sábado, 19 de octubre de 2013

EMPEZAR A ORAR...

Escrito por  Piet Van Breemen SJ

La oración es estar en la presencia de Dios con las manos abiertas y el corazón abierto. Hay tantas cosas en mi vida de las cuales yo me agarro, cerrando el puño... Y si abro mis manos, todavía están ahí... Nada se cae, mis manos están
abiertas. Eso es la oración. Después de un tiempo en que esté dispuesto a quedarme con las manos abiertas, bastante tiempo, vendrá el Señor, echará una mirada y rondará por mis manos para ver qué es lo que tengo. Puede quedar
sorprendido: ¡Tantas cosas!; luego se me quedará mirando y me preguntará:

¿Te importaría si te quito un poco?
Y yo le contesto:
Claro que lo puedes tomar, `por eso estoy aquí con las manos abiertas.
Y tal vez el Señor echará un vistazo en esta ocasión y me preguntará:
¿Te importaría si te pusiera algo en tus manos?
Y yo le respondo:
Claro que no.

Este es el meollo de la oración, el Señor puede quitar y poner algo, nadie más puede hacer esto. Pero El si puede.
Es el Señor. Yo sólo tengo que abrir mi corazón y mis manos y quedarme ahí el tiempo suficiente para que el Señor venga.

La oración no es tanto una búsqueda. La búsqueda lleva consigo una parte de impaciencia, una actividad. Tengo que hacer algo. No, la oración es un esperar. El esperar coloca el énfasis sobre la otra persona, la que va ha venir. Lo único que yo puedo hacer es esperar a esta persona. Al esperar expreso mi impotencia, mi insuficiencia, y esa es mi disposición hacia Dios. No puedo forzar a Dios a que venga. Todo lo que puedo hacer es esperar y estar presente. Orar significa soltar
mi control. Cuando oro ya no tengo el control, Dios es el que controla. Vendrá cuando crea ser el tiempo de venir. Orar es tener el valor de escuchar, de ceder mi autodeterminación.

La oración es esperar. Es esta espera la que sella y forma mi personalidad. Cuando estoy dispuesto a esperar me vuelvo diferente. La oración hace a una persona: atenta, contemplativa; en lugar de ser manipulante. El hombre de oración
es receptivo en este mundo. No agarra, sino que acaricia; no muerde, toca; no cuestiona, sino que admira y adora.

Bonhoeffer reflexiona: “Si te rehusas a estar a solas contigo estás rechazando la llamada que Cristo te está haciendo”. Uno tiene que estar a solas para soportar la espera. Uno tiene que esperar, no tratar de escapar, sino esperar con todo su ser.

La oración no puede ser medida en los términos de “utilidad”. Solamente se puede comprender como una entrega total, sin querer sacarle algo externo a ella misma. 
De lo contrario puedo sentirme tentado a convenir mi oración en media hora de lectura o de contemplación de la naturaleza.

La oración es un desperdicio de tiempo. Y, más que eso, es un desgaste de uno mismo.

La vida de oración puede ser explicada en tres etapas:

- 1ª En la primera etapa la oración se centra en darme cuenta de que Dios es Amor, que me ama como yo soy (no como debería ser). Me conoce por mi nombre. La oración es calentarse al sol del amor que Dios me tiene hasta que al final de cuentas penetre todo mi ser.

- 2ª La oración en su segunda etapa se concentra en la persona de Cristo. Esto quiere decir que procuro conocer a Cristo mejor, amarlo y seguirlo más de cerca. Hasta poder decir: “No soy yo el que vive. Es Cristo quien vive en mí” (Gal. 2, 20).

- 3ª La tercera etapa de la oración es encontrar a Dios comprometido en la totalidad de la realidad, en cada persona, en cada cosa; es un decir Si a la realidad. Un enfoque positivo ante la vida. Un compromiso con lo más necesitado y más débil de este mundo. No puedo orar nunca si no estoy dispuesto a comprometerme por completo.

La oración no puede ser nunca un sustituto de la donación completa de mi ser.

Debo vivir de tal forma que pueda orar. La verdadera dificultad no es tanto la oración sino la forma en que vivo.
Algunas veces me quejo de que la oración me pone tenso, no puedo orar regularmente. Esto es seguramente un escape. Mi manera de vivir, sencillamente, no va de acuerdo con mi oración. Cuando oro sin abrir las manos. Cuando no le doy a Dios completa libertad..., mi oración es seca, vacía y desolada. 

La oración debe arriesgar mi vida...

viernes, 11 de octubre de 2013

Corazones Agradecidos...

