sábado, 19 de diciembre de 2015

Adviento, Tiempo de no resistirnos a Cooperar con Dios en su Plan de Amor por el Mundo...

Escrito por Reverenda Ruth Patterson -Iglesia Presbiteriana en Irlanda-

Dios decidió realizar el proyecto que llevaba en su corazón desde antes de la creación del mundo. El tiempo llegó, es el momento. Es el lugar adecuado y he aquí la persona que escogió. María es una prueba maravillosa de que la forma que Dios tiene para intervenir es siempre una sorpresa y no está sometida a los grandes de este mundo. Al contrario, le gusta revelarse a través de los desconocidos y de los humildes. Las opiniones y los valores terrenales no cuentan en el plan de Dios. Pero María no es una creatura anónima, débil y sumisa. He aquí una mujer joven, enraizada en su fe, consciente de la historia de su pueblo, alguien que reflexiona, que hace preguntas, que se interroga sobre ella misma. El sí que va a cambiar todo para siempre no llegó de manera inmediata. Aquello que se le pide, sobre el plano humano, es inimaginable, absurdo, extremadamente peligroso y aparentemente imposible. Ustedes pueden imaginar no solamente a Gabriel, pero al cielo entero aguantar su respiración mientras esperaban su respuesta. 

Con los ojos bien abiertos y la visión del Espíritu Santo, deseando unir su destino al misterio, ella pronuncia finalmente su "Si", “Fiat”. “Yo soy la sierva del Señor y estoy dispuesta a aceptar todo lo que él quiera. Y que todo lo que acabas de decir se realice “. ¿Tendríamos razón de leer el combate que acaba de llevarse a cabo? Cuando pienso en María durante la anunciación, no veo un persona pasiva y sumisa, sino alguien plenamente viva, mirando hacia el futuro, maravillada por el milagro, alguien totalmente llena de lo que acaba de ser revelado que se siente invadida de un entusiasmo luminoso, tal vez con un poco de aprensión y también una verdadera determinación, ahora que ha dicho sí. 

María descubre su voz de una manera totalmente nueva, y entona su canto para todas las generaciones por la eternidad, un canto de liberación, de salvación y de libertad que se hará carne en ella por el poder del Espíritu Santo. Es como si su canto fuese la cúspide de todos los cantos a través de los siglos, cantados antes de ella por sus hermanas ancestrales, Myriam, Déborah y Hannah, todas ellas cantaron cantos de salvación pero no se les concedió ver lo que María vio, o escuchar lo que María escuchó. Es el canto de una profetisa quien se sabe bendecida por la revelación que le fue transmitida, quien sabe que debe cantar con todo su ser, cuerpo, alma y espíritu. El canto reúne en el eterno hoy de Dios todo aquello que sucedió como todo lo que va a suceder, y declara la fidelidad primordial de Dios por todos aquellos que reconocen la necesidad que tienen de él, de su misericordia eterna y de su amor inquebrantable.

 María representa el modelo de lo que significa ser discípulo de Jesús, no porque ella ofrece el retrato de un ideal de perfección muy alejado de las realidades de nuestras vidas, sino porque ella era plenamente humana y que, a través de su humanidad, ¿ impulsa a creer que es posible elegir un camino desconocido, a creer en la fuerza de la determinación individual, a creer que nuestras vidas pueden cambiar las cosas, mucho más de lo que podemos imaginar cuando no resistimos a cooperar con Dios en su plan de amor por el mundo.

Una Oración para concluir...  

Jesús, tú nos pides recibirte en nuestras casas en Navidad y todos los días. 
Tú escogiste a María para ser la madre de Jesús.
Nosotros podemos aprender de ella como recibirte en nuestras vidas. 
Podemos creer en la promesa que nos haces como María creyó en ella. 
Te damos las gracias. 
Ayúdanos a hacer de nuestras casas verdaderos lugares de acogida para aquellos que nos envías, 
Y acógenos en tu casa de Amor, en este tiempo de Navidad y siempre. 
Amén. 

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