Un espacio para descubrir la presencia de Dios en el desierto de la vida cotidiana...
domingo, 2 de mayo de 2021
Permanecer en Jesús y ser sus amigos...
viernes, 16 de abril de 2021
COMUNICACION IMPORTANTE!
Amigos y Amigas de ESPIRITUALIDAD COTIDIANA:
Me ha comunicado BLOGGER que próximamente ya no se enviaran las nuevas publicaciones a sus correos.
Para acceder al BLOG les propongo descarguen en sus celulares el blog y puedan tenerlo para acceder rápidamente.
Gracias a cada uno!
Emaús =Camino de Regreso desde la Desesperanza...
- El camino que lleva a Emaús es el camino de los desilusionados, de los tristes, de los que sienten el fracaso y deciden abandonarlo todo y refugiarse de nuevo sí mismos.
- El camino de los que caminan por la vida lamentando lo que “ha pasado estos días”.
- El camino de los que no han entendido el misterio de la Cruz, y son incapaces de comprender que pueda estar vivo, a pesar de lo que “han dicho algunas mujeres”.
- El camino de los que han comenzado y que, con la sensación del fracaso, porque no ha respondido a sus intereses personales, regresan a donde habían partido.
- El camino de los que un día sintieron la ilusión de la llamada y ahora sienten el vacío de la desilusión.
- El camino de los que no entienden los caminos de Dios y prefieren la seguridad de sus propios caminos.
- El camino de los tristes cuyos ojos están cerrados a las luces de la Pascua.
- Emaús es el lugar donde las tristezas se convierten la fiesta de la alegría.
- Emaús es el lugar donde las dudas se hacen certezas.
- Emaús es el lugar donde las desilusiones vuelven a florecer en ilusiones nuevas.
- Emaús es el lugar donde los fracasos se convierten en nuevas energías.
- Emaús no es el final de un camino, sino el comienzo de un camino nuevo.
- Emaús es la experiencia de cómo la compañía del resucitado calentaba sus corazones, aún sin reconocerlo.
- Emaús es el camino del regreso, de la vuelta a casa, de la vuelta a la comunidad abandonada.
- Emaús es el camino de los que han visto y corren a compartir su experiencia pascual con los demás.
lunes, 5 de abril de 2021
Ir a Galilea significa, ante todo, Empezar de Nuevo...
"Las
mujeres pensaron que iban a encontrar el cuerpo para ungirlo, en cambio,
encontraron una tumba vacía. Habían ido a llorar a un muerto, pero en su lugar
escucharon un anuncio de vida. Por eso, dice el Evangelio que aquellas mujeres
estaban «asustadas y desconcertadas» (Mc 16,8), estaban asustadas,
temerosas y desconcertadas. Desconcierto: en este caso es miedo mezclado con
alegría lo que sorprende sus corazones cuando ven la gran piedra del sepulcro
removida y dentro un joven con una túnica blanca. Es la maravilla de escuchar
esas palabras: «¡No se asusten! Aquel al que buscan, Jesús, el de Nazaret, el
crucificado, resucitó» (v. 6). Y después esa invitación: «Él irá delante de
ustedes a Galilea y allí lo verán» (v. 7). Acojamos también nosotros esta invitación, la invitación
de Pascua: vayamos a Galilea, donde el Señor resucitado nos precede. Pero,
¿qué significa “ir a Galilea”?
Ir a
Galilea significa, ante todo, empezar de nuevo. Para los discípulos
fue regresar al lugar donde el Señor los buscó por primera vez y los llamó a
seguirlo. Es el lugar del primer encuentro y el lugar del primer amor. Desde
aquel momento, habiendo dejado las redes, siguieron a Jesús, escuchando su
predicación y siendo testigos de los prodigios que realizaba. Sin embargo,
aunque estaban siempre con Él, no lo entendieron del todo, muchas veces
malinterpretaron sus palabras y ante la cruz huyeron, dejándolo solo. A pesar
de este fracaso, el Señor resucitado se presenta como Aquel que, una vez más,
los precede en Galilea; los precede, es decir, va delante de ellos. Los llama y
los invita a seguirlo, sin cansarse nunca. El Resucitado les dice: “Volvamos a
comenzar desde donde habíamos empezado. Empecemos de nuevo. Los quiero de nuevo
conmigo, a pesar y más allá de todos los fracasos”. En esta Galilea
experimentamos el asombro que produce el amor infinito del Señor, que traza
senderos nuevos dentro de los caminos de nuestras derrotas. El Señor es así,
traza senderos nuevos dentro de los caminos de nuestras derrotas. Él es así y
nos invita a ir a Galilea para hacer lo mismo.