Escrito por  Clemente Sobrado

“Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a
a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Este era un samaritano. Jesús dijo: “¿No han quedado limpios los diez?
 Los otros nueve ¿dónde están?”

La gratuidad no impide que los demás sean agradecidos.
El agradecimiento implica:
Reconocer el favor recibido.
Reconocer la bondad del otro.
Reconocer la generosidad del otro.
El “dar las gracias” suele ser el pago de lo “gratuito”.

Ser agradecidos:
Revela la generosidad y gratuidad del otro.
Pero también pone de manifiesto la bondad del propio corazón.
Es posible que no tengas para devolver el favor al otro.
Pero siempre tendrás un corazón agradecido que ofrecer.

Me encanta la actitud de las madres cuando alguien le regala unos caramelos el hijo.
El niño se siente feliz.
Pero la mamá le dice: “¿Y ahora qué se dice?”
La reacción del niño es espontánea: “¡Gracias!”
Tal vez una de las primeras cosas que aprendimos de niño fue decir “gracias”.
Y sin embargo, es posible que, poco a poco, vayamos perdiendo esa sensibilidad, pensando que tenemos derecho a todo.

Y sin embargo nuestra vida debiera ser una sinfonía de agradecimientos.
Ser agradecidos a nuestros padres.
Ser agradecidos a Dios.
Ser agradecidos, incluso a nosotros mismos.
El agradecimiento es la mejor medicina de sanar nuestros corazones de la enfermedad del egoísmo.
Y no se trata de agradecer solo las cosas grandes.
Es el agradecimiento por esas cosas sencillas de la vida.
Quien no sabe agradecer, tampoco sabe reconocer y quien no sabe reconocer tiene el peligro de considerar como propio aquello que le pertenece sólo como regalo. Y eso se llama robo.
Es posible que nuestra cultura nos hable más de obligación que de gratuidad.
Que nos habla más de derechos que de gratitudes.

¿Quieres que te ayude a ser agradecido? Aquí te regalo algunos datos:

  • Hoy es un día para agradecerle a Dios el don de la vida. Muchas veces le has pedido la salud, que te cure de una enfermedad, que te evite este o aquel dolor. Pero ¿no es más importante la vida que la salud en la enfermedad? "Gracias por la vida. Señor de la vida".
  • Hoy es un día para agradecerle a Dios por el regalo de la fe. Por la fe, tú puedes ver lo que muchos otros no verán jamás. El ciego de Jericó le rogaba a gritos: "¡Señor, que yo vea!" ¿Cuándo rezaremos así, a golpes de alma? "Gracias, Señor, porque yo creo, yo veo." Los diez leprosos le pedían a Jesús a gritos:”Jesús, maestro, ten compasión de nosotros”.
  • Hoy es un día para agradecerle a Dios por haberte dado una familia que se llama Iglesia. La Iglesia es tu familia, incluso si tú no tienes familia. Si agradeces que alguien te invite a comer o cenar un día, ¿no has de darle gracias por hacerte miembro de su familia la Iglesia?
  • Hoy es un día para agradecerle a Dios por el Sacramento de la Penitencia. ¿Cómo sería tu vida si Dios no te hubiese dejado algún signo explícito donde te dice que ya no eres pecador, porque Él te ha perdonado?
  • Hoy es un día para mirarte a ti mismo, recordar tu historia y descubrir cuántas cosas maravillosas ha sembrado Dios en tu vida. Después de que te hayas visto, grita: "Gracias. Soy obra de tus manos".

Hoy es un día para agradecer a Dios el que esté dispuesto cada día a comenzar algo nuevo en tu vida.

Ser agradecido es tener un corazón noble.
Ser agradecido es reconocer lo recibido.
Ser agradecido es demostrar la nobleza del corazón.

jueves, 10 de octubre de 2013

La Oración...

Escrito por Clemente Sobrado

“Pidan y se les dará, busquen y hallaran, llamen y se les abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla; y al que llama se le abrirá”. (Lc 11,5-13)

Diera la impresión de que a Jesús: Le encanta ponerle obstáculos a la oración. Le encanta poner dificultades en el camino de la oración. Pero a la vez destaca:

que por encima de todo, siempre se logra lo que se pide.
que para orar hay que ser constantes.
que para orar hay que ser más fuertes de las dificultades.

Por eso define la oración con tres verbos y sus consiguientes efectos:

Pedir. Al que pide se le da.
Buscar. El que busca encuentra.
Llamar. Al que llama se le abrirá.

Es que la oración es pedir.

Es reconocer lo que nos falta y necesitamos.
Es ponernos delante de Dios que pobres.

