sábado, 20 de abril de 2019

La Resurrección...sólo Entrega su Secreto al Revelar el de la Cruz...

Escrito por  Eloi Leclerk -de su Libro: El Reino Escondido-

“Secreta resurrección”: me gusta esta alianza de palabras que encontré en Pascal.  La Resurrección de Jesús es secreta, porque se realiza sin testigos, durante la noche; secreta como los grandes comienzos, como los manantiales, como la misma acción creadora.  No es el fulgor del mediodía, sino el despuntar de la aurora, la luz virginal del alba.

La Resurrección es secreta, además, porque no se impone desde fuera, como un acontecimiento que todo el mundo puede ver y constatar.  Es un chorro de vida que fluye por dentro...

“Secreta Resurrección”, porque es un misterio religioso que sólo entrega su secreto al revelar el de la cruz. La Resurrección de Jesús no es un simple retomo a la vida, como pudo serlo la de Lázaro.  El Señor no vuelve a la vida anterior a su pasión, como si no hubiera sucedido nada, como si no hubiera muerto.  El Resucitado no se deja encuadrar en el marco ya conocido del pasado.

La Resurrección no es la negación de la cruz ni una revancha de ésta, sino que, por el contrario, proclama a gritos que Dios estaba con el Crucificado incluso en su abandono; que la cruz, lejos de ser un fracaso, es el triunfo de un Amor más fuerte que la muerte.  Por eso el Resucitado no tiene otra cosa que mostrar que sus llagas.  Y las muestra como la manifestación de la gloria de Dios. Sin la cruz, sin las llagas, podríamos hablar de la gloria de Dios, pero no sabríamos lo que significa esta palabra. Porque la gloria de Dios es el esplendor de su “Agape”, y la resurrección de Jesús es la manifestación de esa gloria, pues nos hace ver en el Crucificado la gran teofanía de la historia, la altura y la profundidad del Amor divino.
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Les dejo esta canción de Salome Arricibita, para terminar con un momento de oración:
Para escuchar hacer clik: 


viernes, 19 de abril de 2019

Ese grito sin respuesta le hizo ser verdaderamente uno de nosotros...


Escrito por Eloi Leclerc - de su Libro: El Reino Escondido-

El grito de abandono es de una profundidad tan insondable que jamás dejará de interpelarnos, y su sentido estará siempre por descubrir. Por eso, después de todas las explicaciones que puedan darse en el plano exegético y teológico, al final lo que conviene es callar y dejar que resuene en el silencio interior el gran interrogante que cae de la cruz con todo su peso de oscuridad y misterio: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» Hay que dejar que resuene ese grito, ese «¿por qué?», en su noche humana, en su silencio. 

Y sentirlo únicamente como un enorme desgarro. Sólo entonces podremos entrever la profundidad con que el Hijo del hombre ha asumido la condición humana: llegando hasta el fondo de la noche de nuestras dudas y nuestras preguntas,  hasta el fondo del silencio de Dios. Ese grito sin respuesta le hizo ser verdaderamente uno de nosotros. En ese instante, también él vivió la relación con Dios como una especie de ausencia, y puede afirmarse que entonces se puso por entero de nuestro lado, se unió definitivamente a todos cuantos se debaten en las tinieblas y descendió a nuestros infiernos. A partir de entonces, ya no es posible decir que no llegó lo bastante abajo como para encontrarse con nosotros, porque no hay humillación, sufrimiento ni abandono que él no haya conocido y del que no haya hecho, con su presencia, lugar privilegiado de la cercanía de Dios. Evidentemente, era necesario que el Hijo amado muriera en la noche del más profundo abandono para que su resurrección fuera realmente la resurrección de todos. Jamás estuvo tan cerca del hombre, ni estuvo tampoco nunca más cerca de Dios. Jamás se acerco Dios al hombre...

Ya todo se ha consumado. Después del «gran grito», el silencio volvió a reinar sobre el Gólgota. Pero «ese silencio al que Dios se retiró» se convirtió en el lenguaje de lo inaudito.

Más tarde llegó José de Arimatea con el sudario, bajó el cuerpo de la cruz, con la ayuda de Juan, y lo depositó no lejos de allí, en un sepulcro excavado en la roca, mientras caía la tarde y empezaban a encenderse por toda la ciudad las primeras luces del sábado.

sábado, 13 de abril de 2019

Domingo de Ramos:El más el Humilde Cortejo de la Paz...

