martes, 19 de noviembre de 2013

La Ternura Salvará al Mundo...crees esto??

Testimonio de Vinicio Riva,  de 53 años, el hombre que recibió uno de los gestos más tiernos de nuestro Papa Francisco...

“El Papa no me ha tenido miedo y me ha abrazado. Mientras me acariciaba, no sentí más que amor”

“Primero le tomé la mano, mientras con la otra mano, me acarició la cabeza y las heridas. Y después me atrajo hacia él, apretándome fuerte y abrazándome la cara. Tenía la cabeza contra su pecho y sus brazos me envolvían. Me apretó fuerte, fuerte, como si me mimara, y ya no se soltó. Intenté hablar, decirle algo, pero no lo logré: la emoción era demasiado fuerte. Eso duró algo más de un minuto, pero me pareció una eternidad”.

“Las manos del Papa son muy tiernas. Tiernas y bellas. Y su sonrisa clara y abierta. Pero lo que más me ha impresionado es que no lo pensó dos veces antes de abrazarme. Yo no soy contagioso pero él no lo sabía. Lo hizo y ahí está: me acarició toda la cara y mientras lo hacía, yo no sentía más que amor”.

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Vinicio Riva, nació en Isola, un pequeño pueblo de la provincia de Vincenza (Italia), vive con su hermana pequeña Morena y con su tía Caterina, su tutora. Como su hermana (de una forma menos severa), sufre la enfermedad de Recklinghausen desde los 15 años de edad. Se trata de una enfermedad rara conocida como “neurofibromatosis de tipo 1”, que provoca dolorosos tumores en todo el cuerpo. Actualmente no hay ningún tratamiento que pueda curar esta enfermedad.

“Los primeros signos se manifestaron después de mis 15 años. Me dijeron que a los 30 años ya estaría muerto. Pero todavía estoy aquí”,declaraba antes de volver de este emocionante encuentro.

Ni qué decir tiene que las personas con neurofibromatosis son a menudo marginadas por su aspecto.“Vinicio, de alguna manera, ha tenido suerte: su tía lo ama profundamente y le abraza todo el día”, explica la periodista.
En los casos más severos, la neurofibromatosis desfigura hasta tal punto, que incluso los médicos mantienen la distancia. “Una vez, en el hospital, estaba a punto de quitarme la ropa cuando entró un médico africano. Me miró y se quedó inmóvil, casi conmocionado”, explica Vinicio. “Un poco más tarde, me vino a ver y me pidió perdón. Me dijo que en África había tenido que enfrentarse a enfermedades terribles, pero que nunca había visto nada tan devastador. Sus palabras me impresionaron mucho”.

En Isola, Vinicio es aceptado por casi todo el mundo. Tiene su grupo de amigos con los que va a comer una pizza o a ver partidos de fútbol. Y corteja a todas las enfermeras, gastando en flores parte de los 130 euros que gana cada mes trabajando en una residencia de ancianos.



sábado, 16 de noviembre de 2013

Mirar lo Mismo, pero con Ojos Nuevos...


Escrito por Hermann Rodríguez Osorio, S.J.- Bogotá

"Para consultar lo que Dios quiere en nuestra vida personal, comunitaria y social, sólo tenemos que abrir los ojos y mirar... No negar la realidad, no traicionarla ni mentirnos acerca de ella. No ser como el avestruz que piensa que porque deja de mirar la realidad, metiendo la cabeza entre la arena, va a desaparecer el cazador. No se trata, pues, de difíciles jeroglíficos y adivinanzas; es sencilla; pero a veces las cosas son tan sencillas, que no las vemos; son tan simples, y tan cotidianas, que no les prestamos atención; por eso es fundamental tener ojos limpios y mirar sin miedo la realidad. Por algo Jesús, en un momento de inspiración y “lleno de alegría por el Espíritu Santo, dijo: ’Te alabo Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has mostrado a los sencillos las cosas que escondiste a los sabios y entendidos. Sí, Padre, porque así lo has querido” (Lucas 10,21).

