sábado, 14 de febrero de 2015

Un Dios que es más Dios en la Debilidad del Amor...

Escrito por Miguel Tombilla

Un leproso sale al encuentro de Jesús. Lo hace sabiendo que no puede acercarse, que lo tiene prohibido porque su enfermedad (como todas en aquella época) era fruto del pecado, del suyo o de sus padres, tanto da. Sabiendo que está violando la ley del mismo Dios se pone de rodillas y suplica. Lo hace desesperadamente, con la súplica que nace de la soledad, de la exclusión más lacerante. Y cree lo que le dice: “Si quieres puedes limpiarme”.
Ese “si quieres” que es seguridad en aquel que todo lo puede en la fragilidad del amor.

Y Jesús hace cuatro movimientos.
  • El primero es el que hace nacer a todos los demás: sintió compasión. Esa compasión de unas ovejas sin Pastor, de la muerte de su amigo Lázaro que lloran sus hermanas, de la hora de los olivos y de olor a muerte…Compasión de un Dios que la vivió desde el comienzo. Fragilidad que hace que Dios sea más Dios a los ojos de unos y deje de ser Dios a los ojos de otros.

  • El segundo movimiento fue extender la mano. La mano que bendice, que da de comer, que dibuja en el suelo secretos que no conocemos mientras que otros condenan a un débil sin derechos. La mano de Dios.

  • El tercer movimiento es el más escandaloso. Toca. Toca lo intocable, se hace pecado rozando con los dedos la culpa visible y contagiosa. Los dedos de Dios que así para muchos se hacen misericordia infinita que cura y reintegra en la vida. Para otros deja de ser Dios, porque Él nunca puede contaminarse con el pecado.

  • Y el último movimiento: la palabra que recrea. “Quiero, queda limpio”. Como la del inicio que creaba y veía que era bueno todo lo que hoy a nosotros nos suele pasar desapercibido.

Sentir compasión, extender la mano, tocar y decir… Y amar. A un leproso que no merecía nada, condenado justamente por su propio pecado. Hermosura de un Dios que es más Dios en la debilidad del amor, aunque algunos no puedan creerlo.

jueves, 12 de febrero de 2015

Cuando Jesús habla de Dios...


Escrito por Anselm Grum

 Cuando Jesús predicó por primera vez en la sinagoga de Cafarnaúm, los oyentes quedaron muy impactados de su enseñanza: «Pues los enseñaba con autoridad (divina), y no como los maestros de la ley» (Mc 1,22). Jesús habla de Dios de tal manera que los hombres presienten; este no sólo habla de Dios; en sus palabras se hace presente el mismo Dios; Dios resplandece en ellas. Era un discurso arrollador y un hablar auténtico. Ya este hablar de Jesús sobre Dios posibilita la curación de los hombres. Cuando Jesús estaba hablando adecuada y claramente de Dios, un hombre en la sinagoga se puso a gritar. Era un hombre poseído por un espíritu inmundo. Se podría decir: Tenía una imagen distorsionada de Dios. Cuando Jesús habla de Dios, esta imagen demoníaca de Dios se despierta. Quizá había reducido a Dios a un sistema de seguridad personal. O quizá lo había utilizado para imponerse a los demás. Dios le servía como peldaño para elevar su autoestima. Jesús saca a la luz estas imágenes demoníacas. Tenían que despabilarse. Y el hombre aquel terminó por estallar. Advirtió que se ahogaba. Cuando estas imágenes demoníacas ya no le sirven, todo su proyecto de vida se le viene abajo. Jesús ordena al espíritu inmundo: «¡Cállate y sal de él!» (Mc 1,25). 

