domingo, 22 de marzo de 2026

"Jesús se puso a llorar"

Escrito por Tony Catala

“Jesús se echó a llorar”, el versículo mas breve del todos los evangelios y el más humano. El Hijo del Dios Vivo llorando por la muerte de su amigo Lázaro. Que pena tanta disquisición histórica sobre si lloraba en cuanto hombre y no en cuanto Dios, que si llorar es debilidad y el Dios impasible no puede llorar porque en él no hay cambio ni mutación… ¿Es que Dios no podía tener amigos? ¿Por qué le negamos a nuestro Dios que es Amor lo más humano del amor que es llorar por los que se quiere?

Un Dios que no llore con los que hoy están llorando por la separación de los que se quiere, en muchos casos definitiva, y con los que están doloridos por la falta de cercanía de su gente no sería el Compasivo. Hemos celebrado estos domingos a Jesús como Manantial de Agua viva, como Luz del mundo, hoy celebramos el Amor conmovido que ofrece Resurrección y Vida porque él es la Fuente de la Vida.

Jesús se conmovió ante la soledad de la viuda de Naím a la que se le ha muerto el hijo único. Jesús levantó al muchacho del lugar de la muerte y se lo devolvió a su madre. A Jesús se le acerca Jairo, jefe de sinagoga y por lo tanto ni seguidor ni simpatizante, pidiéndole que haga algo por su “niña que está en la ultimas”. Jesús le pide que tenga fe, se va con él a su casa, levanta a la niña del lugar de la muerte y vuelve la alegría a la casa. Jesús se pone en camino cuando se entera que su amigo Lázaro ha muerto, “es que Lázaro, Marta y María eran muy amigos de Jesús”, dice el evangelio.

Estas son la tres “resurrecciones” que se narran en los evangelios. Jesús conmovido da vida a la viuda abatida de la casa de Israel sin pedirle nada a cambio, ni tan siquiera fe. Sana el dolor de Jairo, “enemigo religioso”, que se acerca y busca a Jesús y éste no sólo no lo rechaza, sino que lo acompaña a casa, le pide que abra su corazón (“si tienes fe…”) al Dios de la Vida y esa casa recupera la alegría. Marta, María y lázaro son muy amigos y la muerte ha quebrado esa amistad. Jesús resucita a Lázaro porque son amigos y punto. Así se manifiesta la gloria de Dios.

Jesús genera vida porque es Vida. Es evidente que el hijo de la viuda, la hija de Jairo y Lázaro volvieron a morir. La Resurrección como Vida Definitiva junto al Compasivo sólo la confesamos de Jesús, pero en virtud de este “confesar con la boca y creer de corazón” que Jesús es el Viviente y que la muerte no tiene la última palabra vivimos confiadamente en que él rescata “nuestra vida de la fosa y nos colma de gracia y de ternura” (Sal 103) En las primeras comunidades quedó grabado el recuerdo vivo de que Jesús de Nazaret pasó haciendo el bien porque su Dios era un Dios de Vivos y no de muertos.

Al igual que sacó a Lázaro de la “cavidad cubierta con una losa” vamos a seguir deseando, pidiendo, orando que en estos momentos de adversidad nos saque de nuestras cavidades de desesperanza, de desanimo, de miedos paralizantes, de bloqueos… que las lágrimas de amistad de Jesús nos saquen de la oscuridad y lo sigamos siguiendo como Resurrección y Vida.

La Resurrección de Lazaro

Escrito por Carmina Navia Velazco

Este pasaje del evangelio en el que se nos narra la llegada de Jesús a Betania y el encuentro con su amigo muerto, resulta inmensamente rico en significados e invitaciones. No voy a realizar una mirada exhaustiva, voy a destacar algunos aspectos. Lo primero que quiero señalar es la experiencia de amistad del Profeta de Nazaret. Jesús encuentra siempre en los hermanos de Betania un nicho en el cual refugiarse antes o después de sus confrontaciones y conflictos con Jerusalén centro de los poderes religioso y político de su entorno, antes y después de sus temores frente a una realidad que le es hostil. Esa casa, su comunidad de Betania, es para él un vientre materno al que siempre puede llegar.