Esta fue la actitud fundamental de Jesús. Tener los ojos abiertos ante la realidad, ante las cosas sencillas de cada día, en las que descubría los planes de su Padre Dios. Jesús aprendió lo que aprendió sobre el Reino de Dios, mirando su vida y la vida de su pueblo. Sólo tomando el Evangelio de san Mateo, podemos llegar a una lista como la siguiente; Jesús habla allí de pan, sal, luz, lámparas, cajones, polillas, ladrones, aves, graneros, flores, hierba, paja, vigas, troncos, perros, perlas, cerdos, piedras, culebras, pescados, puertas, caminos, ovejas, uvas, espinos, higos, cardos, fuego, casas, rocas, arena, lluvia, ríos, vientos, zorras, madrigueras, aves, nidos, médicos, enfermos, bodas, vestidos, telas, remiendos, vino, cueros, odres, cosechas, trabajadores, oro, plata, cobre, bolsa, ropa, sandalias, bastones, polvo, pies, lobos, serpientes, palomas, azoteas, pajaritos, monedas, cabellos, árboles, frutos, víboras, sembrador, semilla, sol, raíz, granos, oídos, cizaña, trigo, granero, mostaza, huerto, plantas, ramas, levadura, harina, masa, tesoros, comerciantes, redes, mar, playas, canastas, hornos, boca, planta, raíz, ciegos, hoyos, vientre, cielo, niños, piedra de molino, mano, pie, manco, cojos, reyes, funcionarios, esclavos, cárceles, camellos, agujas, viñedos, cercos, torres, lagar, terreno, labradores, fiestas, invitados, criados, menta, anís, comino, mosquito, vasos, platos copas, sepulcros, gallinas, pollitos, higueras, vírgenes, aceite, dinero, banco, pastor, cabras...Y, así, podríamos seguir.

En estos elementos tan sencillos, descubrió Jesús lo que Dios le pedía y lo que Dios quería hacer con él y con toda la humanidad. No se trata de ver cosas distintas, nuevas, sino de mirar lo mismo, pero con unos ojos nuevos: “Pero Dios dijo a Samuel: "La mirada de Dios no es como la mirada del hombre, pues el hombre mira las apariencias, pero Dios mira el corazón» (1 Sam. 16, 7). Esta manera de mirar es lo que caracteriza a los profetas; una mirada que no es propiamente la del turista. Esta es la respuesta para la pregunta que le hacen al Señor en el evangelio de hoy:¿Cuál será la señal de que estas cosas ya están a punto de suceder? Ahí están. Sólo tenemos que abrir los ojos y mirar...


sábado, 9 de noviembre de 2013

El Dios en el que Creemos es el Dios Amigo de la Vida...

Escrito por Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

"La participación del cristiano en la vida de Dios, que es lo que llamamos espiritualidad, hace que la persona entre en la dinámica vital propia de Dios uno y trino. La dinámica que se establece constantemente entre el Padre creador que se revela en la historia; el Hijo de Dios encarnado en la persona de Jesús; y el Espíritu Santo que sigue actuando en medio de nosotros para impulsarnos a construir una comunidad de amor. San Agustín, decía que Dios ha escrito dos libros; el primero y más importante es el libro de la vida, el libro de la historia que comenzó a escribir en los orígenes de los tiempos y que sigue escribiendo hoy con cada uno de nosotros; pero como fuimos incapaces de leer en este libro sus designios, Dios escribió un segundo libro, sacado del primero; este segundo libro es la Biblia; pero la primera Revelación está en la Historia, en la vida, en los acontecimientos de cada día: tanto en la vida personal, como grupal, comunitaria, social, política, etc...

Esta es la razón por la que la primera dimensión de una espiritualidad hoy es mirar la vida. Allí nos encontramos con lo que Dios quiere de nosotros; allí podemos descubrir lo que Dios está tratando de construir. Se trata de percibir la música de Dios, para cantar y bailar a su ritmo, para dejarnos invadir por su fuerza creadora. Es como entrar a un río y percibir hacia dónde va la corriente y dejarnos llevar por ella.

