sábado, 13 de julio de 2013

¿Y quién es mi prójimo?... El prójimo eres tú


Escrito por Alessandro Pronzatto

"La pregunta hecha por el doctor de la Ley a Jesús sigue siendo fundamental: «¿Y quién es mi prójimo?». También podríamos traducir: «¿Dónde encuentro al prójimo?».

Desearía señalar un lugar «insólito» donde pocos sospechan que se pueda encontrar al prójimo.

El prójimo está dentro de ti mismo. El prójimo, en primer lugar, eres tú. Quizás algunos se sorprendan y hasta se escandalicen por esta afirmación. Y objetarán que el amor, por el contrario, es olvido de sí, capacidad de desaparecer y disponibilidad a ser «para» el otro. Argumentarán que sólo renunciando al egoísmo es posible amar verdaderamente.

No obstante, no debemos confundir un conveniente y hasta obligado amor a sí mismo con el egoísmo. Son dos cosas totalmente diversas. Una cierta -mala- formación ha enseñado el desprecio e incluso el odio a uno mismo.

Se trata de una actitud radicalmente contraria al Evangelio, donde Jesús, citando el Antiguo Testamento, enseña: «Amarás al prójimo como a ti mismo» (Mc 12,31). Aquí se sugiere, por tanto, la posibilidad y hasta el deber de amarnos a nosotros mismos. La caridad con uno mismo es perfectamente legítima según el Evangelio.
Estoy convencido de que muchas personas son incapaces de amar y aceptar a los demás porque no consiguen establecer una buena relación consigo mismas. Como no saben estar como es debido en su propia casa interior, no están preparadas para vivir «fuera».
                             
Hay individuos que no se soportan, que albergan resentimientos contra sí mismos. No se perdonan aquel palmo de estatura de menos o el no haber sabido aprovechar una circunstancia favorable en la vida.
Personas desdichadas que se acusan de continuo por una infinidad de motivos: carácter, defectos, fracasos, errores, talentos limitados, males físicos, un árbol genealógico con alguna rama seca y que cruje...

Por eso tienes que amarte a ti mismo. Tienes que perdonarte. Tener paciencia, confianza en ti mismo. Es bueno que ejercites la fe, la esperanza y la caridad también contigo mismo. Tienes el preciso deber de «hacerte prójimo» del pobre desgraciado que eres. Se te pide que te respetes y te ames como a «cualquier otro pobre miembro del cuerpo místico de Cristo», según la expresión de G. Bernanos.

Es absurdo que mantengas distancias con respecto a ti mismo. Tienes que acercarte, mirarte a la cara, decirte que quieres «vivir en armonía», estar de acuerdo contigo mismo, no faltarte al respeto.

En lugar de sentir aversión hacia ti mismo (lo cual representa el exceso opuesto de la autocomplacencia), es útil que lleves serenamente tu peso y aceptes tus límites.
Y cuando tenga lugar el más pequeño incidente, el primer -o enésimo- infortunio, no pienses de inmediato que la convivencia es imposible. Trata de ser fiel a ti mismo, a pesar de las traiciones y las groserías que recibes de la parte peor que hay en ti.

Convéncete. No podrás ser fiel a Dios ni a otra persona si no aprendes a ser fiel a ti mismo".


"La Luz de la FE"



CARTA ENCÍCLICA LUMEN FIDEI
DEL SUMO PONTÍFICE
FRANCISCO
A LOS OBISPOS
A LOS PRESBÍTEROS Y A LOS DIÁCONOS
A LAS PERSONAS CONSAGRADAS
Y A TODOS LOS FIELES LAICOS
SOBRE LA FE

