sábado, 26 de mayo de 2018

Trinidad, "Comunidad de la Misericordia"...

Escrito por Miryam MARTIN ALONSO. -Revista Sal Terrae  96 (2008) 685-692-

Quisiera comenzar recordándote esta imagen: 



















Como ves, se trata de "La Trinidad de la Misericordia", realizada por Caritas Muller (dominica suiza).

En este icono se muestra en tres círculos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, que se inclinan hacia el ser humano.
  •  El Padre sostiene a éste con sus brazos;
  •  El Hijo le sirve en el gesto inconfundible del lavatorio de los pies;
  •  El Fuego del Espíritu alienta y fortalece su actuar conjunto, como   expresión inédita del amor.
Así es el Dios cristiano:
  •  Dios comunión.
  •  Dios es el Padre-Madre,
  •  el Hijo y el Espíritu Santo en comunión; nadie es anterior o posterior.
Ni siquiera se puede hablar de tiempos, como nosotros acostumbramos. En el principio no está la soledad de uno, de un ser eterno solo e infinito, sino la comunión ofrecida y entregada totalmente de uno para otros. Un solo Dios que es comunión.

Pero, además, no se trata de una comunidad cerrada en sí misma. Toda la creación significa un desbordamiento de vida de la Trinidad entera que se entrega, incluyendo a toda la humanidad en esa misma expresión de amor.

Por eso puede que te sorprenda esta imagen cuyo centro lo ocupa el ser humano roto y herido. Me gustaría que pudieras acercarte a este icono actual, que representa muy bien esta entrega.

  • MOMENTO CONTEMPLATIVO
La invitación es que puedas tomarte unos instantes para tomar conciencia y saborear el saberte ante Dios desde el profundo silencio y la comprometida Palabra.

Que intentes acercar la Trinidad a tu experiencia cotidiana, adorando al Dios que toma la iniciativa en el amor y la relación con la humanidad.

Lo que vamos a hacer es, pues, situar en el centro del relato a la propia humanidad rota y herida, la humanidad sufriente, de la misma forma que aparece en el icono de la Trinidad de la misericordia, como expresión del mismo Dios manifestado en Jesús, volcado en lo más pequeño y débil de la sociedad…

Trae a la oración a la humanidad sufriente, que día a día se te confía…

    A la que convive con vos y es parte de tu “paisaje cotidiano”...  
    A la que te encuentras fuera de tu casa y ya se te ha hecho “paisaje conocido”...
    A la que te habita interiormente –lo herido en tu corazón-

Quédate, adorando a este Dios Trinitario, que te invita a formar parte de “esta comunidad de misericordia”…


Y recuerda que a Dios ≪no le resulta ajeno nada de lo humano≫…

sábado, 5 de mayo de 2018

Para permanecer en el amor de Jesús, es necesario sabernos amados por Él...

Les dejo este texto de Eloi Leclerc, del libro “Sabiduría de un pobre”, que me parece lindo para      re-descubrir el modo de evangelizar el corazón de los hombres, invitándonos a compartir la amistad que Jesús nos regala...
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“Nadie ama como Dios, y nosotros debemos imitarle. Hasta ahora no hemos hecho todavía nada. Empecemos, pues, a hacer algo. 

Pero ¿Por dónde comenzar?; padre Francisco, dímelo –preguntó Tancredo. 

-La cosa más urgente –dijo Francisco- es desear tener el Espíritu del Señor. Él solo puede hacernos buenos, profundamente buenos, con una bondad que es una sola cosa con nuestro ser más profundo. 

Se calló un instante y después volvió a decir: 

-El Señor nos ha enviado a evangelizar a los hombres, pero ¿has pensado ya lo que es evangelizar a los hombres? 

Mira, evangelizar a un hombre es decirle: “Tu también eres amado de Dios en el Señor Jesús”. Y no solo decírselo, sino pensarlo realmente. 

Y no solo pensarlo, sino portarse con este hombre de tal manera que sienta y descubra que hay algo en él algo de salvado, algo más grande y más noble de lo que él pensaba , y que se despierte así a una nueva conciencia de sí. 

Eso es anunciarle la Buena Nueva y eso no podemos hacerlo más que ofreciéndole nuestra amistad; una amistad real, desinteresada, sin condescendencia y de estima profundas. Es preciso ir hacia los hombres. 

