martes, 24 de febrero de 2015

2do Día= EJERCICIOS ESPIRITUALES, La Mirada del Señor...

2do Día= La Mirada del Señor...

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A modo de Introducción...


San Ignacio cuando nos invita a realizar los Ejercicios Ignacianos, antes que nada, nos pone frente a lo que el llama “Principio y Fundamento”, lugar desde donde la vida se puede apoyar sobre roca firme. Nos dice San Ignacio que “El hombre ha sido creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor, y mediante esto salvar su alma”. Para San Ignacio es fundamental que la persona descubra que lo más importante es saberse amado y creado por Dios. “Es decir, que toda persona ha sido soñada amorosamente por Dios. Ésto le da consistencia a la vida del hombre, sino corremos el riesgo de no saber para qué existimos. Es desde este lugar donde va a salir la alabanza del hombre a Dios”   nos dice la hna Marta Irigoy, misionera diocesana.

Es importante descubrir, como dice San Ignacio, que “No el mucho saber harta y satisface el alma, sino el sentir y gustar  de las cosas internamente”. En este sentido, no es la acumulación de conocimientos intelectuales lo que nos sacia, sino el hecho de meditar interiormente; no hace falta tener muchas ideas, sino penetrar a fondo las verdades esenciales. Por eso en estos días de ejercicios si cuando escucho la reflexión o leo uno de los textos propuestos siento que algo me llama la atención, que me gusta, ahí me quedo… “La oración es un diálogo íntimo con Dios, por eso, muchas veces basta una sóla Palabra o un sólo gesto para que ya tenga materia para quedar reflexionando y rumiando. Donde siento gusto, ahí me quedo. Y después sigo adelante con lo demás. No hace falta que siga con todo, sino saber que algo de todo lo que me proponen es para a mí” nos dice la hna Marta

También recomienda San Ignacio para la persona que se dispone a hacer los ejercicios, acercarse al lugar de oración con alegría y disponibilidad, mostrarse abierto a lo que el Señor quiera decir o mostrar.  Por eso en estos días le vamos a pedir la gracia al Señor de que nos ayude a disponernos a que Él nos vaya moldeando a su gusto y según su sabiduría.

Saberse mirado
P. Ángel Rossi

En este segundo día, como composición de lugar nos vamos a poner bajo la mirada del Señor y descubrir cómo Él me mira… Es bueno saber cómo llegamos a estos días, cómo me encuentro interiormente y también cómo soy mirado por el Señor.

En la mirada del Señor podemos sentirnos en un lugar seguro, y ahí revisar el corazón y ofrecerle nuestras alegría y tristezas, los éxitos y fracasos de este tiempo, mis sueños.

Entrar en la escuela de la mirada del Señor, con quien se puede estar sin temores.

 Yo les propongo una frase de San Agustín “Mírame para que pueda amarte”.  Este Dios que sabe todo de nosotros, lo lindo y las partes difíciles también… ante Dios no hay máscaras, Él ya nos conoce, ya nos acepta y ya nos comprende. Por eso animarnos a ser honestos, y a preguntarnos bajo su mirada amante “¿cómo estamos?”.
Santa Teresa en “Camino de perfección” le recomendaba a sus monjas: “Procura luego, hija, tener compañía. Pues ¿qué mejor que la del mismo Maestro que enseñó la oración que vas a rezar? Representatelo al mismo Señor junto con vos y mira con qué amor y humildad te está enseñando. Y créeme, mientras puedas no estés sin tan buen amigo. Si te acostumbras a traerle y El ve que lo haces con amor y que andas procurando contentarle, no lo podrás -como dicen- apartar de vos; no te faltará para siempre; te ayudará en todos tus trabajos; y lo tendrás en todas partes: ¿pensás que es poco un tal amigo al lado? (…) Si estás alegre, mírale resucitado; que sólo imaginar cómo salió del sepulcro os alegrará. Si estás con trabajos o triste, mírale camino del huerto. (…) Míralo a Él con unos ojos tan hermosos y piadosos, llenos de lágrimas, y olvidará sus dolores por consolar los tuyos, sólo porque vayas y vuelvas la cabeza para mirarle”