1. La luz de la fe: la tradición de la Iglesia ha indicado con esta  expresión el gran don traído por Jesucristo, que en el Evangelio de san Juan se presenta con estas palabras: « Yo he venido al mundo como luz, y así, el que cree en mí no quedará en tinieblas » (Jn 12,46). También san Pablo se expresa en los mismos términos: « Pues el Dios que dijo: “Brille la luz del seno de las tinieblas”, ha brillado en nuestros corazones » (2 Co 4,6). En el mundo pagano, hambriento de luz, se había desarrollado el culto al Sol, al Sol invictus, invocado a su salida. Pero, aunque renacía cada día, resultaba claro que no podía irradiar su luz sobre toda la existencia del hombre. Pues el sol no ilumina toda la realidad; sus rayos no pueden llegar hasta las sombras de la muerte, allí donde los ojos humanos se cierran a su luz. « No se ve que nadie estuviera dispuesto a morir por su fe en el sol »[1], decía san Justino mártir. Conscientes del vasto horizonte que la fe les abría, los cristianos llamaron a Cristo el verdadero sol, « cuyos rayos dan la vida »[2]. A Marta, que llora la muerte de su hermano Lázaro, le dice Jesús: « ¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios? » (Jn 11,40). Quien cree ve; ve con una luz que ilumina todo el trayecto del camino, porque llega a nosotros desde Cristo resucitado, estrella de la mañana que no conoce ocaso.

Para seguir leyendo hacer clik en el siguiente enlace:

viernes, 5 de julio de 2013

Pónganse en camino...

Escrito por Mamerto Menapace

Misionar es fundamentalmente DAR, pero con la consecuencia inevitable de tener que estar abierto a RECIBIR. porque dar, si es sincero, es perseguido por otro “recibir” desinteresado, gratuito.

Misionar no es ir a repartir rosarios, o estampitas...sino que es ir a compartir la fe que uno tiene... 

Es ir a vivir el evangelio con aquellos que no tienen la posibilidad de alguien que se los transmita o enseñe. 

La misión es anunciar a Dios, salir al encuentro del otro, compartir, aprender de él. Escuchar, requiere una actitud de diálogo que solo Jesús nos puede enseñar. Es querer ir desde una postura al estilo de Jesús, con simpleza en las formas y en el diálogo. 

Cuando tenemos que mudarnos a otro lado, cuando tenemos que dejar lo que estamos haciendo o dejar a quienes queremos, para ir, en general sufrimos porque los cambios cuestan. Lejos de los nuestros, separados de nuestros apoyos, privados de nuestras mascaras, nos encontramos por ENTERO en la superficie de NOSOTROS MISMOS. 

Esta palabra “salir” es muy expresiva, porque amar es encaminarnos hacia el otro.. caminar desde el egoísmo hacia el amor. Salir implica desacomodarnos, y lo experimentamos en las pequeñas y grandes cosas. 

Salir es dejar a las noventa y nueve ovejas y buscar a la perdida. El misionar es salir al encuentro de los que no están y de los que conocen poco a Jesús. Salir y caminar desde nuestros egoísmos, hacia los demás. Sentirnos LLENOS de algo tan SIMPLE.

El misionero se cansa cuando NO camina.. pidamos a Dios, gastar nuestros pies en el barro o en el asfalto...



"La Luz de la FE"

CARTA ENCÍCLICA LUMEN FIDEI
DEL SUMO PONTÍFICE
FRANCISCO
A LOS OBISPOS
A LOS PRESBÍTEROS Y A LOS DIÁCONOS
A LAS PERSONAS CONSAGRADAS
Y A TODOS LOS FIELES LAICOS
SOBRE LA FE

1. La luz de la fe: la tradición de la Iglesia ha indicado con esta  expresión el gran don traído por Jesucristo, que en el Evangelio de san Juan se presenta con estas palabras: « Yo he venido al mundo como luz, y así, el que cree en mí no quedará en tinieblas » (Jn 12,46). También san Pablo se expresa en los mismos términos: « Pues el Dios que dijo: “Brille la luz del seno de las tinieblas”, ha brillado en nuestros corazones » (2 Co 4,6). En el mundo pagano, hambriento de luz, se había desarrollado el culto al Sol, al Sol invictus, invocado a su salida. Pero, aunque renacía cada día, resultaba claro que no podía irradiar su luz sobre toda la existencia del hombre. Pues el sol no ilumina toda la realidad; sus rayos no pueden llegar hasta las sombras de la muerte, allí donde los ojos humanos se cierran a su luz. « No se ve que nadie estuviera dispuesto a morir por su fe en el sol »[1], decía san Justino mártir. Conscientes del vasto horizonte que la fe les abría, los cristianos llamaron a Cristo el verdadero sol, « cuyos rayos dan la vida »[2]. A Marta, que llora la muerte de su hermano Lázaro, le dice Jesús: « ¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios? » (Jn 11,40). Quien cree ve; ve con una luz que ilumina todo el trayecto del camino, porque llega a nosotros desde Cristo resucitado, estrella de la mañana que no conoce ocaso.