En esta ocasión encuentra que Lázaro, su amigo personal, su apoyo, su “par”, le ha sido arrebatado por la muerte. Jesús se conmueve y llora ante su tumba. “La amistad tiene el sabor de la vida cotidiana, de los espacios domésticos, del pan que se reparte, de las horas vulgares; sabe a intimidad, a conversaciones pausadas, al tiempo invertido en los detalles, a risas y lágrimas, a una exposición confiada” … nos dice José Tolentino Mendoza en su Teología de la amistad. Todo esto ha perdido Jesús al perder a Lázaro. Llora desde sus entrañas esa pérdida, los testigos al presenciar su llanto, expresan en voz alta: ¡Miren como lo quería! Se trata de un cuadro que no deja lugar a dudas sobre la humanidad del maestro galileo que debería bastar para echar por tierra tantas “divinizaciones” fuera de lugar que se montan alrededor de su vida y figura.

La narración continúa y nos muestra la conversación entre Marta y Jesús. Una conversación de tintes teológicos [Una vez más Jesús dialoga teológicamente con una mujer]. Y Marta realiza su “confesión”, su afirmación de que a ella le ha sido revelada la naturaleza real de su amigo y la culminación de su misión: Yo creo que tú eres el Cristo. De alguna manera podemos considerar que Juan es el evangelio de las mujeres, en su relato, ellas varias veces interpelan al Maestro, le preguntan o discuten y él se les muestra directamente sin ningún tipo de mediaciones varoniles. Esto de la nula necesidad de mediación, es importante.

Así como en algún momento María de Betania se anticipa a ungir a Jesús para su sepultura, Marta se anticipa a anunciar su condición de Mesías, de Ungido. Esta mujer nos invita a todas las seguidoras del Maestro a incursionar en su verdad, en su “fuente” de vida, en su proyecto para hacer parte de él, para tomar la iniciativa y la palabra, para vivenciar su amistad… Una amistad que se puede trenzar a través de los tiempos y en la vivencia de su presencia siempre entre nosotras en la actualización de su palabra y en la encarnación que podemos hacer de su mensaje: Ámense unos a otros como yo los amé. Los relatos evangélicos nos muestran a Marta alguna vez en el servicio de la comensalía y en esta ocasión en la interpelación teológica… caminos ambos a desarrollar desde nuestro ser de mujeres.

Las relaciones que se tejen con Jesús en la casa de Betania, son relaciones inspiradoras que señalan caminos de acogida y de amor. Estamos ante un modelo de comunidad: círculo pequeño de acogida, de vida cotidiana, de reflexión, de intercambios variados… pero, sobre todo: comunidad/amistad que se hace fuerte en el compartir y también en el dolor cuando este llega.

jueves, 19 de marzo de 2026

San Jose un modo de vivir en servicio y la humildad...


Escrito por el querido +P. Diego Fares, en la Fiesta de San José del año 2011

“Al tomar San José consigo a María y a Jesús lo tiene todo y por eso no agarra nada más.

Esto lo experimenta el que pone manos a la obra en alguna tarea de servicio que implica “tomar consigo” a los demás. De afuera, otros ven lo que uno deja. Pero la persona experimenta lo que “toma”, lo que recibe de más al tomar consigo el servicio. De allí viene esa experiencia de gozo que uno no sabe explicar muy bien por qué…                                                                                                        Los voluntarios dicen, después de trabajar sirviendo a los que necesitan: ¡salgo lleno!, ¡salgo contento!

También, dicen: ¡A veces me cuesta ir (dejar lo que tengo entre manos) pero después cuando estoy allí me olvido de todo y salgo mejor de cuando llegue!…

Es la llenura que da el recibir a Cristo en la persona de los que servimos. Por eso la frase para los voluntarios es la del Ángel a José: “No temas tomar contigo” a los que vas a servir -en la Iglesia, en las Obras, en tu familia-, porque lo que hay en ellos es del Espíritu Santo. Está Jesús en ellos, al servirlos a ellos recibís a Jesús.