Dios nos mira con una mirada personal, sólo desde su mirada amorosa podemos amarle.  El P. Ángel nos comparte un texto del Cardenal Newman:

“Sea quien seas Dios se fija en ti de modo personal, te llama por tu nombre, te ve y te comprende tal como te hizo, sabe lo que hay en ti. Conoce todos los pensamientos y sentimientos que te son propios. Todas tus disposiciones y gustos, tu fuerza y tu debilidad. Te ve en tus días de alegrías y también en los de tristezas. Se solidariza con tus esperanzas y tentaciones, se interesa por todas tus ansiedades y recuerdos, por todos los altibajos de tu espíritu. Él te rodea con sus cuidados y te lleva en sus brazos, Él ve tu auténtico semblante ya esté sonriente o cubierto de lágrimas, sano o enfermo. El vigila con ternura tus manos y tus pies. El oye tu voz, el latido de tu corazón y hasta tu respiración. Tú no te amas a ti mismo más de lo que Él te ama”.

La mirada es signo del conocimiento, sentir que este Señor nos conoce profundamente y esto nos da mucha confianza. Por eso para este día en la oración nos preguntamos: ¿qué mirada del Señor necesito en este tiempo de mi vida?. 

Como decía Guardini, vivir de su mirada y aprender en su presencia a captar el misterio de lo que yo soy, frente a Dios, frente al corazón y  a lo que soy. Recomiendo no tomar todos los textos, sino centrarse en la mirada que siento que el Señor me quiere hablar.

 Nos pueden ayudar algunos salmos:

Salmo 139:  “Señor tu me sondeas y me conoces”
Salmo 80:  “Alumbra tu rostro y nos salvaremos”
Salmo 33:  La mirada del Señor que nos libra de la muerte

Dios me mira amándome

-  La mirada conocedora (Jn 1, 43-51):  Natanael llega sin ganas al encuentro con Jesús, escéptico, hasta desconfiando de que algo bueno pueda salir de Nazareth. Jesús mirándolo le dijo: “Este es un verdadero israelita, un hombre sin doblez”. Natanael se descubre conocido por Él, desde lo profundo. “Yo te vi antes de que Felipe te llamara cuando estabas debajo de la higuera”. Dios conoce amando, nos ama conociendo.

- La mirada de Zaqueo (Lc 19, 1-9): una mirada que re-ubica. Jesús pasa caminando y se pone por debajo del árbol al que Zaqueo está subido. Por ahí, podemos andar trepados al árbol de la importancia, como mirando a Dios desde arriba, con los roles invertidos.

- La mirada a Bartimeo (Mc 10, 46-52):  “¡Animo! Levántate, Él te llama” le dicen los discípulos al ciego que estaba tirado al borde del camino. Una mirada que nos impulse a arrojar el manto, signo de nuestras seguridades, y a ponernos de pie de un salto e ir hacia Él.  Dios nos quiere mirar cara a cara, ni desde abajo como Bartimeo con una mirada rastrera, ni de arriba como Zaqueo. Una mirada que nos re-ubique: que nos abaje si andamos agrandados, y que nos ponga de pie si andaba en el piso.

- Una mirada que nos vocaciona (Mc 10, 17-22):  “El Señor lo miró con amor y le dijo: Sólo te falta una cosa, ve vende lo que tiene y dálo a los pobres. Ven y sígueme”. El Señor que nos vocaciona, nos llama a servirlo de un modo especial. Y si ya descubrimos la vocación, puede ser que necesitemos una mirada que nos reanime en la misión, que la sostenga y la haga fecunda. Una mirada que consile la misión.

- Una mirada que serene la tormenta (Mt 14, 22-33): sentir que no sólo el Señor nos mira a nosotros sino que también ve y comprende nuestras circunstancias. Él está en la orilla de nuestro corazón y no se desentiende de nuestra barquita sarandeada muchas veces por el mar embravecido, sino que viene a nosotros y nos dice: “Tranquilícense, soy yo. No teman”.