Escrito por  Éloi Leclerc -de su Libro: El Reino Escondido-

Jesús pide que le traigan un asno para montarlo...
Los discípulos no lo entendieron entonces; sólo más tarde recordarán lo que había anunciado el profeta Zacarías: «¡Exulta sin mesura, hija de Sión; lanza gritos de gozo, hija de Jerusalen! He aquí que viene a ti tu rey: justo él y victorioso, humilde y montado en un asno...» (Zac 9,9).

 A las puertas de la ciudad reina una gran animación. La inminente fiesta de la Pascua ha atraído a mucha gente a Jerusalen. Entre esa multitud, hay simpatizantes e incluso adeptos de Jesús; hay también hombres y mujeres que simplemente han oído hablar de él y de sus milagros y que desean verle, como esos griegos de los que habla el Evangelio de Juan. Por eso, cuando se difunde la noticia de su llegada, son muchos los que salen espontáneamente a su encuentro en un ambiente de fiesta. Cortan palmas y ramos de olivo y los agitan, a la vez que lanzan gritos de gozo.

Quieren acoger al joven profeta en medio de la alegría popular. Y en el momento en que aparece Jesús montado sobre el asno y escoltado por sus discípulos, la multitud de simpatizantes se pone a gritar: «¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!...» (Mt 21,9). «¡Bendito el reino que viene de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas!» (Me 11,10).

En medio de estas aclamaciones mesiánicas, el improvisado cortejo entra en la ciudad. No es una marcha triunfal ni una exhibición de fuerza, sino más bien el humilde cortejo de la paz y de las Bienaventuranzas, que avanza en medio de un clima de fiesta pascual. Para Jesús, esta entrada resume todo su mensaje: ¿no es él aquel por quien viene el Reino y que hace realidad la cercanía de Dios en medio de su pueblo? ¿No es él quien trae al mundo la revelación de la ternura del Padre? A medida que avanza el cortejo, la ciudad se sobresalta a su paso se pregunta: «¿Quién es?»
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Al comenzar esta Semana Santa, podes decir: ¿Quién es Jesús, para vos?...

viernes, 8 de febrero de 2019

Es preciso que no confundamos misión con tarea...

Escrito por Mariola López Villanueva rscj

Remar mar adentro y echar las redes son dos movimientos que recogen lo nuclear de la llamada: lo que ocurre en lo hondo del corazón: interioridad, y lo que se despliega hacia los otros y con los otros: misión. 

Es preciso que no confundamos misión con tarea. La misión es inherente al seguimiento del Señor mientras que las tareas son concreciones de la misión y las tareas cambian en función de la edad, de las circunstancias, de los contextos. 

Algún día dejaremos de desempeñar tareas pero de la misión nunca cesamos, porque en todo momento podemos ser reflejo de su misericordia. Experimentamos, como Pedro, el sentimiento de la propia pequeñez e indignidad, y al mismo tiempo su confianza inquebrantable. 

Es el Señor quien lo va a ir haciendo, sólo él puede abrir en nuestro presente temeroso un futuro de fecundidad. 

¿Podemos recrear su llamada a amar más hondamente? 
¿Reestrenarla aquí, ahora, y tal y como estamos? 

San Ignacio terminaba sus cartas con esta petición: «Que el Señor nos de su gracia para sentir siempre su voluntad y cumplirla en su totalidad».


martes, 1 de enero de 2019

Santa María, Madre de Dios

Escrito por Mariola Lopez Villanueva rscj

Ella es la protagonista de esta fiesta pero, una vez más, deja todo el espacio a Jesús. María acoge las voces de los pastores, hombres y mujeres trabajadores, pobres, que tienen algo que transmitirle de parte de Otro y abraza la realidad con un corazón silenciado que se va volviendo cada vez más receptivo y permeable a los modos de Dios. La alegría de los pastores, su alabanza, se une a la que ella está viviendo. Celebrar la maternidad de María es sumergirnos también nosotros en esa corriente de bendición y de dicha, de gratitud ante la vida que se nos regala a través de lo frágil y vulnerable del mundo, en esos lugares de abajo donde Dios nos muestra su favor.

Al estrenar este año pongamos nuestras vidas bajo el nombre de Jesús y confiemos al amparo de María, mujer pacificada, tantas situaciones que claman por la paz. Entreguémosle a ella el tiempo nuevo que se nos ofrece, pasemos lentamente por el corazón lo que vemos y oímos, y pidamos la gracia de descubrir en nuestro caminar cotidiano las incipientes señales del Dios de los pequeños y sencillos.

martes, 25 de diciembre de 2018

Dejémonos Sorprender por Jesús en esta Navidad...


