entraña del desorden, aunque todavía nos cueste reconocerlo entre las sombras del viernes.
Nos quedamos aquí, ante la piedra sellada y el silencio que pesa, no con la resignación del que espera un final, sino con la inquietud del que sabe que algo está a punto de romperse para siempre. Porque solo quien ha sostenido la mirada a la muerte está preparado para reconocer, al tercer día, el pulso de una vida nueva.
domingo, 29 de marzo de 2026
ENTRADA a la SEMANA SANTA...Papa Francisco.
- ¿Quién soy yo?
- ¿Quién soy yo delante a mi Señor?
- ¿Quién soy yo delante a Jesús que entra festivamente en Jerusalén?
- ¿Soy capaz de expresar mi alegría, de alabarlo, o tomo distancia?
- ¿Estoy yo delante a Jesús que sufre?
- Hemos sentido tantos nombres, tantos nombres. Grupos de dirigentes, algunos eran sacerdotes, algunos fariseos, algunos maestros de la ley que habían decidido asesinarlo. Esperaban la oportunidad de apresarlo".
- "¿Soy yo como uno de ellos? Y hemos sentido otro nombre: ¡Judas!, treinta monedas. ¿Soy yo como Judas? Hemos sentido otros nombres, los discípulos que no entendían nada, que se dormían mientras el Señor sufría. ¿Mi vida está dormida? O soy como los discípulos que no querían quizás traicionar a Jesús? ¿O como aquel otro discípulo que quería solucionar todo con la espada. Soy yo como ellos?”.
- “¿Soy yo un Judas que recita de amarlo y besa al Maestro para entregarlo, traicionarlo? ¿Soy un traidor? ¿Soy como esos dirigentes que rápidamente constituyen el tribunal y buscan falsos testimonios? ¿Soy yo como ellos? ¿Y cuando hago estas cosas si las hago, creo que con esto salvo al pueblo?
- ¿Soy yo como Pilato, que cuando veo que la situación se pone difícil me lavo las manos, no sé asumir mi responsabilidad y dejo condenar o condeno yo a las personas?”.
- “¿Soy yo como aquella multitud que no sabía bien si estaban en una reunión religiosa, en un juicio o en un circo, y elige a Barrabás? Para ellos era lo mismo, era más divertido para humillar a Jesús.
- ¿Soy yo como los soldados que golpean al Señor, le escupen, lo insultan, se divierten con la humillación del Señor?
- ¿Soy yo como el cireneo que volvía del trabajo, cansado, pero tuvo la buena voluntad de ayudar al Señor a cargar la cruz?".
- "¿Soy yo como aquellos que pasaban delante a la cruz y hacían sus burlas a Jesús?: 'Tanto coraje, que baje de la cruz y creeremos en él'. La burla de Jesús.
- ¿Soy yo como aquellas mujeres llenas de coraje, como la madre de Jesús, que estaba allí y sufría en silencio?
- ¿Soy yo como José, el discípulo escondido que lleva el cuerpo de Jesús para darle sepultura?”.
- “¿Soy yo como estas dos Marías que se quedan en la puerta del sepulcro llorando, rezando?
- ¿Soy yo como estos dirigentes que el día siguiente van a lo de Pilatos para decirle: 'Mire que éste decía que iba a resucitar; que no suceda otro engaño' y bloquean la vida, el sepulcro, para defender la doctrina, para que la vida no venga afuera.
- ¿Dónde está mi corazón?
- ¿A cuál de ellos me asemejo?
miércoles, 25 de marzo de 2026
Responder a Dios como María...
domingo, 22 de marzo de 2026
"Jesús se puso a llorar"
Escrito por Tony Catala
“Jesús se echó a llorar”, el versículo mas breve del todos los evangelios y el más humano. El Hijo del Dios Vivo llorando por la muerte de su amigo Lázaro. Que pena tanta disquisición histórica sobre si lloraba en cuanto hombre y no en cuanto Dios, que si llorar es debilidad y el Dios impasible no puede llorar porque en él no hay cambio ni mutación… ¿Es que Dios no podía tener amigos? ¿Por qué le negamos a nuestro Dios que es Amor lo más humano del amor que es llorar por los que se quiere?