- Una mirada perdonadora (Lc 22, 61-62): como aquella a Pedro, que después que cantó el gallo 3 veces, se dió vuelta y miró a Pedro. Una mirada de inmensa ternura y de misericordia, que perdona. También una mirada de reproche pero con cariño a sus presunciones, como achacándole con la mirada pero con mucho cariño como si dijera “¿Viste que no eras tan fuerte como creías, viste que sólo no podías, viste que sin mi ayuda el corazón humano es capaz de todo incluso lo impensable?”

- Una mirada desde la cruz (Jn 19, 25-27): “Viendo a su madre y cerca de él al discípulo al que Él amaba…” Jesús entrega su madre a Juan, y a Juan a su madre. Quizás necesites una mirada tierna y cariñosa de María.

Para tener en cuenta

Todos los días desde las 8,30hs el P. Angel Rossi y la hna Marta van a ir dando las indicaciones y la reflexión del ejercicio de cada día. Esta bueno que además del texto que publicamos, también escuches en audio la reflexión del ejercicio. Si no podés a esa hora, se repite a las 18 y a las 00 en la sintonía de Radio María. También cada día cargaremos el material enwww.radiomaria.org.ar

Momento de oración

1-  Oración preparatoria: predisponernos para el encuentro con el Señor en el desierto. Intentar acallar las voces interiores.

2- Traer la materia: Se trata de reconstruir la historia de lo que contemplo a partir de los datos. Ayudará leer detenidamente y varias veces el pasaje que quiero contemplar. En este caso nos centramos en las miradas del Señor; descubrir con cuál de ellas necesitamos que el Señor nos mire hoy, y ahí quedarnos.

3- Composición de lugar: tengo que componer la escena, re-crearla, reconstruirla desde los datos que la Escritura me ofrece.

4- Meterme en la escena como si yo estuviera dentro de ella y preguntarme qué me dijo.

5-  Coloquio: a partir de lo que he vivido en la contemplación, no me faltarán palabras para pedir, agradecer, alabar o simplemente disfrutar de lo que se me ha dado.

6- Evaluación: tomar nota de lo que viví y sentí.

domingo, 22 de febrero de 2015

1er DÍA=EJERCICIOS ESPIRITUALES, Irnos al desierto...

Día 1: Irnos al desierto

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A modo de introducción...

Damos comienzo a la transmisión de los Ejercicios Ignacianos 2015. Este año estarán predicados por el sacerdote Jesuita Ángel Rossi, y contará con los comentarios de la hermana Marta Irigoy -misionera diocesana- y el P. Javier Soteras, director de Radio María Argentina. (Se transmitirán cada día desde las 8,30 am, 18hs y 00hs, a través de Radio María Argentina o en www.radiomaria.org.ar)

Hacer los Ejercicios Ignacianos, tiene como finalidad “buscar y hallar la voluntad de Dios para poder seguirla” en la vida concreta de cada ejercitante. Decidir hacerlos es animarse a ir al desierto, lugar donde Dios nos va a hablar al corazón… saber cómo escaparnos a este “desierto”, lugar de soledad de un rato en lo de todos los días… Nos dice el P. Angel Rossi en este primer día que el desierto es un lugar de seducción, también de prueba y lucha, y de encuentro con Dios. Dicen que el desierto es un lugar terrible y a la vez fascinante, como las cosas de Dios.

Por eso es en este primer día de ejercicios es importante que busquemos  un lugar en la casa en donde sea nuestro propio desierto, de silencio, lugar en donde nos sintamos a gusto, cómodos. “Vamos a encontrar el desierto en la medida que nos liberemos del “chantaje de lo urgente”, de los condicionamientos de la apariencia, de la dictadura del hacer” como nos dice el P. Ángel Rossi.  En el desierto se apunta a lo esencial: en el desierto aprendemos a distinguir lo que es importante de lo que es superfluo.

En el desierto se está con Dios o no se está con nadie, quedamos con el corazón desnudos. Allí buscamos la autenticidad, que no es hacer lo que me parece, sino eliminar de nuestras vidas todo lo que hay de mentira. A lo largo de éstos días de oración tendremos que ir discerniendo para eliminar de nuestras vidas todo lo que hay de maquillaje y mentiras. A veces en el desierto, Dios nos desinfla nuestros Nombres acrecentados y carentes de obras, agrandados. En el desierto recuperamos nuestro nombre verdadero, nuestra identidad, muchas veces rebajada.

Los ejercicios, y este desierto, será un espacio para reconocer los personajes que nos han ocupado la casa interior, sacarlos y volver a habitarla. Vamos al desierto a ser señores de nuestra propia vida, a recuperar la dimensión de hijos, y ocupar y vivir nuestra casa.

La oración es un encuentro con quien me habla. El desierto tiene sentido si me genera un verdadero espacio de encuentro para estar con quien me ama.

 Además de un lugar físico concreto en donde rezar, también tenemos que pautar de antemano un tiempo de duración del ejercicio. Es importante que lo hagamos con realismo conforme a nuestras posibilidades y a nuestra práctica en la oración. Si decidimos dedicarle 20 minutos a la oración cada día, es importante cumplirlo, ni más ni menos tiempo del pautado. No depende de cuántas “ganas” tengamos… entonces si estoy “a gusto” me quedo más y si ya me aburrí me voy; es ser fieles a esto que acordamos con Dios.

 También es bueno que cuando vayas al lugar de oración tengas a mano un cuaderno y una birome en donde puedas anotar lo que te vaya surgiendo cada día en el ejercicio. Además, tené la Palabra de Dios a mano, porque cada día vamos a ir orando con un texto específico.

 Prepárate, sube y espérame...
(Ex 34, 1-5  Cuando Dios hace subir a Moisés al monte)

Al comenzar ejercicios, lo que Dios le pide a Moisés nos los pide a nosotros, “Prepárate y predisponete para el encuentro”. Un encuentro que es gratuito, que no depende de nuestro esfuerzo, en donde el Señor nos invita. Les propongo que nos preguntemos, ¿cómo llegamos a este monte?. Dispersos, distraídos o preparados. ¿Quién soy? ¿Quién es esta persona que sube al monte? “Que nadie suba contigo” dice el Señor. Subimos en soledad, es un encuentro en donde yo me pongo sólo en ese rato de oración ante Dios.

El Señor nos pide que dejemos el corazón en blanco, que pongamos un cheque en blanco y que Él ponga la palabra que el considere que es una palabra para mí. Para algunos será una palabra de perdón, para otros de perdón, de ánimo o de consuelo.  “Pondré mi ley en su interior y escribiré en sus corazones” (Jr 31, 26). O lo que dice San Pablo,  “Cada uno de nosotros es una carta de Cristo escrita no con tinta sino con el Espíritu, no con tablas de piedra sino de carne” (2 Cor 3, 3).

Subir en paciencia, sin ansiedades ni pretensiones. Lo nuestro es disponerse y esperar, confiar en que el Señor no defrauda. Hay que saber esperar, e incluso habrá días en que parezca que “no pasó nada”, “no se movió el corazón”, pero a los tiempos los maneja Dios. El desafío es desear el encuentro: “Mi alma tiene sed de Tí” (Sal 42).

Comenzamos los ejercicios dejándonos decir por el Señor, “No tengan miedo”, yo estaré con ustedes y les hablaré al corazón. Vengan a un lugar desértico a descansar un rato. Confiar en que también para nosotros serán días de encuentro y profundización en el amor del Señor.

Carta de un soldado a Dios
Escucha Dios… yo nunca hablé contigo.
Hoy quiero saludarte, ¿cómo estás?
Tú sabes… me decían que no existes,
y yo, tonto de mí, creí que era verdad.
Yo nunca había mirado tu gran obra,
y anoche, desde el cráter que cavó
una granada vi tu cielo estrellado,
y comprendí que había sido engañado.
Yo no sé si tú, Dios, estrecharás mi mano,
pero voy a explicarte, y comprenderás,
es bien curioso, en este infierno horrible
he encontrado la luz para mirar tu faz.
Después de ésto, mucho que decirte no tengo.
Tan sólo que… me alegro de haberte conocido.
Pasada media noche habrá ofensiva,
pero no temo, sé que tú vigilas.
¡La señal! bueno Dios, ya debo irme…
me encariñé contigo… quiero decirte,
que como tú sabes, habrá lucha cruenta
y quizá esta noche, aún llamaré a tu puerta.
Aunque nunca fuimos amigos,
¿Me dejarás entrar si hasta a ti llego?
pero… si estoy llorando, ¿ves Dios mío?
se me ocurre que ya no soy un hombre abandonado y sin Dios.
Bueno Dios, debo irme… buena suerte.
Es raro, pero ya no temo a la muerte.

Poesía encontrada en el bolsillo de un soldado muerto en el frente de batalla

Momento de oración

1-  Oración preparatoria: predisponernos para el encuentro con el Señor en el desierto. Intentar acallar las voces interiores.

2- Traer la materia: Se trata de reconstruir la historia de lo que contemplo a partir de los datos.

Ayudará leer detenidamente y varias veces el pasaje que quiero contemplar. En este caso tenemos algunas lecturas que nos pueden ayudar para este primer día.

  • Os 2, 16 “La seduciré, la llevaré al desierto y le hablaré al corazón”. Dejarnos decir por el corazón cosas lindas. El Señor nos lleva al desierto, y nos renueva su cariño hacia nosotros hablándonos al corazón.
  • Mc 6, 31 “Vengan a un lugar solitario a descansar un poco”
  • Mt 11, 28-30 “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados que yo los aliviaré”.
3- Composición de lugar: tengo que componer la escena, re-crearla, reconstruirla desde los datos que la Escritura me ofrece.


4- Meterme en la escena como si yo estuviera dentro de ella y preguntarme qué me dijo.

5-  Coloquio: a partir de lo que he vivido en la contemplación, no me faltarán palabras para pedir, agradecer, alabar o simplemente disfrutar de lo que se me ha dado.

A tener en cuenta

Todos los días a las 8hs el P. Angel Rossi y la hna Marta van a ir dando las indicaciones y la reflexión del ejercicio de cada día. Es bueno que además del texto que publicamos, también escuches en audio la reflexión del ejercicio. Si no podés a las 8,30 escucharlo en vivo, se repite a las 18 y las 00 hs. en la sintonía de Radio María.

sábado, 21 de febrero de 2015

1er Domingo de Cuaresma=MI DESIERTO Y MI CONVERSIÓN

FUENTE: CEP -Centro de Espiritualidad y Pastoral-

La liturgia nos propone para este 1er domingo, un relato muy breve pero a la vez muy lleno de símbolos en torno a dos experiencias: desierto y conversión.

El desierto que nos presenta el evangelista, es tiempo y lugar de contrastes. En el desierto vive Jesús cuarenta días y vive rodeado de animales salvajes. Es tentado por satanás y los ángeles le sirven. Así el desierto, aunque es un tiempo y lugar de apartamiento, no está vacío, está cargado de presencias.

La conversión también es tiempo y lugar de contrastes. Se nos anuncia que se ha cerrado ya un ciclo: “el tiempo se ha cumplido”, y a la vez nos anuncian que estamos en el tiempo del Evangelio. Y así, la conversión implica la salida del tiempo caduco, el actual, para transitar uno nuevo, el de la llegada del Reino.

Pero en medio de la experiencia de desierto y conversión, aparece el Espíritu que impulsa, y la situación de Juan Bautista que provoca coraje. Marcos nos dice que Jesús va al desierto bajo el impulso del Espíritu Santo, y que movido por el arresto del Bautista, va a Galilea para anunciar la conversión. Jesús ni se resiste al Espíritu, ni se paraliza ante la dificultad o el reto. 

El Evangelio de este domingo nos está invitando a vivir el desierto y la conversión. Propone que dejemos guiarnos por el Espíritu Santo al desierto de Dios, que nos demos un tiempo para que podamos encontrarnos cara a cara y sin miedo, con todo lo que llevamos dentro de nosotros mismos. Y nos propone, como a Jesús, que estemos atentos a lo que va pasando a nuestro alrededor, para que las realidades de hoy provoquen el coraje de responder a los retos que nos presenten el Espíritu y el Mundo.

Desierto y conversión son presentados por Marcos como dos aspectos inseparables de un mismo camino. Una ruta que se transita con la luz del Evangelio. Todo desierto bien vivido ha de llevar a la conversión. Puede que nos resistamos a vivir el desierto que nos ofrece Dios por estar afianzados en nuestros apegos, en nuestras comodidades, en nuestras cerrazones. Y puede que con ello estemos rechazando la gracia de la conversión, y la salvación.

Que nos atrevamos a salir de nosotros mismos y nos expongamos a la energía del Espíritu de Dios para que nos coloque en la vida, libres, convertidos, solidarios, misericordiosos, alegres y esperanzados en la venida del Reino.
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MOMENTO CONTEMPLATIVO:
  • HAGO mi PETICIÓN: En forma sencilla hago una oración al Señor, que pueda expresar lo que tengo dentro de mi corazón, una oración que nazca de lo más hondo de mi vida. 
Señor, llévame al desierto para que entre en proceso de conversión.
  • COMO REZO?:
Busca gustar interiormente el  DESIERTO al que conduce el ESPÍRITU:

Dejarse conducir por el Espíritu al desierto implica arriesgarse, exponerse y disponerse a la acción de Dios. Si nos atrevamos a vivir el desierto divino saldremos curtidos de generosidad y misericordia.
      Que en esta cuaresma estemos atentos a la acción del Espíritu Santo que transforma todos nuestros miedos y resistencias en libertad.

Busca gustar interiormente la  CONVERSIÓN a la que invita JESÚS: 

Dejarse conquistar por Jesús implica volverse y mirarlo a Él y convertirse a un nuevo modo de amar y de servir. Si nos hacemos amigos y amigas de Jesús nuestra vida se llena de alegría y contagiamos a otros la hermandad.
        Que en esta cuaresma estemos atentos a la palabra de Jesús que convierte todos nuestros males y pecados en gracia divina.

Busca gustar interiormente el ENCUENTRO con la  PALABRA DE DIOS

Dejarse iluminar por la Palabra implica captar que “el tiempo se ha cumplido” y que hace falta nuevas prácticas y símbolos según los nuevos tiempos de Dios. Si estamos atentos a la realidad de cada persona, de cada tiempo y lugar, el Señor nos dará fortaleza y sabiduría para actuar y servir con gozo. 
         Que en esta cuaresma estemos atentos al amor de Dios que re-crea toda nuestra vida, haciéndola benéfica para nosotros mismos y para quien nos necesita. 


ORACIÓN de CUARESMA:

Ayúdame a hacer silencio,
Señor, quiero escuchar tu voz.
Toma mi mano, guíame al desierto,
que nos encontremos a solas, Tú y yo.
Necesito contemplar tu rostro,
me hace falta la calidez de tu voz,
caminar juntos... callar para que hables Tú.

Me pongo en tus manos, quiero revisar mi vida,
descubrir en qué tengo que cambiar,
afianzar lo que anda bien,
sorprenderme con lo nuevo que me pides.

Me tienta creer que te escucho,
cuando escucho mi voz.
¡Enséñame a discernir!
Dame luz para distinguir tu rostro.
Llévame al desierto
Señor, despójame de lo que me ata,
sacude mis certezas y pon a prueba mi amor
Para empezar de nuevo, humilde, sencillo,
con fuerza y Espíritu para vivir fiel a Ti.

         P. Javier Leoz

sábado, 14 de febrero de 2015

Un Dios que es más Dios en la Debilidad del Amor...

Escrito por Miguel Tombilla

Un leproso sale al encuentro de Jesús. Lo hace sabiendo que no puede acercarse, que lo tiene prohibido porque su enfermedad (como todas en aquella época) era fruto del pecado, del suyo o de sus padres, tanto da. Sabiendo que está violando la ley del mismo Dios se pone de rodillas y suplica. Lo hace desesperadamente, con la súplica que nace de la soledad, de la exclusión más lacerante. Y cree lo que le dice: “Si quieres puedes limpiarme”.
Ese “si quieres” que es seguridad en aquel que todo lo puede en la fragilidad del amor.

Y Jesús hace cuatro movimientos.
  • El primero es el que hace nacer a todos los demás: sintió compasión. Esa compasión de unas ovejas sin Pastor, de la muerte de su amigo Lázaro que lloran sus hermanas, de la hora de los olivos y de olor a muerte…Compasión de un Dios que la vivió desde el comienzo. Fragilidad que hace que Dios sea más Dios a los ojos de unos y deje de ser Dios a los ojos de otros.

  • El segundo movimiento fue extender la mano. La mano que bendice, que da de comer, que dibuja en el suelo secretos que no conocemos mientras que otros condenan a un débil sin derechos. La mano de Dios.

  • El tercer movimiento es el más escandaloso. Toca. Toca lo intocable, se hace pecado rozando con los dedos la culpa visible y contagiosa. Los dedos de Dios que así para muchos se hacen misericordia infinita que cura y reintegra en la vida. Para otros deja de ser Dios, porque Él nunca puede contaminarse con el pecado.

  • Y el último movimiento: la palabra que recrea. “Quiero, queda limpio”. Como la del inicio que creaba y veía que era bueno todo lo que hoy a nosotros nos suele pasar desapercibido.

Sentir compasión, extender la mano, tocar y decir… Y amar. A un leproso que no merecía nada, condenado justamente por su propio pecado. Hermosura de un Dios que es más Dios en la debilidad del amor, aunque algunos no puedan creerlo.

jueves, 12 de febrero de 2015

Cuando Jesús habla de Dios...


Escrito por Anselm Grum

 Cuando Jesús predicó por primera vez en la sinagoga de Cafarnaúm, los oyentes quedaron muy impactados de su enseñanza: «Pues los enseñaba con autoridad (divina), y no como los maestros de la ley» (Mc 1,22). Jesús habla de Dios de tal manera que los hombres presienten; este no sólo habla de Dios; en sus palabras se hace presente el mismo Dios; Dios resplandece en ellas. Era un discurso arrollador y un hablar auténtico. Ya este hablar de Jesús sobre Dios posibilita la curación de los hombres. Cuando Jesús estaba hablando adecuada y claramente de Dios, un hombre en la sinagoga se puso a gritar. Era un hombre poseído por un espíritu inmundo. Se podría decir: Tenía una imagen distorsionada de Dios. Cuando Jesús habla de Dios, esta imagen demoníaca de Dios se despierta. Quizá había reducido a Dios a un sistema de seguridad personal. O quizá lo había utilizado para imponerse a los demás. Dios le servía como peldaño para elevar su autoestima. Jesús saca a la luz estas imágenes demoníacas. Tenían que despabilarse. Y el hombre aquel terminó por estallar. Advirtió que se ahogaba. Cuando estas imágenes demoníacas ya no le sirven, todo su proyecto de vida se le viene abajo. Jesús ordena al espíritu inmundo: «¡Cállate y sal de él!» (Mc 1,25). 

Y el espíritu salió de él dando un fuerte alarido. La reacción de los hombres fue de temor y de asombro: «¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva llena de autoridad! ¡Manda incluso a los espíritus inmundos y estos le obedecen!» (Mc 1,27). Un hombre es curado mientras Jesús habla adecuadamente de Dios. Las imágenes enfermizas - de Dios hacen enfermar al hombre. Por el contrario, cuando uno llega a conocer al verdadero Dios mediante la experiencia de su propia verdad y habla de él con autenticidad, cura a los hombres dominados por imágenes demoníacas de Dios. Salvar es aquí, sobre todo, liberar al hombre de fuerzas extrañas, de demonios, de modelos de vida y de representaciones de Dios y del mundo que llevan a una situación de enfermedad.

Jesús sigue hablando de Dios de forma que ante sus palabras se dividen los espíritus –esto nos lleva al momento cuando Jesús es presentado en el Templo: Lc 2, 34-35  “ Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: «Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción,  y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos»-

Quién se deja enseñar por sus palabras reconoce a Dios y se conoce a sí mismo correctamente y encuentra en ellas un camino para la vida.

Ayudas para la oración

¿Hay en tu interior espíritus impuros que enturbian tu pensamiento?
¿Tienes una imagen correcta de ti mismo/a o bien, ¿te has apropiado una imagen falsa de ti, que falsifica tu imagen original?
¿Qué es lo que Jesús llama a salir a la luz en tu corazón?

Mirando a las personas de tu entorno

 ¿Qué es lo que distorsiona tu mirada?
¿Con que anteojos miras a tus prójimos?

EJERCICIOS ESPIRITUALES con el PADRE ANGEL ROSSI -sj.

Estimados amigos y amigas:

Les comparto la invitación a los EE que acompañaremos el P. Ángel Rossi sj, y yo - Marta Irigoy -misionera diocesana- en la Casa de EE Mons. Aguirre, en Victoria, Buenos Aires -ARGENTINA- del domingo 22 de febrero a las 19hs hasta el viernes 27 a las 13,30hs.

Un dato importante: no queda ningún lugar disponible en Planta baja -ya están reservados-.

Para anotarse tienen que solicitar la ficha de inscripción a: monsenoraguirre@gmail.com


sábado, 7 de febrero de 2015

Introducida en la Fiesta Comunitaria del Servicio Fraterno...


Escrito por Dolores Aleixandre -RSCJ-

Al invitarnos a recorrer junto a Jesús una de sus jornadas en Cafarnaúm (Mc 1,21-38), Marcos nos presenta una escena en la que vemos, como en maqueta, todo lo que va a ser la existencia de Jesús: "Después de salir de la sinagoga y con Santiago y Juan, se dirigió a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre y se la recomendaron. El se acercó, la tomó de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles" (Mc 1,29-31).

Una mujer anónima, a la que sólo conocemos referida a su yerno y poseída por la fiebre, fue introducida en la fiesta comunitaria del servicio fraterno por la mano liberadora de Jesús. Al comienzo del texto de Marcos, por tanto, es alguien en posición horizontal que es la de los muertos, separada de la comunidad y dominada por la fiebre. Al final del relato la encontramos en pie, curada y prestando servicio. Ha empezado a "tener parte con Jesús" (Jn 13,8). El secreto de la transformación se nos revela de una manera escueta: es el primer gesto silencioso de Jesús del que hay constancia en Marcos y tres verbos bastan para su sobriedad: "se acercó", "la cogió de la mano", "la levantó".

En un mundo en el que las relaciones se establecen a través del poder, de la dominación, de una manera de ejercer la autoridad en que el fuerte se impone sobre el débil, el rico sobre el pobre, el que posee información sobre el ignorante, la escena de esta mujer curada por Jesús nos introduce en el nuevo orden de relaciones que deben caracterizar el Reino: en él la vinculación fundamental es la de la hermandad en el servicio mutuo.

Cuando Marcos nos presenta a la suegra de Pedro "sirviendo", nos está diciendo: aquí hay alguien que ha entrado en la órbita de Jesús, que ha respondido a su invitación de ponerse a los pies de los demás y por eso está "teniendo parte con él.".

Muchas de las dificultades que tenemos en la vida relacional nos vienen de nuestra resistencia a ponernos en la postura básica de un servicio que no pide recompensas, ni reclama agradecimientos, ni se empeña en que "le pongan la medallita". Al que intenta vivir así, le basta con la alegría de evitar cansancio a otros y con el gozo de poder estar, como Jesús, con la toalla ceñida para lavar los pies manchados del camino de los hermanos. 

Imaginemos la novedad que supondría este modo de relacionarnos con la gente y entre nosotros...