Y el espíritu salió de él dando un fuerte alarido. La reacción de los hombres fue de temor y de asombro: «¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva llena de autoridad! ¡Manda incluso a los espíritus inmundos y estos le obedecen!» (Mc 1,27). Un hombre es curado mientras Jesús habla adecuadamente de Dios. Las imágenes enfermizas - de Dios hacen enfermar al hombre. Por el contrario, cuando uno llega a conocer al verdadero Dios mediante la experiencia de su propia verdad y habla de él con autenticidad, cura a los hombres dominados por imágenes demoníacas de Dios. Salvar es aquí, sobre todo, liberar al hombre de fuerzas extrañas, de demonios, de modelos de vida y de representaciones de Dios y del mundo que llevan a una situación de enfermedad.

Jesús sigue hablando de Dios de forma que ante sus palabras se dividen los espíritus –esto nos lleva al momento cuando Jesús es presentado en el Templo: Lc 2, 34-35  “ Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: «Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción,  y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos»-

Quién se deja enseñar por sus palabras reconoce a Dios y se conoce a sí mismo correctamente y encuentra en ellas un camino para la vida.

Ayudas para la oración

¿Hay en tu interior espíritus impuros que enturbian tu pensamiento?
¿Tienes una imagen correcta de ti mismo/a o bien, ¿te has apropiado una imagen falsa de ti, que falsifica tu imagen original?
¿Qué es lo que Jesús llama a salir a la luz en tu corazón?

Mirando a las personas de tu entorno

 ¿Qué es lo que distorsiona tu mirada?
¿Con que anteojos miras a tus prójimos?

EJERCICIOS ESPIRITUALES con el PADRE ANGEL ROSSI -sj.

Estimados amigos y amigas:

Les comparto la invitación a los EE que acompañaremos el P. Ángel Rossi sj, y yo - Marta Irigoy -misionera diocesana- en la Casa de EE Mons. Aguirre, en Victoria, Buenos Aires -ARGENTINA- del domingo 22 de febrero a las 19hs hasta el viernes 27 a las 13,30hs.

Un dato importante: no queda ningún lugar disponible en Planta baja -ya están reservados-.

Para anotarse tienen que solicitar la ficha de inscripción a: monsenoraguirre@gmail.com


sábado, 7 de febrero de 2015

Introducida en la Fiesta Comunitaria del Servicio Fraterno...


Escrito por Dolores Aleixandre -RSCJ-

Al invitarnos a recorrer junto a Jesús una de sus jornadas en Cafarnaúm (Mc 1,21-38), Marcos nos presenta una escena en la que vemos, como en maqueta, todo lo que va a ser la existencia de Jesús: "Después de salir de la sinagoga y con Santiago y Juan, se dirigió a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre y se la recomendaron. El se acercó, la tomó de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles" (Mc 1,29-31).

Una mujer anónima, a la que sólo conocemos referida a su yerno y poseída por la fiebre, fue introducida en la fiesta comunitaria del servicio fraterno por la mano liberadora de Jesús. Al comienzo del texto de Marcos, por tanto, es alguien en posición horizontal que es la de los muertos, separada de la comunidad y dominada por la fiebre. Al final del relato la encontramos en pie, curada y prestando servicio. Ha empezado a "tener parte con Jesús" (Jn 13,8). El secreto de la transformación se nos revela de una manera escueta: es el primer gesto silencioso de Jesús del que hay constancia en Marcos y tres verbos bastan para su sobriedad: "se acercó", "la cogió de la mano", "la levantó".

En un mundo en el que las relaciones se establecen a través del poder, de la dominación, de una manera de ejercer la autoridad en que el fuerte se impone sobre el débil, el rico sobre el pobre, el que posee información sobre el ignorante, la escena de esta mujer curada por Jesús nos introduce en el nuevo orden de relaciones que deben caracterizar el Reino: en él la vinculación fundamental es la de la hermandad en el servicio mutuo.

Cuando Marcos nos presenta a la suegra de Pedro "sirviendo", nos está diciendo: aquí hay alguien que ha entrado en la órbita de Jesús, que ha respondido a su invitación de ponerse a los pies de los demás y por eso está "teniendo parte con él.".