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sábado, 29 de junio de 2013

"Jesús te Seguiré y las Respuestas de Jesús..."

Del Padre Angel Rossi -sj-

El “Jesús te seguiré” también tiene sus condiciones, y de hecho en la Palabra Jesús le va a decir a figuras anónimas, que no son los discípulos: “Sepan que el hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza”. Otro le pide permiso para ir a despedirse de los suyos y Jesús les va a decir que ya no hay tiempo, “dejen que los muertos entierren a los muertos”, está hablando de una urgencia evangélica.

Uno puede tomar este “Jesús te seguiré” (Lc 9, 57-62) que en el fondo es lo que uno debería poder llegar a decir desde lo hondo del corazón al Señor. Y sería interesante que uno se deje responder por el Señor. ¿Qué me diría el Señor? Uno puede imaginar, tomando los textos evangélicos, qué me podría decir hoy el Señor. Les propongo tres posibles respuestas.

 1) “Tienes que nacer de nuevo”

Es la respuesta a Nicodemo, que podríamos adaptarla a la ocasión “Si querés seguirme tenés que nacer de nuevo” (Jn 3, 1-ss). Es una invitación a la conversión. No se lo puede seguir al Señor si no hay al menos el intento de conversión. El Señor llama a pecadores pero implica en nosotros un camino de purificación del corazón, la conversión, que no es un cambio de modales, es un cambio en el modo de vivir, en el modo de ser... no es cuidar la vidriera, es desmantelar la trastienda, es ir de a poquito desmantelando las zonas de noche disimuladas que tenemos en el corazón. La conversión no es mejorar un poquito, es reorientar la vida, este es el desafío.

“Jesús te seguiré” y Jesús nos diría como a Nicodemo: “Tenés que nacer de nuevo”. A este hombre judío, inteligente, culto, le decía una especie de: “Nicodemo, no me estudies, seguime; no me conozcas fríamente, conoceme internamente; no me adules, rezame, pedime con corazón de hijo”, este es el desafío. En el fondo Jesús le está diciendo a Nicodemo y nos dice a nosotros, que la condición para poder seguirlo es enamorarse. Nadie sigue a quién no ama, nadie ama a quién no conoce. Enamorarse es este conocimiento interno del Señor que es lo que me seduce para poder seguirlo.

Nos decía el P. Arrupe: “Nada puede importar más que encontrar a Dios, es decir, enamorarse de él de una manera definitiva y absoluta. Aquello de lo que te enamoras atrapa tu imaginación y acaba por ir dejando su huella en todo. Será lo que decida qué es lo que te saca de la cama en la mañana, qué haces con tus atardeceres, en qué empleas tus fines de semana, lo que lees, lo que conoces, lo que rompe tu corazón, lo que te sobrecoge de alegría y gratitud, enamórate y luego permanece en el amor, verás que todo será de otra manera”.

Por lo tanto, quizás, frente a este “Jesús te seguiré” quizás uno podría dejarse decir: Si querés seguirme tendrás que nacer de nuevo.