La tarea es delicada. El mundo de los hombres es un inmenso campo de lucha por la riqueza y el poder, y demasiados sufrimientos y atrocidades les ocultan el rostro de Dios. 

Es preciso, sobre todo, que al ir hacia ellos no les aparezcamos como una nueva especie de competidores. 

Debemos ser en medio de ellos testigos pacíficos del Todopoderoso, hombres sin avaricias y sin desprecios, capaces de hacerse realmente sus amigos. 

Es nuestra amistad lo que ellos esperan, una amistad que les haga sentir que son amados de Dios…

martes, 1 de mayo de 2018

BIENAVENTURANZAS PARA EL DÍA DEL TRABAJO...

BIENAVENTURANZAS PARA EL DÍA DEL TRABAJO
Escritas por el P. Eduardo Casas.


Benditos los que ofrecen y comparten trabajos a sus hermanos.

Benditos los que trabajan digna y honestamente.

Benditos los que trabajan por la paz.

Benditos los que trabajan para que siempre haya trabajo para todos.

Benditos los que trabajan por la justicia y trabajan justamente.

Benditos los que luchan para que se destierre la desocupación
y la manipulación de las personas.

Benditos los que trabajan con las manos, la cabeza y el corazón.

Benditos los que trabajan por amor a los demás.

Benditos los que trabajan por mantener y cuidar a sus familias. 

Benditos los que se sacrifican duramente en sus trabajos.

Benditos los que trabajan y disfrutan.

Bendito seas Jesús que trabajaste por nosotros. 

Amén.

sábado, 28 de abril de 2018

Itinerario desde la Poda hasta la Alegría...

Escrito por Benjamín GONZÁLEZ BUELTA, SJ* -Sal Terrae 2002-

Nuestro proceso de crecimiento personal nos revela un constante despojarnos de costumbres, lugares familiares, modos de relacionarnos con las personas queridas..., que nos acompañaron durante una etapa, pero que ahora nos aprietan como andamiajes estrechos que se nos han quedado pequeños y ya nos impiden crecer...
                                                                                                       
   Con la edad van surgiendo los límites físicos, psicológicos, morales, religiosos, como desperfectos que atentan contra nuestra imagen ante nosotros y ante los demás. Algunos límites podemos repararlos, pero otros se instalan en nuestro organismo o en nuestro espíritu como compañeros de viaje para toda la vida.

Cualquier intento de ignorarlos o de negarlos se vuelve contra nosotros, porque los límites crecen entonces desmesuradamente en las propias sombras como fantasmas, como una amenaza clandestina.
Es inútil maquillarlos cuando nos relacionamos con los demás, porque siguen vivos delante de nosotros. Sólo nos queda aceptarlos y acogerlos dentro de nuestra propia persona como la única manera de que no anden sueltos por nuestra intimidad erosionando nuestra consistencia y nuestra alegría.

La tendencia que tenemos a vivir sin limitaciones y ser, en último término, ilimitados sólo se puede satisfacer en el encuentro y la comunión con el Ilimitado. Cualquier otro intento está condenado al fracaso. En esa comunión percibimos los límites como algo real y nuestro, pero los vivimos como abrazados dentro del misterio de perdón y plenitud que nos llega desde Dios incesantemente. En el límite percibimos que Dios es la causa de nuestra alegría.

Itinerario desde la poda hasta la alegría

Desde la poda hasta la alegría hay un tiempo que pasar y un itinerario que recorrer. Con el tiempo y la experiencia espiritual, se puede asentar en nosotros la alegría como una certeza, como un sentir sustancial en que se van sufriendo las podas dolorosas y nuevas. Pero vamos a detenernos en ese itinerario de la alegría.

Se poda un árbol que tiene vida, que ha experimentado la exuberancia de las hojas y de los frutos. Siempre el golpe afilado del hacha sobre el tronco es doloroso y se vive como una agresión que viene a desprendernos de algo nuestro. Se corta por lo sano, por donde duele.

Cuesta ver partir hacia la nada la rama seca que se corta y se echa al fuego, porque es el recuerdo de los tiempos en que una parte de nuestra existencia fue bella y fecunda. Se parece a esos caserones viejos y deteriorados, como cascarones vacíos, que en otros tiempos cobijaron la vida familiar que todavía hoy sigue alimentando nuestra existencia.