Esto es lo que Jesús quería comunicar cuando los saduceos, que negaban la resurrección de los muertos, le propusieron esa difícil pregunta sobre cuál de los siete hermanos, que estuvieron casados sucesivamente con una mujer, sería su esposo en la resurrección de los muertos... “El Señor es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. ¡Y él no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos están vivos!”. El Dios en el que creemos, por Jesucristo, es el Dios de la vida, que se revela en los acontecimientos cotidianos que muchas veces despreciamos porque no parecen revelarnos el rostro de Dios. Cuidemos que nuestra espiritualidad no se convierta en una serie de complicadas elucubraciones, que nos distraen de lo verdaderamente importante".


sábado, 2 de noviembre de 2013

Cuando Dios se Invita a Nuestra Casa...

Escrito por   + Fr. Jesús Sanz Montes, ofm -Arzobispo de Oviedo-

(Lucas 19, 1-10)

Leyendo este Evangelio  tenemos la impresión que Dios pasa lista todos los días mirando el elenco que con nuestros nombres tiene tatuado en la palma de su mano. Nuestra vida realmente le importa, y todo lo que hace y propone no tiene otro objeto que nuestro regreso al hogar suyo, nuestra salvación.

Por ese motivo es un Evangelio que nos llena de una serena esperanza. Jesús no ha venido para el regalo fácil, para el aplauso halagador y la alabanza barata de los que están en el recinto seguro, sino más bien “ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido”. Aquella sociedad judía había hecho una clasificación cerrada de los que valían y de los que no. Jesús romperá ese elenco maldito, ante el escándalo de los hipócritas, y será frecuente verle tratar con los que estaban condenados a toda marginación: enfermos, extranjeros, prostitutas y publicanos. Era la gente que por estar perdida, Él había venido precisamente a buscar. Concretamente Zaqueo, tenía en su contra que era rico y jefe de publicanos, con una profesión que le hacía odioso ante el pueblo y con una riqueza de dudosa adquisición.

Jesús como Pastor bueno que busca una oveja perdida, o una dracma extraviada, buscará también a este Zaqueo, y le llamará por su nombre para hospedarse en su casa: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa”. Lucas emplea en su evangelio más veces este adverbio, hoy: cuando comienza su ministerio público (“hoy se cumple esta escritura que acabáis de oír” –Lc 4,16-22–), y cuando esté con el buen ladrón, en el calvario (“te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso” ­-Lc 23,43­-).

El odio hacia Zaqueo, el señalamiento que murmura, condena y envidia... no sirvieron para transformar a este hombre tan bajito como ventajero. Bastó una mirada distinta en su vida, fue suficiente que alguien le llamase por su nombre con amor, y entrase en su casa sin intereses lucrativos, para que este hombre cambiase, para que volviese a empezar arreglando sus necedades.

La oscuridad no se aclara denunciando su tenebrosidad, sino poniendo un poco de luz. Es lo que hizo Jesús en esa casa y en esa vida. Y Zaqueo comprendió, pudo ver su error, su mentira y su injusticia, a la luz de esa Presencia diferente. La luz misericordiosa de Jesús, provocó en Zaqueo el cambio que no habían podido obtener los odios y acusaciones sobre este hombre. Fue su hoy, su tiempo de salvación.

¿Podremos hacer escuchar en nuestro mundo esa voz de Alguien que nos llama por nuestro nombre, sin usarnos ni manipularnos, sin echarnos más tierra encima, sin señalar inútilmente todas las zonas oscuras de nuestra sociedad y de nuestras vidas personales, sino sencillamente poniendo luz en ellas? Quiera el Señor visitar también hoy la casa de este mundo y de esta humanidad. Será el milagro de volver a empezar para quienes le acojamos, como Zaqueo, cuando Dios se convide a entrar en nuestra casa para que podamos volver a su hogar.
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Les dejo esta canción para terminar este rato de oración.

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