Un Dios que no llore con los que hoy están llorando por la separación de los que se quiere, en muchos casos definitiva, y con los que están doloridos por la falta de cercanía de su gente no sería el Compasivo. Hemos celebrado estos domingos a Jesús como Manantial de Agua viva, como Luz del mundo, hoy celebramos el Amor conmovido que ofrece Resurrección y Vida porque él es la Fuente de la Vida.
Jesús se conmovió ante la soledad de la viuda de Naím a la que se le ha muerto el hijo único. Jesús levantó al muchacho del lugar de la muerte y se lo devolvió a su madre. A Jesús se le acerca Jairo, jefe de sinagoga y por lo tanto ni seguidor ni simpatizante, pidiéndole que haga algo por su “niña que está en la ultimas”. Jesús le pide que tenga fe, se va con él a su casa, levanta a la niña del lugar de la muerte y vuelve la alegría a la casa. Jesús se pone en camino cuando se entera que su amigo Lázaro ha muerto, “es que Lázaro, Marta y María eran muy amigos de Jesús”, dice el evangelio.
Estas son la tres “resurrecciones” que se narran en los evangelios. Jesús conmovido da vida a la viuda abatida de la casa de Israel sin pedirle nada a cambio, ni tan siquiera fe. Sana el dolor de Jairo, “enemigo religioso”, que se acerca y busca a Jesús y éste no sólo no lo rechaza, sino que lo acompaña a casa, le pide que abra su corazón (“si tienes fe…”) al Dios de la Vida y esa casa recupera la alegría. Marta, María y lázaro son muy amigos y la muerte ha quebrado esa amistad. Jesús resucita a Lázaro porque son amigos y punto. Así se manifiesta la gloria de Dios.
Jesús genera vida porque es Vida. Es evidente que el hijo de la viuda, la hija de Jairo y Lázaro volvieron a morir. La Resurrección como Vida Definitiva junto al Compasivo sólo la confesamos de Jesús, pero en virtud de este “confesar con la boca y creer de corazón” que Jesús es el Viviente y que la muerte no tiene la última palabra vivimos confiadamente en que él rescata “nuestra vida de la fosa y nos colma de gracia y de ternura” (Sal 103) En las primeras comunidades quedó grabado el recuerdo vivo de que Jesús de Nazaret pasó haciendo el bien porque su Dios era un Dios de Vivos y no de muertos.
Al igual que sacó a Lázaro de la “cavidad cubierta con una losa” vamos a seguir deseando, pidiendo, orando que en estos momentos de adversidad nos saque de nuestras cavidades de desesperanza, de desanimo, de miedos paralizantes, de bloqueos… que las lágrimas de amistad de Jesús nos saquen de la oscuridad y lo sigamos siguiendo como Resurrección y Vida.
La Resurrección de Lazaro
Escrito por Carmina Navia Velazco
Este pasaje del evangelio en el que se nos narra la llegada de Jesús a Betania y el encuentro con su amigo muerto, resulta inmensamente rico en significados e invitaciones. No voy a realizar una mirada exhaustiva, voy a destacar algunos aspectos. Lo primero que quiero señalar es la experiencia de amistad del Profeta de Nazaret. Jesús encuentra siempre en los hermanos de Betania un nicho en el cual refugiarse antes o después de sus confrontaciones y conflictos con Jerusalén centro de los poderes religioso y político de su entorno, antes y después de sus temores frente a una realidad que le es hostil. Esa casa, su comunidad de Betania, es para él un vientre materno al que siempre puede llegar.
En esta ocasión encuentra que Lázaro, su amigo personal, su apoyo, su “par”, le ha sido arrebatado por la muerte. Jesús se conmueve y llora ante su tumba. “La amistad tiene el sabor de la vida cotidiana, de los espacios domésticos, del pan que se reparte, de las horas vulgares; sabe a intimidad, a conversaciones pausadas, al tiempo invertido en los detalles, a risas y lágrimas, a una exposición confiada” … nos dice José Tolentino Mendoza en su Teología de la amistad. Todo esto ha perdido Jesús al perder a Lázaro. Llora desde sus entrañas esa pérdida, los testigos al presenciar su llanto, expresan en voz alta: ¡Miren como lo quería! Se trata de un cuadro que no deja lugar a dudas sobre la humanidad del maestro galileo que debería bastar para echar por tierra tantas “divinizaciones” fuera de lugar que se montan alrededor de su vida y figura.