AUDIENCIA GENERAL del Papa FRANCISCO
Miércoles, 19 de diciembre de 2018

...Observemos la primera Navidad de la historia para descubrir los gustos de Dios. Esa primera Navidad de la historia estuvo llena de sorpresas. 

Comenzamos con María, que era la esposa prometida de José: llega el ángel y cambia su vida. De virgen será madre. 

Seguimos con José, llamado a ser el padre de un niño sin generarlo. Un hijo que  llega en el momento menos indicado, es decir, cuando María y José estaban prometidos y, de acuerdo con la Ley, no podían cohabitar. 

Ante el escándalo, el sentido común de la época invitaba a José a repudiar a María y salvar así su buena reputación, pero él, si bien tuviera derecho, sorprende: para no hacer daño a María piensa despedirla en secreto, a costa de perder su reputación. 

Luego, otra sorpresa: Dios en un sueño cambia sus planes y le pide que tome a María con él. Una vez nacido Jesús, cuando tenía sus proyectos para la familia, otra vez en sueños le dicen que se levante y vaya a Egipto. 

En resumen, la Navidad trae cambios inesperados de vida. Y si queremos vivir la Navidad, tenemos que abrir el corazón y estar dispuestos a las sorpresas, es decir, a un cambio de vida inesperado.

Pero cuando llega la sorpresa más grande es en Nochebuena: el Altísimo es un niño pequeño. La Palabra divina es un infante, que significa literalmente "incapaz de hablar". Y la palabra divina se volvió incapaz de hablar. Para recibir al Salvador no están las autoridades de la época, o del lugar, o los embajadores: no, son simples pastores que, sorprendidos por los ángeles mientras trabajaban de noche, acuden sin demora. ¿Quién lo habría esperado? La Navidad es celebrar lo inédito de Dios, o mejor dicho, es celebrar a un Dios inédito, que cambia nuestra lógica y nuestras expectativas.

Celebrar la Navidad, es dar la bienvenida a las sorpresas del Cielo en la tierra. No se puedes vivir “tierra, tierra”, cuando el Cielo trae sus noticias al mundo. La Navidad inaugura una nueva era, donde la vida no se planifica, sino que se da; donde ya no se vive para uno mismo, según los propios gustos, sino para Dios y con Dios, porque desde Navidad Dios es el Dios-con-nosotros, que vive con nosotros, que camina con nosotros. Vivir la Navidad es dejarse sacudir por su sorprendente novedad. 

La Navidad de Jesús no ofrece el calor seguro de la chimenea, sino el escalofrío divino que sacude la historia. La Navidad es la revancha de la humildad sobre la arrogancia, de la simplicidad sobre la abundancia, del silencio sobre el alboroto, de la oración sobre “mi tiempo”, de Dios sobre mi “yo”.

Celebrar la Navidad es hacer como Jesús, venido por nosotros, los necesitados, y bajar hacia aquellos que nos necesitan. 

Celebrar la Navidad es hacer como María: fiarse, dóciles a Dios, incluso sin entender lo que Él hará. 

Celebrar la Navidad es hacer como José: levantarse para realizar lo que Dios quiere, incluso si no está de acuerdo con nuestros planes. San José es sorprendente: nunca habla en el Evangelio: no hay una sola palabra de José en el Evangelio; y el Señor le habla en silencio, le habla precisamente en sueños. 

Navidad es preferir la voz silenciosa de Dios al estruendo del consumismo. Si sabemos estar en silencio frente al belén, la Navidad será una sorpresa para nosotros, no algo que ya hayamos visto. Estar en silencio ante el belén: esta es la invitación para Navidad. Tómate algo de tiempo, ponte delante del belén y permanece en silencio. Y sentirás, verás la sorpresa.