Pero resulta más doloroso cortar la rama verde que está en la plenitud de su vida, que acaba de brindarnos una cosecha excelente. Cuando la cortamos, todavía la savia fresca sigue llegando hasta el borde del tajo reciente. El podador sabe que está preparando una vida nueva y de más plenitud. Pero es doloroso, se produce una pérdida, y es necesario hacer el duelo y despedirse de lo que inevitablemente perdimos.

Algunos llevan sus muertos colgados de las cruces, sin poder desprenderse del dolor. Necesitamos bajar de la cruz a nuestros muertos, mirarlos de frente, sepultarlos y despedirnos de ellos para que la vida nueva pueda extenderse con libertad. Podados por el lugar exacto que el agricultor experto ha escogido, seguimos fielmente pegados al tronco, desde donde nos llegará la vida nueva. En momentos especialmente críticos, nos miramos a nosotros mismos y nos vemos tan despojados de lo que más estimábamos que nos parece imposible que la vida pueda seguir; que de ese muñón minimizado puedan volver a nuestra existencia una eficacia y un esplendor más fecundos que nunca.

«Permanezcan en mí, y yo en ustedes. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí solo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecen en mí» (Jn 15,4).

La permanencia en Jesús, al recibir el amor creador que nos llega desde él, es la posibilidad de dar «mucho fruto» (Jn 15,5). Puede ser difícil. En esos momentos de dolor nos damos cuenta de que la poda ha llegado precisamente por estar firmemente adheridos al tronco, por ser una rama llena de vida evangélica. Seguir unidos a la vid se percibe como una amenaza, como dejar nuestra vida expuesta de nuevo al riesgo del hacha, precisamente por dar fruto generoso.

Antes de la poda, el fruto se ve como algo natural, como hijo del propio esfuerzo y de las propias condiciones. Después de la poda, reducidos a ese muñón vegetal pegado al tronco sin hojas ni flores, el fruto es percibido como un milagro, como un don que llega desde más allá de nosotros mismos, como un regalo. Inevitablemente, esta constatación nos pone en nuestro lugar, y preferimos no apropiarnos de lo que tiene su origen en la vid y en el agricultor que la cuida.

Con más transparencia, nos vivimos a nosotros mismos como don y nos vamos haciendo entera referencia hacia el Padre de bondad que es el origen de todos los bienes. «Mi Padre será glorificado si dan fruto abundante y serán mis discípulos» (Jn 15,8).

Así llegamos a la alegría sustancial, última, la que tiene su fundamento más allá de nosotros mismos, la que llega caminando por los capilares como la savia desde el tronco al que estamos unidos.
«les he dicho esto para que participéis de mi alegría, y vuestra alegría sea colmada» (Jn 15,11). 

Participar de la alegría de Jesús, de la alegría que él afirma en ese momento en que su vida se encamina hacia la pasión desgarradora y la muerte, es haber conectado la existencia con el Dios de la vida...

domingo, 1 de abril de 2018

Ir a Galilea, es Volver al Primer Amor...

Homilía del Papa Francisco en la Vigilia Pascual 2014:

El Evangelio de la Resurrección de Jesucristo comienza con el ir de las mujeres hacia el sepulcro, temprano en la mañana del día después del sábado. Se dirigen a la tumba, para honrar el cuerpo del Señor, pero la encuentran abierta y vacía. Un ángel  les dice: «Ustedes no teman» (Mt 28,5), y les manda llevar la noticia a los discípulos: «Ha resucitado de entre los muertos y va  delante de ustedes a Galilea» (v. 7).

Las mujeres se marcharon a toda prisa y, durante el camino, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «No teman: vayan comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán» (v. 10).

Después de la muerte del Maestro, los discípulos se habían dispersado; su fe se deshizo, todo parecía que había terminado, derrumbadas las certezas, muertas las esperanzas. Pero entonces, aquel anuncio de las mujeres, aunque increíble, se presentó como un rayo de luz en la oscuridad. La noticia se difundió: Jesús ha resucitado, como había dicho… Y también el mandato de ir a Galilea; las mujeres lo habían oído por dos veces, primero del ángel, después de Jesús mismo: «Que vayan a Galilea; allí me verán».