Esta es la palabra que San José nos comunica en su silencio perfecto: con sueños y acciones. San José es el que abre esos dos espacios en los que la Palabra se gesta, crece y es fecunda: el sueño y la acción.

Le pedimos a San José estas sus “Gracias”:

Soñar las cosas de Dios: soñar que el Ángel nos dice, tomá contigo a María y a Jesús, tomalos con vos y no los sueltes, agarralos bien contra tu pecho y tu corazón. No importas cómo estés: soñá que los tomás contigo. Soñá que te toman ellos de la mano. Tomá con vos a Jesús en la Eucaristía.

 Tomalo de la mano en algún pobre que te pida. Alzá en brazos a los bebés de tu familia y tomalos contra tu corazón, tal como ves en la imagen de San José con el Niño. No tengas miedo: tomalos. Abrazá a algún anciano, bendecí en la frente a un enfermo, poné la mano en el hombro de los jóvenes… No temas. 

Hacer lo que Dios nos hizo soñar, levantarnos y salir rapidito a comenzar a hacer, poner manos a la obra, no pensar, hacer. Después que hagamos un rato lo que soñamos que se nos mandaba, sí, parar un momento y pensar. Veremos que el pensamiento corre libre, agradecido, que no necesitamos pensar mucho si hacemos o no sino más bien “cómo”. El “cómo hacerlo mejor” orientará nuestro pensamiento puesto en acción. Tomá con vos a Jesús y sentirás cómo el Padre te toma en brazos a vos: “al que me ama, el Padre lo amará y vendremos a él y habitaremos con él”. 

domingo, 15 de marzo de 2026

Curación del Ciego de Nacimiento...

Escrito por Dolores Aleixandre -RSCJ-

Una linda propuesta para rezar con el Texto del Ciego de Nacimiento: Jn 9,1-41

Lee la narración de la curación del ciego de nacimiento,  contempla luego las sucesivas escenas, como si el ciego fueras tú mismo y fueras reconociendo tus cegueras:

Ceguera de la posesividad que te hace mirar las personas o las cosas a partir de tu propio interés;
Ceguera que te impide ver más allá de las apariencias de los otros;
Ceguera de la codicia que te mantiene apresado en el deseo de acumular o de triunfar sin límites...
Ponte junto a Jesús, pídele que saque de tus ojos la viga que te impide ver y que pone en tu mirada negatividad, dureza, superficialidad, indiferencia, prejuicios...

Deja que él te los ilumine haciéndolos capaces de ver hasta el fondo,  de taladrar la cáscara de la realidad, de descubrir la belleza que se oculta detrás de lo deforme y oprimido, de admirar, a la más pequeña señal, la vida insospechada que apunta en personas o situaciones de las que parece que sólo puede brotar muerte.

Pídele a Jesús, que te permita contemplarle a él como aquel ciego y mantener con él el mismo diálogo: -“¿Crees tú en el Hijo del hombre? El ciego le preguntó: -¿Quién es, Señor, para que crea en él? Jesús le contestó: -Ya lo has visto. Es el que está hablando contigo. Entonces aquel hombre  dijo: - Creo, Señor. Y se postró ante él.”

sábado, 7 de marzo de 2026

La Samarita : Una Mujer que Tiene mucho que Mostrarnos...

Escrito por Carmen La-Chica                       (Fuente : Blog RSCJ - España) 

El evangelio que nos propone la Liturgia es el de la samaritana ¡una mujer que tiene mucho que mostrarnos! 

Nos podemos preguntar si somos personas dispuestas a tener, como ella un encuentro tan íntimo y personal con Jesús. Dejarnos abordar, acoger sus palabras que tocan nuestra fibra más sensible, disponernos a ser cuestionadas en nuestras opciones, etc. Y tras ello, descubrir que hay Alguien que nos ha acogido tal como somos, nos ha valorado, desvelado lo mejor de nosotras mismas y nos revela quién es Él: el restaurador de brechas, el sanador de heridas, el dador de vida y sentido, el Dios Padre y Madre que está deseando derrochar su Amor con nosotras. 