2) Levantate del borde del camino

“Jesús te seguiré”, quizás el Señor me diría: “Si querés seguirme tenés que levantarte del borde del camino” (Marcos 10, 46 – ss) aquello que le dice al ciego. Éste hombre que cuando pasa Jesús le grita, los discípulos lo intentan callar, Jesús se da cuenta de aquel grito que tiene una hondura muy especial, lo manda a llamar y los discípulos le dicen aquello tan lindo que ojala nos lo podamos decir nosotros: “Levántate, porque Él te llama”. Y aquel hombre pegó el salto, soltó la túnica. Para un hombre que es ciego y pordiosero la túnica lo es todo, es la seguridad y le permite pasar la noche sin morirse en los lugares que hace frío. El ciego se pone frente al Señor y entonces el Señor le pregunta: “Qué quieres que haga por ti” y él le contesta “Señor, que vea”, y el Señor le dice: “Ve, tu fe te ha salvado”, y concluye el texto diciendo: “Y después lo siguió por el camino”.

El Señor lo cura pero por sobretodo lo levanta del borde del camino. Nadie puede ir detrás del Señor, nadie lo puede acompañar al Señor arrastrándose, es necesario seguirlo de pié. Dios no nos quiere tirados, nos quiere de pie, Dios no nos quiere reptando, nos quiere caminando junto a Él. Quizás la condición para seguirlo al Señor sea esta de levantarnos del borde del camino, y uno podría ponerle nombre a ese borde del camino, es como si el Señor nos dijera: levántate de tu pereza, levántate de tu tristeza, levántate de tu pecado que te tiene hundido, levántate de tus proyectos rastreros.

Juan Pablo II en una de las primeras meditaciones de pascua, tomando el texto de Jesús que la hace poner de pie a la hija de Jairo en el evangelio, decía aquello tan lindo en la Plaza San Pedro:

Levántate tú que estás desilusionado, levántate tú que ya no tienes esperanza, levántate tú que te has acostumbrado a una vida gris y a los dones de Dios, levántate tú que has perdido la confianza de llamar a Dios papá, levántate tú que sufres, levántate cuando te sientas excluido, abandonado, o marginado.

“Jesús te seguiré”, quizás el Señor podría decirnos “si quieres seguirme levántate, te quiero de pie, levántate del borde del camino”.

3) Rompé el frasco

Y finalmente el Señor podría decirme: “Si quieres seguirme tienes que romper el frasco” Está en Juan 12 en donde aquella mujer unge al Señor con un perfume de nardo carísimo. Los textos paralelos dicen que la mujer rompe el frasco y lo perfuma. El perfume es símbolo de lo más caro, y lo más caro nuestro es el amor... La mujer rompe el frasco, no es que se le cayó y se le rompió, ella lo rompió y al romperlo Judas se escandaliza pensando en cuánto podría valer. Están simbolizadas dos actitudes, romper el frasco como símbolo del derroche, la medida del evangelio es el derroche. Jesús lo enseñó en la multiplicación de los panes, en la pesca milagrosa, en las bodas de Caná, cuando Jesús ama, cuando Jesús nos da, cuando Jesús hace sus milagros, siempre es en clave de derroche. Es un gesto hermoso de esta mujer, rompe el frasco, y es lindo, porque sin darse cuenta es un gesto profético. Por un lado porque Dios Padre ha hecho lo mismo con nosotros, porque Jesucristo es el mejor perfume del Padre, y para ungirnos a nosotros, para redimirnos, rompe el frasco, nos entrega a su hijo a la cruz y después a la resurrección para salvación nuestra. Y esta mujer no solo lo contempla a Jesús sino que lo contempla en la acción, se juega en un gesto, rompe el frasco en un ambiente que además le es hostil, porque entra en un grupo de hombres que la habrán visto como diciendo “si Jesús supiera quién es esta mujer”.