Galilea es el lugar de la primera llamada, donde todo empezó. Volver allí, volver al lugar de la primera llamada. Jesús pasó por la orilla del lago, mientras los pescadores estaban arreglando las redes. Los llamó, y ellos lo dejaron todo y lo siguieron (cf. Mt 4,18-22). Volver a Galilea quiere decir releer todo a partir de la cruz y de la victoria. Releer todo: la predicación, los milagros, la nueva comunidad, los entusiasmos y las defecciones, hasta la traición; releer todo a partir del final, que es un nuevo comienzo, de este acto supremo de amor.

También para cada uno de nosotros hay una «Galilea» en el comienzo del camino con Jesús. «Ir a Galilea» tiene un significado bonito, significa para nosotros redescubrir nuestro bautismo como fuente viva, sacar energías nuevas de la raíz de nuestra fe y de nuestra experiencia cristiana. Volver a Galilea significa sobre todo volver allí, a ese punto incandescente en que la gracia de Dios me tocó al comienzo del camino.

Con esta chispa puedo encender el fuego para el hoy, para cada día, y llevar calor y luz a mis hermanos y hermanas. Con esta chispa se enciende una alegría humilde, una alegría que no ofende el dolor y la desesperación, una alegría buena y serena.

En la vida del cristiano, después del bautismo, hay también una «Galilea» más existencial: la experiencia del encuentro personal con Jesucristo, que me ha llamado a seguirlo y participar en su misión. En este sentido, volver a Galilea significa custodiar en el corazón la memoria viva de esta llamada, cuando Jesús pasó por mi camino, me miró con misericordia, me pidió de seguirlo; recuperar la memoria de aquel momento en el que sus ojos se cruzaron con los míos, el momento en que me hizo sentir que me amaba.

Hoy, en esta noche, cada uno de nosotros puede preguntarse: ¿Cuál es mi Galilea? ¿Dónde está mi Galilea? ¿La recuerdo? ¿La he olvidado? He andado por caminos y senderos que me la han hecho olvidar. Señor, ayúdame: dime cuál es mi Galilea; sabes, yo quiero volver allí para encontrarte y dejarme abrazar por tu misericordia.

El evangelio de Pascua es claro: es necesario volver allí, para ver a Jesús resucitado, y convertirse en testigos de su resurrección. No es un volver atrás, no es una nostalgia. Es volver al primer amor, para recibir el fuego que Jesús ha encendido en el mundo, y llevarlo a todos, a todos los extremos de la tierra.

«Galilea de los gentiles» (Mt 4,15; Is 8,23): horizonte del Resucitado, horizonte de la Iglesia; deseo intenso de encuentro… ¡Pongámonos en camino!

viernes, 30 de marzo de 2018

"¿Y si hablamos de la Cruz?"

Texto de Christian Chergué, martir de Argelia -citado por Chistian Salmeron en su libro: Cuando llegue el momento"

"¿Y si hablamos de la Cruz?", me preguntaba recientemente uno de nuestros amigos sufies (en el auto en el que volviamos los dos solos desde Marruecos, donde él habia querido hacer un retiro cerca de nuestros hermanos de Fez). "¿Si hablamos de la cruz?".

-¿Cual?- le pregunté.
-La cruz de Jesús, evidentemente.
-Sí, pero ¿cual? Cuando tú miras una imagen de Jesus en la cruz, ¿cuantas cruces ves?
Él dudó.
-Quizás tres...seguramente dos. Hay una adelante y otra atrás.
-¿Y cual es la que viene de Dios?
-La de adelante...-dijo él.
-¿Ycuál es la que viene de los hombres?
-La de atrás...
-¿Y cual es la más antigua?
-La de adelante...Los hombres no han podido inventar la otra porque Dios habia creado antes la primera.
-¿Y cual es el sentido de esta cruz de adelante, de este hombre con las manos extendidas?-
Cuando yo extiendo los brazos -dijo-, es para abrazar, para amar.
-¿Y la otra?
-Es el instrumento del amor desfigurado, del odio paralizando en la muerte el gesto de la vida.

El amigo sufí habia dicho: "Quzás tres..." Esta tercera cruz no era otra que la mía y la suya, en este esfuerzo que nos movía, al uno y al otro, a despegarnos de la cruz de "atrás", la del mal y del pecado, para adherirnos a la de "adelante", la del amor vencedor...

Hermanos y hermanas, sabemos bien que este paso de una a ota cruz es tambien nuestro camino de gloria, pues es allí por donde Jesús nos eleva, con ÉL, hacía el Padre que nos espera con los brazos abiertos" -7V 105-