Este diálogo de corazón a corazón entre la samaritana y Jesús nos está invitando a hacer otro tanto; ir soltando capas de excusas, prejuicios, justificaciones y preguntarnos: ¿estoy dispuesto a abrir mi corazón y exponerme? ¿qué me hace retenerme, defenderme, protegerme? ¿a qué tengo miedo? ¿por qué no me fío del todo? 

Que, como ella, salgamos con el corazón lleno de esa alegría contagiosa y anunciemos a los demás, con nuestra vida, gestos, palabras, que nos hemos tropezado con Jesús y ¡nos ha puesto la vida patas arriba! 

¡Feliz Cuaresma, camino hacia la Pascua! 


martes, 3 de marzo de 2026

CUARESMA, Tiempo de Vivir Sin maquillaje y Sin disfraz

                             

Escrito por Pedro Huerta -del Blog :Vivir a la intemperie-

Me ha gustado mucho el mensaje del papa León XIV para esta Cuaresma 2026: resulta tan provocador como sensible, porque nos habla desde una vulnerabilidad que incomoda. En lugar de invitarnos a movilizarnos desde posiciones de poder —una tentación constante incluso en la espiritualidad—, nos pide un desarme absoluto. Nos pide, en definitiva, una conversión real.

Hemos pervertido la palabra “conversión” hasta reducirla a un manual de urbanidad espiritual. Nos han enseñado que convertirse es “portarse mejor», como si vivir el Evangelio fuera un simple curso de perfeccionamiento moral o una técnica de autoayuda. Pero la conversión es algo mucho más radical: supone un desplazamiento real de nuestras ideas arraigadas y de nuestros principios inamovibles.

Convertirse no es ser “más buenos» según los estándares del sistema. No es un maquillaje ético, sino la demolición de nuestras murallas defensivas. Es aprender a detectar las idolatrías que hemos aceptado como hogar: el rendimiento como medida del alma, la imagen como sustituto de la verdad y el éxito como anestesia para el sentido. Si nuestra cuaresma no altera el modo en que nos relacionamos con el otro —especialmente con el que sufre—, no estaremos viviendo una transformación, sino un simulacro. La verdadera conversión nos desinstala de nuestra “amnesia espiritual» y nos obliga a mirar de frente la miseria; no como observadores externos, sino como hermanos.

Otro de los disfraces que solemos mantener tras el carnaval es pensar que la paz no es más que una ausencia de conflicto o una “calma chicha” consoladora. Pero esa es la paz de los cementerios, construida a base de silencios cómplices y conciencias anestesiadas. Frente a ella, el Papa nos propone una paz desarmada y nos lanza un desafío directo: “desarmar el lenguaje”. Esto implica renunciar a las palabras hirientes y a las calumnias que lastiman al otro para proteger nuestra parcela de seguridad.

Estar desarmado es renunciar a la necesidad de tener razón, a la obsesión por el control y a la violencia de nuestras certezas. Es entrar en el desierto, vivir a la intemperie, sin “wifi emocional» y sin el escudo de nuestros privilegios. Solo quien se atreve a habitar su propia fragilidad puede anunciar una paz que no sea sospechosa. Necesitamos palabras desarmadas, que no busquen vencer al otro, sino encontrarlo en la intemperie de la verdad compartida.

Si suavizamos las preguntas difíciles para no perturbar nuestra tranquilidad, nuestra travesía cuaresmal será solo una estrategia de supervivencia; un barniz de valores que no incomodan a nadie porque, sencillamente, ya no tienen vida dentro.

El mensaje de León XIV termina con una invitación verdaderamente “desmaquillante”: se nos pide que el grito de los que sufren encuentre acogida, no solo asistencia. Es el momento de preguntarnos si nuestras vidas edifican la “civilización del amor» o si nos hemos rendido definitivamente a la cultura del ruido y la indiferencia.