La oración es buscar.

Porque esa es la condición del hombre.
El hombre es que se pasa buscando toda su vida.
Busca la fe, la esperanza y la caridad.
Busca a Dios sin el que no puede vivir.
Busca la verdad sin la cual la vida es una apariencia.
Busca la salvación.
Busca el perdón.

La oración es llamar.

Orar es llama al corazón de Dios.
Orar es llamar a la puerta del corazón de Dios.
Orar es llamar a la puerta del cielo.
Orar es llamar al corazón del amigo.
Orar es llamar a los que está dentro.
Orar es llamar a los que se han quedado fuera.
Orar es llamar a los que se niegan a entrar.
Orar es llamar pidiendo el perdón.
Orar es llamar pidiendo la misericordia y comprensión.

Un bello esquema de oración

Con frecuencia los libros y los mismos maestros del espíritu nos complican demasiado la oración.

Y por eso mismo muchos se desalientan.                                                                
Jesús nos propone un método sencillo.                                                                  
Tan sencillo que todos lo sabemos sin complicarnos para nada.

Para cuantos dicen que no saben orar. ¿No sabes pedir?
Para cuantos encuentran dificultades para orar. ¿No sabes buscar en tu corazón?
Para cuantos no saben qué hacer en la oración. ¿No sabes llamar a Dios?

Señor: que cuando me pidas, sea generoso en darte.                                              
Señor: que cuando me busques, no me esconda de ti.                                            
Señor: que cuando me llames, esté pronto en responderte...

domingo, 6 de octubre de 2013

"En el Corazón Humano hay, a la vez, un Creyente y un no Creyente..."

Escrito por Jose Antonio Pagola -Fuente: Red evangelizadora Buenas Noticias-

"Jesús les había repetido en diversas ocasiones: “¡Qué pequeña es su fe!”. Los discípulos no protestan. Saben que tiene razón. Llevan bastante tiempo junto a él. Lo ven entregado totalmente al Proyecto de Dios; solo piensa en hacer el bien; solo vive para hacer la vida de todos más digna y más humana. ¿Lo podrán seguir hasta el final?

Según Lucas, en un momento determinado, los discípulos le dicen a Jesús: “Auméntanos la fe” . Sienten que su fe es pequeña y débil. Necesitan confiar más en Dios y creer más en Jesús. No le entienden muy bien, pero no le discuten. Hacen justamente lo más importante: pedirle ayuda para que haga crecer su fe.

La crisis religiosa de nuestros días no respeta ni si quiera a los practicantes. Nosotros hablamos de creyentes y no creyentes, como si fueran dos grupos bien definidos: unos tienen fe, otros no. En realidad, no es así. Casi siempre, en el corazón humano hay, a la vez, un creyente y un no creyente. Por eso, también los que nos llamamos “cristianos” nos hemos de preguntar: ¿Somos realmente creyentes? ¿Quién es Dios para nosotros? ¿Lo amamos? ¿Es él quien dirige nuestra vida?

La fe puede debilitarse en nosotros sin que nunca nos haya asaltado una duda. Si no la cuidamos, puede irse diluyendo poco a poco en nuestro interior para quedar reducida sencillamente a una costumbre que no nos atrevemos a abandonar por si acaso. Distraídos por mil cosas, ya no acertamos a comunicarnos con Dios. Vivimos prácticamente sin él.

¿Qué podemos hacer? En realidad, no se necesitan grandes cosas. Es inútil que nos hagamos propósitos extraordinarios pues seguramente no los vamos a cumplir. Lo primero es rezar como aquel desconocido que un día se acercó a Jesús y le dijo: “Creo, Señor, pero ven en ayuda de mi incredulidad”. Es bueno repetirlas con corazón sencillo.

Dios nos entiende. El despertará nuestra fe.

No hemos de hablar con Dios como si estuviera fuera de nosotros. Está dentro. Lo mejor es cerrar los ojos y quedarnos en silencio para sentir y acoger su Presencia. Tampoco nos hemos de entretener en pensar en él, como si estuviera solo en nuestra cabeza. Está en lo íntimo de nuestro ser. Lo hemos de buscar en nuestro corazón.

Lo importante es insistir hasta tener una primera experiencia, aunque sea pobre, aunque solo dure unos instantes. Si un día percibimos que no estamos solos en la vida, si captamos que somos amados por Dios sin merecerlo, todo cambiará. No importa que hayamos vivido olvidados de él. Creer en Dios, es, antes que nada, confiar en el amor que nos tiene".

sábado, 5 de octubre de 2013

"Como una Semilla Insignificante..."

Escrito por  Antonio. L. García

La fe, en cuanto don de Dios, manifiesta el poder de Dios que lleva al hombre más allá de sus límites y le hará audaz para soñar nuevas metas, para ser entusiasta en la acción y resistente en las dificultades. Y porque es don no se trata de tamaño, ni de algo que se posea como una propiedad y dé seguridad y poder; de hecho
basta con una fe tan minúscula como un grano de mostaza.

¡Siempre la semilla como imagen! La fe no es fuerza y poder para hacer milagros portentosos, sino semilla insignificante que se va desarrollando lentamente y de la que surgirán grandes frutos de bondad, de misericordia, de esperanza.


La fe es confianza en las propias posibilidades derivada de la confianza en Dios. Cuando se cree en la utopía del Reino de Dios no hay obstáculo insalvable. Jesús les asegura y nos asegura que con la fuerza de la palabra se puede hacer posible lo que parece imposible; y que cuando hayan hecho esto no se crean que son más que nadie ni con más derechos que los demás. “Digan: somos unos pobres siervos; hemos hecho lo que debíamos hacer”.

El siervo pobre no busca la seguridad que otorga la propiedad ni puede esgrimir derechos para reclamar premios de nadie y menos de Dios. La fe que se necesita es un don gratuito de Dios que, desde la perspectiva del hombre, sólo exige apertura y acogida. Es un modo de vida, no un conjunto de verdades. Eso llevará al apóstol a “trabajar como si todo dependiera de nosotros y confiar como si todo dependiese de Dios”.

¿En quién y en qué pones tu confianza?...


miércoles, 2 de octubre de 2013

El Secreto de Santa Teresita: Saberse la Mimada de Dios...

Por Angel Rossi -sj- (Fuente: Radio María)

En primer lugar vamos a reflexionar en torno a la Teresita seducida por Dios, o como hemos querido llamarla: la mimada. Lo fue de su familia y también lo fue de Dios. Una “gran mimada”. Y también nosotros lo somos...

Teresita tiene una especie de intuición muy clara: todos somos “predilectos de Dios”. En Dios, ser predilecto no hace que el otro sea menos que yo. Sólo Dios puede concederse plenamente esta posibilidad de cada hijo sea predilecto sin que esto vaya en desmedro del otro, del que quedaría en segundo lugar...

... mimada no significa que no conoció las dificultades, que todo fue color de rosa en su vida. Teresita sabe que los mimos de Dios por momentos tienen la forma de una caricia suave, y por momentos toman la forma de la prueba. Y en realidad, si hablamos en términos de tiempo _ lo cual puede ser muy injusto_, más tiempo pasó por la prueba que por los momentos fáciles. Y, sin embargo, no por eso deja de considerarse una cuidada por Dios, una mimada de Él. Algo de esto es lo que expresa Martín Descalzo en sus últimas voluntades: “... Quiero confesar que he sido y soy feliz, aunque en la balanza de mi vida sean más los desencantos y fracasos, porque aunque todos se multiplicasen, aún no borrarían la huella de tus besos. ¿De tus besos o de tus uñas, Halcón? No lo sé. Es lo mismo.”

El Papa Juan Pablo II ha dicho con mucha claridad que “el hombre contemporáneo cree más a los testigos que a los maestros. Cree más en la experiencia que en la doctrina. Cree más en la vida y en los hechos que en las teorías”. Por lo tanto, el evangelizador de este comienzo del milenio tendrá que ser no el que da una lección, no el que enseñe una sabiduría humana o una receta para bien vivir, sino el que anuncia la gozosa experiencia de una presencia viva en el propio corazón.

Teresita es, de un modo especial, ese testigo que nuestro mundo necesita, y lo es porque se sintió siempre una gran mimada de Dios a lo largo de toda su vida: Dios se ha complacido en rodearme siempre de amor.

En su sencillez, está dando la clave de toda vida cristiana: tener experiencia de ser amado. En su autobiografía lo que hace es declarar que ha sido amada, que ha habido amor en su vida. Y con esto ya tenemos para entretenernos, porque nuestra vida cristiana, sin esa experiencia de amar y de ser amado, no puede desarrollarse. Solamente somos fecundos cuando nuestro corazón ama, y nuestro corazón ama cuando se sabe amado. Teresita le escribía a su hermana Celina: Jesús hizo locuras por Celina... que Celina haga locuras por Jesús... El amor sólo con amor se paga y las heridas de amor, sólo con amor se curan.

Ésta es la clave de una vida cristiana y Teresita lo entendió. Se da lo que se recibe y siempre se recibe. El desafío es saber buscarlo...