Muchas de las dificultades que tenemos en la vida relacional nos vienen de nuestra resistencia a ponernos en la postura básica de un servicio que no pide recompensas, ni reclama agradecimientos, ni se empeña en que "le pongan la medallita". Al que intenta vivir así, le basta con la alegría de evitar cansancio a otros y con el gozo de poder estar, como Jesús, con la toalla ceñida para lavar los pies manchados del camino de los hermanos. 

Imaginemos la novedad que supondría este modo de relacionarnos con la gente y entre nosotros...

sábado, 24 de enero de 2015

CONVERSIÓN es Sentir la Necesidad de Plantearnos Por Qué vivimos, para Quién vivimos...


Les comparto es hermoso testimonio -de conversión?- del músico Narciso Yepes que en una entrevista, dejo entrever algo muy hondo en su experiencia de Dios.

Ya que dejarnos llamar en el tiempo oportuno -el Kairos-, es el momento en donde la vida vuelve a encender en nosotros la alegría y el gusto por vivir...

Acá va el testimonio de Narciso Yepes:

Narciso: “... El instante más emotivo y más feliz para mí es ese momento de silencio que se produce antes de empezar a tocar. Entonces sé que el público y yo vamos a compartir una música, con todas sus emociones estéticas. Pero yo no sólo no busco el aplauso, sino que cuando me lo dan, siempre me sorprende... se me olvida que, al final del concierto, viene la ovación! Y le confesaré algo más, casi siempre, para quien realmente toco es para Dios... He dicho “casi siempre” porque hay veces en que, por mi culpa, en pleno concierto puedo distraerme. El público no lo advierte. Pero Dios y yo sí.

Periodista: Y... ¿a Dios le gusta su música?

Narciso: ¡Le encanta! Más que mi música, lo que le gusta es que yo le dedique mi atención, mi sensibilidad, mi esfuerzo, mi arte... mi trabajo. Y, además, ciertamente, tocar un instrumento lo mejor que uno sabe, y consciente de la presencia de Dios, es una forma maravillosa de rezar, de orar. Lo tengo bien experimentado.

Periodista: ¿Siempre ha tenido usted esa fe religiosa que ahora tiene?

Narciso: No. Mi vida de cristiano tuvo un largo paréntesis de vacío, que duró un cuarto de siglo. Me bautizaron al nacer, y ya no recibí ni una sola noción que ilustrase y alimentase mi fe... Con decirle que comulgué por primera vez a los 25 años! Desde 1927 hasta 1951, yo no practicaba, ni creía, ni me preocupaba lo más mínimo que hubiera o no una vida espiritual y una trascendencia y un más allá. Dios no contaba en mi existencia. Pero... luego pude saber que yo siempre había “contado” para él. Fue una conversión súbita, repentina, inesperada... y muy sencilla. Yo estaba en París, acodado en un puente del Sena, viendo fluir el agua. Era por la mañana. Exactamente, el 14 de mayo. De pronto, le escuché dentro de mí... Quizás me había llamado ya en otras ocasiones, pero yo no le había oído. Aquel día yo tenía “la puerta abierta”... Y Dios pudo entrar. No sólo se hizo oír, sino que entró de lleno y para siempre en mi vida.

Periodista: ¿Una conversión a lo San Pablo?

Narciso: Ah... yo supongo que Dios no se repite! Cada hombre es un proyecto divino, distinto y único; y para cada hombre Dios tiene un camino propio, unos momentos y unos puntos de encuentro, unas gracias y unas exigencias. Y toda llamada es única en la historia...

Periodista: Dice usted que “le escuchó”, que “se hizo oír”..., ¿he de entender, Narciso, que usted, allí junto al Sena “oyó” palabras?