La Cuaresma es esa pedagogía que primero nos confronta con nuestra nada para luego regalarnos un sentido que el mundo no siempre quiere entender. Toca quitarse el disfraz y levantar el maquillaje. Toca acoger la vulnerabilidad del mundo como único principio de comprensión. Al final, no se trata de salir con éxito del desierto, sino de salir transformados, habiendo dejado en la arena todas las máscaras que nos sobraban.

viernes, 27 de febrero de 2026

La Transfiguración del Señor Invita a Nuevos Caminos...

Fuente: CEP - Centro de Espiritualidad y Pastoral- Caracas

Ya estamos en la 2ª semana de Cuaresma y este Domingo se nos invita a considerar la Transfiguración del Señor como una experiencia de ida y vuelta, conformada por cuatro aspectos que deciden el hacia dónde de nuestras vidas:  apartarse con Jesús para estar a solas, comprender y comprenderse a partir del diálogo plural, captar la vida mediante la escucha y el silencio y bajar a la realidad del mundo.

Apartarse para estar a solas: Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan…, y los hizo subir a solas con Él a un monte alto. Dejarse llevar por Jesús es hacerle lugar en nuestra vida, casa, institución, sociedad, como lo plantea el Apocalipsis: Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré y cenaré con él y él conmigo (3,20).
Hay circunstancias que requieren estar a solas, apartarnos. Esta toma de distancia o mejor dicho, esta distancia es lo que permite hacer espacio a la reflexión, porque abre un compás de espera (o pausa) entre nuestros razonamientos o convicciones y lo que es la realidad. Así podremos comprender las cosas y la vida como son. La antigua sabiduría nos recuerda el designio de Dios: Sal de tu lugar común y te bendeciré 
(Cf. Génesis 12,1-4).

Que los discípulos vieran conversando a Moisés, a Elías y a Jesús, copó en ellos todo imaginario. La Ley-Justicia y la Verdad-Libertad son fundamentales para la vida personal y cuánto más para la convivencia y la paz, pero serían nefastas si les faltara Bondad-Autenticidad. Si no hay algún grado de benevolencia, la vida se vuelve un infierno. 

Captar la vida mediante la escucha y el silencio. Una nube luminosa los cubrió y de ella salió una voz que dijo: Este es mi Hijo, el escogido, escúchenlo. Si escuchamos a Jesús  descubriremos en Él la forma y modo habitual de encontrarnos con las personas, con el mundo y con el mismo Dios. Jesús será para siempre el reflejo de la presencia de Dios en nuestra existencia.
La escucha supone el silencio. Pero no sólo acallar la palabra verbal sino los múltiples ruidos interiores donde se alojan prejuicios, miedos, desconfianzas. El silencio permite enraizar la propia vida más allá de toda seguridad. Nos ayuda a ser más conscientes de nuestras posibilidades y limitaciones. Sólo así crecemos en humildad y verdad.

Bajar de la montaña a la realidad del mundo. Pedro dijo a Jesús: ¡Qué bueno sería quedarnos aquí! Si quieres, haremos tres chozas, una para Ti, otra para Moisés y otra para Elías. Cuando la realidad nos sorprende, asombra, desborda o se enreda, nuestra  naturaleza  nos hace dar pasos al frente. Con demasiada rapidez queremos zafarnos del curso cotidiano de la vida. Mejor es afrontar con sencillez y honestidad, aunque suponga dolor, la realidad tal cual es.
El encuentro con Dios no es para huir o apartarnos de la vida, sino para bajar y sumergirnos más y mejor en ella. Bajar de la montaña de Dios, es ponernos en sintonía con el mundo para comunicar y contagiar a todos que la vida es más fuerte que la muerte, que es posible pasar del miedo a la calma, del desasosiego a la confianza, de la mentira a la verdad, de la perversidad a la bondad.
Que la Transfiguración del Señor nos interpele para que miremos a la gente, su realidad y la vida con ojos nuevos, misericordiosos y transformadores. De lo contrario corremos el riesgo de proyectar sobre el mundo nuestras convicciones e intereses. Que nos atrevamos a hacer caminos nuevos.