Este es
el primer anuncio de Pascua que quisiera ofrecerles: siempre es posible
volver a empezar, porque siempre existe una vida nueva que Dios es capaz de
reiniciar en nosotros más allá de todos nuestros fracasos. Incluso de los
escombros de nuestro corazón —cada uno de nosotros los sabe, conoce las ruinas
de su propio corazón—, incluso de los escombros de nuestro corazón Dios puede
construir una obra de arte, aun de los restos arruinados de nuestra humanidad
Dios prepara una nueva historia. Él nos precede siempre: en la cruz del
sufrimiento, de la desolación y de la muerte, así como en la gloria de una vida
que resurge, de una historia que cambia, de una esperanza que renace. Y en
estos meses oscuros de pandemia oímos al Señor resucitado que nos invita a
empezar de nuevo, a no perder nunca la esperanza.
Ir a
Galilea, en segundo lugar, significa recorrer nuevos caminos. Es
moverse en la dirección opuesta al sepulcro. Las mujeres buscaban a Jesús en la
tumba, es decir, iban a hacer memoria de lo que habían vivido con Él y que
ahora habían perdido para siempre. Van a refugiarse en su tristeza. Es la
imagen de una fe que se ha convertido en conmemoración de un hecho hermoso pero
terminado, sólo para recordar. Muchos —incluso nosotros— viven la “fe de los
recuerdos”, como si Jesús fuera un personaje del pasado, un amigo de la
juventud ya lejano, un hecho ocurrido hace mucho tiempo, cuando de niño asistía
al catecismo. Una fe hecha de costumbres, de cosas del pasado, de hermosos
recuerdos de la infancia, que ya no me conmueve, que ya no me interpela. Ir a
Galilea, en cambio, significa aprender que la fe, para que esté viva, debe
ponerse de nuevo en camino. Debe reavivar cada día el comienzo del viaje, el
asombro del primer encuentro. Y después confiar, sin la presunción de saberlo
ya todo, sino con la humildad de quien se deja sorprender por los caminos de
Dios. Nosotros tenemos miedo de las sorpresas de Dios, normalmente tenemos
miedo de que Dios nos sorprenda. Y hoy el Señor nos invita a dejarnos
sorprender. Vayamos a Galilea para descubrir que Dios no puede ser depositado
entre los recuerdos de la infancia, sino que está vivo, siempre sorprende.
Resucitado, no deja nunca de asombrarnos.
Luego,
el segundo anuncio de Pascua: la fe no es un repertorio del pasado, Jesús no es
un personaje obsoleto. Él está vivo, aquí y ahora. Camina contigo
cada día, en la situación que te toca vivir, en la prueba que estás
atravesando, en los sueños que llevas dentro. Abre nuevos caminos donde sientes
que no los hay, te impulsa a ir contracorriente con respecto al remordimiento y
a lo “ya visto”. Aunque todo te parezca perdido, por favor déjate alcanzar con
asombro por su novedad: te sorprenderá.
Ir a
Galilea significa, además, ir a los confines. Porque Galilea es el
lugar más lejano, en esa región compleja y variopinta viven los que están más
alejados de la pureza ritual de Jerusalén. Y, sin embargo, fue desde allí que
Jesús comenzó su misión, dirigiendo su anuncio a los que bregan por la vida de
cada día, dirigiendo su anuncio a los excluidos, a los frágiles, a los pobres,
para ser rostro y presencia de Dios, que busca incansablemente a quien está
desanimado o perdido, que se desplaza hasta los mismos límites de la existencia
porque a sus ojos nadie es último, nadie está excluido. Es allí donde el
Resucitado pide a sus seguidores que vayan, también hoy nos pide de ir a
Galilea, en esta “Galilea” real. Es el lugar de la vida cotidiana, son las
calles que recorremos cada día, los rincones de nuestras ciudades donde el
Señor nos precede y se hace presente, precisamente en la vida de los que pasan
a nuestro lado y comparten con nosotros el tiempo, el hogar, el trabajo, las
dificultades y las esperanzas. En Galilea aprendemos que podemos encontrar a
Cristo resucitado en los rostros de nuestros hermanos, en el entusiasmo de los
que sueñan y en la resignación de los que están desanimados, en las sonrisas de
los que se alegran y en las lágrimas de los que sufren, sobre todo en los
pobres y en los marginados. Nos asombraremos de cómo la grandeza de Dios se
revela en la pequeñez, de cómo su belleza brilla en los sencillos y en los
pobres.
Por
último, el tercer anuncio de Pascua: Jesús, el Resucitado, nos ama sin límites
y visita todas las situaciones de nuestra vida. Él ha establecido su presencia
en el corazón del mundo y nos invita también a nosotros a sobrepasar las
barreras, a superar los prejuicios, a acercarnos a quienes están junto a
nosotros cada día, para redescubrir la gracia de la cotidianidad.
Reconozcámoslo presente en nuestras Galileas, en la vida de todos los días. Con
Él, la vida cambiará. Porque más allá de toda derrota, maldad y violencia, más
allá de todo sufrimiento y más allá de la muerte, el Resucitado vive y el
Resucitado gobierna la historia.
Hermana, hermano si en esta noche tu corazón atraviesa una hora oscura, un día que aún no ha amanecido, una luz sepultada, un sueño destrozado, ve, abre tu corazón con asombro al anuncio de la Pascua: “¡No tengas miedo, resucitó! Te espera en Galilea”. Tus expectativas no quedarán sin cumplirse, tus lágrimas serán enjugadas, tus temores serán vencidos por la esperanza. Porque, sabes, el Señor te precede siempre, camina siempre delante de ti. Y, con Él, siempre la vida comienza de nuevo..."
lunes, 29 de marzo de 2021
Lunes Santo: Contemplamos la Belleza del Amor Total...
"Faltaban dos días para la fiesta de la Pascua y de los panes Ácimos. Los sumos sacerdotes y los escribas buscaban la manera de arrestar a Jesús con astucia, para darle muerte. Porque decían: «No lo hagamos durante la fiesta, para que no se produzca un tumulto en el pueblo.»
Mientras Jesús estaba en Betania, comiendo en casa de Simón el leproso, llegó una mujer con un frasco de alabastro lleno de un aceite de nardo genuino muy caro, y rompiendo el frasco, derramó el perfume sobre la cabeza de Jesús. Entonces algunos de los que estaban allí se indignaron y comentaban entre sí:
«¿Para qué este derroche de perfume? Se hubiera podido vender por más de trescientos denarios para repartir el dinero entre los pobres.»
Y la criticaban. Pero Jesús dijo: «Déjenla, ¿por qué la molestan? Ha hecho una obra hermosa conmigo. A los pobres los tendrán siempre con ustedes y podrán socorrerlos cuando quieran, pero a mí no me tendrán siempre. Ella hizo lo que podía; ungió mi cuerpo anticipadamente para la sepultura. Les aseguro que allí donde se proclame la Buena Noticia, en todo el mundo, se contará también en su memoria lo que ella hizo»(Mc 14,1 ss.).
Contemplación
Nuestro perfume es, pues, nuestra oración.
“A los pobres los tendrán siempre con ustedes, a mí no me tendrán siempre”.
sábado, 27 de marzo de 2021
Domingo de Ramos - CONJUGAR EN “MODO BORRICO"
Escrito por Santiago Agrelo
Hoy, con Jesús, nos ponemos a recorrer el camino que lo lleva a “ser elevado”.
El de Jesús es un camino para pobres con esperanza, para soñadores de reinos de Dios, para hambrientos de justicia.
Desear, soñar, esperar, alegrarse, bendecir, son verbos que sólo los pobres pueden conjugar.
Pero también ellos habrán de aprender a hacerlo correctamente, pues es muy fácil confundir los tiempos y no digamos los modos.
Los de Jesús son “modos de borrico”.
Los de los discípulos suelen empezar por ser “modos de corcel”.