Desgraciadamente, sin embargo, nos podemos equivocar de fiesta, y preferir las cosas usuales de la tierra a las novedades del Cielo. Si la Navidad es solo una buena fiesta tradicional, donde nosotros y no Él estamos en el centro, será una oportunidad perdida. Por favor, ¡no mundanicemos la Navidad! No dejemos de lado al Festejado, como entonces, cuando «vino entre los suyos, y los suyos no le recibieron» (Jn 1,11). Desde el primer Evangelio de Adviento, el Señor nos ha puesto en guardia, pidiéndonos que no nos cargásemos con “libertinajes” y “preocupaciones de la vida” (Lc 21,34). Durante estos días se corre, tal vez como nunca durante el año. Pero así se hace lo contrario de lo que Jesús quiere. Culpamos a las muchas cosas que llenan los días, al mundo que va rápido. Y, sin embargo, Jesús no culpó al mundo, nos pidió que no nos dejásemos arrastrar, que velásemos en todo momento rezando (cfr. v. 36).

Será Navidad si, como José, daremos espacio al silencio; si, como María, diremos a Dios “aquí estoy”; si, como Jesús, estaremos cerca de los que están solos, si, como los pastores, dejaremos nuestros recintos para estar con Jesús. Será Navidad, si encontramos la luz en la pobre gruta de Belén. No será Navidad si buscamos el resplandor del mundo, si nos llenamos de regalos, comidas y cenas, pero no ayudamos al menos a un pobre, que se parece a Dios, porque en Navidad Dios vino pobre.

Queridos hermanos y hermanas, ¡Les deseo una Feliz Navidad, una Navidad rica en las sorpresas de Jesús! Pueden parecer sorpresas incómodas, pero son los gustos de Dios. Si los hacemos nuestros, nos daremos a nosotros mismos una sorpresa maravillosa. Cada uno de nosotros tiene escondida en el corazón la capacidad de sorprenderse. Dejémonos sorprender por Jesús en esta Navidad.

lunes, 1 de octubre de 2018

Fiesta de Santa Teresita...

Por Ángel Rossi, sj.

Vamos a reflexionar en torno a la Teresita seducida por Dios, o como hemos querido llamarla: la mimada. Lo fue de su familia y también lo fue de Dios. Una “gran mimada”. Y también nosotros lo somos...

Teresita tiene una especie de intuición muy clara: todos somos “predilectos de Dios”. En Dios, ser predilecto no hace que el otro sea menos que yo. Sólo Dios puede concederse plenamente esta posibilidad de cada hijo sea predilecto sin que esto vaya en desmedro del otro, del que quedaría en segundo lugar...

... mimada no significa que no conoció las dificultades, que todo fue color de rosa en su vida. Teresita sabe que los mimos de Dios por momentos tienen la forma de una caricia suave, y por momentos toman la forma de la prueba. Y en realidad, si hablamos en términos de tiempo _ lo cual puede ser muy injusto_, más tiempo pasó por la prueba que por los momentos fáciles. Y, sin embargo, no por eso deja de considerarse una cuidada por Dios, una mimada de Él. Algo de esto es lo que expresa Martín Descalzo en sus últimas voluntades: “... Quiero confesar que he sido y soy feliz, aunque en la balanza de mi vida sean más los desencantos y fracasos, porque aunque todos se multiplicasen, aún no borrarían la huella de tus besos. ¿De tus besos o de tus uñas, Halcón? No lo sé. Es lo mismo.”

El Papa Juan Pablo II ha dicho con mucha claridad que “el hombre contemporáneo cree más a los testigos que a los maestros. Cree más en la experiencia que en la doctrina. Cree más en la vida y en los hechos que en las teorías”. Por lo tanto, el evangelizador de este comienzo del milenio tendrá que ser no el que da una lección, no el que enseñe una sabiduría humana o una receta para bien vivir, sino el que anuncia la gozosa experiencia de una presencia viva en el propio corazón.

Teresita es, de un modo especial, ese testigo que nuestro mundo necesita, y lo es porque se sintió siempre una gran mimada de Dios a lo largo de toda su vida: Dios se ha complacido en rodearme siempre de amor.

En su sencillez, está dando la clave de toda vida cristiana: tener experiencia de ser amado. En su autobiografía lo que hace es declarar que ha sido amada, que ha habido amor en su vida. Y con esto ya tenemos para entretenernos, porque nuestra vida cristiana, sin esa experiencia de amar y de ser amado, no puede desarrollarse. Solamente somos fecundos cuando nuestro corazón ama, y nuestro corazón ama cuando se sabe amado. Teresita le escribía a su hermana Celina: Jesús hizo locuras por Celina... que Celina haga locuras por Jesús... El amor sólo con amor se paga y las heridas de amor, sólo con amor se curan.


Ésta es la clave de una vida cristiana y Teresita lo entendió. Se da lo que se recibe y siempre se recibe. El desafío es saber buscarlo...