Está bueno preguntarnos: ¿cuál es mi frasco de perfume que todavía no termino de romper? ¿Qué es eso que me todavía me reservo?. Siempre hay algo reservado, algo que no termino de entregarle al Señor, a veces uno dice que algo se reserva para una mejor ocasión pero ¿cuál es la ocasión? No existe la ocasión. Se dice que el amor siempre reconoce la ocasión, y si no la reconoce, el amor es creativo, crea la ocasión para entregar. Seguirlo al Señor es terminar de romper ese frasquito que está ahí metido en el corazón nuestro y que no terminamos de romper para ungir al Señor…

Entonces cada uno, dejando que esta pregunta cale hondo en el corazón y podamos preguntarnos:¿y nosotros? Lo mejor de mi amor tiene que ser para ungir a lo derrotado de Cristo entre nosotros: los solitarios de mi familia, o de mi mundo en donde nos toque vivir, los pobres, los enfermos, los que no encuentran sentido a la vida, los presos... cada uno sabrá cuáles son los derrotados, los Cristos derrotados que tenemos en torno a nosotros. Ungimos a todos, pero el mejor de nuestros perfumes es para ellos.

Exigencias para seguir a Jesús

En estas tres posibles respuestas de Jesús ante el “Jesús te seguiré” nuestro, siempre algo se sacrifica. Nicodemo, sacrifica su estatus social porque seguirlo a Jesús suponía el rechazo de los de su ámbito: desaparece de la escena y recién aparece después en la Pasión. En el caso del ciego tiene que soltar la túnica. Y la mujer tiene que romper el frasco. Siempre en el seguimiento del Señor tiene que haber esta disponibilidad de entrega, esta disponibilidad de soltar aquello que quizás nos está impidiendo seguirlo al Señor, nos está impidiendo pegar el salto como el ciego o nos está impidiendo romper el frasco.

 Es bueno que nos animemos a sentir muy hondo este seguimiento que para nosotros a veces son decisiones grandes de vida pero que también es un seguimiento en lo cotidiano. El modo cotidiano de seguirlo al Señor es el trabajo de cada día, es asumir la ley desde nuestro pueblo de nuestra gente... éste es nuestro modo de seguimiento además de los modos concretos que el Señor pueda pedirnos a lo largo de nuestra vida a cada uno en particular.

Para terminar compartimos aquella oración del misionero que tiene el hermano Fermín Gainza en donde imagina el llamado del Señor a sembrar y entonces qué respuesta le doy a su llamado a sembrar como signo del evangelizar:

“Señor, cuando nos mandas a sembrar rebozan nuestras manos de riqueza,
 tu Palabra nos llena de alegría cuando la echamos en la tierra abierta. 
Señor, cuando nos mandas a sembrar sentimos en el alma la pobreza,
 lanzamos la semilla que nos diste y esperamos inciertos la cosecha. 
Y nos parece que es perder el tiempo este sembrar en insegura espera. 
Y nos parece que es muy poco el grano para la inmensidad de nuestras tierras. 
Y nos aplasta la desproporción de tu mandato frente a nuestras fuerzas.
Pero la fe nos hace comprender que estás a nuestro lado en la tarea.
Y avanzamos sembrando por la noche y por la niebla matinal.
Profetas pobres pero confiados que tú nos usas como humildes herramientas.
Gloria a ti Padre bueno que nos diste a tu Verbo, semilla verdadera.
Y por la gracia de tu Santo Espíritu la siembras con nosotros en la Iglesia.
 Amén.

viernes, 28 de junio de 2013

En la Fiesta de San Pedro y San Pablo


Escrito por Clemente Sobrado 

Dos hombres diferentes.
Dos llamadas diferentes.
A Pedro, Jesús le llama mientras recoge las redes.
A Pablo, Jesús le llama mientras va persiguiendo a los cristianos.
Dos momentos bien diferentes y dos actitudes distintas.
Pedro, el hombre del Lago sin mayores prejuicios.
Pablo, el hombre que lleva el corazón de resentimientos contra todo lo que suene a Jesús.
Ninguno de los dos fue llamado en el Templo.
Ninguno de los dos estaba rezando y leyendo la Palabra.

Para Dios no hay espacios especiales.
Incluso, a Dios no lo importan los momentos.
Ni siquiera las actitudes o disposiciones del corazón.
La gracia de Dios llama cuando menos lo esperamos.
La gracia de Dios llama, incluso cuando le estamos rechazando.
La gracia de Dios cuando toca el corazón hace que dejemos barcas y redes.
La gracia de Dios cuando toca el corazón hace que todos los resentimientos den paso al grito de “¿Quién eres, Señor?”
El poder de la gracia es más que todos los problemas y dificultades.
La gracia de Dios es capaz de actuar en los sencillos.
La gracia de Dios es capaz de actuar también en los rebeldes y resentidos.