Es cierto que llega “el que viene en nombre del Señor”, como lo es que “llega el reino”, “el de nuestro padre David”, pero lo mismo el que viene que el que llega, vienen y llegan en “modo borrico”.
Cuando en la asamblea dominical se proclame la pasión del Señor, oiremos repetida con insistencia y referida a Jesús la palabra “rey”, veremos que se le trata como a un “rey” ¡de burlas!, y en el letrero de la acusación encontraremos escrito: “El rey de los judíos”.
La paradoja es que ese “rey de burlas” es “Rey de verdad”. ¡De burlas y de verdad!: Lo es en la cruz, lo es ante los soldados en el interior del palacio, lo es ante Pilato, lo es entrando en Jerusalén a lomos de un borrico. Lo es cuando le taladran pies y manos, cuando se reparten sus ropas, cuando echan a suerte su túnica.
¡Qué difícil aprender los modos de Jesús!: Modo humildad, modo amor, modo palabra de aliento, modo silencio para la escucha, modo pedernal para los ultrajes, “modo borrico” para su entronización, que es lo mismo que decir modo humanidad pobre, humanidad última, humanidad crucificada.
Es difícil la conjugación, pero se aprende.
Se enciende la fe, y a su luz –yo aprendí las conjugaciones a la luz de un ventanuco en el desván de la casa-, aprendemos los modos de nuestro Rey, y lo reconocemos allí donde siempre lo es, donde siempre está: a lomos de borrico, y de borrico prestado.
Éste puede ser nuestro Domingo de Ramos: Desear, soñar, esperar, ver a Jesús pobre, verlo en los pobres, verlo en los últimos, en los crucificados, y alfombrar su camino con nuestros mantos, alegrarnos con él, bendecirlo y ser bendecidos por él, mientras, cuidando de los pobres, en ellos cuidamos a nuestro Rey.
Y si ése es nuestro Domingo de Ramos, entonces, aunque no lo hayamos dicho nunca, podemos empezar a decirlo ya: “Hosanna”, “hosanna en el cielo”. “Salva, pues”, “salva, tú que estás en las alturas”.
Y a nuestra petición-aclamación le harán eco en la memoria de la fe las palabras de Jesús: “Venid, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo”.
No olvidemos que nuestro Rey se mueve siempre en “modo borrico”.
Feliz encuentro con él. Feliz comunión con él. Feliz domingo.
lunes, 15 de marzo de 2021
CUARESMA EN TRES PALABRAS: LA TERCERA = COMPARTIR
Escrito por Manuel Romero
Nos habla de esa dimensión relacional propia de nuestro ser. Provoca salir de la palabra “mío” –tan infantil y egoísta- para pronunciar “nuestro”. La carta del papa nos invita a dar y acoger a Dios, de mío a nuestro, como en la Oración de Jesús.
Repartir o entregar nos lleva a:
Dar para no acumular o que se me pegue. Para que ese algo no me tenga a mí. Compartir es llegar a la convicción de que lo más auténticamente mío es lo que soy capaz de dar.
Redimensionar el destino universal de los bienes. Ahí la Limosna nos sirve de antídoto ante la tentación del apropiarnos de algo -aunque lo permitan las leyes-, impide ese deseo del Creador de que todo es de todos. Y tras lo que hemos vivido, debe desvincularse de la ideología política y recobrar el significado fraterno de los bienes. El preguntarnos si somos de los que comparten o no; de los que saben decir o no adiós.
Y saber pedir. El Maestro de Galilea puede darnos la humildad suficiente para pedir y saber pedir a los otros aquello de lo que carecemos y necesitamos. En esta pandemia –que ha vapuleado el primer mundo- hemos necesitado y nos hemos hecho más solidarios. Y el compartir se ha manifestados en ambos sentidos. En este mundo sobran los avaros que acumulan y los silenciosos que pretenden que los demás adivinen sus necesidades. Abrir el corazón es manifestar nuestra necesidad y propiciar el compartir.
Compartir es un lenguaje de amor que se entiende en todas las lenguas porque es la caridad. Y ahí recibimos siempre a Dios, en el hermano que se acerca a nuestra iglesia cuaresmal. Y ahí acogemos la vida, en la esperanza de la Pascua.