Narciso: Sí, claro. Fue una pregunta, en apariencia, muy simple, “¿qué estás haciendo?”. En ese instante, todo cambió para mí. Sentí la necesidad de plantearme por qué vivía, para quién vivía... Mi respuesta fue inmediata. Entré en la iglesia más próxima, Saint Julian le Pauvre. Y hablé con un sacerdote durante tres horas... Es curioso, porque mi desconocimiento era tal que ni me di cuenta de que era una iglesia ortodoxa. A partir de ese día busqué instrucción religiosa, católica. No olvide que yo estaba bautizado. Tenía la fe dormida y... revivió. Y ya desde aquel momento nunca he dejado de saber que soy criatura de Dios, hijo de Dios...
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Cuando Dios “acontece” en la vida de alguien, descubrimos lo que significan también estas palabras de Pablo: “Ya no vivo yo, es Cristo que vive en mí” (Gal. 2, 20)

martes, 13 de enero de 2015

Jesús Sabe que ha Venido para Encontrar a los Hombres, pero También para Ser Encontrado por Ellos...

Escrito por José Luis Martín Descalzo, en su Libro: Vida y Misterio de Jesús de Nazareth

Eran, pues, buscadores, aventureros, gente con el alma abierta y hambrienta. Más tarde Jesús diría: No me elegieron ustedes, yo los elegí (Jn 15, 16). Pero es dudoso que Cristo les hubiera elegido de no haber estado ellos tan preparados a esa elección.
Por eso, porque tenían tanta necesidad de una aventura que llenase sus vidas, se levantaron en cuanto el Bautista les señaló este nuevo camino. 
Decididos y tímidos al mismo tiempo, se pusieron a seguir a Jesús, sin atreverse a abordarle, sin osar llegar hasta su altura. Veían su largo pelo y su ancha espalda, admiraban la seguridad de su andar. Por un momento les pareció que retrasaba su paso, tal vez para dejarse alcanzar, pero también ellos se detuvieron. ¿Se habría dado cuenta de que le seguían? ¿Lo sabía y afectaba indiferencia para aumentar su curiosidad o para probar si realmente estaban dispuestos a seguirle o si era, por el contrario, un capricho momentáneo? No lo sabemos, pero el caminar silencioso debió de durar bastante trecho.
Tal vez fue en un recodo donde él se volvió. ¿Qué buscan? (Jn 1,33) preguntó. Y se les quedó mirando con ojos enigmáticos que eran, a la vez, acogida y prueba

Jesús se define a sí mismo en esa pregunta y en el modo de hacerla. No comienza con saludos, ni habla del tiempo como quien trata de entrar en conversación con un desconocido. Va directo al fondo del asunto: ¿Qué buscan? Es pregunta que, en diversos tonos y formas, repetirá muchas veces a lo largo de sus años de actividad pública. Volverá a planteársela a los soldados que en el huerto van a prenderle. Y después de su resurrección serán las primeras que diga como resucitado.
Y es que sabe que él ha venido para encontrar a los hombres, pero también para ser encontrado por ellos. Busca a todos, pero antes que nadie a los buscadores. Habla para todos, pero sabe que sólo será oído por quienes tienen oídos para oír.

Andrés y Juan, ante pregunta tan directa, ven aumentar su desconcierto y contestan con otra pregunta que aún es menos lógica que la de Jesús: Maestro ¿dónde vives? Por un lado, empiezan por llamar «maestro» a alguien que, según todas las apariencias, es un trabajador como ellos. Por otro, no responden a lo que se les ha preguntado y, en cambio, se meten indiscretamente en la intimidad del desconocido…

Pero Jesús sabe que la respuesta de los dos asustados es mucho más honda de lo que parece. El les ha preguntado «qué» buscan y ellos responden «a quién» buscan. No buscan una cosa, ni siquiera una idea o una verdad. Buscan a una persona, o porque, humildemente, saben que lo que necesitan es un líder a quien seguir, o porque, confusamente, intuyen que ha pasado el tiempo de las ideas abstractas y ha llegado la hora en que la única verdad es una persona, porque la palabra se ha hecho carne. Quizá fue Juan quien dio esa respuesta que, en cierto modo, resume el futuro prólogo de su evangelio y su mensaje de que «el Verbo se hizo carne».