Pedro se encuentra con el Jesús que comienza su predicación.
Pedro sigue a Jesús por los caminos polvorientos.
Pedro tiene que pasar por los momentos difíciles de la Pasión.
Pablo se encuentra con el Jesús resucitado.
Pablo se encuentra con el Jesús que sigue vivo en la Iglesia.

Pedro será la piedra firme sobre la que Jesús edificará su Iglesia.
Pablo será el misionero que abre la Iglesia a la gentilidad.
Pedro será el que da unidad a la Iglesia.
Pablo será el que funda las pequeñas iglesias entre los gentiles.
Pedro será el pastor del rebaño.
Pablo será el que hace misionera a la Iglesia.
Pablo será el misionero peregrino capaz de enfrentarse con los suyos y con los gentiles y que no temerá pasar por infinidad de dificultades y sufrimientos.

Es que cuando:
Se ha descubierto la verdad de Jesús, ningún obstáculo es capaz de detenernos.
Se ha aceptado la verdad de Jesús y del Evangelio, no hay camino que nos impida llevar la verdad.
Se ha descubierto y a aceptado a Jesús, las vidas se ponen a su servicio.

Hombres distintos.
Con llamadas distintas.
Con caminos distintos.
Pero unidos en el mismo ideal de Jesús y del Evangelio.
Pero unidos en que los dos son capaces de entregar sus vidas por el Evangelio.
Caminos diferentes que terminan en un solo camino, el del martirio.

Dos milagros de la gracia.
Dos milagros de la gracia que nos hablan de las posibilidades de Dios en nosotros.
Dos milagros de la gracia que nos hablan de que para Dios nada haya imposible.
Dos milagros de la gracia que nos hablan de lo que cada uno podemos ser.
Dos milagros de la gracia que nos hablan de que cada uno tenemos nuestro camino.
Dos milagros de la gracia que nos hablan de que siendo diferentes:
Hay un Jesús que nos une y entusiasma.
“No quiero saber otra cosa que a Jesús, y este crucificado”.
Hay un Evangelio que nos une y nos abre a la esperanza.
Hay una Iglesia que nos une y nos compromete en su acción misionera.

¿Alguien puede decir que él no sirve?
¿Alguien puede decir que él no puede?
“Todo lo puedo en aquel que me conforta”.


viernes, 21 de junio de 2013

"Entrar en la Órbita de la Intimidad Total del Amigo"

Escrito por Xavier Quinzá Lleo - de su Libro:Pasión v radicalidad-

"La llamada del Señor al seguimiento tiene un carácter totalmente personal e irrepetible: vamos comprobando que las opciones que concebimos van acoplándose interiormente con las vivencias que suscita la relación personal con el Señor y así consideramos la vida como una progresiva adhesión a Cristo.

Este modo de actuar, mediante la referencia a la palabra y vida del Señor, personalmente interiorizadas, será en adelante un medio habitual para discernir sin cesar las opciones que comporta la vida de entrega en medio del mundo.

Este adentrarnos en la vivencia honda de la existencia con Jesús nos va conduciendo progresivamente a una adhesión total a Él, con un gran deseo de amar y abrazar con todas las fuerzas posibles cuanto Él amó y abrazó, hasta que nuestros deseos se dejen entrenar por El. Y así se va produciendo progresivamente una gran apertura a la acción transformadora del amor, que nos va haciendo entrar en la órbita de la intimidad total del Amigo. 

Sólo cuando nos adherimos a su persona y a su causa comprendemos el sentido de este «amor apasionado» que nos lleva a asumir su estilo y a abrazamos definitivamente a su cruz. 

Esta inserción en el Misterio Pascual pone una palabra de verdad definitiva
en nuestra entrega cotidiana y la sitúa a la luz del misterio redentor de Cristo en Dios".