La narración continúa y nos muestra la conversación entre Marta y Jesús. Una conversación de tintes teológicos [Una vez más Jesús dialoga teológicamente con una mujer]. Y Marta realiza su “confesión”, su afirmación de que a ella le ha sido revelada la naturaleza real de su amigo y la culminación de su misión: Yo creo que tú eres el Cristo. De alguna manera podemos considerar que Juan es el evangelio de las mujeres, en su relato, ellas varias veces interpelan al Maestro, le preguntan o discuten y él se les muestra directamente sin ningún tipo de mediaciones varoniles. Esto de la nula necesidad de mediación, es importante.
Así como en algún momento María de Betania se anticipa a ungir a Jesús para su sepultura, Marta se anticipa a anunciar su condición de Mesías, de Ungido. Esta mujer nos invita a todas las seguidoras del Maestro a incursionar en su verdad, en su “fuente” de vida, en su proyecto para hacer parte de él, para tomar la iniciativa y la palabra, para vivenciar su amistad… Una amistad que se puede trenzar a través de los tiempos y en la vivencia de su presencia siempre entre nosotras en la actualización de su palabra y en la encarnación que podemos hacer de su mensaje: Ámense unos a otros como yo los amé. Los relatos evangélicos nos muestran a Marta alguna vez en el servicio de la comensalía y en esta ocasión en la interpelación teológica… caminos ambos a desarrollar desde nuestro ser de mujeres.
Las relaciones que se tejen con Jesús en la casa de Betania, son relaciones inspiradoras que señalan caminos de acogida y de amor. Estamos ante un modelo de comunidad: círculo pequeño de acogida, de vida cotidiana, de reflexión, de intercambios variados… pero, sobre todo: comunidad/amistad que se hace fuerte en el compartir y también en el dolor cuando este llega.
jueves, 19 de marzo de 2026
San Jose un modo de vivir en servicio y la humildad...
domingo, 15 de marzo de 2026
Curación del Ciego de Nacimiento...
Lee la narración de la curación del ciego de nacimiento, contempla luego las sucesivas escenas, como si el ciego fueras tú mismo y fueras reconociendo tus cegueras:
Ceguera de la posesividad que te hace mirar las personas o las cosas a partir de tu propio interés;
Ceguera que te impide ver más allá de las apariencias de los otros;
Ceguera de la codicia que te mantiene apresado en el deseo de acumular o de triunfar sin límites...
Ponte junto a Jesús, pídele que saque de tus ojos la viga que te impide ver y que pone en tu mirada negatividad, dureza, superficialidad, indiferencia, prejuicios...
Deja que él te los ilumine haciéndolos capaces de ver hasta el fondo, de taladrar la cáscara de la realidad, de descubrir la belleza que se oculta detrás de lo deforme y oprimido, de admirar, a la más pequeña señal, la vida insospechada que apunta en personas o situaciones de las que parece que sólo puede brotar muerte.
sábado, 7 de marzo de 2026
La Samarita : Una Mujer que Tiene mucho que Mostrarnos...
Escrito por Carmen La-Chica (Fuente : Blog RSCJ - España)
El evangelio que nos propone la Liturgia es el de la samaritana ¡una mujer que tiene mucho que mostrarnos!
Nos podemos preguntar si somos personas dispuestas a tener, como ella un encuentro tan íntimo y personal con Jesús. Dejarnos abordar, acoger sus palabras que tocan nuestra fibra más sensible, disponernos a ser cuestionadas en nuestras opciones, etc. Y tras ello, descubrir que hay Alguien que nos ha acogido tal como somos, nos ha valorado, desvelado lo mejor de nosotras mismas y nos revela quién es Él: el restaurador de brechas, el sanador de heridas, el dador de vida y sentido, el Dios Padre y Madre que está deseando derrochar su Amor con nosotras.
Este diálogo de corazón a corazón entre la samaritana y Jesús nos está invitando a hacer otro tanto; ir soltando capas de excusas, prejuicios, justificaciones y preguntarnos: ¿estoy dispuesto a abrir mi corazón y exponerme? ¿qué me hace retenerme, defenderme, protegerme? ¿a qué tengo miedo? ¿por qué no me fío del todo?
Que, como ella, salgamos con el corazón lleno de esa alegría contagiosa y anunciemos a los demás, con nuestra vida, gestos, palabras, que nos hemos tropezado con Jesús y ¡nos ha puesto la vida patas arriba!
¡Feliz Cuaresma, camino hacia la Pascua!
martes, 3 de marzo de 2026
CUARESMA, Tiempo de Vivir Sin maquillaje y Sin disfraz
Escrito por Pedro Huerta -del Blog :Vivir a la intemperie-
Me ha gustado mucho el mensaje del papa León XIV para esta Cuaresma 2026: resulta tan provocador como sensible, porque nos habla desde una vulnerabilidad que incomoda. En lugar de invitarnos a movilizarnos desde posiciones de poder —una tentación constante incluso en la espiritualidad—, nos pide un desarme absoluto. Nos pide, en definitiva, una conversión real.
Hemos pervertido la palabra “conversión” hasta reducirla a un manual de urbanidad espiritual. Nos han enseñado que convertirse es “portarse mejor», como si vivir el Evangelio fuera un simple curso de perfeccionamiento moral o una técnica de autoayuda. Pero la conversión es algo mucho más radical: supone un desplazamiento real de nuestras ideas arraigadas y de nuestros principios inamovibles.
Convertirse no es ser “más buenos» según los estándares del sistema. No es un maquillaje ético, sino la demolición de nuestras murallas defensivas. Es aprender a detectar las idolatrías que hemos aceptado como hogar: el rendimiento como medida del alma, la imagen como sustituto de la verdad y el éxito como anestesia para el sentido. Si nuestra cuaresma no altera el modo en que nos relacionamos con el otro —especialmente con el que sufre—, no estaremos viviendo una transformación, sino un simulacro. La verdadera conversión nos desinstala de nuestra “amnesia espiritual» y nos obliga a mirar de frente la miseria; no como observadores externos, sino como hermanos.
Otro de los disfraces que solemos mantener tras el carnaval es pensar que la paz no es más que una ausencia de conflicto o una “calma chicha” consoladora. Pero esa es la paz de los cementerios, construida a base de silencios cómplices y conciencias anestesiadas. Frente a ella, el Papa nos propone una paz desarmada y nos lanza un desafío directo: “desarmar el lenguaje”. Esto implica renunciar a las palabras hirientes y a las calumnias que lastiman al otro para proteger nuestra parcela de seguridad.
Estar desarmado es renunciar a la necesidad de tener razón, a la obsesión por el control y a la violencia de nuestras certezas. Es entrar en el desierto, vivir a la intemperie, sin “wifi emocional» y sin el escudo de nuestros privilegios. Solo quien se atreve a habitar su propia fragilidad puede anunciar una paz que no sea sospechosa. Necesitamos palabras desarmadas, que no busquen vencer al otro, sino encontrarlo en la intemperie de la verdad compartida.
Si suavizamos las preguntas difíciles para no perturbar nuestra tranquilidad, nuestra travesía cuaresmal será solo una estrategia de supervivencia; un barniz de valores que no incomodan a nadie porque, sencillamente, ya no tienen vida dentro.
El mensaje de León XIV termina con una invitación verdaderamente “desmaquillante”: se nos pide que el grito de los que sufren encuentre acogida, no solo asistencia. Es el momento de preguntarnos si nuestras vidas edifican la “civilización del amor» o si nos hemos rendido definitivamente a la cultura del ruido y la indiferencia.
La Cuaresma es esa pedagogía que primero nos confronta con nuestra nada para luego regalarnos un sentido que el mundo no siempre quiere entender. Toca quitarse el disfraz y levantar el maquillaje. Toca acoger la vulnerabilidad del mundo como único principio de comprensión. Al final, no se trata de salir con éxito del desierto, sino de salir transformados, habiendo dejado en la arena todas las máscaras que nos sobraban.

