Y no buscan una persona a quien conocer, buscan a alguien con quien vivir, alguien cuya vida y tarea puedan compartir. Por éso no temen ser incorrectos y se atreven a preguntar por su casa. Ahora la sonrisa de Jesús pierde lo que tenía de enigmática y acentúa cuanto en ella había de afectuosa. Vengan  y lo verán. Le han pedido su amistad y él la abre de par en par.

Y fueron y vieron donde moraba y se quedaron con él aquel día, comenta el evangelista. Que añade: Era alrededor de la hora décima (Jn 1,40). La descripción es asombrosa, si tenemos en cuenta que quien narra es uno de los personajes de la escena. Nada se dice de lo que en la entrevista hablaron. Se precisa en cambio con gran exactitud la hora y la duración de la conversación.

Pero es esa parquedad y ese extraño detallismo lo que da verosimilitud y emoción a la página evangélica. Cuando escribía esta página, ya de viejo, con mano temblona —señala con profundidad Cabodevilla— el evangelista se debió de conmover igual que cuando uno recuerda un primer amor, el principio de un amor único.

Exactamente: por eso se mezclan el pudor y la precisión. Nada se cuenta de la íntima conversación, sólo se dice que fue íntima y larga. Y se precisa con exactitud la hora que el evangelista no olvidaría jamás, como no olvida el enamorado la esquina y la hora en que conoció a su verdadero amor. 

Podemos imaginar que Jesús les invitó a comer algo con él y que a ellos les sorprendió el extraño modo en que partía el pan, podemos pensar que comentó ante ellos las profecías que anunciaban un liberador de las almas y los hombres. Y estamos seguros de que experimentaron —como más tarde lo experimentarían los de Emaús— que, según él iba hablando, sus corazones se iban calentando y que se sentían maravillosamente confortados y serenos. Vieron que sus palabras daban, a la vez, vértigo y reposo, que eran, al mismo tiempo, aterradoras y pacificantes. Entendieron por qué Juan le había llamado «cordero», porque era manso como un  ternero y se encaminaba hacia una tarea que sólo podía conducir al matadero. Y supieron que habían encontrado todo lo que buscaban. Sus corazones inquietos se sentían como llegados a casa. Ahora sabían que sus vidas no se perderían en vano, puesto que habían encontrado alguien a quien seguir y algo por lo que luchar. Abandonaron sus casas y sus redes para escuchar a un profeta que mantuviera su esperanza, y, ahora, conocían a alguien que era más que esperanza, puesto que era ya la realidad. Hablaron, pues, desde las cuatro de la tarde hasta bien entrada la noche. Y, probablemente, no pudieron dormir de tanto gozo.

miércoles, 7 de enero de 2015

Las palabras Tú eres mi Amado Revelan la Verdad más Íntima de Todo Ser Humano...

Escrito por Henry Newman, citado por Dolores Aleixandre -RSCJ- de su libro "Las Puertas de la Tarde"

"La primera vez que comprendí el significado de la expresión ser cristiano  fue leyendo el pasaje evangélico sobre el bautismo de Jesús: 

"En cuanto Jesús salió del agua, los cielos se abrieron, y el Espíritu en forma de paloma descendió sobre él. Y se oyó una voz del cielo: Tú eres mi hijo amado, en el que he puesto todas mis complacencias".

He leído estas palabras durante años, las he comentado... y he llegado a la convicción interior de que las palabras Tú eres mi amado revelan la verdad más íntima de todo ser humano. 

La voz que desde arriba y en nuestro interior nos dice: Tú eres mi amado no es fácil escucharla en un mundo lleno de voces que gritan: Tú no vales para nada, no eres atractivo. Eres un ser despreciable. No eres nadie mientras no seas capaz de demostrar lo contrario. Esas voces negativas son tan fuertes y constantes que es fácil darles crédito. Es la trampa de la desvalorización. Al cabo de muchos años he podido constatar que la trampa más peligrosa de nuestra vida no es el éxito, la popularidad o el poder, sino el autodesprecio...

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Te invito a hacer oración contemplando este vídeo de Salome Arricibita y Teresa Nécega y dejarte amar...

Hacer clik en el siguiente enlace, para ver el video: